InicioartículosAprender de lo que ha sido | Óscar Tenreiro DegwitzAprender do que...

[:es]Aprender de lo que ha sido | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Aprender do que foi | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]Learn from what has been | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

[:es]

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

Los arquitectos no podemos formarnos sin conocer, y aprender a amar, lo que nos precedió. Una joven que hace poco escribía que le importaba poco Ronchamp y que prefería lo más actual, podrá llegar a dibujante, a técnica de CAD, a ayudante de construcción, pero para ser arquitecta tendrá que adoptar un nivel de reflexión mayor. El que requiere una profesión difícil que exige entender raíces y seguir el hilo de lo que ha sido.

Por eso quise, a mi edad, ir a Marsella a conocer la Unité de Le Corbusier, una experiencia de vivienda que marcó una época y condujo hacia caminos positivos y negativos, como toda experiencia bien o mal interpretada.

Mi primera impresión de este edificio tiene que ver con el entusiasmo de Osvaldo Lares, arquitecto y musicólogo, producto de una visita en torno a 1956, que lo llevó a organizar sesiones de fotografías a grupos de amigos de las cuales tuve noticia como estudiante a través de mi hermano Jesús. Y pude además, en publicaciones diversas, fotos, comentarios, saber lo que significaba. Ya graduado, como joven profesor interino, la estudié mejor porque me interesaba mucho en el tema de la vivienda. Pero la falta de espacio para la arquitectura que ha sido típica de la política de vivienda del Estado venezolano nunca me permitió poner mi granito de arena. Sin embargo la he seguido estudiando, como quien recurre a un texto fundamental, y siempre es posible encontrar algún aspecto de interés que alimenta la práctica diaria y sobre todo enseña.

Lo primera cosa que impresiona es, como me comentaba Elías Toro, la sorprendente actualidad del edificio. Cuando la propietaria de uno de los apartamentos nos explicaba la cocina, por ejemplo, me sorprendía que hace sesenta años se hubieran planteado los problemas con tanta claridad y se hubieran resuelto con el más eficiente diseño, para lo cual Charlotte Perriand fue la mano derecha de Le Corbusier. La diferencia está sólo en la tecnología disponible hoy, que aparte de que hubiera facilitado la solución de muchos detalles ya no hace necesario el diario suministro de hielo para la heladera, como en los años cincuenta, sino que permite una nevera que muchos propietarios no encuentran donde poner.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

La sensación de amplitud que da la doble altura en el estar y su vinculación con el dormitorio es un logro aún insuperado en la vivienda social, y la optimización dimensional, expresada sobre todo en los dormitorios secundarios, largos y estrechos, ha sido asimilada hasta casi en términos militantes por los propietarios de hoy, que consideran vivir allí un privilegio y que se han convertido en voceros de las ventajas del diseño que una vez fue objeto de toda clase de controversias.

Los pasillos de acceso a los apartamentos, que dependen de la luz artificial, están en muy buen estado de conservación y parecen no plantear mayores preguntas, aunque siempre me ha parecido que es el aspecto más problemático de la concepción de las Unités, particularmente en climas como el nuestro y en situaciones de escaso mantenimiento. Lo que plantea la cuestión de si no es la Unité y sus principios una propuesta asimilable por un nivel social y económico que es más bien el de la clase media.

En los espacios que una vez fueron propuestos para habitaciones de visitantes funciona hoy un hotel en el cual por supuesto nos alojamos para ver todo de primera mano; y en el lugar destinado a tiendas, un restaurante con el turístico nombre “El vientre del arquitecto” que ofrece una comida de tanta calidad como cabe esperar en esa región de Francia.

Habría muchas otras cosas que decir, pero desde hoy tenemos aún menos espacio y no quiero dejar de referirme a la inevitable visita a la terraza, donde funciona un preescolar y un gimnasio. Allí la visita tuvo su punto más intenso porque este lugar sigue siendo hoy una obra maestra. Ofrece una vinculación con el paisaje que puede llamarse primordial, porque se percibe por encima de un muro perimetral deliberadamente alto que suprime lo inmediato y acerca el mar y las colinas. Y convierte los elementos arquitectónicos utilitarios (caja de ascensores, chimeneas de extracción) en objetos escultóricos que, combinados a sitios de juego, escenario al aire libre y espacios de descanso, hacen del conjunto un evento estético que deja huella en lo íntimo.

Recorrimos mi mujer y yo este sitio en todas direcciones como quien va a un lugar muy conocido pero jamás visitado que despertaba resonancias en muchos sentidos. No puedo evitar decir que me emocioné y también me conmoví, y hasta me pareció que algo muy similar le ocurría a una pareja con la cual nos cruzábamos de cuando en cuando además de un solitario joven que hacía dibujos y tomaba notas.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

Son lugares del espíritu, creados por las imágenes percibidas cuando nos abríamos al mundo, por los sueños de quien aspira a hacer realidad ciertas cosas y por el paso lento y sostenido de la vida que permite intuir donde está lo que en realidad vale.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, septiembre 2008,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:gl]

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

Os arquitectos non podemos formarnos sen coñecer, e aprender a amar, o que nos precedeu. Unha moza que hai pouco escribía que lle importaba pouco Ronchamp e que prefería o máis actual, poderá chegar a debuxante, a técnica de CAD, a axudante de construción, pero para ser arquitecta terá que adoptar un nivel de reflexión maior. O que require unha profesión difícil que esixe entender raíces e seguir o fío do que foi.

Por iso quixen, á miña idade, ir a Marsella a coñecer a Unité de Le Corbusier, unha experiencia de vivenda que marcou unha época e conduciu cara a camiños positivos e negativos, como toda experiencia ben ou mal interpretada.

A miña primeira impresión deste edificio ten que ver co entusiasmo de Osvaldo Lareiras, arquitecto e musicólogo, produto dunha visita ao redor de 1956, que o levou a organizar sesións de fotografías a grupos de amigos das cales tiven noticia como estudante a través do meu irmán Jesús. E puiden ademais, en publicacións diversas, fotos, comentarios, saber o que significaba. Xa graduado, como novo profesor interino, estudeina mellor porque me interesaba moito no tema da vivenda. Pero a falta de espazo para a arquitectura que foi típica da política de vivenda do Estado venezolano nunca me permitiu poñer o meu granito de area. Con todo seguina estudando, como quen recorre a un texto fundamental, e sempre é posible atopar algún aspecto de interese que alimenta a práctica diaria e sobre todo insignia.

O primeira cousa que impresiona é, como me comentaba Elías Toro, a sorprendente actualidade do edificio. Cando a propietaria dun dos apartamentos explicábanos a cociña, por exemplo, sorprendíame que fai sesenta anos expuxéronse os problemas con tanta claridade e houbésense resolvido co máis eficiente deseño, para o que Charlotte Perriand foi a man dereita de Lle Corbusier. A diferenza está só na tecnoloxía dispoñible hoxe, que á parte de que facilitase a solución de moitos detalles xa non fai necesario a diaria subministración de xeo para a heladera, como nos anos cincuenta, senón que permite unha neveira que moitos propietarios non atopan onde poñer.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

A sensación de amplitude que dá a dobre altura no estar e a súa vinculación co dormitorio é un logro aínda insuperado na vivenda social, e a optimización dimensional, expresada sobre todo nos dormitorios secundarios, longos e estreitos, foi asimilada ata case en termos militantes polos propietarios de hoxe, que consideran vivir alí un privilexio e que se converteron en voceiros das vantaxes do deseño que unha vez foi obxecto de toda clase de controversias.

Os corredores de acceso aos apartamentos, que dependen da luz artificial, están en moi bo estado de conservación e parecen non expor maiores preguntas, aínda que sempre me pareceu que é o aspecto máis problemático da concepción das Unités, particularmente en climas como o noso e en situacións de escaso mantemento. O que expón a cuestión de se non é a Unité e os seus principios unha proposta asimilable por un nivel social e económico que é máis ben o da clase media.

Nos espazos que unha vez foron propostos para habitacións de visitantes funciona hoxe un hotel no cal por suposto nos aloxamos para ver todo de primeira man; e no lugar destinado a tendas, un restaurante co turístico nome “O ventre do arquitecto” que ofrece unha comida de tanta calidade como cabe esperar nesa rexión de Francia.

Habería moitas outras cousas que dicir, pero desde hoxe temos aínda menos espazo e non quero deixar de referirme á inevitable visita á terraza, onde funciona un preescolar e un ximnasio. Alí a visita tivo o seu punto máis intenso porque este lugar segue sendo hoxe unha obra mestra. Ofrece unha vinculación coa paisaxe que pode chamarse primordial, porque se percibe por encima dun muro perimetral deliberadamente alto que suprime o inmediato e achega o mar e os outeiros. E converte os elementos arquitectónicos utilitarios (caixa de ascensores, chemineas de extracción) en obxectos escultóricos que, combinados a sitios de xogo, escenario ao aire libre e espazos de descanso, fan do conxunto un evento estético que deixa pegada no íntimo.

Percorremos a miña muller e eu este sitio en todas direccións como quen vai a un lugar moi coñecido pero xamais visitado que espertaba resonancias en moitos sentidos. Non podo evitar dicir que me emocionei e tamén me conmovín, e ata me pareceu que algo moi similar ocorríalle a unha parella coa cal nos cruzabamos de cando en cando ademais dun solitario novo que facía debuxos e tomaba notas.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz

Son lugares do espírito, creados polas imaxes percibidas cando nos abriamos ao mundo, polos soños de quen aspira a facer realidade certas cousas e polo paso lento e sostido da vida que permite intuír onde está o que en realidade vale.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, setembro 2008,
Entre o Cierto e o Verdadeiro[:en]

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Photography: Óscar Tenreiro Degwitz

Architects can not form without knowing, and learning to love, what preceded us. A young woman who recently wrote that she cared little about Ronchamp and that she preferred the most current, will be able to become a draftsman, a CAD technician, a construction assistant, but to be an architect she will have to adopt a higher level of reflection. The one that requires a difficult profession that requires understanding roots and following the thread of what has been.

That’s why I wanted, at my age, to go to Marseille to meet Le Corbusier’s Unité, a housing experience that marked an era and led to positive and negative paths, like any experience well or badly interpreted.

My first impression of this building has to do with the enthusiasm of Osvaldo Lares, architect and musicologist, product of a visit around 1956, which led him to organize photo shoots to groups of friends of which I had news as a student through of my brother Jesus. And I could also, in various publications, photos, comments, know what it meant. Once I graduated, as a young interim teacher, I studied it better because I was very interested in the subject of housing. But the lack of space for architecture that has been typical of the housing policy of the Venezuelan State never allowed me to do my bit. However, I have continued to study it, as one who uses a fundamental text, and it is always possible to find some aspect of interest that feeds the daily practice and especially teaches.

The first thing that impresses is, as Elías Toro told me, the surprising topicality of the building. When the owner of one of the apartments explained to us the kitchen, for example, I was surprised that sixty years ago the problems had been raised with such clarity and resolved with the most efficient design, for which Charlotte Perriand was the right hand of Le Corbusier. The difference is only in the technology available today, which apart from the fact that it would have facilitated the solution of many details no longer requires the daily supply of ice for the refrigerator, as in the fifties, but allows a refrigerator that many owners do not find where to put.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Photography: Óscar Tenreiro Degwitz

The sense of spaciousness that the double height gives in the living room and its connection with the bedroom is an achievement still unsurpassed in the social housing, and the dimensional optimization, expressed especially in the secondary bedrooms, long and narrow, has been assimilated to almost in militant terms by the owners of today, who consider living there a privilege and who have become spokesmen for the advantages of the design that was once the object of all kinds of controversies.

The access corridors to the apartments, which depend on artificial light, are in a very good state of conservation and do not seem to pose any further questions, although I have always found that it is the most problematic aspect of the Unités conception, particularly in climates like ours and in situations of little maintenance. What raises the question of whether the Unité and its principles is a proposal assimilable by a social and economic level that is rather that of the middle class.

In the spaces that were once proposed for visitors’ rooms, a hotel now operates in which of course we stayed to see everything first-hand; and in the place destined to shops, a restaurant with the tourist name “The Belly of the architect” that offers a food of as much quality as can be expected in that region of France.

There would be many other things to say, but from today we have even less space and I do not want to stop referring to the inevitable visit to the terrace, where a preschool and a gym works. There the visit had its most intense point because this place remains today a masterpiece. It offers a connection with the landscape that can be called primordial, because it is perceived above a deliberately high perimeter wall that suppresses the immediate and brings the sea and the hills closer together. And it converts the utilitarian architectural elements (elevator box, extraction chimneys) into sculptural objects that, combined with play sites, outdoor scenery and resting spaces, make the whole an aesthetic event that leaves an imprint on the intimate.

My wife and I walked this place in all directions like someone who goes to a well-known but never visited place that awoke resonances in many ways. I can not help but say that I was moved and also moved, and I even thought that something very similar happened to a couple with whom we passed from time to time in addition to a lonely young man who made drawings and took notes.

Unité d'Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Fotografía: Óscar Tenreiro Degwitz
Unité d’Habitation en Marsella, 1947-52, Le Corbusier | Photography: Óscar Tenreiro Degwitz

They are places of the spirit, created by the images perceived when we open ourselves to the world, by the dreams of those who aspire to make certain things come true and by the slow and sustained pace of life that allows us to intuit where it really is.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, september 2008,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS