A ambigüidade | Miquel Lacasta

Fotografía de Cindy Sherman, Untitled #96 (1981). Sherman acostumbra a crear sus propios personajes jugando con la ambigüedad de un relato y un tiempo determinados. Ella es la única protagonista de sus fotografías, pero no hay dos fotografías parecidas. Más información en http://www.cindysherman.com/
Untitled #96 (1981), fotografía de Cindy Sherman. Sherman acostuma a crear os seus propios personaxes xogando coa ambigüidade dun relato e un tempo determinados. Ela é a única protagonista das súas fotografías, pero non hai dúas fotografías parecidas | cindysherman.com

Mentres a primeira modernidade ía en busca dunha realidade uniforme, monolítica e lineal, a modernidade complexa1  ábrese a unha lectura fragmentada, aberta e indeterminada desta.

Asúmese como propio da realidade o feito de que poida ter diferentes interpretacións e que estas convivan á vez, mesmo provindo do mesmo suxeito que as emite.

Non é que todo sexa mentira, senón máis ben que todo é multi-verdadeiro e polo tanto máis próximo ao ambiguo que ao concreto. Esta transformación das interpretacións sobre o real parece lóxica se entendemos que mentres na primeira modernidade toda idea estaba ao servizo da sociedade en abstracto e se moldeaba cada concepto para que entrase nun gran relato unidireccional, na modernidade complexa, cada idea ten dereito á súa existencia de forma xenuína xa que constitúe un elo na construción da individualidade do suxeito, da súa identidade, da súa unicidade.

A realidade xa non se constrúe como un gran relato común, senón como a adición de miles de relatos, que de xeito ás veces contraditorio, explican ou tratan de explicar cada un deses relatos, o todo.

A verdade ligada ao xuízo moral da modernidade, transfórmase en algo instrumental a disposición do suxeito. A verdade xa énos un fin, é un medio. Úsase a verdade, modélase, defórmase, sempre e cando sirva para a construción do relato individual sobre o todo. Isto é o que lexitima as ideas, a súa achega na construción do relato individual sobre o corpo social.

Esta instrumentalización de la verdad conlleva la pérdida de autonomía de la institución arte2 en términos de Peter Bürger. Bürger establece una distinción entre modernidad y vanguardia. Mientras la vanguardia se caracteriza cuando la crítica no se extiende a otras corrientes estéticas pero se supera la institución arte, es decir la vanguardia no impugna una expresión artística precedente pero ataca el status del arte en la sociedad burguesa, la modernidad provoca una crítica estética y consolida la autonomía de la institución arte. Mientras la vanguardia pretende cambiar la posición del arte dentro de las relaciones de producción, la modernidad pretende tan sólo cambiar sus formas. En este sentido quizás sería más adecuado hablar de vanguardia compleja, que de modernidad compleja.

Ésta es en todo caso, la transformación más importante que ocurre en el seno de la primera modernidad en su tránsito hacia la modernidad compleja.

El arte, y por extensión, la arquitectura se pone al servicio de los individuos, se convierte en un medio que sirve a la construcción de la identidad individual y por defecto a la construcción de una multi-identidad común, la globalización.

El arte se hace utilitariose pone al servicio de, y por tanto su crítica y su ámbito de reflexión se vuelve social. En este sentido a la modernidad compleja se le puede atribuir como apuntábamos un comportamiento de vanguardia, según Peter Bürger:

los movimientos europeos de vanguardia se pueden definir como un ataque al status del arte en la sociedad burguesa. No impugnan una expresión artística precedente –un estilo-, sino la institución arte en su separación de la praxis vital de los hombres. Cuando los vanguardistas plantean la exigencia de que el arte vuelva a ser práctico, no quieren decir que el contenido de las obras sea socialmente significativo. La exigencia no se refiere al contenido de las obras; va dirigida contra el funcionamiento del arte en la sociedad, que decide tanto sobre el efecto de la obra como sobre su particular contenido.

El arte, al mutar en lo que podría llamarse sociología proyectiva, se transforma en reflexión política, abandonando la estética.4 De manera muy resumida, puede decirse que muere la estética a manos de los media, el soporte de la reflexión social.

Parte de lo dicho hasta ahora puede ser aplicado a la arquitectura. En la modernidad compleja, la arquitectura tampoco es garante de la verdad única. El papel de médium sobre las condiciones de verdad, se transforma en la arquitectura a médium sobre las relaciones sociales. De una manera más extensiva, diría que la arquitectura da cuerpo a la geografía, permitiendo a esta establecer la relación entre territorio y espacio. En este apoyo estratégico, el mapa de las geografías sociales, culturales, económicas, tecnológicas y políticas encuentran en la arquitectura un modo de expresión.

No hace falta decir a estas alturas, que por consiguiente, la arquitectura convive con su condición de definidora del contexto. Lejos de la oligarquía subyugante de lo genérico, pero sin caer en el regionalismo folclórico, la arquitectura es geografía en tanto que registro contextual.

La arquitectura por tanto se transforma en glocal, es decir, en global, en tanto que desarrolla un modelo de comportamiento genérico en todo el planeta, y local, en tanto que se inmiscuye en el contexto de lo cercano y lo físicamente aprehensible.

La ambigüedad de los orígenes operativos de la arquitectura, es algo que todavía levanta discusiones. Desde la academia, se preserva su condición artística y pura, desde la praxis contemporánea se experimenta su condición mutante y desprovista de toda pureza.

El resultado es que la arquitectura, mediando con la ambigüedad, se vuelve heterogénea, mestiza y bastarda, en tanto que impura. Una condición esta última, esencial para operar en la modernidad compleja.

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, noviembre 2013

Notas:

1 La palabra postmodernidad me parece una palabra demasiado gastada. Además tan solo indica un tránsito de un tiempo, el moderno, a otro, el post-moderno, sin calificar ni valorar el diferencial resultante de ese tránsito. Como además hay indicaciones más que evidentes que todavía vivimos inmersos en la modernidad en muchos más aspectos de los que nos gustaría, me parece más interesante hablar de una modernidad compleja, otros han hablado de una hipermodernidad, en confrontación a una modernidad simplista que se corresponde con los primeros 50 o 60 años del siglo XX.

BÜRGER, Peter, Teoría de la Vanguardia, Península, Madrid, 1987.

3 Op. Cit. BÜRGER p. 103.

4 Si el arte pierde su autonomía, es decir el hecho de que “el arte no sirva para nada”y por tanto no pueda hacerse el arte por el arte, su ámbito de reflexión, de conceptualización, desaparece bajo el yugo de aquel ámbito al que sirve. La estética es indisociable a la autonomía del arte y de la institución arte.

Es cofundador en ARCHIKUBIK y también en @kubik – espacio multidisciplinario. Obtuvo un Ph.D. con honores (cum laude) en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya UIC y también fue galardonado con el premio especial Ph.D (UIC 2012), M.arch en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya, y se graduó como arquitecto en ETSAB Universitat Politècnica de Catalunya . Miquel es profesor asociado en ESARQ desde 1996. Anteriormente, fue profesor en Elisava y Escola LAI, y también en programas de postgrado en ETSAB y La Salle. Fue arquitecto en la oficina de Manuel Brullet desde 1989 desde 1995.

 

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