
Habitar el territorio es mediar nuestras circunstancias y medir nuestra estancia, es determinar en que medida abordamos los lugares, los espacios, las huellas.
Habitar el territorio es dejar las huellas, es dejar que el tiempo narre lo atemporal de nuestros actos, de nuestros límites.
Habitar es dejar huellas sobre lo nuestro, es dejar en abandono ese recuerdo pasado de lo que ha sido el paso del tiempo sobre nuestra quietud, sobre nuestros pasos hondos, sobre nuestros suspiros ligeros frente a nuestros gestos.
Habitar el territorio es de alguna manera dejar que el tiempo de cuenta de nuestras acciones, de nuestro recuerdo vago de lo que alguna vez hicimos para evidenciar el paso por nuestro mundo, siempre ajeno a nuestra voluntad.





