Palabras de Louis Kahn | Óscar Tenreiro Degwitz

Uno de los famosos croquis de Kahn sobre su propuesta para Filadelfia (1956).
Uno de los famosos croquis de Kahn sobre su propuesta para Filadelfia (1956).

Recuerdo una conversación con Louis I. Kahn (1902-1974) en su oficina, hace 45 años. Tomé notas en un cuaderno que conservo y en el cual el maestro trazó unos minúsculos croquis que atesoro.

¿Mencioné que Kahn tenía una forma de expresarse muy particular? Hacía en cierto modo filosofía lingüística, exploraba el significado de las palabras y hacía deducciones a partir de ellas. Lanzaba frases cortas, como aforísmos, y por eso se hacía difícil seguir el hilo de lo que decía, encontrar hacia donde iba. August Komendant, su ingeniero por muchos años, se desmarcaba de ese modo de expresarse y decía en clave un tanto dura (la amistad verdadera es así) que Kahn hacía “filosofía china”.

Y dentro de mi cuaderno había tres páginas fechadas Febrero 6 de 1962, firmadas por J. N. Kise, miembro del equipo Harvard-MIT que estuvo por esos años en Caracas ocupado en Ciudad Guayana. Se trata de James Nelson Kise, hoy Planificador Urbano en Filadelfia. Las páginas son un Memo precedido así:

“Siguiendo la sugerencia de Willo Von Moltke (el Jefe del grupo americano) he sacado lo siguiente de un cuaderno de notas: Charla de Luis Kahn, 6 de Marzo de 1961 para el estudio Peruvia (sic)”.

Deduzco que se refiere a Perú porque Harvard en esos años trabajó también en ese país.

El caso es que al leerlas me dí cuenta que las notas de Kise tienen el mismo carácter de las que yo había garabateado, una sucesión de aforismos relativamente inconexos algunos de difícil sentido. Eso me animó a seguir publicando las mías. Y también lo haré con las de él más adelante.

Como Kahn habla de su propuesta para el centro de Filadelfia, incluyo una imagen de ella, recordando que tuvo enorme repercusión, y si bien no fue acogida por autoridad alguna, se convirtió en una referencia ineludible. En ella destacan lo que él llamaba las “puertas” de acceso al centro, que eran los enormes edificios cilíndricos de estacionamiento (usaba la palabra garajes, no parkings), que contenían “shopping centers”, destinados a almacenar los vehículos ajenos al sector central y a servir de “cambio de modo” para los visitantes de la zona central convertida en analogía de un recinto fortificado.

Kahn sobre su plan para Filadelfia.

Estamos en una guerra contra el automóvil. En mi plan para Filadelfia propongo que los automóviles pertenezcan a una misma zona de la ciudad. Los estacionamientos son las puertas de esa zona, reciben a  los vehículos que vienen de fuera.

Si en una ciudad se deja que cada vehículo no pertenezca al mismo sitio, no habrá sino confusión.

En mis planes quiero expresar el orden del movimiento como diferente del orden de la construcción. El orden del movimiento lleva a los sitios que contienen las instituciones. Es por eso que mis planes no tratan de esconder los garajes.

Lo ideal sería que el edificio del garajes no sea una pieza aislada sino que la calle sea una unidad conjunta con el estacionamiento, en oposición a la arquitectura de las instituciones.

La arquitectura del movimiento no tiene propiedades individuales.  Es como lo que son los ríos. Las calles son los ríos.

El sistema de calles sigue un desarrollo lógico.

Si uno fuese en busca de un sitio como si estuviera en una alfombra voladora, se fijaría generalmente en los ríos porque ellos llevan algo y conducen hacia algún sitio. Y hoy en día si estuviésemos en busca de un sitio veríamos al mundo formado por calles y caminos de todo tipo.

El orden del movimiento debe decir lo que la zonificación debe ser.

Pero si se empieza por la zonificación, es como si se dijera que se va a delimitar la tierra para luego poner los ríos.

Las ciudades deben decir los sitios donde es necesario detenerse, así como los ríos tiene sitios para ello; remansos, lugares.

El nuevo orden de la ciudad es el reconocimiento del orden del agua, del movimiento. Esta comprensión de la importancia del valor precioso del agua, del movimiento, debe ser la base para la forma de la ciudad.

El orden del agua: luz, agua, movimiento, aire, origina una expresión arquitectónica que será a su vez el origen de la nueva expresión de la ciudad. Las calles deben ser capaces de expresar ese concepto.

La arquitectura de los contornos es muy fuerte y la arquitectura de las instituciones es ligera porque las necesidades son distintas. En las ciudades medievales se construían primero los muros y luego las iglesias.

Sobre el Diseño.

La diferencia entre diseño y cantidad es el orden.

El orden depende de muchos factores. El diseño es personal y el orden no lo es. Sin embargo el orden puede ser concebido por un hombre aún cuando no tenga una comprensión individual.

El hacha con sus partes separadas no significa nada. El hacha es el resultado de la comprensión de como se relacionan las diferentes partes. En eso interviene el diseño.

La forma no tiene contornos. (Hay aquí un juego intraducible con las palabras form y shape)

La forma está allí, siempre existe, pero es necesario que uno se dé cuenta de su complejidad. Hay diseño cuando se comprende el papel de las diferentes partes.

La forma círculo puede tener diferentes tamaños. Cuando digo cuál es su diámetro, eso es diseño.

Un comité no puede hacer un círculo, lo puede hacer una persona.

La manera como uno diseña dentro del orden puede ser realizado por millones de personas.

Arquitectura.

Cuando el primer monasterio fue construido el hombre se dio cuenta de todas las cosas que encerraba un monasterio.

La realización buena es la que une a todas las inspiraciones.

Los edificios aislados son ejercicios personales pero no la expresión de un modo de vida.

Es mejor hacer lo correcto en cualquier material que lo incorrecto en materiales muy buenos.

¿Mi influencia de Le Corbusier? Es la misma que habría entre un Haydn y un Mozart.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, noviembre 2010,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Óscar Tenreiro Degwitz

Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.

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