Resisting the Banality | Miquel Lacasta

CMX-04, obra de Santiago Sierra, una reflexión estética a partir de una lógica ética salonkritik.net
CMX-04, Santiago Sierra´s Work, an aesthetic reflection from an ethical logic | Source: salonkritik.net

Does architecture enter in a new age? 

It is difficult to know it. What if it seems to be clear is that the end of the absorption objetual has come to remain. With it I do not want to say that still today there should not appear in the sky buildings of a formal empty power of contents. Some blogs and the magazines to the use are in the habit of realizing with blindness of these exercises of banality that provoke an immediate question,

why?

Nevertheless increasingly, so much the new generations of young architects, as some of the architects in exercise, understand that the time where the architecture only had to answer to the political ambitions of the leaders and to the enormous self-worship of the eternal aspirant to enter the Olympus of the archistars, has died. It will not return. It has volatilized the time of the banality for fault.

Probably it is an excess of optimism, but it would be nice to think that the projects that arise from the assumption of a change of cycle proyectual, are formatted as positive affirmations that put other one, to the user and / or citizen in the center of the reputtings.

In order the architecture taxidérmica, of glossy skins and dead concepts, the purpose of any architecture changes aim. Now to understand the social, cultural, economic, technological and political environment, there where the project will happen to be a reality it returns to be a head office. The construction of the statements associated with any offer, they are fundamental to calibrate if an intention in architecture can turn into a constructed occasion. And especially, if this occasion, to part of having being detected, carries a substantial advance that it ends up as the others.

Si ese proceso de re-focalización de la arquitectura contemporánea se extiende, veremos como el equipamiento abstracto deja de ser una excusa para la acción mercantil por parte de los responsables de la administración, veremos como la oportunidad de alojar personas, familias y colectivos se distancia a años luz de la mera obtención de plusvalías irrazonables y veremos también como una vez caída la venda de los ojos, replantearemos una nueva alianza con la naturaleza, considerando a esta como socia fundamental de un proceso, en lugar de una agresora de la que guarecerse. En definitiva veremos extirpar la sinrazón.

Lo que parece claro, estemos entrando en una nueva era en la arquitectura y el urbanismo, o no, es que un nuevo posicionamiento conceptual se ha instalado en el quehacer de la arquitectura. La expresión en forma de ideas y proyectos de este posicionamiento es de hecho extraordinariamente dispar y apunta, a la vez que bebe, de muy diferentes culturas del pensamiento. Sin embargo hay algo común que puede ser identificado en cada proyecto de esta nueva manera de hacer, en la forma de una especie de  sistema inmunológico que abate la banalidad. Es más, podría decirse que en el centro del debate contemporáneo de la arquitectura se ha situado el antídoto contra lo absurdo, caprichoso y banal de mucha arquitectura de los años 90 y de principios de siglo XXI. Algunos de los componentes de este sistema se plantean aquí.

De las grandes geografías

Hablar del hecho urbano y de la arquitectura hoy, es saber detectar las grandes geografías. No solamente las propias del territorio físico, sino que, igual de importante, es saber detectar la geografía social de un entorno urbano, la geografía cultural y como no, la geografía económica. Solamente desde esa especie de zoom_out es posible y creíble empezar a pensar en la arquitectura. El tiempo de las veleidades formales, parametrizadas desde un decimonónico concepto de la composición formal y la fascinación infantil por la máquina han quedado definitivamente atrás.

En realidad hemos pasado de una pseudo postmodernización basaba en una subyugación por la capacidad de cálculo de ciertos ordenadores dotados con el software adecuado, a la firme construcción de un relato basado en una lectura amplia de lo geográfico. Es decir, del bit al átomo_bit, del embobamiento por la máquina en sí misma, al uso de la máquina como herramienta de trabajo capaz de ampliar el ámbito de lo posible.

Todo es geografía y como decía Doreen Massey, la geografía importa porque en primer lugar

está la relación entre lo social y lo espacial: entre la sociedad y los procesos sociales, por un lado, y entre el hecho y la forma de la organización espacial de ambos, por otro lado.1

La visión amplia de la geografía es en definitiva una herramienta de relación entre lo físico y lo virtual, lo real y los datos, lo específico y lo grupal.

De las estructuras cívicas en red

Esta capacidad de análisis estratégica de la que parece haberse dotado la arquitectura está directamente apuntando al hecho de que la ciudad tiene un modelo de comportamiento complejo basado en las estructuras cívicas, físicas y simbólicas de la misma. Esta idea de red cívica o malla cívica interconectada es la base de una sociedad más justa, más acorde con la identidad líquida del ciudadano y en definitiva, viene a conformarse como una especie de tejido más o menos tupido que envuelve la ciudad. Esta red cívica no solamente vive de la proyección, habitualmente errónea cuando se realiza a 5 años vista de las necesidades de una sociedad cambiante en forma de equipamiento, sino que también, y sobre todo, la configura la realidad física en forma de calle, plaza o edificio que a fin de cuentas va a transferir al ciudadano una atmósfera determinada.

En realidad eso quiere decir que el proyecto urbano ya no se sustenta en los deseos de una clase política determinada a sueldo de la democracia mercantil, sino que provee de herramientas a la ciudad, como si de un ente con vida y consciencia propia se tratara, para desarrollar un crecimiento más dialogante y justo con la ciudadanía. En definitiva, un desarrollo estructurado por la empatía.

Ampliar la visión estratégica de la idea de paisaje

Esta misma empatía con el ciudadano la debemos adquirir también con el paisaje. Para ello hace falta ampliar la visión estratégica que tenemos del concepto de paisaje. El paisaje ya no es el fondo verde, ya no es escenografía de lo urbano. El paisaje y la ciudad, el paisaje y la arquitectura se funden en una sola amalgama proyectual. Eso quiere decir que tanto la ciudad como la arquitectura deberían comportarse de forma abierta, con lógicas de adaptabilidad, asumiendo plenamente el vector tiempo en su desarrollo. Darwin ya lo demostró. No sobrevive el más fuerte, sobrevive el más adaptable. Para hacer sobrevivir la arquitectura y el urbanismo, estos tendrían que asumir estrategias de adaptabilidad, de reacción al entorno y en definitiva, moldearse a partir del comportamiento de la naturaleza.

La naturaleza, así en abstracto, nos enseña que no deja pasar ninguna oportunidad para ser productiva, lo que es subproducto metabólico de una especie, es a su vez producto de primera necesidad de otra. De esta forma, la esencia de lo natural consiste en metabolizar y aprovechar en una cadena infinita el ciclo de la vida. Pensemos por un instante en una ciudad que no genera productos de rechazo. Sería una ciudad capaz de autoconstruir una cadena trófica donde la interdependencia es la ley general y el equilibrio dinámico es constante. Por tanto nada es subproducto, nada es banal. Todo tiene un valor en la multitud de procesos de lo urbano.

Renaturalizar como meeting point

Renaturalizar significa adoptar comportamientos complejos teniendo como espejo la naturaleza. Significa conocer sus procesos y aplicarlos en el entorno urbano. Significa entender, comprender y asumir el conjunto de teorías que describen el comportamiento de lo natural. Renaturalizar es incorporar la disciplina de la arquitectura, en el sentido amplio de la palabra, a las ciencias de la complejidad, ese conjunto de estudios avanzados que plantean un ámbito de conocimiento basado en el comportamiento. Es promover la alianza entre lo urbano, como expresión específica de lo natural, y lo natural, como expresión especifica de lo humano. En este triangulo, cuyos vértices son lo natural, lo urbano y lo humano, nada es caprichoso, nada es producto de rechazo. Todo se enmarca en una especie de círculo virtuoso donde la banalidad no tiene cabida.

Renaturalizar es mapificar y balizar este nuevo territorio disciplinar que surge del encuentro de las partes para constituir un todo. Es enlazar y provocar la interacción entre espacios reverberantes. Entre el espacio natural, el espacio urbano y el espacio humano.

Hacia un nuevo simbolismo, una nueva emotividad

Sin duda el factor determinante de la idea de renaturalizar es la capacidad de provocar la emergencia de una nueva concepción del espacio sensible. A partir de esa nueva realidad, más compleja, más intrincada, más rica, pero también más contradictoria, más mestiza, casi diría que más bastarda, la dimensión del observador, del individuo en tanto que usuario y ciudadano, cambia radicalmente. De forma expeditiva, podría llegar a decirse que lo puro, como categoría estética, se vuelve banal, lo ideal,  desde una perspectiva espiritual, se transforma en algo ridículo. Todo es materia, de forma que el antiguo concepto de lo espiritual, también es, en tanto que directamente relacionado con lo natural, pura materia. Pero también valdría decirlo al revés. Todo es espíritu, todo es sensible y por tanto simbólico. Todo es emotividad. La fusión, de hecho, la gran fusión contemporánea del pensamiento, consiste en la unicidad de materia y espíritu, asumiendo en lo material una dimensión sensible y reconociendo en lo espiritual una estructura material.

Si esta intuición fuera cierta, el planteo de una nueva estética íntimamente relacionada con lo simbólico y lo emotivo suena a condición necesaria. En el preciso instante en que el ámbito de lo estético no proviene únicamente de la reflexión filosófica, y trasciende esta, para proveerse de contenido también en la acción, el dualismo pensar y hacer trastoca las bases de la estética filosófica, especialmente la Hegeliana, y hunde sus raíces en la ética.

Construir nuevas herramientas proyectuales

Armarse para resistir la banalidad es desarrollar nuevas herramientas proyectuales para la arquitectura y promover un punto de encuentro donde fundir disciplinarmente el urbanismo, la arquitectura y el paisaje. Significa interconectar la esencia de nuestro utillaje proyectual y entender que el proyecto urbano se desarrolla de forma interescalar, donde las fronteras de las decisiones se desvanecen y transitan con fluidez, entre las escalas geográficas, urbanas y humanas, construyendo constelaciones de decisiones relacionadas. Las herramientas para resistir la banalidad son exigentes técnicamente, intelectualmente y emocionalmente. El objeto último del hecho proyectual, el individuo socialmente responsable, se sitúa en el centro. El contrato tácito de la arquitectura es no defraudar con autoreferencias ni intereses personales al conjunto de individuos que se organizan a partir de la condición urbana.

En definitiva, el fin de la banalidad debería conllevar un replanteo profundo de muchas prácticas que han demostrado con creces su alto nivel de obsolescencia, o dicho en positivo, el advenimiento de una nueva era en la arquitectura, obliga a una reconceptualización pausada y rigurosa no tan solo de los puntos cardinales sobre los que se asienta la disciplina, sino también de sus escalas, sus referencias y sus herramientas.

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, septiembre 2013

Notas:

1 MASSEY, Doreen, Un Sentido Global del Lugar, Ed. Icaria, Barcelona, 2012

Es cofundador en ARCHIKUBIK y también en @kubik – espacio multidisciplinario. Obtuvo un Ph.D. con honores (cum laude) en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya UIC y también fue galardonado con el premio especial Ph.D (UIC 2012), M.arch en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya, y se graduó como arquitecto en ETSAB Universitat Politècnica de Catalunya . Miquel es profesor asociado en ESARQ desde 1996. Anteriormente, fue profesor en Elisava y Escola LAI, y también en programas de postgrado en ETSAB y La Salle. Fue arquitecto en la oficina de Manuel Brullet desde 1989 desde 1995.

 

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