[:es]
De lo constructivo como teoría
La realidad es siempre una organización, o configuración compleja, que se está constituyendo constantemente. Así planteada, esta afirmación deja entrever un principio de fondo muy simple: el hecho de que algo se construya constantemente no lo hace menos real, independientemente de cuáles sean las piezas que integren esa construcción. El hecho de que desde la arquitectura se pueda afirmar que algunas de esas piezas sean necesariamente discursivas e incluso significativas (otros prefieren simbólicas), no las hace menos reales.
La arquitectura nunca debe negar, ni en el ámbito más conceptual posible, que haya una realidad material, debe sostener, en oposición a algunas ideas actuales, que lo constructivo forma parte de lo propiamente arquitectónico en lo más esencial, en su discurso primigenio y que la técnica constructiva de tal o cual elemento no es más que una elevada forma de expresión capaz de encerrar los componentes más firmes de una narración específica dada, y esconder las más sutiles interpretaciones de la razón.
Tradicionalmente se han tratado de limitar las pretensiones de lo constructivo, predicando una especie de diferenciación cualitativa: lo constructivo como lo real y ligado a la técnica y el oficio, y lo constructivo como discurso, con apenas seguidores y comúnmente despreciados estos por la sospecha que tras el discurso se esconde una voluntad eminentemente técnica.
No con cierta displicencia, se asume que estos dos dominios de lo constructivo (similares en cierta forma al dualismo de Descartes entre la materia y la sustancia) son ontológicamente distintos y, con excepción de circunstancias específicas y limitadas, existen en planos distintos que deben ser comunicados. Pero me parece que la idea contemporánea de lo constructivo debería rechazar esta dicotomía radical al afirmar que, por el contrario, el mundo está constituido por organizaciones complejas de diferentes tipos de eventos constructivos y construidos, algunos de los cuales son siempre expresivos, en el sentido amplio del término, y que el discurso es únicamente una forma más de su expresión.
Es decir, la realidad, cualquier realidad, es siempre una articulación de muchos tipos de eventos diferentes, físicos, emocionales e intelectuales. El discurso puede no entenderse adecuadamente si se lee como simples reflexiones externas sobre la realidad que, en ciertas circunstancias, afectan a la arquitectura. Tal vez lo constructivo deba verse como un elemento integral de la realidad, que ayuda a unir lo real y lo imaginado y a darle a la arquitectura un sentido de pertenencia conjunta.
Cada práctica arquitectónica no sólo está articulada culturalmente, sino que las prácticas culturales asociadas se encuentran constantemente involucradas en la producción continua de la realidad. Para ponerlo en términos más simples, la cultura en la que vivimos, las formas culturales que proponemos e insertamos en la realidad y que habitualmente llamamos arquitectura, tienen consecuencias en la manera como se organiza y se vive la realidad. Las prácticas culturales definidas por lo constructivo contribuyen a la producción del contexto como una organización del poder, y construyen el contexto como una experiencia del poder. Es por esto que la cultura importa en la arquitectura, porque es una dimensión clave de la transformación o construcción permanente de la realidad. Lo que no quiere decir, como afirmaría mucha de la teoría contemporánea, que la cultura por sí misma construye la realidad. La cultura se construye en lo constructivo.
Ciertos aspectos de la teoría de la arquitectura tratan de entender algo sobre cómo se está construyendo la organización de lo construido mediante la desarticulación y la rearticulación de relaciones, tomando la finalidad cultural como punto de partida, y como procedimiento de estudio, el ingreso en el complejo balance de fuerzas constitutivas de las relaciones de lo propiamente arquitectónico con lo político, lo tecnológico, lo social, lo económico y finalmente en una especie de tautología, lo cultural. Este punto de vista es sin duda una de las maneras de entender lo constructivo a partir de la formalización de un cuerpo con significación propia. Un proceso en el plano estrictamente conceptual.
Otra manera de entender lo constructivo en lo que podríamos llamar la lógica de la articulación, es cuando el proceso constructivo crea sentido a lo inicialmente fragmentario. Como indica Andrea Deplazes, la arquitectura conoce sin lugar a dudas un vocabulario específico de materiales, una gramática constructiva y una sintaxis estructural. Éstos constituyen sus presupuestos principales, algo así como la mecánica de la arquitectura. A ellos también pertenecen los fundamentos técnicos que, totalmente independientes de un proyecto u obra concreta, establecen un método basado en principios constructivos y un saber hacer que puede aprenderse. Aunque estos instrumentos son en sí mismos concluyentes, hasta que no se vinculan conceptualmente a un proyecto, permanecen fragmentarios, inconexos y, por tanto, carentes de sentido. Sólo en relación a un concepto se desarrolla un proceso de vital importancia, donde los fragmentos originariamente aislados de la técnica y de la construcción se disponen y ordenan en un volumen arquitectónico. Las partes y el todo se completan, se condicionan y se influyen alternativamente. Es el paso de la obra construida a la arquitectura, de la construcción a la tectónica.1
Aquí sin duda Deplazes se refiere a la techné, en el sentido aristotélico del término, es decir la techné aparece con todos los rasgos de un saber ligado a las formas de conocimiento racional y emparentado con la ciencia, con aquellos procedimientos técnicos que hacen de una buena ejecución de la obra un buen ejemplo de constructividad. Nada que objetar.
Sin embargo tal como indica al final de la cita, es la capacidad significante, la relación a un concepto, lo que dota de sentido a una constelación de capacidades dispersas y fragmentarias, donde las partes y el todo se completan, se condicionan y se influyen alternativamente, es decir se articulan. Visto así la acepción más básica de lo constructivo, la versión más material del término se supedita a una significación imprescindible proveniente de la esfera del intelecto. Y esa construcción de significados se emparenta rápidamente con la idea de contexto, de lo contextual como razón inicial y/o final, no está claro, de la estructura significante del hecho arquitectónico.
En resumen, es imposible des-alienar lo constructivo de lo contextual en su empeño común por construir un relato, un espacio narrativo propio de lo arquitectónico. Dicho de otro modo, las prácticas de intermediación con el contexto no se pueden separar de las prácticas de articulación constructiva. Y esto lleva a uno de los compromisos más visibles de la práctica proyectual: la arquitectura es necesariamente interdisciplinar. No tanto por una especie de compromiso a priori, sino por una conclusión lógica de una contextualidad y una constructividad propia del relato arquitectónico.
El cuerpo calloso de lo esencialmente arquitectónico debe ser interdisciplinario porque la formación de cultura disciplinar no puede analizarse en términos puramente autoreferenciados; entender las formaciones culturales específicas, las orografías de la narración arquitectónica requiere mirar las relaciones de lo propio, con todo lo que no lo es. Pero, ¿qué grado de interdisciplinariedad se necesita?
En términos estratégicos, la interdisciplinariedad debe ser lo suficientemente responsable para producir un conocimiento útil, agregado y hábil aun cuando esté limitado por demandas específicas de proyecto y estrategias de contexto. Por tanto, puede decirse que la cosificación cultural del objeto arquitectónico surge como un proceso de análisis de cómo se transforman, constructivamente, articulando y desarticulando, estructuras de dominación física sobre un objeto social dado.
La verdadera dimensión del espacio narrativo propio de lo arquitectónico debería desplegar la teoría desde la interdisciplinariedad, de manera estratégica, para ganar el conocimiento necesario para inmiscuirse en contextos nuevos, de forma que sea posible la articulación de nuevas o mejores estrategias políticas, sociales, económicas, tecnológicas y culturales. Tomar lo que Marx llamaba la desviación por la teoría con el fin de ofrecer una descripción nueva y mejor, moviéndose de lo empírico a lo concreto, donde siempre se conceptualiza lo último. Pero también ese espacio debe hacer una desviación a través de lo real, del contexto empírico, para poder seguir teorizando.
El espacio narrativo arquitectónico se funda en lo que Lawrence Grossberg llama la contextualidad radical y lo que podríamos añadir aquí, la constructividad congénita, donde cada elemento de la práctica arquitectónica viene afectada por una doble imposición en el plano significativo, lo contextual y lo constructivo. En consecuencia, el objeto de la atención inicial de la práctica arquitectónica nunca es un texto aislado, un edificio único, una obra de arte singular, sino un conjunto estructurado de prácticas —una formación cultural, un régimen discursivo—que de inicio incluye prácticas discursivas y no discursivas, teorías y hechos. Pero incluso una formación de éstas características debe ubicarse en formaciones superpuestas a la vida cotidiana. Por tanto podemos considerar que el discurso en las prácticas arquitectónicas es un hecho integral, como también es integral el objeto construido, es decir la parte no discursiva en tanto que pura objetualidad, pura materialidad de la arquitectura.
La combinación entre la idea de contextualidad radical y la de constructividad congénita también reconfigura la relación de las prácticas arquitectónicas con la teoría.
Por tanto en arquitectura, la teoría, lo contextual y lo constructivo se constituyen y determinan respectivamente, de forma que el ámbito de lo teórico se toma como un recurso estratégico contingente. Es por ello que la producción narrativa de la arquitectura no puede identificarse con un paradigma o una tradición teórica singular, sino que más bien se produce convocando y confrontando diferentes lugares comunes del pensamiento como la filosofía, la sociología, la ciencia, etc. No hace falta decir pues, que la pérdida de la autonomía del hecho narrativo arquitectónico se hace evidente aquí, como en su día lo fue también, la evidente perdida de la autonomía del ámbito narrativo del arte, con peores consecuencias para este último.2
Para acabar de entender el papel de lo constructivo como teoría en la arquitectura, deberíamos aclarar que en el ámbito de la post-postmodernidad,3 la producción teórica no se entiende como objeto en sí mismo, sino más bien desde un uso estratégico, como una herramienta de la que debemos servirnos para avanzar en la construcción de una narrativa de la complejidad de lo específico. En consecuencia, el espacio narrativo propio de la arquitectura no está motivado por cuestiones teóricas; no derivan sus preguntas de sus intereses teóricos, sino de la fascinación por la contingencia. Solamente de esta manera se consigue evitar que al definir por anticipado las preguntas y las respuestas, las apuestas teóricas reduzcan la posibilidad de contar una historia distinta y mejor, una historia de sorpresa y descubrimiento. Cada caso admite una teoría. Quizás muchas teorías.
Lejos de la metamodernidad o de cualquier otra etiqueta del momento, podemos volver a Peter Eisenman para recordar como ya en su tesis doctoral The Formal Basis of Modern Architecture,4 abogaba por una interpretación abierta de la teoría, y por tanto la posibilidad de constitución de una teoría ad-hoc, mediante la idea de una teoría polemista de final abierto. Esta es la categoría del ensayo polémico que puede leerse en los escritos de Geoffrey Scot principalmente, y de manera menor en otros autores como Abbe Laugler o Augustus Welby Northmore Pugin. En Geoffrey Scott parece que nos encontramos ante la fundación de una teoría de final abierto que permite que ésta esté siempre en proceso de expansión y de continua aplicación.
En resumen parece que el espacio narrativo de la arquitectura se construye desde una forma de entender lo contextual, una manera de aglutinar conocimiento desde lo constructivo y todo ello se enhebra tanto en la práctica teórica pura de la arquitectura, como en la práctica experimental de la misma, que como hemos visto, también es susceptible de crear teoría.
Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, junio 2012
La fotografía que encabeza el post es de la Ville Savoye en construcción, Poissy 1929. Quiero hacer mención especial a la energía y la capacidad de encontrar fotografías míticas por parte de VAUMM Arkitekturak, que han sido la fuente de esta imagen.
Notas
1 Deplazes, Andrea. Construir la arquitectura. Del material en bruto al edificio. Un manual. Gustau Gili, Barcelona, 2010
2 Si el arte pierde su autonomía, y por tanto no puede hacerse el arte por el arte, su ámbito de reflexión, de conceptualización, desaparece bajo el yugo de aquel ámbito al que sirve. La estética es indisociable a la autonomía del arte y de la institución arte, por lo que la desaparición de la estética en el arte es el altísimo precio que acaba pagando.
3 Como introdujo Tom Turner en City as Landscape: A Post Post-modern View of Design and Planning, y más tarde se transformó de la mano de Timotheus Vermeulen y Robin van den Akker en el término metamodernism en el artículo Notes on metamodernism, que sucintamente vendría a determinar la emergencia de una sensibilidad que oscila entre posiciones modernas y estrategias postmodernas.
4 Eisenman, Peter. The Formal Basis of Modern Architecture, publicado originalmente como tesis doctoral por el Trinity College de la Universidad de Cambridge en Agosto de 1963 y posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers en el año 2006.
[:en]
From the constructive thing like theory
The reality is always an organization, or complex configuration, which is constituted constant. This way raised, this affirmation stops to guess a beginning of very simple bottom: the fact that something is constructed constant it does not make it less royal, independently of which they are the pieces that integrate this construction. The fact that from the architecture it could affirm that some of these pieces should be necessarily discursive and even significant (they prefer others symbolic), it does not make them less royal.
The architecture must never deny, not in the as conceptual as possible area, which there should be a material reality, must hold, in opposition to some current ideas, that the constructive thing forms a part of the properly architectural thing in the most essential thing, in his original speech and that the constructive technology of such-and-such element is not any more than a high form than expression capable of enclosing the firmest components of a specific given story, and hide the subtlest interpretations of the reason.
Traditionally they have tried to limit each other the pretensions of the constructive thing, preaching a species of qualitative differentiation: the constructive thing like the royal thing and ligature to the technology and the trade, and the constructive thing as speech, with scarcely followers and commonly despised these for the suspicion that after the speech one hides an eminently technical will.
Not with certain displeasure, there is assumed that these two domains of the constructive thing (similar in certain form to the dualism of Discarded cards between the matter and the substance) are ontológicamente different and, with exception of specific and limited circumstances, they exist in different planes that they must be communicated. But it seems to me that the contemporary idea of the constructive thing should reject this radical dichotomy on having affirmed that, on the contrary, the world is constituted by complex organizations of different types of constructive and constructed events, some of which are always expressive, in the broad sense of the term, and that the speech is only one more form of his expression.
That is to say, the reality, any reality, is always a joint of many types of different, physical, emotional and intellectual events. The speech cannot be understood adequately if it is read as simple external reflections on the reality that, in certain circumstances, they concern the architecture. Maybe the constructive thing should turn as an integral element of the reality, which helps to join the royal thing and the imagined and to give him to the architecture a sense of joint belonging.
Every architectural practice not only is articulated culturally, but the cultural associate practices are constant involved in the constant production of the reality. To put it in simpler terms, the culture in which we live, the cultural forms that we propose and insert in the reality and that habitually we are called an architecture, they have consequences in the way like it organizes and the reality is lived. The cultural practices defined by the constructive thing contribute to the production of the context as an organization of the power, and construct the context as an experience of the power. It is for this that the culture imports in the architecture, because it is a key dimension of the transformation or permanent construction of the reality. What it does not want to say, as it would affirm a lot of of the contemporary theory, that the culture for yes same constructs the reality. The culture is constructed in the constructive thing.
Certain aspects of the theory of the architecture try to understand something on how the organization of the constructed is constructed by means of the breaking up and the rejoint of relations, taking the cultural purpose as a point of item, and as procedure of study, the revenue in the complex balance sheet of constitutive forces of the relations of the properly architectural thing with the political thing, the technological thing, the social thing, the economic thing and finally in a species of tautology, the cultural thing. This point of view is undoubtedly one of the ways of understanding the constructive thing from the formalization of a body with own significance. A process in the strictly conceptual plane.
Another way of understanding the constructive thing in what we might call the logic of the joint, is when the constructive process creates sense to the initially fragmentary thing. As Andrea Deplazes indicates, the architecture knows no doubt a specific vocabulary of materials, a constructive grammar and a structural syntax. These constitute his principal budgets, something like mechanics of the architecture. To them also there belong the technical foundations that, totally independent from a project or work it makes concrete, establish a method based on constructive beginning and one to be able to do that can be learned. Though these instruments are in yes same conclusive, until they do not link themselves conceptual to a project, they remain fragmentary, unconnected and, therefore, lacking in sense. Only in relation to a concept there develops a process of vital importance, where the fragments originally isolated of the technology and of the construction prepare and order in an architectural volume.The parts and everything they are completed, are determined and are influenced alternative. It is the step of the work constructed the architecture, of the construction to the tectonic one.1
Here undoubtedly Deplazes refers to the techné, in the sense aristotélico of the term, that is to say the techné appears with all the features of one to know ligature to the forms of knowledge rational and become related to the science, to those technical procedures that do of a good execution of the work a good example of constructividad. Nothing to object.
Nevertheless as it indicates at the end of the appointment, is the significant capacity, the relation to a concept, which provides with sense to a constellation of dispersed and fragmentary capacities, where the parts and everything they are completed, is determined and is influenced alternative, that is to say is articulated. I dress like that the most basic meaning of the constructive thing, the most material version of the term is subordinated to an indispensable significance from the sphere of the intellect. And this construction of meanings emparenta rapidly with the idea of context, of the contextual thing as initial and / or final reason, it is not clear, of the significant structure of the architectural fact.
In short, it is an impossible des-alienar the constructive thing of the contextual thing in his common determination for constructing a statement, a narrative own space of the architectural thing. Said differently, the practices of intermediation with the context cannot separate of the practices of constructive joint. And this leads to one of the most visible commitments of the practice proyectual: the architecture is necessarily to interdiscipline. Not so much for a species of commitment a priori, but for a logical conclusion of a contextualidad and an own constructividad of the architectural statement.
The corny body of the essentially architectural thing must be interdisciplinary because the formation of culture to discipline cannot be analyzed in purely autoindexed terms; to understand the cultural specific formations, the orographies of the architectural story it needs to look at the relations of the own thing, with everything what it is not. But, what degree is of interdisciplinariedad needed?
In strategic terms, the interdisciplinariedad must be the sufficiently responsible thing to produce a useful, added and skilful knowledge even if it is limited by specific demands of project and strategies of context. Therefore, it can be said that the cultural cosificación of the architectural object arises as a process of analysis from how they transform, constructivly, articulating and dismantling, you structure of physical domination on a given corporate purpose.
The real dimension of the narrative own space of the architectural thing should open the theory from the interdisciplinariedad, of a strategic way, to gain the knowledge necessary to interfere in new contexts, so that there is possible the joint of new or better political, social, economic, technological and cultural strategies. To take what Marx was calling the diversion for the theory in order to offer a new and better description, moving from the empirical thing to the concrete thing, where always the last thing is conceptualized. But also this space must do a diversion across the royal thing, of the empirical context, to be able to continue theorizing.
The narrative architectural space is founded what Lawrence Grossberg is called the radical contextualidad and what we might add here, the congenital constructividad, where every element of the architectural practice comes affected by a double imposition in the significant plane, the contextual thing and the constructive thing. In consequence, the object of the initial attention of the architectural practice is never an isolated text, the only building, a work of singular art, but a set structured of practices – a cultural formation, a discursive regime that of beginning includes discursive and not discursive practices, theories and facts. But even a formation of typical these must be located in formations superposed to the daily life. Therefore we can think that the speech in the architectural practices is an integral fact, since also the object is integral constructed, that is to say the not discursive part while pure objetualidad, pure materiality of the architecture.
The combination between the idea of contextualidad radical and of constructividad congenital also it re-forms the relation of the architectural practices with the theory.
Therefore in architecture, the theory, the contextual thing and the constructive thing are constituted and determine respectively, so that the area of the theoretical thing takes as a strategic resource fix quotas. It is for it that the narrative production of the architecture cannot identify with a paradigm or a theoretical singular tradition, but rather it takes place summoning and confronting different common places of the thought as the philosophy, the sociology, the science, etc. It is not necessary to say so, that the loss of the autonomy of the narrative architectural fact makes to itself evident here, since in his day it it was also, the evident loss of the autonomy of the narrative area of the art, with worse consequences for the latter.2
To have to just understood the paper of the constructive thing as theory in the architecture, we should clarify that in the area of the post-postmodernity,3 the theoretical production is not understood as object in yes same, but rather from a strategic use, as a tool of which we must be served to advance in the construction of a narrative of the complexity of the specific thing. In consequence, the narrative own space of the architecture is not motivated by theoretical questions; they do not derive his questions of his theoretical interests, but of the fascination for the contingency. Only hereby one manages to avoid that on having defined for anticipated the questions and the answers, the theoretical bets reduce the possibility of counting a different and better history, tells the history of a of surprise and discovery. Every case admits a theory. Probably many theories.
Far from the metamodernidad or of any other label of the moment, we can turn Peter Eisenman to remember like already in his doctoral thesis The Formal Basis of Modern Architecture,4 he was pleading for an interpretation opened of the theory, and therefore the possibility of constitution of a theory ad-hoc, by means of the idea of a theory debater of opened end. This one is the category of the polemic test that can be read in Geoffrey Scot’s writings principally, and in a minor way in other authors as Abbe Laugler or Augustus Welby Northmore Pugin. In Geoffrey Scott it seems that we think before the foundation of a theory of opened end that it is allowed that this one should be always in process of expansion and of continuous application.
In short it seems that the narrative space of the architecture is constructed from a way of understanding the contextual thing, a way of agglutinating knowledge from the constructive thing and all this is thread so much in the theoretical pure practice of the architecture, since in the experimental practice of the same one, which since we have seen, also it is capable of creating theory.
Miquel Lacasta. Doctor architect
Barcelona, juny 2012
The photography that the post heads is of the Ville Savoye in construction, Poissy 1929. I want to do special mention to the energy and the aptitude to find mythical photographies on the part of VAUMM Arkitekturak, which have been the source of this image.
Notes
1 Deplazes, Andrea. Construir la arquitectura. Del material en bruto al edificio. Un manual. Gustau Gili, Barcelona, 2010
2 If the art loses his autonomy, and therefore there can not be done the art for art’s sake, his area of reflection, of conceptualization, eliminates under the yoke of that area the one that serves. The aesthetics are undissociable to the autonomy of the art and of the institution art, for what the disappearance of the aesthetics in the art is the highest price that he ends up by paying.
3 Since Tom Turner introduced in City as Landscape: A Post Post-modern View of Design and Planning, and later it transformed of the hand of Timotheus Vermeulen and Robin van den Akker in the term metamodernism in the article Notice on metamodernism, that succinctly it would come to determine the emergency of a sensibility that ranges between modern positions and postmodern strategies.
4 Eisenman, Peter. The Formal Basis of Modern Architecture, it´s published originally as doctoral thesis for the Trinity College of the University of Cambridge in August, 1963 and later re-edited in Lars Müller Publishers in the year 2006.
[:gl]
Do constructivo como teoría
A realidade é sempre unha organización, ou configuración complexa, que se está a constituír constantemente. Así formulada, esta afirmación deixa entrever un principio de fondo moi simple: o feito de que algo se constrúa constantemente non o fai menos real, independentemente de cales sexan as pezas que integren esa construción. O feito de que dende a arquitectura se poida afirmar que algunhas desas pezas sexan necesariamente discursivas e mesmo significativas (outros prefiren simbólicas), non as fai menos reais.
A arquitectura nunca debe negar, nin no ámbito máis conceptual posible, que haxa unha realidade material, debe soster, en oposición a algunhas ideas actuais, que o construtivo forma parte do propiamente arquitectónico no máis esencial, no seu discurso primixenio e que a técnica construtiva de tal ou cual elemento non é máis que unha elevada forma de expresión capaz de encerrar os compoñentes máis firmes dunha narración específica dada, e esconder as máis sutís interpretacións da razón.
Tradicionalmente tratáronse de limitar as pretensións do construtivo, predicando unha especie de diferenciación cualitativa: o construtivo como o real e ligado á técnica e o oficio, e o construtivo como discurso, con apenas seguidores e comunmente desprezados estes pola sospeita que tras o discurso se esconde unha vontade eminentemente técnica.
Non con certa displicencia, asúmese que estes dous dominios do construtivo (similares en certa forma ao dualismo de Descartes entre a materia e a substancia) son ontológicamente distintos e, con excepción de circunstancias específicas e limitadas, existen en planos distintos que deben ser comunicados. Pero paréceme que a idea contemporánea do construtivo debería rexeitar esta dicotomía radical ao afirmar que, pola contra, o mundo está constituído por organizacións complexas de diferentes tipos de eventos construtivos e construído, algún do cal son sempre expresivos, no sentido amplo do termo, e que o discurso é unicamente unha forma máis da súa expresión.
É dicir, a realidade, calquera realidade, é sempre unha articulación de moitos tipos de eventos diferentes, físicos, emocionais e intelectuais. O discurso pode non entenderse axeitadamente se se le como simples reflexións externas sobre a realidade que, en certas circunstancias, afectan á arquitectura. Talvez o construtivo deba verse como un elemento integral da realidade, que axuda a unir o real e o imaxinado e a darlle á arquitectura un sentido de pertenza conxunta.
Cada práctica arquitectónica non só está articulada culturalmente, senón que as prácticas culturais asociadas se encontran constantemente involucradas na produción continua da realidade. Para poñelo en termos máis simples, a cultura na que vivimos, as formas culturais que propoñemos e inserimos na realidade e que habitualmente chamamos arquitectura, teñen consecuencias no xeito como se organiza e se vive a realidade. As prácticas culturais definidas polo construtivo contribúen á produción do contexto como unha organización do poder, e constrúen o contexto como unha experiencia do poder. É por isto que a cultura importa na arquitectura, porque é unha dimensión clave da transformación ou construción permanente da realidade. O que non quere dicir, como afirmaría moita da teoría contemporánea, que a cultura por si mesma constrúe a realidade. A cultura constrúese no construtivo.
Certos aspectos da teoría da arquitectura tratan de entender algo sobre como se está a construír a organización do construído mediante a desarticulación e a rearticulación de relacións, tomando a finalidade cultural como punto de partida, e como procedemento de estudo, o ingreso no complexo balance de forzas constitutivas das relacións do propiamente arquitectónico co político, o tecnolóxico, o social, o económico e finalmente nunha especie de tautoloxía, o cultural. Este punto de vista é sen dúbida unha das maneiras de entender o construtivo a partir da formalización dun corpo con significación propia. Un proceso no plano estritamente conceptual.
Outro xeito de entender o construtivo no que poderiamos chamar a lóxica da articulación, é cando o proceso construtivo crea sentido ao inicialmente fragmentario. Como indica Andrea Deplazes, a arquitectura coñece sen lugar a dúbidas un vocabulario específico de materiais, unha gramática construtiva e unha sintaxe estrutural. Estes constitúen os seus presupostos principais, algo así como a mecánica da arquitectura. A eles tamén pertencen os fundamentos técnicos que, totalmente independentes dun proxecto ou obra concreta, establecen un método baseado en principios construtivos e un saber facer que pode aprenderse. Aínda que estes instrumentos son en si mesmos concluíntes, ata que non se vinculan conceptualmente a un proxecto, permanecen fragmentarios, inconexos e, polo tanto, carentes de sentido. Só en relación a un concepto se desenvolve un proceso de vital importancia, onde os fragmentos orixinariamente illados da técnica e da construción se dispoñen e ordenan nun volume arquitectónico. As partes e o todo complétanse, condiciónanse e inflúense alternativamente. É o paso da obra construída á arquitectura, da construción á tectónica.1
Aquí sen dúbida Deplazes refírese á techné, no sentido aristotélico do termo, é dicir a techné aparece con todos os trazos dun saber ligado ás formas de coñecemento racional e emparentado coa ciencia, con aqueles procedementos técnicos que fan dunha boa execución da obra un bo exemplo de constructividad. Nada que obxectar.
Non obstante tal como indica ao final da cita, é a capacidade significante, a relación a un concepto, o que dota de sentido a unha constelación de capacidades dispersas e fragmentarias, onde as partes e o todo se completan, condiciónanse e inflúense alternativamente, é dicir articúlanse. Visto así a acepción máis básica do construtivo, a versión máis material do termo supedítase a unha significación imprescindible proveniente da esfera do intelecto. E esa construción de significados se emparenta rapidamente coa idea de contexto, do contextual como razón inicial e/ou final, non está claro, da estrutura significante do feito arquitectónico.
En resumo, é imposible deas-alienar o construtivo do contextual no seu empeño común por construír un relato, un espazo narrativo propio do arquitectónico. Dito doutro modo, as prácticas de intermediación co contexto non se poden separar das prácticas de articulación construtiva. E isto leva a un dos compromisos máis visibles da práctica proyectual: a arquitectura é necesariamente interdisciplinar. Non tanto por unha especie de compromiso a priori, senón por unha conclusión lóxica dunha contextualidad e unha constructividad propia do relato arquitectónico.
O corpo caloso do esencialmente arquitectónico debe ser interdisciplinario porque a formación de cultura disciplinar non pode analizarse en termos puramente autorreferenciados; entender as formacións culturais específicas, as orografías da narración arquitectónica require mirar as relacións do propio, con todo o que non o é. Pero, ¿que grao de interdisciplinariedade se necesita?
En termos estratéxicos, a interdisciplinariedade debe ser o suficientemente responsable para producir un coñecemento útil, agregado e hábil aínda cando estea limitado por demandas específicas de proxecto e estratexias de contexto. Polo tanto, pode dicirse que a cosificación cultural do obxecto arquitectónico xorde como un proceso de análise de como se transforman, construtivamente, articulando e desarticulando, estruturas de dominación física sobre un obxecto social dado.
A verdadeira dimensión do espazo narrativo propio do arquitectónico debería despregar a teoría dende a interdisciplinariedade, de xeito estratéxico, para gañar o coñecemento necesario para inmiscirse en contextos novos, de forma que sexa posible a articulación de novas ou mellores estratexias políticas, sociais, económicas, tecnolóxicas e culturais. Tomar o que Marx chamaba a desviación pola teoría co fin de ofrecer unha descrición nova e mellor, movéndose do empírico ao concreto, onde sempre se conceptualizar o último. Pero tamén ese espazo debe facer unha desviación a través do real, do contexto empírico, para poder seguir teorizando.
O espazo narrativo arquitectónico fúndase no que Lawrence Grossberg chama a contextualidad radical e o que poderiamos engadir aquí, a constructividad conxénita, onde cada elemento da práctica arquitectónica vén afectada por unha dobre imposición no plano significativo, o contextual e o construtivo. En consecuencia, o obxecto da atención inicial da práctica arquitectónica nunca é un texto illado, un edificio único, unha obra de arte singular, senón un conxunto estructurado de prácticas -unha formación cultural, un réxime discursivo-que de inicio inclúe prácticas discursivas e non discursivas, teorías e feitos. Pero mesmo unha formación destas características debe situarse en formacións superpostas á vida cotiá. Polo tanto podemos considerar que o discurso nas prácticas arquitectónicas é un feito integral, como tamén é integral o obxecto construído, é dicir a parte non discursiva en tanto que pura objetualidad, pura materialidade da arquitectura.
A combinación entre a idea de contextualidad radical e a de constructividad conxénita tamén reconfigurar a relación das prácticas arquitectónicas coa teoría.
Polo tanto en arquitectura, a teoría, o contextual e o construtivo constitúense e determinan respectivamente, de forma que o ámbito do teórico se toma como un recurso estratéxico continxente. É por iso que a produción narrativa da arquitectura non pode identificarse cun paradigma ou unha tradición teórica singular, senón que máis ben se produce convocando e confrontando diferentes lugares comúns do pensamento como a filosofía, a socioloxía, a ciencia, etc. Non fai falta dicir pois, que a perda da autonomía do feito narrativo arquitectónico se fai evidente aquí, como no seu día o foi, tamén a evidente perdida da autonomía do ámbito narrativo da arte, con peores consecuencias para este último.2
Para acabar de entender o papel do construtivo como teoría na arquitectura, deberiamos aclarar que no ámbito da post-postmodernidade,3 a produción teórica non se entende como obxecto en si mesmo, senón máis ben dende un uso estratéxico, como unha ferramenta da que debemos servirnos para avanzar na construción dunha narrativa da complexidade do específico. En consecuencia, o espazo narrativo propio da arquitectura non está motivado por cuestións teóricas; non derivan as súas preguntas dos seus intereses teóricos, senón da fascinación pola continxencia. Soamente deste xeito se consegue evitar que ao definir por anticipado as preguntas e as respostas, as apostas teóricas reduzan a posibilidade de contar unha historia distinta e mellor, unha historia de sorpresa e descubrimento. Cada caso admite unha teoría. Quizais moitas teorías.
Lonxe da metamodernidade ou de calquera outra etiqueta do momento, podemos volver a Peter Eisenman para recordar como xa na súa tese doutoral The Formal Basis of Modern Architecture,4 avogaba por unha interpretación aberta da teoría, e polo tanto a posibilidade de constitución dunha teoría ad-hoc, mediante a idea dunha teoría polemista de final aberto. Esta é a categoría do ensaio polémico que pode lerse nos escritos de Geoffrey Scot principalmente, e de xeito menor noutros autores como Abbe Laugler ou Augustus Welby Northmore Pugin. En Geoffrey Scott parece que nos encontramos ante a fundación dunha teoría de final aberto que permite que esta estea sempre en proceso de expansión e de continua aplicación.
En resumo parece que o espazo narrativo da arquitectura se constrúe dende unha forma de entender o contextual, un xeito de aglutinar coñecemento dende o construtivo e todo iso enfíase tanto na práctica teórica pura da arquitectura, como na práctica experimental desta, que como vimos, tamén é susceptible de crear teoría.
Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, xuño 2012
A fotografía que encabeza o post é da Ville Savoye en construción, Poissy 1929. Quero facer mención especial á enerxía e a capacidade de encontrar fotografías míticas por parte de VAUMM Arkitekturak, que foron a fonte desta imaxe.
Notas
1 Deplazes, Andrea. Construir la arquitectura. Del material en bruto al edificio. Un manual. Gustavo Gili, Barcelona, 2010
2 Se a arte perde a súa autonomía, e polo tanto non pode facerse a arte pola arte, o seu ámbito de reflexión, de conceptualización, desaparece baixo o xugo daquel ámbito ao que serve. A estética é indisociable á autonomía da arte e da institución arte, polo que a desaparición da estética na arte é o alto prezo que acaba pagando.
3 Como introduxo Tom Turner en City as Landscape: A Post Post-modern View of Design and Planning, e máis tarde se transformou da man de Timotheus Vermeulen e Robin van dean Akker no termo metamodernism no artigo Notes on metamodernism, que sucintamente viría a determinar a emerxencia dunha sensibilidade que oscila entre posicións modernas e estratexias postmodernas.
4 Eisenman, Peter. The Formal Basis of Modern Architecture, publicado orixinalmente como tesis doutoral pola Trinity College de la Universidad de Cambridge en Agosto de 1963 e posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers no ano 2006.
[:]




