InicioartículosOíza desencadenado | José Ramón Hernández CorreaOíza desencadedo | José Ramón Hernández...

[:es]Oíza desencadenado | José Ramón Hernández Correa[:gl]Oíza desencadedo | José Ramón Hernández Correa[:en]Unleashed Oíza | José Ramón Hernández Correa[:]

[:es]

Francisco Javier Sáenz de Oíza era un genio. Sí, un genio. En todas las acepciones de la palabra, incluso en la de «tener mucho genio».

Siempre decía cosas ingeniosas, creativas, estimulantes. Era imposible saber qué fértiles asociaciones de ideas iba a hacer, y eso hacía su discurso apasionante.

A no ser que te tocara terminarle una frase. Eso era angustioso.

A veces tenía un chispazo brillante, lo insinuaba y pretendía que alguien de entre los presentes lo rematara. Imposible.

¿Cómo saber qué era lo que se le había ocurrido?
Francisco Javier Sáenz de Oíza | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

Una vez, en un curso de doctorado, mencionó de pasada un problema cotidiano que tenía con su caja de compases, y preguntó cuál era la solución. A mí (como supongo que al resto de alumnos) se me ocurrió una respuesta evidente de puro tonta, pero me abstuve (como los demás) de decirla en voz alta. Oíza insistió: Quien diera con ella tenía aprobado automáticamente el curso. Nadie dijo nada. Decepcionado por tener unos alumnos tan lerdos, el maestro dio la solución: Era la que supongo que habíamos pensado todos.

Pero con Oíza eso no era lo normal. Podría haber sido cualquier cosa. Y si no acertabas te exponías a su durísima (por aguda, divertida y mordaz) crítica. Y nadie era capaz de resistir eso.

(Aparte de que, de haber acertado, a ver quién era el guapo que le decía luego que cumpliera su promesa).

A Oíza le gustaba dar cursos sobre «vocabulario arquitectónico» o, mejor dicho, sobre «conceptos básicos sobre los elementos arquitectónicos». Reflexionar sobre qué era un muro, una cubierta, un hueco, una columna, etc. Lo hacía con un ánimo constructivista, concreto y práctico, como para explicar las bases, pero lo bañaba todo de poesía, de espacio, de creación, de filosofía de la habitación humana.

Eran unas clases apasionantes, en las que desde la necesidad estructural del muro de carga y desde su realidad constructiva, se llegaba al espacio y a la definición de las condiciones de vida y función.

Era algo extraordinario.

Oíza adolecía de falta de orden y rigor expositivos. Era incapaz de desarrollar un programa coherente. Pero eso no tenía la menor importancia, porque a cada frase te sugería mil ideas y te abría mil caminos, y cada historia que se salía del temario previsto te sumergía en la aventura. Siempre era mucho mejor el destino encontrado que el previsto.

Lo malo, como digo, es cuando pretendía que alguien le siguiera la idea. Nadie era capaz de hacerlo.

Una vez, en uno de estos cursos, le propuso a su profesor ayudante Francisco Alonso (el magnífico Pacoalonso) que diera una lección sobre «la puerta».

Paco Alonso se preparó el tema con la dedicación y perseverancia acostumbradas en él, y dio una charla exhaustiva y magistral sobre la puerta: Tipos de puerta (correderas, abatibles, basculantes, pivotantes…); materiales (madera, vidrio, acero, aluminio, piedra…), sistemas, cierres, estilos, etc, etc, etc.

La charla duró sus buenos tres cuartos de hora, durante los que Oíza asistió atento y callado. Al terminar, todo el mundo esperaba la felicitación del maestro y, acaso, un par de frases para poner la guinda.

Pero no fue así. Oíza se levantó y le dijo a Paco Alonso que se había equivocado completamente. Que la puerta no es la membrana que cierra el hueco, sino el hueco. La puerta es la apertura. La hoja anula la puerta, quiere que el hueco vuelva a ser muro, que deje de ser puerta. La hoja abatible, pivotante, basculante, etc, lucha contra la puerta.

La puerta es puerta cuando está abierta. Todo lo demás es no-puerta.

«No te has enterado de nada».

Paco Alonso argumentó, habló, expuso, razonó. Pero ya era todo inútil. (En mi modesta opinión, Oíza tenía toda la razón, pero fue innecesariamente cruel. Podía haber intervenido al principio y haber reconducido la charla de su ayudante, o haberla convertido en un fértil debate).

Hace poco, Santiago de Molina ha escrito una reflexión sobre la puerta. Me pareció muy hermosa y os animo a que la leáis. Creo que a Oíza le habría gustado mucho. «Las puertas dejan pasar ríos».

José Ramón Hernández Correa
Doctor Arquitecto y autor de Arquitectamos locos?
Toledo · febrero 2013[:en]

Francisco Javier Sáenz de Oíza was a genius. Yes, a genius. In all the meanings of the word, even in her of «having very much genius».

Francisco Javier Sáenz de Oíza | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

Always he was saying ingenious, creative, stimulant things. It was impossible to know what fertile associations of ideas it was going to do, and it was doing his exciting speech.

Unless you him were having to finish a phrase. It was distressing.

Sometimes it had a brilliant spark, it it was insinuating and claiming that someone of between the presents was finishing off it. Impossible. How to know what age what had happened to him?

Once, in a course of doctorate, it mentioned of spent a daily problem that had with his box of compases, and asked which was the solution. To me (since I suppose that to the rest of pupils) an evident silly response of cigar happened to me, but I abstained (as the others) of saying it loudly. Oíza insisted: The one who was meeting her had the course approved automatically. Nobody said anything. Disappointed for having a few so slow pupils, the teacher gave the solution: It was the one that I suppose that we had thought all.

But with Oíza it was not the normal thing. It might have been any thing. And if you were not succeeding you were exposing to his durísima (for sharp, enterteining and biting) your critique. And nobody was capable of resisting it.

(Apart from the fact that, of having succeeded, when sees the one who was the gallant who was saying to him then that should fulfill his promise).

To Oíza it liked to give courses on «architectural vocabulary» or, rather, on «basic concepts on the architectural elements». To think what was a wall, a cover, a hollow, a column, etc. It was doing it with a spirit constructivista, concretly and practically, since to explain the bases, but it was bathing everything of poetry, of space, of creation, of philosophy of the human room.

They were a few exciting classes, in which from the structural need of the wall of load and from his constructive reality, it was coming near to the space and to the definition of the living conditions and function.

It was something extraordinary.

Oíza was suffering from lack of order and rigor explanatory. It was unable to develop a coherent program. But it did not have the minor importance, because to every phrase it was suggesting thousand ideas to you and was opening thousand ways you, and every history that was leaving of the foreseen agenda was immersing you in the adventure. Always it was a much better the opposing destination than the foreseen one.

The bad thing, as I say, it is when he was claiming that someone was following the idea. Nobody was capable of doing it.

Once, in one of these courses, there proposed his teacher assistant Francisco Alonso (the magnificent Pacoalonso) to give a lesson on «the door».

Alpaca Alonso prepared the topic for himself with the dedication and perseverance accustomed in him, and gave an exhaustive and magisterial chat on the door: Types of door (sliding, flip-top, bascule, pivotantes …); materials (wood, glass, steel, aluminium, stone …), systems, closings, styles, etc, etc, etc.

The chat lasted his good three quarters of hour, during which Oíza represented attentivly and quietly. On having ended, the whole world was waiting for the letter of congratulation of the teacher and, perhaps, a couple of phrases to put the cherry.

But it was not like that. Oíza got up and said to him to Alpaca Alonso who had been wrong completely. That the door is not the membrane that closes the hollow, but the hollow. The door is the opening. The leaf annuls the door, wants that the hollow turns to be a wall, which stops being a door. The flip-top leaf, pivotante, bascule, etc, fights against the door.

The door is a door when it is opened. Everything else is a non-door.

«You have not found out about anything».

Alpaca Alonso argued, spoke, exhibited, reasoned. But already it was quite useless. (In my modest opinion, Oíza had the whole reason, but it was unnecessarily cruel. It could have intervened initially and have re-led the chat of his assistant, or have turned her into a fertile debate).

It does little, Santiago de Molina has written a reflection on the door. It seemed to me to be very beautiful and I encourage you to that you her read. I believe that Oíza would have liked very much. «The doors stop to spend rivers».

José Ramón Hernández Correa

Doctor Architect and author de Arquitectamos locos?

Toledo · february 2013

[:gl]

Francisco Javier Sáenz de Oíza era un xenio. Si, un xenio. En todas as acepciones da palabra, ata na de «ter moito xenio».

Francisco Javier Sáenz de Oíza | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

Sempre dicía cousas enxeñosas, creativas, estimulantes. Era imposible saber que fértiles asociacións de ideas ía facer, e iso facía o seu discurso apaixonante.

A non ser que che tocase terminarlle unha frase. Iso era angustioso.

Ás veces tiña un chispazo brillante, insinuábao e pretendía que alguén de entre os presentes rematáseo. Imposible. ¿Como saber que era o que se lle ocorreu?

Unha vez, nun curso de doutorado, mencionou de pasada un problema cotián que tiña coa súa caixa de compases, e preguntou cal era a solución. A min (como supoño que ao resto de alumnos) se me ocorreu unha resposta evidente de puro parva, pero abstívenme (como os demais) de dicila en voz alta. Oíza insistiu: Quen dera con ela tiña aprobado automaticamente o curso. Ninguén dixo nada. Decepcionado por ter uns alumnos tan lerdos, o mestre deu a solución: Era a que supoño que pensaramos todos.

Pero con Oíza iso non era o normal. Podería ter sido calquera cousa. E se non acertabas expoñíaste á súa dura (por aguda, divertida e mordaz) crítica. E ninguén era capaz de resistir iso.

(Á parte de que, de ter acertado, a ver a quen era o guapo que lle dicía logo que cumprise a súa promesa).

A Oíza gustáballe dar cursos sobre «vocabulario arquitectónico» ou, mellor dito, sobre «conceptos básicos sobre os elementos arquitectónicos». Reflexionar sobre que era un muro, unha cuberta, un oco, unha columna, etc. Facíao cun ánimo constructivista, concreto e práctico, como para explicar as bases, pero o bañaba todo de poesía, de espazo, de creación, de filosofía do cuarto humano.

Eran unhas clases apaixonantes, nas que dende a necesidade estrutural do muro de carga e dende a súa realidade construtiva, se chegaba ao espazo e á definición das condicións de vida e función.

Era algo extraordinario.

Oíza adoecía de falta de orde e rigor expositivos. Era incapaz de desenvolver un programa coherente. Pero iso non tiña a menor importancia, porque a cada frase che suxería mil ideas e che abría mil camiños, e cada historia que se saía do temario previsto somerxíate na aventura. Sempre era moito mellor o destino encontrado que o previsto.

O malo, como digo, é cando pretendía que alguén lle seguise a idea. Ninguén era capaz de facelo.

Unha vez, nun destes cursos, propúxoo ao seu profesor axudante Francisco Alonso (o magnífico Pacoalonso) que dera unha lección sobre «a porta».

Paco Alonso preparouse o tema coa dedicación e perseveranza acostumadas nel, e deu unha charla exhaustiva e maxistral sobre a porta: Tipos de porta (corredías, abatibles, basculantes, pivotantes…); materiais (madeira, vidro, aceiro, aluminio, pedra…), sistemas, peches, estilos, etc, etc, etc.

A charla durou os seus bos tres cuartos de hora, durante os que Oíza asistiu atento e calado. Ao rematar, todo o mundo esperaba a felicitación do mestre e, acaso, un par de frases para poñer a guinda.

Pero non foi así. Oíza ergueuse e díxolle a Paco Alonso que se equivocara completamente. Que a porta non é a membrana que pecha o oco, senón o oco. A porta é a apertura. A folla anula a porta, quere que o oco volva ser muro, que deixe de ser porta. A folla abatible, pivotante, basculante, etc, loita contra a porta.

La puerta es puerta cuando está abierta. Todo lo demás es no-puerta.

«No te has enterado de nada».

Paco Alonso argumentó, habló, expuso, razonó. Pero ya era todo inútil. (En mi modesta opinión, Oíza tenía toda la razón, pero fue innecesariamente cruel. Podía haber intervenido al principio y haber reconducido la charla de su ayudante, o haberla convertido en un fértil debate).

Hace poco, Santiago de Molina ha escrito una reflexión sobre la puerta. Me pareció muy hermosa y os animo a que la leáis. Creo que a Oíza le habría gustado mucho. «Las puertas dejan pasar ríos».

José Ramón Hernández Correa

Doutor Arquitecto e autor de Arquitectamos locos?

Toledo · febreiro 2013

[:]

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS