Afterword | Miquel Lacasta

Message From The Interior ed. Eakins Press, 1966. Primeira edición de 12 grabados do fotógrafo Walker Evans, (St. Louis 1903, New Haven 1975)

A arquitectura é un tipo especifico de imaxinación.

Así o afirma Michael Hays no texto Afterword que pecha o libro Constructing a New Agenda, Architectural Theory 1993-2009.1

Este tipo de imaxinación é unha combinación de sensibilidade, proxección e conceptualización, que organiza o mundo en categorías interrelacionadas de tempo e espazo. Toda arquitectura xorde dun substrato eminentemente complexo capaz de negociar co obxectivo e o subxectivo, capaz de construír unha afirmación que involucra percepcións, imaxes, sistemas e códigos.

A disciplina da arquitectura debe moverse con extrema rapidez entre a ética, a xurisprudencia, a gravidade e o clima.

Un determinado contexto dun simple exemplo de arquitectura está envolvido por todas as forzas tecnolóxicas, estéticas, económicas, xurídicas e psicolóxicas que conducen a produción social de significados e que de feito, de certo xeito, articulan a historia. Non soamente a historia da arquitectura, senón que diría, a historia sen máis.

A forma da arquitectura, máis alá da súa xeometría, vén determinada polas demandas e os reclamos dunha sociedade, polos seus patróns, os seus produtores, polos seus usuarios e polo público, dun xeito inclusivo e represiva á vez. A arquitectura, polo menos a boa arquitectura, é un desexo colectivo que se impón. Polo tanto, por un lado é un aspiración social estructurada, con raíces e derivadas moi profundas, e por outro, sempre remata excluíndo un número importante de individuos, que lonxe de aspirar ou tido sido reclamado nada, se encontran que dun día para outro, a realidade foi brutalmente transformada. Mesmo naqueles casos onde se desenvolven rigorosos procesos de interacción social, de dialogo veciñal ou de políticas de inclusión na toma de decisións, a arquitectura sempre se impón, como unha especie de mazo implacable que transforma unha rúa, fai emerxer unha praza ou destapa un edificio.

En el contrato ciudadano que de forma implícita todos los individuos firmamos en el instante que tomamos la decisión de formar parte de una sociedad urbana, esa doble cara de la arquitectura, la inclusiva y la impositiva se suscribe también.

Visto así, la arquitectura tiene infinitos puntos de contacto con la realidad, ese sujeto dúctil y maleable de las mil caras, y posiblemente por eso mismo, existe la pulsión de escribir sobre arquitectura, para la arquitectura. Escribir de arquitectura la hace pensalbe, la ordena de forma compleja, la jerarquiza de manera dinámica, la posiciona cerca de sus estímulos, de sus fuentes de alimentación. Puede decirse también que escribir sobre arquitectura organiza una constelación de vectores que la identifican y determinan escenarios perceptibles.

Desde la década de los 60’s, y especialmente en los 70’s y 80’s, la arquitectura intenta hacerse escritura. Al principio reclama ser un lenguaje. Pero un lenguaje es un sistema compartido de preconcepciones y asociaciones construidas. Si aceptamos que cualquier caso individual de un sistema general usa partes de ese sistema para su configuración, sean estos códigos, tipos o estilos, la significación de cada parte, de cada fragmento, está cargada de una cierta ideología. Por tanto cada ejemplo individual de arquitectura es inescapablemente ideológico. Otra discusión es si la condición ideológica ha mutado de ser antiguamente un recipiente cerrado de conceptos y relaciones a contemporáneamente convertirse en una red maleable y abierta de nodos interconectados.

Sea como sea, la arquitectura, y su relato, su traducción pensable en lo escrito, es una compleja madeja de ideas ideologizadas. El cometido de la arquitectura en tanto que escritura, viene a ser la tercera dimensión a medio camino entre el horizonte social de un lenguaje generalista, y la particular y personal profundidad de un código individual.

En cierto sentido la escritura de la arquitectura abre un espacio donde lo ideológico, producto de dentro hacia fuera, y lo lógico, producto de fuera hacia adentro, se encuentran. Sólo así la arquitectura puede aspirar a ser escrutada, reflejada, transgredida y transcender su propia y mera condición física.

Si estas afirmaciones, que voy traduciendo y ampliando libremente del texto antes referido, tienen alguna potencia, esta es la de activar los mecanismos de comprensión de lo que llamamos el acto de proyectar. Toda arquitectura es antes un proyecto de arquitectura. Es decir, toda construcción física en el espacio y en un tiempo determinado, ha sido antes proyectada, construida en la mente, dibujada con unos códigos de representación muy precisos y lanzados, por tanto proyectados, a un futuro próximo, con la esperanza de que se transformen en un cuerpo físico. La escritura de la arquitectura también es en cierta manera una forma de proyectar, de lanzar los porqués de la arquitectura hacia delante. Convertirlos en cabeza de  puente hacia el siguiente hito, dirigirlos hacia el próximo reto. Avanzarlos hasta el siguiente muro conceptual infranqueable.

Quizás por eso, un escrito de arquitectura debería marcar antes un camino y situarse en forma de epílogo, o de afterword, que situarse al principio, en forma de prólogo.

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, octubre 2013

Notas:

1 SYKES, Krista A. Ed, Constructing a New Agenda, Architectural Theory 1993-2009, Princeton Architectural Press, Nueva York, 2010

 

Es cofundador en ARCHIKUBIK y también en @kubik – espacio multidisciplinario. Obtuvo un Ph.D. con honores (cum laude) en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya UIC y también fue galardonado con el premio especial Ph.D (UIC 2012), M.arch en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya, y se graduó como arquitecto en ETSAB Universitat Politècnica de Catalunya . Miquel es profesor asociado en ESARQ desde 1996. Anteriormente, fue profesor en Elisava y Escola LAI, y también en programas de postgrado en ETSAB y La Salle. Fue arquitecto en la oficina de Manuel Brullet desde 1989 desde 1995.

 

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