La geografía de lo minúsculo | Miguel Ángel Díaz Camacho

Casa Azuma, Tadao Ando, ​​barrio de Sumiyoshi, Osaka (Japón) 1976

La experiencia de la arquitectura se establece desde lo minúsculo. En ocasiones la altura de un peldaño, la anchura de un hueco o el giro de una puerta, determinan un singular catálogo de acciones que por fuerza, o por costumbre, repetimos una y otra vez como habitantes de nuestra propia cotidianidad. Diríamos entonces que la casa se presiente en el tacto de la llave tanto como la brisa en el vaivén de la cortina, tanto como el enigma de nuestro cuerpo ausente sobre los pliegues de las sábanas. La experiencia de la arquitectura se establece desde lo minúsculo:

“Solo dormimos bien, al parecer, en nuestra propia cama”.1

A la casa Azuma no se entra por una puerta sino por una rendija.2 Dos peldaños cuidadosamente enlazados separan la calzada del plano del umbral, iluminado levemente mediante un lucernario vertical y oculto tras un muro de hormigón que muestra con orgullo su origen blando.3 En el interior, el patio se dispone como prolongación visual de unos espacios minimizados: la apertura hacia el exterior de las carpinterías -bajo y sobre el puente superior- permite ganar unos metros evitando la entrada del agua de lluvia. En la planta superior, un semicírculo interior integra un felpudo previo al plano de madera del dormitorio, elevado exactamente la altura de un peldaño sobre la pasarela.

La pequeña geografía de lugares, umbrales, elevaciones, giros o sustracciones, la geografía de lo minúsculo, determina la experiencia de una casa expandida hacia su propio interior. Sin duda la posición central del vacío como espacio excavado, o al menos sustraído, permite la construcción de un recinto ensimismado e introspectivo, una suerte de impluvium re-interpretado. Sin embargo, esta estrategia esencial y primera sería en vano sin la coreografía de estas pequeñas intersecciones del habitar, tesoros en forma de rendijas y plataformas exactas, ventanales precisos, giros convenientes, suelos progresivamente cálidos, algunos incluso blandos y semicirculares justo antes de alcanzar la cama, ése último reducto sobre el que se condensa -o desde el que se despliega- la geografía de lo minúsculo.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doctor Arquitecto
Madrid. Abril 2016.
Autor de Parráfos de arquitectura#arquiParrafos

Notas:

1 Georges Perec, Espèces d’espaces, París, Éditions Galilée, 1974. Edición consultada Especies de espacios, Barcelona, Montesinos, 2007, pág. 38.
2 Casa Azuma, barrio de Sumiyoshi, Osaka (Japón), Tadao Ando, 1976.
3 Los huecos reservados para los espadines en el encofrado a dos caras, aparecen en el muro como alfileres sobre una superficie acolchada, carnal, comprensiva con el origen blando del hormigón.

Miguel Ángel Díaz Camacho

Doctor en Arquitectura, Decano de la Facultad de Tecnología y Ciencia UCJC. Presidente de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura,  perteneciente al Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España. Director de MADC Arquitectos, estudio profesional con premios en concursos nacionales e internacionales, en la actualidad desarrolla proyectos en España y Noruega. Escritor y crítico de arquitectura, es autor de los libros “Párrafos de Arquitectura. Core(oh)grafías” (2016) y “Arquitectura y Cambio Climático” (2018).

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