Destrucciones bestiales | José Ramón Hernández Correa

A veces asistimos atónitos al zafio y bárbaro «espectáculo» de fanáticos completamente imbéciles y bestiales destruyendo obras de arte milenarias. Los seres humanos de todo el mundo, impotentes, lloramos de rabia y de indignación ante las inconcebibles salvajadas que son capaces de cometer estos borricos, que se sienten iluminados por algo o alguien.

No podemos concebir que nadie, tenga la ideología que tenga, pretenda lo que pretenda o esgrima los motivos que quiera esgrimir, pueda acabar impunemente con unas obras que han hecho otros seres humanos que se encontraban en el extremo opuesto del magma social: En la cumbre de la sensibilidad, de la cultura, del talento, mientras que estos zopencos están en la sima de la zafiedad y de la crueldad, y del mierdasequismo más deleznable y despreciable.

Miguel Fisac, arq. Laboratorios Jorba. «La Pagoda». Madrid. Destruidos por avaricia, para buscar más aprovechamiento al solar | Fuente: Archivo Fundacion Fisac

Esas obras destruidas son el testimonio del tiempo y de la historia, y del hábil trabajo de los mejores, que había quedado plasmado para siempre, para la eterna admiración y el eterno conocimiento de las generaciones futuras.

Y ahora, por el capricho verraquil de unos asquerosos y malolientes patanes, todo eso desaparece para siempre, y con ello la base y la historia de la sociedad, las claves últimas de todos nosotros.

Luis Gutiérrez Soto, arq. Piscinas de la Isla. En el Río Manzanares, Madrid. Destruidas, junto con la isla, para reorganizar el sistema de exclusas del río

Si algo nos consuela (muy poco) es que esas cosas pasan en países muy lejanos, en sociedades muy diferentes a la nuestra, y las hacen personas muy raras, con un cacao mental muy sucio y enfermo.

«Menos mal que por aquí no ocurren cosas parecidas»,

nos decimos, y nos quedamos tranquilos dentro de lo que cabe.

Corrales y Molezún, arq. Pabellón de los Hexágonos en la Casa de Campo de Madrid. (Reubicación del Pabellón Español de la Expo de Bruselas de 1958). Abandonado y vandalizado porque sí.

Pensamos con bastante lucidez que nosotros no consentiríamos jamás semejante barbaridad, y que nuestra sociedad civil, dado el caso, saldría a defender las obras cumbre de su tiempo y de su historia, garantes de su cultura y testimonios de su pasado y de su esencia nacional.

Eduardo Torroja, ing, y Secundino Zuazo, arq. Frontón Recoletos, Madrid. Dañado durante la Guerra Civil, no se consideró interesante restaurarlo.

Nos dan un poco de pena esos países que consideramos tan atrasados, subdesarrollados, sometidos a las veleidades de grupos de poder que ejercen incluso la violencia para privar a los ciudadanos de sus señas de identidad, de la base misma de su sentido como sociedad.

¿Qué es una sociedad que pierde sus iconos, sus obras maestras, y que no hace nada por defenderlas?

Alejandro de la Sota, arq. Vivienda unifamiliar en C. Dr. Arce, Madrid. Demolida para construir un bloque de viviendas, mucho más rentable.

Porque ahí está lo malo: Que en esos países atrasados no sólo los salvajes destruyen su patrimonio más importante y sagrado, sino que la gente no se echa a la calle para impedirlo, y, si me apuran, tampoco lo considera tan grave.

Sociedades invertebradas y desestructuradas.
Sociedades que ni saben defender lo suyo ni lo aprecian.
Sociedades dormidas, drogadas, estúpidas y decadentes.
Sociedades inanes y cerriles.
Qué pena nos dan. Pobres países.

Al menos, como digo, nos acostamos con cierta satisfacción íntima de conciencia:

«Menos mal que aquí esas cosas no pasan».

Sert y Torres Clavé, arq. Casa de Fin de Semana en el Garraf, Barcelona. Horriblemente desfigurada.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · marzo 2015

Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso.

follow me

Archivado en: artículos, José Ramón Hernández Correa

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,