Hemisferio | Antonio S. Río Vázquez

Main Concourse, Grand Central Terminal, NY; Library of Congress

Hemisferio

En uno de sus ensayos sobre la antigüedad clásica, Oddone Longo destaca la relación entre espacio de conquista y espacio arquitectónico en el Imperio Romano[1], una correspondencia que se puede observar de un modo representativo en la Domus Aurea, la fastuosa residencia del emperador Nerón que se extendía sobre cuatro de las siete colinas romanas.

Entre las curiosas realizaciones que albergaba el palacio imperial —denominadas adecuadamente Incredibilia Neronis—, destacaba la singular «máquina arquitectónica» que cubría una de las salas de banquete y que Cayo Suetonio describe en el capítulo XXXI de la biografía de Nerón:

En nada gastó tanto, sin embargo, como en sus construcciones; extendió su casa desde el palacio hasta las Esquilias, llamando al edificio que los unía Casa de Paso; destruida ésta por un incendio, hizo construir otra que se llamó Casa de Oro, de cuya extensión y magnificencia bastará decir que en el vestíbulo se veía una estatua colosal de Nerón de ciento veinte pies de altura; que estaba rodeada de pórticos de tres hileras de columnas y de mil pasos de longitud; que en ella había un lago imitando el mar, rodeado de edificios que simulaban una gran ciudad; que se veían asimismo explanadas, campos de trigo, viñedos y bosques poblados de gran número de rebaños y de fieras. El interior era dorado por todas partes y estaba adornado con pedrerías, nácar y perlas. El techo de los comedores estaba formado de tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de los cuales brotaban flores y perfumes. De estas salas, la más hermosa era circular, y giraba noche y día, imitando el movimiento de rotación del mundo.[2]

De todas las construcciones del emperador, la cúpula giratoria que simula el hemisferio celeste se convierte en la representación perfecta de la concepción espacial romana, que encuentra su paradigma en la gran cúpula del Panteón. Emergiendo de la tierra, su enorme hemisferio pétreo se contrapone al dinamismo de su antecedente doméstico. El carácter estático se enfatiza con la luz del óculo abierto en su cénit, único testigo del tiempo, como recordaba el historiador Dion Casio:

Agripa completó el edificio llamado Panteón. Este poseía dicho nombre como consecuencia de las imágenes que lo decoraban de muchos dioses, incluidos Marte y Venus pero, en mi opinión, el nombre viene dado porque su forma con cúpula era similar a la del cielo.[3]

El viajero que llegue de madrugada a la Grand Central Station de Nueva York  también se encontrará debajo de un gran mapa celeste representado en la bóveda del vestíbulo principal. Uno de los arquitectos, Whitney Warren, había previsto inicialmente que el techo de la estación permitiera la entrada de luz natural, pero problemas de tiempo y de presupuesto le obligaron a desechar esa idea. Fue entonces cuando el proyectista se vio obligado a diseñar una simulación a la manera de Nerón.

Para hacer realidad su proyecto contó con la colaboración del pintor francés Paul César Helleu, quién emuló el firmamento con sus constelaciones doradas sobre un manto azul cerúleo. Helleu dispuso 59 luminarias en el lugar de las principales estrellas de cada agrupación, conformando una nueva «máquina arquitectónica» por encima del movimiento aleatorio de los viajeros[4].

Como la sala de Nerón, el diseño de Helleu contenía varias incógnitas: Su pintura no representaba el cielo estadounidense, sino su conocido cielo del Mare Nostrum romano. Además, lo había dibujado invertido. Algunos intuyeron en esa representación un posible error a la hora de trasladar a la cubierta la información astrográfica. Otros, sencillamente, que Helleu no había concebido su obra para que la observaran los hombres, sino los dioses, como tantas creaciones cósmicas a lo largo de la historia.

antonio s. río vázquez . arquitecto
a coruña. noviembre de 2012

Notas:
[1] LONGO, O., El universo de los griegos. Actualidad y distancias, Acantilado, Barcelona, 2009, 395
[2] SUETONIO, C., Vida de los doce Césares, Espasa, Madrid, 2003, XXXI
[3] CASIO, D., Historia Romana, Gredos, Madrid, 2004, LIII
[4] La obra de Helleu fue recuperada en una restauración del año 1998. Había permanecido oculta durante casi sesenta años. En la restauración se colocaron LEDs de intensidades diferentes, logrando un parecido aún mayor con el firmamento real.

Antonio S. Río Vázquez

Antonio S. Río Vázquez (A Coruña, 1981) es arquitecto por la E.T.S.A. de A Coruña, master en Urbanismo y doctor por la Universidade da Coruña. Especializado en teoría y diseño, su línea de trabajo se ha centrado en la investigación y divulgación del patrimonio arquitectónico moderno. Ha desarrollado proyectos de modo independiente y ha colaborado con varios estudios de arquitectura. Es socio fundador de Aroe Arquitectura. Es profesor en el Departamento de Proyectos Arquitectónicos, Urbanismo y Composición de la Universidade da Coruña, y ha sido profesor invitado en la Robert Gordon University de Aberdeen (Reino Unido), en la Universidade do Minho (Portugal) y en la Università degli Studi di Roma La Sapienza (Italia). Es miembro de la red UEDXX Urbanism of European Dictatorships during the XXth Century, del Grupo de Investigación en Historia de la Arquitectura IALA y del Grupo de Innovación Educativa en Historia de la Arquitectura. Ha formado parte del proyecto de investigación FAME Fotografía y Arquitectura Moderna en España, 1925-1965. Los resultados de sus investigaciones, tanto personales como conjuntas, han servido como aportación a eventos de debate y difusión científica y han sido publicados en libros y revistas.

follow me

Archivado en: Antonio S. Río Vázquez, artículos

Tags: , , , , , , , , , ,