InicioartículosArquitectos e Ingenieros (¿Prometheus y Alien?) | José Ramón Hernández CorreaArquitectos e...

[:es]Arquitectos e Ingenieros (¿Prometheus y Alien?) | José Ramón Hernández Correa[:gl]Arquitectos e Enxeñeiros (¿Prometheus e Alien?) | José Ramón Hernández Correa[:en]Architects and Engineers (Prometheu and Alien?) | José Ramón Hernández Correa[:]

[:es]

1945 B32 Dominator | Photo credit: US Army Archives | Fuente: rarehistoricalphotos.com

Y me quedé pasmado. Lo primero que se me ocurrió fue:

«Arquitectos, arquitectos, ¡qué listos nos creemos, y naufragamos ante un grifo!»

«Toma ya».

«A ver si aprendemos».

Y pensé en la eterna polémica entre nosotros y los ingenieros.

Los arquitectos solemos dejar los problemas a medio resolver, casi siempre porque los planteamos mal, mientras que estos avionacos son perfectos. En su diseño no hay un solo error.

Nuestro problema es que los arquitectos podemos diseñar hoy una plaza de toros, sin haber hecho antes ninguna y sin tener ni idea de qué necesita, y cuando ya empezamos a conocer el tema nos toca hacer un cine. Y así no se puede. Siempre estamos debutando.

En este mundo superespecializado el arquitecto sigue siendo un «humanista»; es decir, un aprendiz de todo y un maestro de nada, y no puede competir con ningún experto. Mientras que un ingeniero lleva toda su vida estudiando e intentando perfeccionar los flaps ante las entradas en pérdida, un arquitecto se plantearía qué es un avión, cómo puede volar, qué sentido tiene el vuelo, etc, y todo lo más hará un disparatado dibujo a lo Leonardo da Vinci (uno de los mayores artistas de la historia, y probablemente el peor inventor), y diría alborozado:

«¡Mira, se me acaba de ocurrir! Es un helicoide para trepar por el aire. ¿Lo quieres probar?»

«¿Quién, yooooo? Ni harto de vino. Ni loco de la cabeza».

Sí, amigos, así somos los arquitectos. Siempre queriendo inventar la pólvora sin saber ni cómo es exactamente una explosión.

Claro, que también estoy harto de ver proyectos de naves industriales por ingenieros. (Hacen tres rayitas paralelas inclinadas en cada ventana porque, según ellos, eso representa el vidrio. Y cosas así. A veces uno diría que les da igual ocho que ochenta).

Estoy generalizando. Lo sé. Y voy a estropearlo aún más con una comparación.

Ya conté el otro día que la película Prometheus me decepcionó porque abarca mucho y no resuelve nada, y más aún cuando es inevitable ponerla frente a la magnífica Alien.

A mi juicio, Alien propone un problema muy simple. Lo adorna con sugerencias muy complejas, pero ni siquiera las aborda. Las deja de fondo, como mera ambientación. Lo que de verdad aborda es la angustia de unas personas que se sienten en inferioridad, y que están encerradas con un monstruo asesino prácticamente indestructible e invencible. Es solo ese asunto. Nada más. Y la película lo desarrolla hasta sus últimas consecuencias.

Comparemos esta película con los ingenieros. Temas muy concretos, planteamientos muy nítidos, soluciones directas e incluso extremas. (Simplifico, ya sé que simplifico).

Por otra parte tenemos la pretenciosa Prometheus. Esta curiosa película está llena de contradicciones, como probablemente lo estaba Alien en sus principios metafísicos e incluso biológicos. Pero en Alien esos problemas se soslayaban, mientras que en Prometheus se traen al primer plano y se soban y manosean hasta el ridículo.

(Atención: Voy a meter un spoiler. Qué poco me gusta esa expresión. Antes se decía «destripar una película», que me gusta mucho más. Si no la habéis visto y pensáis hacerlo, saltaos el texto).

Unos seres que originan la vida en la tierra. Sustancias biológicas, mutaciones genéticas, ADN, ¿Dios?, el origen del ser humano, un millonario viejísimo, la eterna juventud, la muerte, ¿qué hay más allá?, el sentido de la vida, el amor, las relaciones padre-hija (¿o hijo? Una mujer que tiene una cápsula quirúrgica para su uso exclusivo y esa cápsula solo admite hombres). Puff. Me pierdo. Y, lo que es peor, me aburro.

(A veces me río, como cuando un biólogo, por otra parte supercobardón, que huye de cualquier manifestación de vida, por remota que sea, ve una especie de serpiente muy preocupante y la acaricia con un cuchicuchi. Y su compañero geólogo, que tiene unas sondas que hacen en el acto un mapa 3D del lugar, se pierde).

Bueno. No la destripo más. Tampoco merece la pena.

Sí merece la pena decir que los arquitectos somos un poco Prometheus. Siempre queremos llegar a la esencia del misterio. Tenemos el gusto romántico de que para hacer una casa hay que conocer a la familia que la va a habitar, y que también hay que conocer el lugar, fundirse con él y aspirar las esencias de qué sé yo. Un ingeniero diría:

«¿Una casa? Pues una casa. Ya está».

Y le dibujaría tres rayitas en cada vidrio.

Los arquitectos no resolvemos los problemas porque no los sabemos plantear, y no los sabemos plantear porque no son planteables. No es planteable un problema cuyas meras solicitaciones técnicas se contaminan de metafísica. No es planteable que con cada nuevo edificio busquemos la felicidad, la belleza, el placer, la funcionalidad, la economía, la solidez, la luz, la alegría y el arroz con bogavante. No.

A veces sí que sale. A veces hay un milagro. Pero no se puede plantear una profesión como una infalible sucesión de milagros. Eso no es serio. Eso es como pretender que Prometheus saliera interesante e incluso emocionante. No se puede.

José Ramón Hernández Correa
Doctor Arquitecto y autor de Arquitectamos locos?
Toledo · septiembre 2012

[:gl]

1945 B32 Dominator | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

E quedeime pasmado. O primeiro que se me ocorreu foi:

«Arquitectos, arquitectos, ¡que listos creémosnos/creémonos, e naufragamos ante un grifo!»

«Toma xa».

«A ver si aprendemos».

E pensei na eterna polémica entre nós e os enxeñeiros.

Os arquitectos adoitamos deixar os problemas a medio resolver, case sempre porque os suscitamos mal, mentres que estes avionacos son perfectos. No seu deseño non hai un só erro.

O noso problema é que os arquitectos podemos deseñar hoxe unha praza de touros, sen facer antes ningunha e sen ter nin idea de que necesita, e cando xa empezamos a coñecer o tema tócanos facer un cinema. E así non se pode. Sempre estamos a debutar.

Neste mundo superespecializado o arquitecto segue sendo un «humanista»; é dicir, un aprendiz de todo e un mestre de nada, e non pode competir con ningún experto. Mentres que un enxeñeiro leva toda a súa vida estudando e tentando perfeccionar os flaps ante as entradas en perda, un arquitecto exporíase que é un avión, como pode voar, que sentido ten o voo, etc, e todo o máis fará un disparatado debuxo ao Leonardo da Vinci (un dos maiores artistas da historia, e probablemente o peor inventor), e diría alborozado:

«Mira, acábaseme de ocorrer! É un helicoide para rubir polo aire. Quérelo probar?»

«Quen, yooooo? Nin farto de viño. Nin tolo da cabeza».

Si, amigos, así somos os arquitectos. Sempre querendo inventar a pólvora sen saber nin como é exactamente unha explosión.

Claro, que tamén estou farto de ver proxectos de naves industriais por enxeñeiros. (Fan tres rayitas paralelas inclinadas en cada xanela porque, segundo eles, iso representa o vidro. E cousas así. Ás veces un diría que lles dá igual oito que oitenta).

Estou a xeneralizar. Seino. E vou estragalo aínda máis cunha comparación.

Xa contei o outro día que a película Prometheus decepcionoume porque abarca moito e non resolve nada, e máis aínda cando é inevitable poñela fronte á magnífica Alien.

Ao meu xuízo, Alien propón un problema moi simple. Adórnao con suxestións moi complexas, pero nin sequera abórdaas. Déixaas de fondo, como mera ambientación. O que de verdade aborda é a angustia dunhas persoas que senten en inferioridade, e que están encerradas cun monstro asasino practicamente indestructible e invencible. É só ese asunto. Nada máis. E a película desenvólveo ata as súas últimas consecuencias.

Comparemos esta película cos enxeñeiros. Temas moi concretos, formulacións moi nítidos, solucións directas e mesmo extremas. (Simplifico, xa se que simplifico).

Por outra banda temos a pretenciosa Prometheus. Esta curiosa película está chea de contradicións, como probablemente estábao Alien nos seus principios metafísicos e mesmo biolóxicos. Pero en Alien eses problemas se soslayaban, mentres que en Prometheus tráense ao primeiro plano e se soban e manosean ata o ridículo.

(Atención: Vou meter un spoiler. Que pouco me gusta esa expresión. Antes dicíase «destripar unha película», que me gusta moito máis. Se non a vistes e pensades facelo, saltádevos o texto).

Uns seres que orixinan a vida na terra. Substancias biolóxicas, mutacións xenéticas, ADN, Divos?, a orixe do ser humano, un millonario viejísimo, a eterna mocidade, a morte, que hai máis aló?, o sentido da vida, o amor, relaciónelas pai-filla (ou fillo? Unha muller que ten unha cápsula cirúrxica para o seu uso exclusivo e esa cápsula só admite homes). Puff. Pérdome. E, o que é peor, abúrrome.

(Ás veces ríome, como cando un biólogo, por outra banda supercobardón, que foxe de calquera manifestación de vida, por remota que sexa, ve unha especie de serpe moi preocupante e acaríñaa cun cuchicuchi. E o seu compañeiro geólogo, que ten unhas sondas que fan no acto un mapa 3D do lugar, pérdese).

Bo. Non a destripo máis. Tampouco merece a pena.

Si merece a pena dicir que os arquitectos somos un pouco Prometheus. Sempre queremos chegar á esencia do misterio. Temos o gusto romántico de que para facer unha casa hai que coñecer á familia que a vai a habitar, e que tamén hai que coñecer o lugar, fundirse con el e aspirar as esencias de que se eu. Un enxeñeiro diría:

«Unha casa? Pois unha casa. Xa está».

E debuxaríalle tres rayitas en cada vidro.

Os arquitectos non resolvemos os problemas porque non os sabemos expor, e non os sabemos expor porque non son planteables. Non é planteable un problema cuxas meras solicitaciones técnicas contamínanse de metafísica. Non é planteable que con cada novo edificio busquemos a felicidade, a beleza, o pracer, a funcionalidade, a economía, a solidez, a luz, a alegría e o arroz con bogavante. Non.

Ás veces si que sae. Ás veces hai un milagre. Pero non se pode expor unha profesión como unha infalible sucesión de milagres. Iso non é serio. Iso é como pretender que Prometheus saíse interesante e mesmo emocionante. Non se pode.

José Ramón Hernández Correa
Doutor Arquitecto e autor de Arquitectamos locos?
Toledo · setembro 2012

[:en]

1945 B32 Dominator | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

And I remained amazed. The first thing that happened to me was:

«Architects, architects, what ready we believe ourselves, and we sink before a faucet!»

«It Takes already».

«To seeing if we learn».

And I thought about the eternal polemic strictly between ourselves and the engineers.

The architects we are in the habit of leaving the problems to way resolving, almost always because we raise them badly, whereas these avionacos are perfect. In his design there is no an alone mistake.

Our problem is that the architects we can design today a bullring, without having done before any and without having not even idea from what he needs, and when already we start knowing the topic we have to do a cinema. And this way one cannot. Always we are making debut.

In this superspecialized world the architect continues being a «humanist»; it is to say, an apprentice of everything and a teacher of nothing, and cannot compete with any expert. Whereas an engineer takes all his life studying and trying to perfect the flaps before the income in loss, an architect would appear what is a plane, how it can fly, what sense has the flight, etc, and everything more will do a ludicrous drawing to Leonardo da Vinci  (one of the major artists of the history, and probably the worst inventor), and he would say exhilarated:

«Look, it has just happened to me! It is a helicoide to climb over the air. Do you want to prove it?»

«Who, yooooo? I do not even satiate of wine. Not even madman of the head».

Yes, friends, this way we are the architects. Always queriendo to invent the gunpowder without knowing not how it is exactly an explosion.

Clear, that also I am fed up with seeing projects of industrial ships for engineers. (They make three small stripes parallel bars inclined in every window because, according to them, it represents the glass. And things like that. Sometimes one would say that it is all the same to them eight that eighty).

I am generalizing. I know it. And I am going to spoil it furthermore with a comparison.

Already I told another day that the movie Prometheus disappointed me because it includes very much and does not solve anything, and even more when it is inevitable to put it opposite to the magnificent one Alien.

In my opinion, Alien he proposes a very simple problem. It adorns it with very complex suggestions, but it does not even approach them. It leaves them of bottom, as mere setting. What indeed it approaches is the distress of a few persons who feel in inferiority, and that are enclosed by a killer practically indestructible and invincible monster. This matter is alone. Nothing more. And the movie develops it up to his last consequences.

Let’s compare this movie with the engineers. Very concrete topics, very clear expositions, direct and even extreme solutions. (I simplify, already I know that I simplify).

On the other hand we have the pretentious Prometheus. This curious movie is full of contradictions, since probably it it was Alien in his metaphysical and even biological beginning. But in Alien these problems they were ignored, whereas in Prometheus they are brought to the first plane and pet and handle up to the ridiculous one.

(Attention: I am going to put a spoiler. What little I like this expression. Before it was said «to mangle a movie», that I like much more. If you have not seen her and think to do it, you jump the text).

A few beings who originate the life in the land. Biological substances, genetic mutations, DNA, God?, the origin of the human being, the oldest millionaire, the eternal youth, the death, what is beyond?, the sense of the life, the love, the relations father – daughter (or son? Woman who has a surgical capsule for his exclusive use and this capsule only admits men). Puff. I get lost. And, which is worse, I get bored.

(Sometimes I laugh, as when a biologist, on the other hand super coward, who flees of any manifestation of life, for remote that is, sees a species of very worrying serpent and caresses her with a cuchicuchi. And his companion geologist, who has a few probes that do forthwith a map 3D of the place, gets lost).

Good. I do not mangle it any more. Neither it is worth it.

Bueno. No la destripo más. Tampoco merece la pena.

Yes it is worth saying that the architects we are little Prometheus.  Always we want to come to the essence of the mystery. We are glad about that to do a house it is necessary to know to the family that is going to live it, and that also it is necessary to know the place, fuse with him and inhale the essences of what be I. An engineer would say:

«a house? So a house. Already it is».

And it him would draw three rayitas in every glass.

The architects we do not solve the problems because we cannot raise them, and cannot raise them because they are not planteables. There is not planteable a problem which mere technical solicitations contaminate with metaphysics. It is not planteable that with every new building we look for the happiness, the beauty, the pleasure, the functionality, the economy, the solidity, the light, the happiness and the rice with lobster. Not.

Sometimes yes that goes out. Sometimes there is a miracle. But it is not possible to raise a profession as an infallible succession of miracles. It is not serious. It is like to claim that Prometheus was working out interesting and even exciting. One cannot.

José Ramón Hernández Correa
PhD Architect and author of Arquitectamos locos?
Toledo · september 2012

 [:]

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS