[:es]
En una entrada de mi blog escribía sobre la nueva revista de cine y arquitectura Teatro Marittimo, creada y dirigida por David Rivera. En su primer número, dedicado a utopías construidas, publicaron un artículo mío titulado «El presente como utopía» y subtitulado «vista de la ciudad actual desde el pasado», sobre cómo en las películas de ciencia ficción se imaginaron las ciudades que en ese momento eran el futuro y ahora ya son nuestro pasado, desde la década de los cuarenta, hasta el entonces mítico comienzo del Siglo XXI. Películas como Just Imagine, estrenada en 1930 y en la que se imaginaron cómo iba a ser el Nueva York del año 1980, quizás por tratarse de un buen y conocido ejemplo, David puso la fotografía que adjunto al principio del artículo.
Como ya he hecho en otras ocasiones, copio aquí sólo el principio de este artículo, porque la revista aún está en las librerías y se puede leer en papel, por eso hay que comprarla, entre otros motivos, para garantizar su subsistencia.
«La palabra utopía procede del griego y etimológicamente puede tener dos orígenes, uno significa «buen lugar» y el otro, «no lugar». Ambos se refieren a un sitio, en el primero se trataría de uno óptimo, pero en el segundo se descubre un grave problema, es un sitio que no existe. Un lugar, un espacio que casi siempre se encuentra edificado de forma parcial o es totalmente urbano, que ha sido descrito con palabras y representado gráficamente en muchas ocasiones, teniendo configuraciones arquitectónicas y urbanísticas muy diversas, pero que sólo ha podido recorrerse en movimiento gracias a la imagen cinematográfica, televisiva o de los videojuegos.
El propio cine puede considerarse como una utopía «un ningún lugar de la imaginación, donde el espacio es la dimensión crucial» (Darke 2007: 27), precisamente por la importancia de sus cualidades espaciales, incluso arquitectónicas, porque, como escribe Anne Hurault-Paupe:
«en el cine, la noción de utopía denomina un cierto tipo de relaciones entre lugares […] se puede considerar como el cine crea los «lugares de la nada» (en el caso de una película de ficción, el espectador, confinado en una sala oscura, está inmerso en un mundo ficticio -la diégesis- que se manifiesta por la imágenes en movimiento y los sonidos) […] Así, cuando el cine, en las salas oscuras, muestra las ficciones que tienen lugar en espacios calificados como no reales y cuyo significado es el sueño de un mundo ideal, está sumamente cargado de utopía» (Hurault-Paupe 2007: 50).
Teniendo en cuenta estas relaciones, antes de continuar, es necesario establecer dos premisas, la primera sobre el término distopía, una palabra que al parecer fue creada por Stuart Mill a finales del siglo XIX, casi al mismo que las utopías literarias se convertían en utopías negativas, recuérdese entre otras: Cuando el dormido despierte (Wells, 1899), El talón de hierro (London, 1908), Nosotros (Zamiatin, 1924), Un mundo feliz (Huxley, 1932) y 1984 (Orwell, 1949); como opina Danièle André
«la distopía corresponde a un deseo de la utopía, representa su pulsión de muerte: el objetivo último de la utopía es la distopía» (André 2005: 166);
por ello, al hablar del futuro de la ciudad en el Cine, ese que en realidad ahora ya es el pasado, no se distinguirá entre lugares utópicos y distópicos. La segunda premisa es el estricto objeto de estudio de este artículo: sólo aquellas películas visionarias, casi siempre pertenecientes al género de ciencia ficción, en cuyo argumento se indica exactamente el año cuando trascurre su argumento y, por supuesto, cuando éste sea anterior a 2011.
Los pacíficos 40
1940, Londres es una gran capital, como se ve cuando un autogiro despega desde el techo de un edificio e inicia el vuelo sobre el Támesis, donde se cruza con bastantes aeronaves, todas ellas propulsadas por hélices; mientras en las márgenes del río se han construido edificios, la mayoría con aeropuertos en sus azoteas, de estilos eclécticos, poco estilizados, sin demasiado atractivo arquitectónico y bastante más altos que la Torre del Reloj del Palacio de Westminster, que puede verse a los lejos, casi sepultada entre estas edificaciones.
Este Londres pertenece a High Treason (Maurice Elvey, 1929), cuyo cartel muestra una arquitectura aún más avanzada que las propias imágenes de la película y en el que aparece, además de un, al parecer inevitable, aeropuerto en lo alto de un edificio, un gran dirigible pasando por debajo de un viaducto sobre el que circulan ferrocarriles y se lee «1930′ VISION OF 1940».
La crítica del momento destacó todo este derroche de tecnología futurista «con viva imaginación y gran realización técnica [Maurice Elvey] ha producido imágenes de lo que el mundo podría ser en 1940 lo que, sin duda, atrae la atención. Son interesantes, incluso si uno no las considera convincentes. Pero, ¿Será Londres una ciudad robot en un tiempo tan corto como dentro de diez u once años? Puede haber un nuevo puente en Charing Cross, pensando que no es seguro; y puede haber incluso un túnel del Canal de la Mancha, lo que es aún más incierto. Los helicópteros pueden ser de uso común y los aviones pueden aterrizar y despegar de las cubiertas de edificios de muchos pisos haciendo sombra a la cúpula de San Pablo. Puede que no haya periódicos, que la radiodifusión haya suplantado al London Times y las revistas que son publicadas por Lord Rothemere y Lord Beaverbrook cada mañana y tarde en este año de gracia. Pero Maurice Elvey no convence a nadie que las imágenes que presenta tan admirablemente sea probable que prevalezcan en un espacio de tiempo tan corto como el de diez años a partir de ahora» (Marshall 1929). A pesar de la admiración por lo que se ve en la película, el crítico duda razonablemente sobre la posibilidad de su existencia y es cierto que en cuanto a la ciudad, afortunadamente no se ha podido ver salvo en las pantallas cinematográficas. Una admiración que ha continuada incluso años después, «destacan los rascacielos de estilo Tudor de cincuenta pisos» (Ackerman 1997: 179), cuando en realidad, basta contar las plantas de los que se ven, para comprobar que sólo tienen alrededor de veinte.
Es evidente que este aspecto de la producción era el más importante, así lo enfatiza el press-book de la película: «una historia como ésta ofrece oportunidades para efectos visuales y sonoros únicos, y la película nos muestra Londres en 1940, con el nuevo Puente de Charing Cross, calles de dos pisos, aeroplanos, aeronaves y helicópteros que ascienden y aterrizan en los techos de edificios en el corazón de la City; uso diario de la televisión, noticias difundidas simultáneamente en sonido e imagen, el Túnel del Canal en funcionamiento, el club nocturno del futuro con sus instrumentos mecánicos de música de jazz y damas esgrimistas cuando se convierte en cabaré; modas de 1940, con más pieles para las mujeres y camisas de suave seda y pantalones hasta la rodilla para los hombres; en definitiva, una época de maravillas científicas y sorpresas en el vestir» (Soister 2004: 99).No se debe dejar de mencionar otro Londres del futuro, esta vez sin fecha, pero antecedente del citado, el mostrado por el cortometraje de The Fugitive Futurist (Gaston Quiribet, 1924), donde a través de un aparato se pueden ver las olas rompiendo en pleno Trafalgar Square, el Strand lleno de carteles luminosos, un enorme dirigible atracando en la torre del Parlamento y, como explica un intertítulo, «Tower Bridge resolverá los problemas de tráfico» porque por debajo discurren unas vías ferroviarias, mientras por su parte superior circulan trenes elevados y «la ciencia revolucionará los métodos de edificación», como explica otro intertítulo y a continuación, tras mostrar cuánto tarda un obrero perezoso en colocar un ladrillo, se ve una pared de ladrillos levantándose sola sin intervención humana; lástima que al final se descubra que el aparato en realidad sólo contiene unos ladrillos y su inventor es reconducido al manicomio de dónde se ha fugado, por lo que todas las maravillas que ha visto el espectador son elucubraciones que les ha narrado un loco.
Volviendo al Londres de High Treason, hay gran tensión en las fronteras entre los Estados Atlánticos y los Estados Federados de Europa, la Liga Mundial de la Paz intenta evitar los conflictos, sin embargo, los esbirros de una empresa de armamento hacen estallar una bomba en un tren justo en el túnel del Canal de la Mancha, para provocar la conflagración; Europa moviliza a sus hombres y mujeres, las seguidoras de la Liga rodean a los bombarderos impidiendo que despeguen y cuando el Presidente de Europa está a punto de declarar la guerra, el líder de la Liga lo mata, evitando la hostilidades; pero no se puede impedir que éste sea condenado y ejecutado, convirtiéndose en un mártir por la Paz.A principios de los años cuarenta el hombre más poderoso del mundo, un dictador corrupto, sigue explotando la máquina que, cuando era minero hace veinte años, le dio un extraterrestre al que se encontró en la mina, esta máquina le permite crear energía ilimitada, dándose cuenta de sus terribles actos y antes de que su malvado hijo haga un mal uso de ella, decide destruirla, como puede comprobarse en Algol (Hans Werckmeister, 1920), todo ello en unos años cuarenta cuyos ambientes son abstractos con líneas quebradas y tonos contrastados propios del expresionismo, espacios que por su diseño atemporal, lo mismo sirven parta los años veinte cuando comienza la historia, como para el Mundo de dos décadas después.
En 1940, como cuenta Non Stop New York (Robert Stevenson, 1937), un avión a reacción trasatlántico unía Londres con Nueva York. La primera capital tuvo más suerte que Nueva York, porque en 1940 sufrió un ataque aéreo en el que las bombas destruyeron el Empire State Building, a causa de la Segunda Guerra Mundial, que enfrentó a EE. UU. con la Confederación de Estados Euroasiáticos, profetizada por Los hombres deben pelear (Men Must Fight; Edgar Selwyn, 1933). El Empire State era ya el símbolo de la metrópoli y por ello, como se verá más adelante, aparece y además es destruido, en múltiples películas. Tampoco tuvo suerte Everytown, un trasunto de Londres, ya que ese año comenzaron los bombardeos sobre la ciudad, El mundo futuro (Things to Come; William Cameron Menzies, 1936). Algunos desgraciadamente sí acertaron con sus predicciones. Moscú 1946, en Kosmicheskij reis, (Vasili Zhuravlyov, 1936) puede verse «una torre coronada por una figura con alas, que está sobre el edificio del Instituto para Viajes Interplanetarios, adosado a ese edificio hay un cuerpo edificado con una cúpula de la que parte una inmensa rampa de lanzamiento construida con perfiles metálicos, bajo ella, circulan vehículos por grandes avenidas, al fondo, tras lo que parece un vasto parque, se ve la ciudad y sobre ella, compitiendo con la torre que se acaba de mostrar, sobresale el Palacio de los Soviets de Boris Iofan, Vladimir Schuko y Vladimir Gelfreikth, que resultó ganador del famoso concurso de 1933» así como un «cohete sostenido por un complejo entramado metálico, dentro de un hangar construido con arcos parabólicos de hormigón, como los hangares para dirigibles que construyó Eugène Freyssinet en Orly en 1923″ (Gorostiza 2007: 23). La Segunda Guerra Mundial no ha dejado sus espantosas secuelas en este Moscú y gracias a la Paz que se vive, sus científicos pudieron incluso construir un cohete que los trasladó a otros planetas»…..
Hasta aquí el comienzo de mi artículo, como siempre en este blog, el que quiera terminar de leerlo tendrá que hacerlo sobre papel, comprando la muy recomendable revista Teatro Marittimo, por ejemplo en la librería madrileña 8 1/2.
Jorge Gorostiza, arquitecto. Autor del blog Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, noviembre 2011
[:en]
In a previous entry of this blog he was writing on the new magazine of cinema and architecture Teatro Marittimo, created and directed by David Rivera. In his first number dedicated to constructed Utopias, they published my qualified article «The present as Utopia» and subgraduate «sight of the current city from the past», on how in the movies of science fiction they imagined the cities that in this moment were the future and now already they are our past, from the decade of the forties, until the mythical beginning at the time of the 21st century. Movies as Just Imagine, released in 1930 and in that they imagined how it was going to be the Nueva York of the year 1980, probably for example treating itself about a good one and acquaintance, David put the photography that I attach initially of the article.
Since already I have done in other occasions, I copy here only the beginning of this article, because the magazine still is in the bookshops and can be read in paper, because of it it is necessary to buy it, between other motives, to guarantee his subsistence.
«The word Utopia comes from the Greek and etymologically it can have two origins, one means «good place» and other one, «not place». Both refer to a site, in the first one it would be a question of the ideal one, but in the second one a serious problem is discovered, is a site that does not exist. A place, a space that almost always is built of partial form or is totally urban, that has been described by words and represented graphically in many occasions, having architectural and urban development very diverse configurations, but that only it could have crossed in movement thanks to the cinematographic, television image or of the video games.
The own cinema can be considered to be a Utopia «one no place of the imagination, where the space is the crucial dimension» (Darke 2007: 27), precisely for the importance of his spatial, even architectural qualities, because, since Anne Hurault-Paupe writes: «in the cinema, the notion of Utopia names a certain type of relations between places […] it is possible to consider to be the cinema to create the «places of nothing» (in case of a movie of fiction, the spectator confined in a dark room, is immersed in a fictitious world – the diégesis – that demonstrates for the imágenes in movement and the sounds) […] This way, when the cinema, in the dark rooms, shows the fictions that take place in spaces qualified like not royal and which meaning is the dream of an ideal world, it is extremely loaded with Utopia» (Hurault-Paupe 2007: 50).
Bearing these relations in mind, before continuing, it is necessary to establish two premises, the first one on the term distopía, a word that apparently was created by Stuart Mill at the end of the 19th century, almost to the same one that the literary Utopias were turning into negative Utopias, be remembered between others: When the slept one wakes up (Wells, 1899), The heel of iron (London, 1908), We (Zamiatin, 1924), A happy world (Huxley, 1932) and 1984 (Orwell, 1949); as Danièle André thinks » the distopía corresponds to a desire of the Utopia, it represents his drive of death: the last aim of the Utopia is the distopía » (André 2005: 166); for it, on having spoken about the future of the city in the Cinema, this that actually now already is the past, it will not differ between Utopian places and opposite utopians. The second premise is the strict object of study of this article: only those visionary movies, almost always belonging to the kind of science fiction, in whose argument is indicated exactly the year when trascurre his argument and, certainly, when this one should be previous to 2011.
The pacific ones 40
1940, London is the great capital, since one sees when an autodraft takes off from the ceiling of a building and initiates the flight on the Thames, where it crosses with enough aircraft, all of them promoted by propellers; while in the márgenes of the river buildings have been constructed, the majority with airports in his roofs, of eclectic, little stylized styles, without too much architectural attraction and higher enough than the Tower of the Clock of the Palace of Westminster, which can turn to them far, almost buried between these buildings.
This London belongs to High Treason (Maurice Elvey, 1929), which cartel shows an architecture furthermore advanced that the own images of the movie and in that it turns out to be, besides one, apparently inevitable, airport in the high of a building, a great dirigible happening below a viaduct on which they circulate railroads and reads «1930′ VISION OF 1940».
The critique of the moment emphasized everything this waste of futurist technology » with alive imagination and great technical accomplishment [Maurice Elvey] it has produced images of what the world might be in 1940 what, undoubtedly, attracts the attention. They are interesting, even if one does not consider them to be convincing. But, will it be London a city robot in a time as short as in ten or eleven years? There can be a new bridge in Charing Cross, thinking that it is not sure; and there can be even a tunnel of the English Channel, which is furthermore uncertain. The helicopters can be of common use and the planes can land and take off of the building covers of many floors doing shade to San Paul’s dome. It is possible that there are no newspapers, that the broadcasting has supplanted to the London Times and the magazines that are published by Lord Rothemere and Lord Beaverbrook every morning and evening in this year of grace. But Maurice Elvey does not convince anybody that the images that he presents so admirably it is probable that they prevail in a lapse of time as short as that of ten years from now» (Marshall 1929). In spite of the admiration for what one sees in the movie, the critic doubts reasonably on the possibility of his existence and is true that as for the city, lucky one could not have seen except on the cinematographic screens. An admiration that has continued even some years later, «stand out the skyscrapers of style Tudor of fifty floors» (Ackerman 1997: 179), when actually, it is enough to count the plants of those who are seen, to verify that only they have about twenty.
It is evident that this aspect of the production was more important, like that the press-book of the movie emphasizes it: «a history like this one offers opportunities for the visual and sonorous only effects, and the movie shows us London in 1940, with Charing Cross’s new Bridge, streets of two floors, airplanes, aircraft and helicopters that ascend and land in the building ceilings in the heart of the City; daily use of the television, news spread simultaneously in sound and image, the Tunnel of the Channel in functioning, the night club of the future with his mechanical instruments of music of jazz and ladies esgrimistas when it turns into cabaret; modes of 1940, with more skins for the women and shirts of soft it sedates and trousers up to the knee for the men; definitively, an epoch of scientific marvels and surprises in to dress» (Soister 2004: 99). It´s not necessary to to stop mentioning another London of the future, this time without date, but precedent of the mentioned one, the showed one for The Fugitive Futurist (Gaston Quiribet, 1924) where across a device the waves can be seen breaking in full Trafalgar Square, the Strand full of luminous cartels, an enormous dirigible mooring in the tower of the Parliament and, as makes clear an intertitle, «Tower Bridge will solve the problems of traffic » because for below they think up a few railway routes, while for your part Superior they circulate high trains and » the science will revolutionize the methods of building», as it explains another intertitle and later, after a lazy worker showing how much slow in placing a brick, one sees a wall of bricks getting up alone without human intervention; a pity that ultimately discovers that the device actually only contains a few bricks and his inventor is re-led to the mental hospital wherefrom it has absconded, for what all the marvels that the spectator has seen are elucubraciones that a madman has narrated.
Returning to High Treason in London, there is great tension in the borders between the Atlantic States and the Federated States of Europe, the World League of the Peace tries to avoid the conflicts, nevertheless, the bailiffs of an armament company make explode a bomb in a just train in the tunnel of the English Channel, to provoke the conflagration; Europe mobilizes his men and women, the seguidoras of the League make a detour to the bombardiers preventing that despeguen and when the President of Europa is on the verge of declaring the war, the leader of the League kills, avoiding the hostilidades; but it is not possible to prevent that this one is condemned and executed, turning into a martyr for the Peace. At the beginning of the forties the most powerful man of the world, a corrupt dictator, continues exploiting the machine that, when it was mining twenty years ago, there gave him an extraterrestrial being whom one found in the mine, this machine allows him to create unlimited energy, realizing his terrible acts and before his wicked son does an evil use of her, it decides to destroy it, since it can be verified in Algol (Hans Werckmeister, 1920), all this in a few forties which environments are abstract with broken lines and confirmed own tones of the expressionism, spaces that for his design atemporal, the same thing serve divides the twenties when it begins the history, since for the World of two decades later.
In 1940, as account Non Stop New York (Robert Stevenson, 1937), a transatlantic jet plane was joining London with New York. The first capital had more luck that New York, because in 1940 it suffered an air raid in which the bombs destroyed the Empire State Building, because of the Second World war, which faced EE. UU. with the Federation of Euro-Asian States, prophesied by Men Must Fight (Edgar Selwyn, 1933). The Empire State was already the symbol of the metropolis and for it, since one will see hereinafter, it appears and in addition it is destroyed, in multiple movies. Neither was lucky Everytown, a transcript of London, since this year they began the bombardments on the city, Things to Eats (William Cameron Menzies, 1936). Some of them unfortunately yes succeeded with his predictions. Moscow 1946, in Kosmicheskij reis, can turn «a tower crowned by a figure with wings, which is on the building of the Institute for Interplanetary Trips, attached to this building there is a body built with a dome of the one that divides an immense ramp of launch constructed with metallic profiles, under her, they circulate vehicles for big avenues, to the bottom, after what it looks like a vast park, one sees the city and on her, competing with the tower that has just appeared, there stands out the Palace of Boris Iofan’s Soviets, Vladimir Schuko and Vladimir Gelfreikth, that he turned out to be a winner of the famous contest of 1933» as well as a «rocket supported by a complex metallic studding, inside a hangar constructed with parabolic arches of concrete, as the hangars for dirigibles that Eugène Freyssinet constructed in Orly in 1923» (Gorostiza 2007: 23). The Second World war has not left his frightful sequels in this Moscow and thanks to the Peace that is lived, his scientists could construct even a rocket that moved them to other planets «…..
Hitherto the beginning of my article, since always in this blog, which wants to stop reading it it will have to do it on paper, buying the very advisable magazine Teatro Marittimo, for example in the bookshop of Madrid 8 1/2.
Jorge Gorostiza, architect. Author of the blog Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, november 2011
[:gl]
Nunha entrada anterior do meu blogue escribía sobre a nova revista de cine e arquitectura Teatro Marittimo, creada e dirixida por David Rivera. No seu primeiro número, dedicado a utopías construídas, publicaron un artigo meu titulado «O presente como utopía» e subtitulado «vista da cidade actual dende o pasado», sobre como nas películas de ciencia ficción se imaxinaron as cidades que nese momento eran o futuro e agora xa son o noso pasado, dende a década dos corenta, ata o entón mítico comezo do Século XXI. Películas como Just Imagine, estreada en 1930 e na que se imaxinaron como ía ser o Nova York do ano 1980, quizais por tratarse dun bo e coñecido exemplo, David puxo a fotografía que achego ao principio do artigo.
Como xa fixen noutras ocasións, copio aquí só o principio deste artigo, porque a revista aínda está nas librarías e se pode ler en papel, por iso hai que comprala, entre outros motivos, para garantir a súa subsistencia.
«A palabra utopía procede do grego e etimoloxicamente pode ter dúas orixes, un significa «bo lugar» e o outro, «non lugar». Ambos os dous refírense a un sitio, no primeiro trataríase dun óptimo, pero no segundo descóbrese un grave problema, é un sitio que non existe. Un lugar, un espazo que case sempre se encontra edificado de forma parcial ou é totalmente urbano, que foi descrito con palabras e representado graficamente en moitas ocasións, tendo configuracións arquitectónicas e urbanísticas moi diversas, pero que só puido percorrerse en movemento grazas á imaxe cinematográfica, televisiva ou dos videoxogos.
O propio cine pode considerarse como unha utopía «un ningún lugar da imaxinación, onde o espazo é a dimensión crucial» (Darke 2007: 27), precisamente pola importancia das súas calidades espaciais, mesmo arquitectónicas, porque, como escribe Anne Hurault-Paupe: «no cine, a noción de utopía denomina certo tipo de relacións entre lugares […] pódese considerar como o cine crea os «lugares da nada» (no caso dunha película de ficción, o espectador, confinado nunha sala escura, está inmerso nun mundo ficticio -a diégesis- que se manifesta pola imaxes en movemento e os sons) […] Así, cando o cine, nas salas escuras, mostra as ficcións que teñen lugar en espazos cualificados como non reais e cuxo significado é o sono dun mundo ideal, está sumamente cargado de utopía» (Hurault-Paupe 2007: 50).
Tendo en conta estas relacións, antes de continuar, é necesario establecer dúas premisas, a primeira sobre o termo distopía, unha palabra que ao parecer foi creada por Stuart Mill a finais do século XIX, case ao mesmo que as utopías literarias se convertían en utopías negativas, recórdese entre outras: Cando o durmido esperte (Wells, 1899), O talón de ferro (London, 1908), Nos (Zamiatin, 1924), Un mundo feliz (Huxley, 1932) e 1984 (Orwell, 1949); como opina Danièle André «a distopía corresponde a un desexo da utopía, representa a súa pulsión de morte: o obxectivo último da utopía é a distopía» (André 2005: 166); por iso, ao falar do futuro da cidade no Cine, ese que en realidade agora xa é o pasado, non se distinguirá entre lugares utópicos e distópicos. A segunda premisa é o estrito obxecto de estudo deste artigo: só aquelas películas visionarias, case sempre pertencentes ao xénero de ciencia ficción, en cuxo argumento se indica exactamente o ano cando trascurre o seu argumento e, por suposto, cando este sexa anterior a 2011.
Os pacíficos 40
1940, Londres é unha gran capital, como se ve cando un autoxiro despega dende o teito dun edificio e inicia o voo sobre o Támese, onde se cruza con bastantes aeronaves, todas elas propulsadas por hélices; mentres nas marxes do río se construíron edificios, a maioría con aeroportos nas súas azoteas, de estilos eclécticos, pouco estilizados, sen demasiado atractivo arquitectónico e bastante máis alta que a Torre do Reloxo do Pazo de Westminster, que pode verse aos lonxe, case sepultada entre estas edificacións.
Este Londres pertence a High Treason (Maurice Elvey, 1929), cuxo cartel mostra unha arquitectura aínda máis avanzada que as propias imaxes da película e no que aparece, ademais dun, ao parecer inevitable, aeroporto no alto dun edificio, un gran dirixible pasando por debaixo dun viaduto sobre o que circulan ferrocarrís e se le «1930 ‘ VISION OF 1940».
A crítica do momento destacou todo este dispendio de tecnoloxía futurista «con viva imaxinación e gran realización técnica [Maurice Elvey] produciu imaxes do que o mundo podería ser en 1940 o que, sen dúbida, atrae a atención. Son interesantes, mesmo se un non as considera convincentes. Pero, ¿será Londres unha cidade robot nun tempo tan curto como dentro de dez ou once anos? Pode haber unha nova ponte en Charing Cross, pensando que non é seguro; e pode haber mesmo un túnel da Canle da Mancha, o que é aínda máis incerto. Os helicópteros poden ser de uso común e os avións poden aterrar e despegar das cubertas de edificios de moitos pisos facendo sombra á cúpula de San Pablo. Pode que non haxa periódicos, que a radiodifusión suplantase ao London Times e as revistas que son publicadas por Lord Rothemere e Lord Beaverbrook cada mañá e tarde neste ano de graza. Pero Maurice Elvey non convence a ninguén que as imaxes que presenta tan admirablemente sexa probable que prevalezan nun espazo de tempo tan curto como o de dez anos a partir de agora» (Marshall 1929). A pesar da admiración polo que se ve na película, o crítico dubida razoablemente sobre a posibilidade da súa existencia e é certo que en canto á cidade, afortunadamente non se puido ver salvo nas pantallas cinematográficas. Unha admiración que hai continuada mesmo anos despois, «destacan os rañaceos de estilo Tudor de cincuenta pisos» (Ackerman 1997: 179), cando en realidade, abonda contar as plantas dos que se ven, para comprobar que só teñen ao redor de vinte.
É evidente que este aspecto da produción era o máis importante, así resáltao o press-book da película: «unha historia como esta ofrece oportunidades para efectos visuais e sonoros únicos, e a película móstranos Londres en 1940, coa nova Ponte de Charing Cross, rúas de dous pisos, aeroplanos, aeronaves e helicópteros que ascenden e aterran nos teitos de edificios no corazón da City; uso diario da televisión, noticias difundidas simultáneamente en son e imaxe, o Túnel da Canle en funcionamento, o club nocturno do futuro cos seus instrumentos mecánicos de música de jazz e damas esgrimidoras cando se converte en cabaré; modas de 1940, con máis peles para as mulleres e camisas de suave seda e pantalóns ata o xeonllo para os homes; en definitiva, unha época de marabillas científicas e sorpresas no vestir» (Soister 2004: 99).No se debe deixar de mencionar outro Londres do futuro, esta vez sen data, pero antecedente do citado, o mostrado pola curtametraxe de The Fugitive Futurist (Gaston Quiribet, 1924), onde a través dun aparato se poden ver as ondas rompendo en pleno Trafalgar Square, o Strand cheo de carteis luminosos, un enorme dirixible atracando na torre do Parlamento e, como explica un intertítulo, «Tower Bridge resolverá os problemas de tráfico» porque por debaixo discorren unhas vías ferroviarias, mentres pola súa banda superior circulan trens elevados e «a ciencia revolucionará os métodos de edificación», como explica outro intertítulo e a continuación, tras mostrar canto tarda un obreiro preguiceiro en colocar un ladrillo, se ve unha parede de ladrillos levantándose soa sen intervención humana; pena ao final se descubra que que o aparato en realidade só contén uns ladrillos e o seu inventor é reconducido ao manicomio de onde se fuxiu, polo que todas as marabillas que viu o espectador son elucubracións que lles narrou un tolo.
Volvendo ao Londres de High Treason, hai gran tensión nas fronteiras entre os Estados Atlánticos e os Estados Federados de Europa, a Liga Mundial da Paz intenta evitar os conflitos, non obstante, os esbirros dunha empresa de armamento fan estalar unha bomba nun tren xusto no túnel da Canle da Mancha, para provocar a conflagración; Europa mobiliza os seus homes e mulleres, as seguidoras da Liga rodean aos bombardeiros impedindo que despeguen e cando o Presidente de Europa está a punto de declarar a guerra, o líder da Liga mátao, evitando a hostilidades; pero non se pode impedir que este sexa condenado e executado, converténdose nun mártir pola Paz.A principios dos anos corenta o home máis poderoso do mundo, un ditador corrupto, segue explotando a máquina que, cando era mineiro hai vinte anos, lle deu un extraterrestre ao que se encontrou na mina, esta máquina permítelle crear enerxía ilimitada, dándose conta dos seus terribles actos e antes de que o seu malvado fillo faga un mal uso dela, decide destruíla, como pode comprobarse en Algol (Hans Werckmeister, 1920), todo iso nuns anos corenta cuxos ambientes son abstractos con liñas quebradas e tons contrastados propios do expresionismo, espazos que polo seu deseño atemporal, o mesmo serven parta os anos vinte cando comeza a historia, como para o Mundo de dúas décadas despois.
En 1940, como conta Non Stop New York (Robert Stevenson, 1937), un avión a reacción trasatlántico unía Londres con Nova York. A primeira capital tivo máis sorte que Nova York, porque en 1940 sufriu un ataque aéreo no que as bombas destruíron o Empire State Building, a causa da Segunda Guerra Mundial, que enfrontou a EE. UU. coa Confederación de Estados Euroasiáticos, profetizada por Os homes deben pelexar (Men Must Fight; Edgar Selwyn, 1933). O Empire State era xa o símbolo da metrópole e por iso, como se verá máis adiante, aparece e ademais é destruído, en múltiples películas. Tampouco tivo sorte Everytown, unha copia de Londres, xa que ese ano comezaron os bombardeos sobre a cidade, O mundo futuro (Things to Come; William Cameron Menzies, 1936). Algúns desgraciadamente si acertaron coas súas predicións. Moscú 1946, en Kosmicheskij reis, (Vasili Zhuravlyov, 1936) pode verse «unha torre coroada por unha figura con ás, que está sobre o edificio do Instituto para Viaxes Interplanetarias, pegado a ese edificio hai un corpo edificado cunha cúpula da que parte unha inmensa rampla de lanzamento construída con perfís metálicos, baixo ela, circulan vehículos por grandes avenidas, ao fondo, tras o que parece un vasto parque, vese a cidade e sobre ela, competindo coa torre que se acaba de mostrar, sobresae o Pazo dos Soviets de Boris Iofan, Vladimir Schuko e Vladimir Gelfreikth, que resultou gañador do famoso concurso de 1933» así como un «foguete sostido por un complexo armazón metálica, dentro dun hangar construído con arcos parabólicos de formigón, como os hangares para dirixibles que construíu Eugène Freyssinet en Orly en 1923″ (Gorostiza 2007: 23). A Segunda Guerra Mundial non deixou as súas espantosas secuelas neste Moscú e grazas á Paz que se vive, os seus científicos puideron mesmo construír un foguete que os trasladou a outros planetas»…..
Ata aquí o comezo do meu artigo, como sempre neste blog, que queira rematar de lelo terá que facelo sobre papel, comprando a moi recomendable revista Teatro Marittimo, por exemplo na libraría madrileña 8 1/2.
Jorge Gorostiza, arquitecto. Autor do blogue Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, novembro 2011
[:]




