[:es]
De lo complejo. Símbolo y Comportamiento.
Para acotar las reflexiones acerca de la complejidad, son necesarias dos categorías que remiten a la idea de lo intersubjetivo. En muchos de los textos precedentes y seguramente en textos venideros, lo intersubjetivo está presente de forma subyacente. La idea de intersubjetividad parte de constatar el error de pretender ser puramente objetivos, es decir, presumir que se pueden encapsular los sentimientos, las emociones, la difícil y compleja gestión del “yo” y dejar las consideraciones personales al margen. Por otro lado ser puramente subjetivo es evitar cualquier tipo de empatía, es decir sentir la necesidad de expresión desde el sujeto sin considerar que “lo otro” tiene un peso especifico determinante. Otro error.
La razón de la intersubjetividad es asumir la condición de un “yo” en relación a “lo otro”. Significa asumir que la construcción del relato arquitectónico debe necesariamente estructurarse a partir del tránsito bidireccional entre la identidad (referida a un “yo” perfectamente definido) y la realidad (entendida como una disposición apilonada de situaciones pre-existentes, situaciones en construcción y situaciones sujetas a transformaciones futuras1). En resumen, lo intersubjetivo incrementa enormemente el vector complejidad y remite directamente a modelos de comunicación entre entidades diferentes, a confrontaciones entre realidades no siempre coincidentes y a la necesidad de construir relatos genuinos.
Como expresión de lo complejo desde lo intersubjetivo, se propone aquí la introducción del concepto de símbolo y de la idea de comportamiento.
El símbolo.
Tras años donde el esfuerzo se centró en eliminar toda consideración simbólica de lo arquitectónico, en los años 60 se recupera por dos vías totalmente diferentes esta noción, inaugurando así un tiempo (que se dilata hasta hoy día), donde lo simbólico se vuelve central.
La modernidad compleja, según la nomenclatura utilizada en post anteriores, devuelve a la arquitectura su valor simbólico, si es que realmente algún día lo había perdido. Bajo el punto de vista de Robert Venturi, esta primera afirmación es bien cierta si tenemos en cuenta que para él
“hubo un tiempo en que, en la arquitectura, se enfatizaba la forma en lugar del símbolo, cuando los procesos industriales eran considerados determinantes de la forma para cualquier tipo de edificio, en cualquier lugar”.2
Ciertamente, todo valor simbólico en arquitectura lleva asociado una forma, mientras que una forma arquitectónica no tiene por qué representar simbólicamente nada. La forma es condición necesaria pero no suficiente para que pueda surgir el ámbito simbólico.
En la modernidad, la arquitectura aspiraba a ser forma sin ser símbolo, es decir, ser forma abstracta, donde nada fuera reconocible en términos simbólicos. Se debía hacer arquitectura despojada de toda referencia evidente, figurativa, y de esa forma dejar ver la “abstracción necesaria”,3 paradójicamente esa falta de simbolización, simboliza toda una época que las voces contraculturales de los años 60 se esfuerzan en desmontar.
En todo caso la recuperación del rol simbólico de la arquitectura se hace patente en las reflexiones acerca del contexto de Venturi y también, todo hay que decirlo, en la estructura formal de los proyectos de Peter Eisenman. De hecho la simbolización de la complejidad es en Eisenman una de las principales razones por las que su trabajo tiene un papel tan destacado en la arquitectura de finales del siglo XX y principios del XXI, superando en vigencia al mismo Venturi.
Aquí de nuevo se produce una paradoja, mientras la ambición simbólica de Venturi es evidente en la arquitectura que propone, esta ambición es producto de un proceso reflexivo que pretende recuperar de un contexto dado, aquellas expresiones propias de la cultura popular, por tanto lo evidente, el símbolo, nace de un concepto previo.
En Eisenman ocurre todo lo contrario, su proceso conceptual es extraordinariamente estricto y se construye totalmente alejado de una intención de simbolizar nada. Lo que ocurre es que el proceso es tan complejo que el resultado, como formalización geométrica de los procesos, por defecto, acaba siendo igualmente complejo y finalmente sus propuestas acaban constituyendo un símbolo de la idea de la complejidad. Lo simbólico nace de un proceso previo.
Estas dos maneras de plasmar lo simbólico en arquitectura a partir de los años 60, desde lo buscado previa reflexión y desde lo encontrado como fruto de un proceso, van a configurar una geometría, una forma de la arquitectura, cada vez más y más compleja, hasta que la socialización del ordenador a finales de siglo va a permitir en términos productivos llevar el símbolo de lo complejo hasta sus últimas consecuencias, todo hay que decirlo, con resultados muy desiguales.
No hay contradicción en este sentido en la aproximación intelectual de Venturi y la de Eisenman, ambos, desde puntos iniciales totalmente distantes acaban forjando el territorio de lo complejo simbólico.
Lo mismo podría decirse de la arquitectura utópica de los 60, ya sea por reacción visceral a la abstracción moderna, ya sea por un proceso de reflexión complejo, la expresión última de la arquitectura de esa época es de una exuberante complejidad en la mayoría de los casos, hasta el punto que la simbolización de lo complejo domina el espacio arquitectónico del momento.
El comportamiento.
La idea de comportamiento está en la base de la configuración de la modernidad compleja. Mientras la modernidad hasta la década de los 60 cierra el gran proyecto ilustrado consistente en listar la realidad, conocer hasta el último rincón del mundo, sacar muestras y elaborar una ingente taxonomía, es decir se centra en saber el “qué”, a partir de ahora el gran proyecto se centrará en el “cómo”.
Tradicionalmente la ciencia operaba aislando los componentes de la realidad, desarrollando categorías y estudiando algunos aspectos de los fenómenos que afectaban a estos. En consecuencia las diferentes ramas del saber actuaban aisladas, sin contacto ni intercambio.
La Teoría General de Sistemas desarrollada por el biólogo Ludwig von Bertalanffy nace de una concepción sistemática y holística de la biología, bajo la que se entiende un organismo vivo como un sistema abierto, en constante intercambio con otros sistemas mediante complejas interacciones, o comportamientos.
Esta idea inicial se irá desarrollando progresivamente en diferentes conferencias hasta que en 1937, lee un primer esbozo de la Teoría General de Sistemas en un seminario de Charles Morris en la Universidad de Chicago, una vez asentado como científico en los Estados Unidos.
Finalmente en 1968, retrasada la edición innumerables veces por culpa de la II Guerra Mundial, publica General System Theory: Foundations, Development, Applications.4 En realidad la Teoría General de Sistemas está detrás de la mayoría de las teorías asociadas a las ciencias de la complejidad aunque alguna de ellas fueron publicadas con anterioridad.
La Teoría General de Sistemas busca modelos de comportamiento aplicables a cualquier sistema y en cualquier tipo de nivel de la realidad, de la escala sub-atómica a la escala del universo. Esta teoría surgió de la necesidad de abordar científicamente la comprensión de sistemas concretos que conforman la realidad, generalmente complejos y únicos en lo que a su comportamiento se refiere, resultantes de una lógica particular, en contraposición al modelo científico de la modernidad que estudiaba sistemas abstractos y simplificados como los de la física.
La idea de sistema inmediatamente se relaciona con la descripción de un comportamiento específico, de una interacción, pone el acento en el proceder, más que en el conocimiento especifico de la naturaleza física de las cosas. El propio Bertalanffy reconoce la popularidad de la idea de sistema cuando afirma:
…en innumerables publicaciones, simposios, conferencias y cursos hay devotos de ella (la noción de sistema). Profesiones y trabajos han aparecido en los años recientes que, desconocidos hace tan sólo unos años, emplean nombres como diseño de sistemas, analista de sistemas, ingeniería de sistemas y otros. Ellos son el auténtico núcleo de una nueva tecnología y de una nueva tecnocracia. Sus practicantes constituyen los nuevos utopistas de nuestro tiempo que trabajan creando un Nuevo Mundo.5
Por tanto cabe decir que la tendencia de la ciencia en la década de los 60 se encuentra en plena efervescencia de la sistemática, y estructura un pensamiento cada vez más complejo.
En resumen podemos afirmar, como dice Mauro Costa
«que la Teoría General de Sistemas surge de la constatación de que el conocimiento particular de los elementos no es suficiente para explicar los fenómenos complejos, ya que es necesario conocer las relaciones entre dichos elementos.» 6
Análogamente a lo que ocurre en la ciencia, hemos visto que mediante la puesta en valor del contexto en arquitectura, durante estos años, se estructura una forma de entender el proyecto muy relacionada tanto con la idea de sistema, como con la idea de comportamiento. El arquitecto ya no es aquel que dispone los elementos necesarios para crear “máquinas de habitar”, sino que se dedica a estructurar condiciones, a diseñar comportamientos para que la arquitectura se desarrolle según una estrategia previamente definida.
Lo importante en arquitectura bascula entre el efecto que provoca el uso de símbolos, y la configuración de modelos geométricos cada vez más complejos. El objeto arquitectónico aspira así a la interactividad, a edificar su capacidad reactiva y a moldear un comportamiento en resonancia con la escala humana de sus usuarios, con la escala urbana de las calles y plazas que lo circundan y con la escala metropolitana de la ciudad que lo acoge.
La compleja estructura de una nueva modernidad que surge en la década de los 60 se configura a partir de líneas de fuerza, entendidas como tendencias de la reflexión y la acción, que pueden ser aplicadas tanto al ámbito de la sociología para describir el tiempo presente como para mapificar aquellos aspectos esenciales que inciden en la arquitectura; la ambigüedad, la diferencia, el tiempo, el símbolo y el comportamiento delimitan el terreno de juego en el que la modernidad compleja va a configurar el concepto de arquitectura.
Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, julio 2012
Notas:
1 Una imagen sugerente de esta disposición apilonada, podría ser el entender la realidad como una lasaña de tiempos, es decir un cuerpo multicapas con múltiples rellenos.
2 VENTURI Robert, y SCOTT BROWN, Denise, A View from the Campidoglio: Selected Essays 1953-1984, Harper and Row, Nueva York, 1984.
3 Sobre la idea de abstracción ver LAHUERTA, Juan José, La Abstracción Necesaria en el Arte y la Arquitectura Europeos de Entreguerras, Anthropos Editorial del Hombre, Barcelona, 1989.
4 VON BERTALANFFY, Ludwig, General System Theory: Foundations, Development, Applications, George Braziller, Nueva York, 1968.
5 Ibídem, p. 3.
6 COSTA, Mauro, Analogías Biológicas en Arquitectura, Tesis Doctoral dirigida por el Dr. Alberto T. Estévez de la Escuela de Arquitectura de la Universitay Internacional de Catalunya, Barcelona, 2008, p. 52.
[:en]
From the complex thing. Symbol and Behavior.
Annotatting the reflections it brings over of the complexity, they are necessary two categories that they send to the idea of the intersubjective thing. In many of the previous texts and surely in future texts, the intersubjective thing is present of underlying form. The idea of intersubjectivity divides of stating the mistake of trying to be purely objective, that is to say, to presume that there can be encased the feelings, the emotions, difficult and complex management of “me” and leave the personal considerations to the margin. On the other hand purely subjective being is to avoid any type of empathy, that is to say to feel the need of expression from the subject without thinking that “the different thing” has a specific determinant weight. Another mistake.
The reason of the intersubjectivity is to assume the condition of “me” in relation to “the different thing”. It means to assume that the construction of the architectural statement has to structure necessarily from the bidirectional traffic between the identity (recounted to a perfectly definite “I”) and the reality (understood as a disposition apilonada of preexisting situations, situations in construction and situations subject to future transformations1). In short, the intersubjective thing increases enormously the vector complexity and sends directly models of communication between different entities, to confrontations between realities not always coincidental and to the need to construct genuine statements.
As expression of the complex thing from the intersubjective thing, one proposes here the introduction of the concept of symbol and of the idea of behavior.
The symbol.
After years where the effort centred on eliminating any symbolic consideration of the architectural thing, in the 60s this notion recovers for two totally different routes, inaugurating this way a time (that is expanded even today), where the symbolic thing becomes central.
The complex modernity, according to the nomenclature used in post previous, returns to the architecture his symbolic value, if it is that really some day had lost it. Under Robert Venturi’s point of view, this first affirmation is true well if we bear in mind that for him
“it was a time in which, in the architecture, the form was emphasized instead of the symbol, when the industrial processes were considered to be determinants of the form for any type of building, in any place”.2
Certainly, any symbolic value in architecture partner takes a form, whereas an architectural form does not have why to represent symbolically anything. The form is a necessary but not sufficient condition in order that the symbolic area could arise.
In the modernity, the architecture was aspiring to be a form without being a symbol, that is to say, to be an abstract form, where nothing was recognizable in symbolic terms. It had to make architecture taken off of any evident, figurative reference, and of this form stop to see the “necessary abstraction”,3 paradoxically this lack of symbolization, it symbolizes the whole epoch that the alternative voices of the 60s strain in dismounting.
In any case the recovery of the symbolic role of the architecture becomes clear in the reflections brings over of Venturi’s context and also, everything it is necessary to say it, in the formal structure of Peter Eisenman’s projects. In fact the symbolization of the complexity is in Eisenman one of the principal reasons as which his work has a paper so emphasized in the architecture of ends of the 20th century and beginning of the XXIst, overcoming in force the same Venturi.
Here again a paradox takes place, while Venturi’s symbolic ambition is evident in the architecture that he proposes, this ambition is a product of a reflexive process that tries to recover of a given context, those own expressions of the popular culture, therefore the evident thing, the symbol, is born of a previous concept.
In Eisenman everything opposite happens, his conceptual process is extraordinarily strict and is constructed totally removed from an intention of symbolizing nothing. What happens is that the process is so complex that the result, as geometric formalization of the processes, for fault, ends up by being equally complex and finally his offers end up by constituting a symbol of the idea of the complexity. The symbolic thing is born of a previous process.
These two ways of forming the symbolic thing in architecture from the 60s, from looked previous reflection and from found as fruit of a process, are going to form a geometry, it forms a of the architecture, more complex, until the socialization of the computer at the end of century is going to allow in productive terms take the symbol of the complex thing up to his last consequences, everything it is necessary to say it, with very unequal results.
There is no contradiction in this respect in Venturi’s intellectual approximation and that of Eisenman, both, from initial totally distant points they end up by forging the territory of the symbolic complex thing.
The same thing might be said of the Utopian architecture of the 60, already be for visceral reaction to the modern abstraction, already be for a complex process of reflection, the last expression of the architecture of this epoch is of an exuberant complexity in most cases, up to the point that the symbolization of the complex thing dominates the architectural space of the moment.
The behavior.
The idea of behavior is in the base of the configuration of the complex modernity. While the modernity up to the decade of the 60 closes the great illustrated consistent project in listing the reality, knowing up to the last corner of the world, extracting samples and elaborating an enormous taxonomía, that is to say centres on knowing “what”, from now the great project it will centre on “how”.
Traditionally the science was operating isolating the components of the reality, developing categories and studying some aspects of the phenomena that were affecting these. In consequence the different branches of to know were acting isolated, without contact or exchange.
The General Theory of Systems developed by the biologist Ludwig von Bertalanffy is born of a systematic and holistic conception of the biology, under which an alive organism is understood as an opened system, in constant exchange with other systems by means of complex interactions, or behaviors.
This initial idea will be developing progressively in different conferences until in 1937, he reads the first sketch of the General Theory of Systems in Charles Morris’s seminar in the University of Chicago, once seated as scientist in the United States.
Finally in 1968, delayed the edition innumerable times through the fault of the World War II, publishes General System Theory: Foundations, Development, Applications.4 Actually the General Theory of Systems is behind the majority of the theories associated with the sciences of the complexity though someone of them was published by them previously.
The General Theory of Systems searches models of behavior applicable to any system and in any type of level of the reality, of the sub-atomic scale to the scale of the universe. This theory arose from the need to approach scientific the comprehension of concrete systems that shape the reality, generally complexes and only ones in what to his behavior it refers, resultant of a particular logic, in contraposition to the scientific model of the modernity who was studying systems abstract and simplified as those of the physics.
The system idea immediately relates to the description of a specific behavior, of an interaction, puts the accent in to proceed, more than in the specific knowledge of the physical nature of the things. The own Bertalanffy recognizes the popularity of the system idea when it affirms:
…in innumerable publications, symposiums, conferences and courses there are the devout ones of her (the system notion). Professions and works have appeared in the recent years that, known only a few years ago, use names as system design, analyst of systems, systems engineering and others. They are the authentic core of a new technology and of a new technocracy. His medical instructors constitute the new utopistas of our time that work creating a New World.5
Therefore it is necessary to say that the trend of the science in the decade of the 60 is in full effervescence of the systematic one, and structures a thought increasingly complex.
In short we can affirm, as says Mauro Costa
“that the General Theory of Systems arises from the verification of that the particular knowledge of the elements is not sufficient to explain the complex phenomena, since it is necessary to know the relations between the above mentioned elements.” 6
Analogous to what happens in the science, we have seen that by means of the putting in value of the context in architecture, during these years, structures a way of understanding the project very related so much to the system idea, as with the idea of behavior. The architect already is not that one who arranges the necessary elements to create “machines of living”, but it devotes himself to structure conditions, to design behaviors in order that the architecture develops according to a before definite strategy.
The important thing in architecture tilts between the effect that provokes the use of symbols, and the configuration of geometric models increasingly complex. The architectural object aspires this way to the interactivity, to build his capacity reactivates and to molding a behavior in resonance with the human scale of his users, with the urban scale of the streets and squares that surround it and with the metropolitan scale of the city that receives it.
The complex structure of a new modernity that arises in the decade of the 60 is formed from lines of force, understood as trends of the reflection and the action, which they can be applied so much to the area of the sociology to describe the present time like for mapificar those essential aspects that affect in the architecture; the ambiguity, the difference, the time, the symbol and the behavior delimit the area of game in which the complex modernity is going to form the concept of architecture.
Miquel Lacasta. PhD architect
Barcelona, july 2012
Notes:
1 A suggestive image of this disposition apilonada, might be understand the reality as a lasaña of times, that is to say a body you multigeld with multiple landfills.
2 VENTURI Robert, y SCOTT BROWN, Denise, A View from the Campidoglio: Selected Essays 1953-1984, Harper and Row, Nueva York, 1984.
3 About the idea of abstraction, to see LAHUERTA, Juan José, La Abstracción Necesaria en el Arte y la Arquitectura Europeos de Entreguerras, Anthropos Editorial del Hombre, Barcelona, 1989.
4 VON BERTALANFFY, Ludwig, General System Theory: Foundations, Development, Applications, George Braziller, Nueva York, 1968.
5 Ibídem, p. 3.
6 COSTA, Mauro, Analogías Biológicas en Arquitectura, Doctoral thesis directed by the Dr. Alberto T. Estévez of the School of Architecture of the Universitay Internacional of Catalonia, Barcelona, 2008, p. 52.
[:gl]
Do complexo. Símbolo e Comportamento.
Para acoutar as reflexións achega da complejidad, son necesarias dúas categorías que remiten á idea do intersubjetivo. En moitos dos textos precedentes e seguramente en textos venideros, o intersubjetivo está presente de forma subyacente. A idea de intersubjetividad parte de constatar o erro de pretender ser puramente obxectivos, é dicir, presumir que se poden encapsular os sentimentos, as emocións, a difícil e complexa xestión do “eu” e deixar as consideracións persoais á marxe. Doutra banda ser puramente subjetivo é evitar calquera tipo de empatía, é dicir sentir a necesidade de expresión desde o suxeito sen considerar que “o outro” ten un peso especifico determinante. Outro erro.
A razón da intersubjetividad é asumir a condición dun “eu” en relación a “o outro”. Significa asumir que a construción do relato arquitectónico debe necesariamente estructurarse a partir do tránsito bidireccional entre a identidade (referida a un “eu” perfectamente definido) e a realidade (entendida como unha disposición apilonada de situacións pre-existentes, situacións en construción e situacións suxeitas a transformacións futuras1). En resumo, o intersubjetivo incrementa enormemente o vector complexidade e remite directamente a modelos de comunicación entre entidades diferentes, a confrontacións entre realidades non sempre coincidentes e á necesidade de construír relatos xenuínos.
Como expresión do complexo desde o intersubjetivo, proponse aquí a introdución do concepto de símbolo e da idea de comportamento.
O símbolo.
Tras anos onde o esforzo centrouse en eliminar toda consideración simbólica do arquitectónico, nos anos 60 recupérase por dúas vías totalmente diferentes esta noción, inaugurando así un tempo (que se dilata ata hoxe día), onde o simbólico vólvese central.
A modernidade complexa, segundo a nomenclatura utilizada en post anteriores, devolve á arquitectura o seu valor simbólico, se é que
“houbo un tempo en que, na arquitectura, salientábase a forma en lugar do símbolo, cando os procesos industriais eran considerados determinantes da forma para calquera tipo de edificio, en calquera lugar”.2
Certamente, todo valor simbólico en arquitectura leva asociado unha forma, mentres que unha forma arquitectónica non ten por que representar simbólicamente nada. A forma é condición necesaria pero non suficiente para que poida xurdir o ámbito simbólico.
Na modernidade, a arquitectura aspiraba a ser forma sen ser símbolo, é dicir, ser forma abstracta, onde nada fose reconocible en termos simbólicos. Debíase facer arquitectura desposuída de toda referencia evidente, figurativa, e desa forma deixar ver a “abstracción necesaria”,2 paradoxalmente esa falta de simbolización, simboliza toda unha época que as voces contraculturales dos anos 60 esfórzanse en desmontar.
En todo caso a recuperación do rol simbólico da arquitectura faise patente nas reflexións achega do contexto de Venturi e tamén, todo hai que dicilo, na estrutura formal dos proxectos de Peter Eisenman. De feito a simbolización da complexidade é en Eisenman unha das principais razóns polas que o seu traballo ten un papel tan destacado na arquitectura de finais do século XX e principios do XXI, superando en vixencia ao mesmo Venturi.
Aquí de novo prodúcese un paradoxo, mentres a ambición simbólica de Venturi é evidente na arquitectura que propón, esta ambición é produto dun proceso reflexivo que pretende recuperar dun contexto dado, aquelas expresións propias da cultura popular, por tanto o evidente, o símbolo, nace dun concepto previo.
En Eisenman ocorre todo o contrario, o seu proceso conceptual é extraordinariamente estrito e constrúese totalmente afastado dunha intención de simbolizar nada. O que ocorre é que o proceso é tan complexo que o resultado, como formalización xeométrica dos procesos, por defecto, acaba sendo igualmente complexo e finalmente as súas propostas acaban constituíndo un símbolo da idea da complexidade. O simbólico nace dun proceso previo.
Estas dúas maneiras de plasmar o simbólico en arquitectura a partir dos anos 60, desde o buscado previa reflexión e desde o atopado como froito dun proceso, van configurar unha xeometría, unha forma da arquitectura, cada vez máis e máis complexa, ata que a socialización do computador a finais de século vai permitir en termos produtivos levar o símbolo do complexo ata as súas últimas consecuencias, todo hai que dicilo, con resultados moi desiguais.
Non hai contradición neste sentido na aproximación intelectual de Venturi e a de Eisenman, ambos, desde puntos iniciais totalmente distantes acaban forxando o territorio do complexo simbólico.
O mesmo podería dicirse da arquitectura utópica dos 60, xa sexa por reacción visceral á abstracción moderna, xa sexa por un proceso de reflexión complexo, a expresión última da arquitectura desa época é dunha exuberante complexidade na maioría dos casos, ata o punto que a simbolización do complexo domina o espazo arquitectónico do momento.
O comportamiento.
A idea de comportamento está na base da configuración da modernidade complexa. Mentres a modernidade ata a década dos 60 pecha o gran proxecto ilustrado consistente en listar a realidade, coñecer ata o último recuncho do mundo, sacar mostras e elaborar unha inxente taxonomía, é dicir céntrase en saber o “que”, a partir de agora o gran proxecto centrarase no “como”.
Tradicionalmente a ciencia operaba illando os compoñentes da realidade, desenvolvendo categorías e estudando algúns aspectos dos fenómenos que afectaban a estes. En consecuencia as diferentes ramas do saber actuaban illadas, sen contacto nin intercambio.
A Teoría Xeral de Sistemas desenvolvida polo biólogo Ludwig von Bertalanffy nace dunha concepción sistemática e holística da bioloxía, baixo a que se entende un organismo vivo como un sistema aberto, en constante intercambio con outros sistemas mediante complexas interaccións, ou comportamentos.
Esta idea inicial irase desenvolvendo progresivamente en diferentes conferencias ata que en 1937, le un primeiro esbozo da Teoría Xeral de Sistemas nun seminario de Charles Morris na Universidade de Chicago, unha vez asentado como científico nos Estados Unidos.
Finalmente en 1968, atrasada a edición innumerables veces por culpa da II Guerra Mundial, publica General System Theory: Foundations, Development, Applications.4 En realidade a Teoría Xeral de Sistemas está detrás da maioría das teorías asociadas ás ciencias da complexidade aínda que algunha delas foron publicadas con anterioridade.
A Teoría Xeral de Sistemas busca modelos de comportamento aplicables a calquera sistema e en calquera tipo de nivel da realidade, da escala sub-atómica á escala do universo. Esta teoría xurdiu da necesidade de abordar cientificamente a comprensión de sistemas concretos que conforman a realidade, xeralmente complexos e únicos no que ao seu comportamento refírese, resultantes dunha lóxica particular, en contraposición ao modelo científico da modernidade que estudaba sistemas abstractos e simplificados como os da física.
A idea de sistema inmediatamente relaciónase coa descrición dun comportamento específico, dunha interacción, pon o acento no proceder, máis que no coñecemento especifico da natureza física das cousas. O propio Bertalanffy recoñece a popularidade da idea de sistema cando afirma:
…en innumerables publicacións, simposios, conferencias e cursos hai devotos dela (a noción de sistema). Profesións e traballos apareceron nos anos recentes que, descoñecidos hai tan só uns anos, empregan nomes como deseño de sistemas, analista de sistemas, enxeñería de sistemas e outros. Eles son o auténtico núcleo dunha nova tecnoloxía e dunha nova tecnocracia. Os seus practicantes constitúen os novos utopistas do noso tempo que traballan creando un Novo Mundo..5
Por tanto cabe dicir que a tendencia da ciencia na década dos 60 atópase en plena efervescencia da sistemática, e estrutura un pensamento cada vez máis complexo.
En resumo podemos afirmar, como di Mauro Costa
«que a Teoría Xeral de Sistemas xorde da constatación de que o coñecemento particular dos elementos non é suficiente para explicar os fenómenos complexos, xa que é necesario coñecer as relacións entre os devanditos elementos.» 6
Analogamente ao que ocorre na ciencia, habemos visto que mediante a posta en valor do contexto en arquitectura, durante estes anos, estrutúrase unha forma de entender o proxecto moi relacionada tanto coa idea de sistema, como coa idea de comportamento. O arquitecto xa non é aquel que dispón os elementos necesarios para crear “máquinas de habitar”, senón que se dedica a estruturar condicións, a deseñar comportamentos para que a arquitectura desenvólvase segundo unha estratexia previamente definida.
O importante en arquitectura bascula entre o efecto que provoca o uso de símbolos, e a configuración de modelos xeométricos cada vez máis complexos. O obxecto arquitectónico aspira así á interactividade, a edificar a súa capacidade reactiva e a moldear un comportamento en resonancia coa escala humana dos seus usuarios, coa escala urbana das rúas e prazas que o circundan e coa escala metropolitana da cidade que o acolle.
A complexa estrutura dunha nova modernidade que xorde na década dos 60 configúrase a partir de liñas de forza, entendidas como tendencias da reflexión e a acción, que poden ser aplicadas tanto ao ámbito da sociología para describir o tempo presente como para mapificar aqueles aspectos esenciais que inciden na arquitectura; a ambigüidade, a diferenza, o tempo, o símbolo e o comportamento delimitan o terreo de xogo no que a modernidade complexa vai configurar o concepto de arquitectura.
Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, xullo 2012
Notas:
1 Unha imaxe suxestiva desta disposición apilonada, podería ser o entender a realidade como unha lasaña de tempos, é dicir un corpo multicapas con múltiples recheos.
2 VENTURI Robert, y SCOTT BROWN, Denise, A View from the Campidoglio: Selected Essays 1953-1984, Harper and Row, Nueva York, 1984.
3 Sobre a idea de abstracción ver LAHUERTA, Juan José, La Abstracción Necesaria en el Arte y la Arquitectura Europeos de Entreguerras, Anthropos Editorial del Hombre, Barcelona, 1989.
4 VON BERTALANFFY, Ludwig, General System Theory: Foundations, Development, Applications, George Braziller, Nueva York, 1968.
5 Ibídem, p. 3.
6 COSTA, Mauro, Analogías Biológicas en Arquitectura, Tesis Doctoral dirigida por el Dr. Alberto T. Estévez da Escola de Arquitectura de a Universitay Internacional de Catalunya, Barcelona, 2008, p. 52.
[:]




