Tras las huellas de Saarinen | Miguel Ángel Díaz Camacho

Mon Oncle (1958). Director: Jacques Tati

Eero Saarinen dedicó una muy pequeña parte de su carrera al tema de la vivienda, de hecho, solo construyó dos. En palabras de uno de los estudiosos más importantes de su obra, Antonio Román Asensio: “el diseño de la casa unifamiliar simplemente no encajaba con el ejercicio de la profesión tal y como lo entendía Saarinen”1. A pesar de este aparente desinterés por el tema, este arquitecto estadounidense de origen finlandés realizó una de las declaraciones más sorprendentes que se conocen sobre la casa, al afirmar -nada más y nada menos- que la casa NO es arquitectura:

“The house isn’t really architecture. I think it’s been too much overblown and much too important. Let’s sort of relate this to other things. Now we know that the family is not as strong as [it] used to be. It’s not as strong as an educational element. The education that children got through the family was much greater in earlier days than [it] is today. Yet the house as a piece of architecture has become terribly important. It really wasn’t until the Victorian times…But lots of civilizations have lived with the house being an unimportant part, an anonymous part of architecture”2.

¿Qué puede esconderse detrás de esta sorprendente afirmación? ¿La casa NO es arquitectura?

Saarinen identifica el verdadero valor de la casa en el conjunto de relaciones entre seres humanos que allí se convocan, las sinergias entre éstas y el propio paisaje o el componente formativo que toda experiencia de vida supone para los habitantes. En este sentido, cultivar tomates, cocinar con fuego o convivir con los abuelos, por ejemplo, son acciones que pudieran concentrar más “arquitectura” que un salón a doble altura o varias unidades de pilar de acero u hormigón. Frente a la imagen de la casa “escenario” y el habitante “actor” que desempeña un papel diseñado con anterioridad3, interesa aquí la idea del habitar “desplegado” sobre el territorio y el tiempo, la casa como geografía sobre la cual los habitantes ejercen como verdaderos autores de su cotidianidad. “La importancia de la arquitectura no es otra que la del ambiente que crea. Y un ambiente es conformador de conductas“, escribía Alejandro de la Sota al referirse al Pabellón de Barcelona de Mies van de Rohe4. Cabe preguntarse entonces si, como decía Heiddeger, no tendríamos que definir primero un modo de habitar para establecer después cómo se habría de construir. De lo contrario, se corre el peligro de la impostura de la propia experiencia habitacional, cuestión fabulosamente reflejada por Jacques Tati en Mon Oncle5, película en la que los Arpel “sobreviven” en un cómico esperpento por la gracia “moderna” de su casa-máquina (por supuesto, el hijo de los Arpel adora el desordenado vitalismo de su tío).

“La casa NO es arquitectura”. La frase pesa como una losa, uno no sabe muy bien qué hacer con ella. Posiblemente se trata de una provocación muy propia del contexto: los años 50 y los congresos del Team 10 suponen una profunda revisión sobre el paradigma moderno del habitar, una reacción a la intoxicación de villas burguesas desplegadas por el Estilo Internacional y su interpretación (tan solo parcial) de los dogmas del Movimiento Moderno6. Sin ánimo de enmendar a Saarinen, posiblemente sea más razonable expresar: “Arquitectura no es SOLO la casa”, dejando en blanco la página sobre la que cada cual debe establecer sus relaciones e intereses, desplegar su idea concreta de lo que significa habitar. En palabras de Oíza:

“Si pones el peso en el habitar, todos los instrumentos te parecen útiles, pero si el peso lo pones en el propio instrumento, pues resulta que no sabes habitar porque el instrumento decae cada día”7.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doctor Arquitecto
Madrid. febrero 2014

Notas:
1 Antonio Román Asensio, Eero Saarinen: an architecture of multiplicity, New York, Princeton Architectural Press, 2003.
2 Ibídem. Declaración grabada en una entrevista de 1958 realizada por el arquitecto John Peter.
3 El arquitecto belga Henry van de Velde (1863-1957) diseñaba no solo el mobiliario de sus obras, también el vestuario, las vajillas y hasta los complementos más pequeños que habrían de componer la escena del habitar.
4 Alejandro de la Sota, revista Arquitectura nº261, julio-agosto 1986.
5 Mon Oncle, Jacques Tati, París (1957).
6 El Congreso CIAM 10, celebrado en Dubrovnik en 1956 se dedicó a los “Problemas del hábitat humano”, y vino a constatar la crisis definitiva de esta institución (moderna) como consecuencia de la contestación radical a los maestros por parte de los miembros más jóvenes (Bakema, Van Eyck, Alison y Peter Smithson) agrupados en la organización paralela “Team 10”.
7 Francisco Javier Sáenz de Oíza, entrevista con Vicente Patón y Pierluigi Cattermole, revista ON nº68 (1986).

Miguel Ángel Díaz Camacho

Doctor en Arquitectura, Decano de la Facultad de Tecnología y Ciencia UCJC. Presidente de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura,  perteneciente al Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España. Director de MADC Arquitectos, estudio profesional con premios en concursos nacionales e internacionales, en la actualidad desarrolla proyectos en España y Noruega. Escritor y crítico de arquitectura, es autor de los libros “Párrafos de Arquitectura. Core(oh)grafías” (2016) y “Arquitectura y Cambio Climático” (2018).

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