IniciofaroLa funcionalidad, la comodidad, la moda y el lenguaje de los arquitectos...

La funcionalidad, la comodidad, la moda y el lenguaje de los arquitectos | Antón CapitelA funcionalidade, a comodidade, a moda e a linguaxe dos arquitectos | Antón CapitelThe functionality, the comfort, the mode and the language of the architects | Antón Capitel

El manantial, de King Vidor (EE.UU, 1949)

¿Funcionalidad es lo mismo que comodidad? No señor, pueden perfectamente ser opuestos. En la etapa que vivimos se lleva la comodidad, y no tanto la funcionalidad, y así se sacrifica con frecuencia ésta a la otra, con malos resultados globales.

Un ejemplo expresivo es como, en muchos edificios, una de las puertas de un cortavientos, concebida para estar siempre cerrada, se bloquea por parte de los usuarios para que permanezca abierta y, así, pasar con comodidad; es decir, sin tener que abrirla, aún a pesar de que estas puertas se construyen para que sean de fácil apertura y se cierren solas. Con ello, el efecto de cortavientos desaparece y, así, la funcionalidad del pensado mecanismo se deshace. Pero no importa, pues la comodidad triunfa en esta época, sucesora de la moderna, que era funcional.

Puede verse el ejemplo en nuestra propia Escuela, donde el vestíbulo inmediato a la puerta principal, antes del grande, hace las veces de cortavientos de éste, con varias puertas de vaivén que funcionan perfectamente. Las de los dos extremos están normalmente bloqueadas para que permanezcan abiertas. Yo las cierro cuando paso, pero al rato, o al día siguiente –cuando yo las vuelvo a ver- están igual. En realidad, han sido ya tan forzadas que se quedan abiertas.

La sublimación de la comodidad y de la falta de funcionalidad son las puertas eléctricas que se abren ante la presencia de alguien, y que son una gran perversión arquitectónica y climática. Lo son porque quitan el efecto cortavientos, a no ser que lo sustituyan por una cortina de aire acondicionado. Es decir, gastan energía, a base de despreciar la mecánica al alcance de todo humano. Además funcionan fatal, porque si estás algo cerca se abren sin venir a cuento. Cuando uno espera en un aeropuerto, puede entretenerse paseando y viendo como la estúpida puerta se abre una y otra vez a tu paso, no muy cercano. Estas puertas deberían de prohibirse por ser tan idiotas como antiecológicas.

Pero vayamos a la moda. Hoy está de moda vestir mal, en aras de la comodidad, y para presumir de moderno y de no convencional, aunque uno sea más conservador y autoritario que la Aguirre, pues se lleva mucho el disfraz.

Como yo voy vestido –en invierno- más o menos de señor de los años 40 o 50, y como casi nadie va a así, me he preguntado porqué lo hago, y he analizado mi forma de vestir, pues no ha sido muy consciente, sino fruto del uso. En primer lugar está la americana, prenda elegante y cómoda, que se quita y cuelga con facilidad, y que se abrocha y desabrocha con botones, esto es que permite, controlar los matices de lo que te abrigas con mucha facilidad. Tiene, al menos, dos bolsillos grandes exteriores y otros dos interiores, en los que cabe el contenido de un bolso de señora de tamaño medio. Cierto es que muchísimos llevan americana, pero otros muchos no la llevan. ¿Qué hacen con las cosas? ¿Las llevan todas en el pantalón? Bien es cierto también que bastantes portan mochila, artefacto que ha emigrado del deporte a la vida ciudadana; pero, ¡vaya latazo!

Luego está la corbata o el pañuelo, que, alternativamente, llevo en invierno, para proteger la garganta y dar adecuado remate a la camisa que, sin uno de ellos, no lo tiene. Si no, tendrías que llevar camisa de cura, como hacen algunos orientales, o ir descamisado, cosa que sólo queda bien durante el clima benigno. Algunos llevan el botón superior de la camisa abrochado, lo que no quita el frío, pero trasmite una dignidad algo anticuada y rural. La corbata la llevo cuando me conviene, pero porque es una bufanda ligera, y como es funcional aunque algo incómoda, la sustituyo cuando me conviene por el pañuelo, una prenda masculina que casi se ha perdido, y que se puede quitar y guardar, o dejar colgando, con facilidad extrema. Observo que muchos llevan bajo la americana un jersey de cuello más o menos alto, en vez de corbata o pañuelo, pero eso supone que en los interiores has de quitarte la chaqueta o pasar calor, al menos yo, que no soy friolero. La corbata o el pañuelo permiten que no exista la bufanda, o que ésta se use sólo en casos extremos. Si no se llevan, la bufanda ha de usarse siempre si hace frío, aunque no haga mucho, y de ahí esas ostentosas bufandas, anudadas por fuera del abrigo, cosa que se ha convertido en una cuestión estilística, sustitutiva de la bufanda colgada o metida dentro del abrigo.

Luego está el abrigo. Tengo 4 o 5 piezas de abrigo distintas, pero, cuando hace verdadero frío –y como, por funcionalidad y por comodidad no llevo jersey- he decidido llevar uno de paño azul, el que tiene la imagen más convencional, pero porque es el que más abriga al ser de lana, y porque tiene botones, en vez de cremallera, artefactos muy funcionales pero muy incómodos con los que siempre mantengo encendidas peleas. La funcionalidad se deshace si la incomodidad es extrema.

Por último está el sombrero, flexible y de alas, que tantísimo se utilizaba antes, como vemos en las películas y conservamos en el recuerdo, y que ahora apenas se usa. A mí me encanta, y lo uso constantemente en invierno y cuando llueve. Para los que somos calvos es imprescindible en invierno, y en la lluvia es lo mejor. Mucho mejor que un paraguas y mejor que cualquier otro gorro, pues el ala completa te protege con extraordinaria eficacia.

Así, pues, voy en invierno disfrazado de señor de los años 40 o 50, pues he descubierto (sin darme mucha cuenta) que es lo más funcional y bastante cómodo. Es decir, parezco disfrazado porque casi nadie va así, pero, en realidad, no lo estoy. Los que van disfrazados son los demás. Van disfrazados de proletarios y de trabajadores manuales, de jóvenes, de excursionistas en el campo, de viajeros de domingo, de deportistas, de militares y policías en traje de faena,… Siguen una excesiva comodidad, poco funcional, pretexto que usan para buscar una imagen que les parece moderna y poco convencional, y que proclama sin embargo su cierta perplejidad. No van tan ridículos como los pobres ejecutivos que han de ir en el tórrido verano con chaqueta y corbata, pero están peligrosamente cerca de ellos, pues son igualmente esclavos de su propia imagen. Esto es, obedecen igualmente, sin demasiadas ventajas, a una cuestión de estilo. (Además, se pierden el buen trato que funcionarios y otros personajes suelen dar a quien va vestido de “señor”, por si acaso.)

Resulta, en fin, muy curiosa la moda de esta época, en la que casi todo el mundo va mal vestido precisamente por prejuicios estilísticos y sin conseguir con ello otra cosa que una imagen generalmente algo torpe, engañosa e ineficaz. Aunque hay muchas excepciones, desde luego, y desde distintos puntos de vista.

¿Será el espíritu de la época? Esta cosa rara, sin duda debe existir,…

Pero vamos ahora a otra cuestión, esta vez de lenguaje escrito. Siguiendo, naturalmente, la escritura inglesa –aunque esto sea propio de cualquier lengua- muchísima gente evita poner el signo de admiración al principio, incluso el de interrogación, como si esto fuera de una gran comodidad. Que es contrario a lo funcional resulta evidente. El castellano es el único idioma del mundo que pone dos signos de admiración y de interrogación, al principio y al final, y esto avisa del sentido de la frase desde el principio, acotándola además convenientemente, y evitando los equívocos y los retrasos de información que se producen en las demás lenguas. Quitar el del principio, como está ahora de moda, no da comodidad y quita funcionalidad. Eso sí, hace moderno. Pero no es elegante desde luego. No hay cosa más hortera que imitar a ingleses y a yanquis.

Cuadernos Summa-Nueva Visión

Sigamos, ahora con los errores de bulto en el lenguaje. “Concretizar”, se oye decir a veces. Casi todo el mundo sabe que este verbo no existe y que el único que vale es algo más corto, concretar. Creer que es más fino, o más expresivo, alargar las palabras, es una superstición, y casi siempre acaba en un error.

Entre los arquitectos se oye a veces “complejizar”, que también es errónea, además de muy fea, y que ha de sustituirse por “complicar”, si se quiere, o por “hacer más complejo”, si se empeña uno en emplear esta última forma. En castellano, si se quieren alargar las cosas para ser más retórico, generalmente se ha de aumentar la frase, no la palabra.

Pero esto merece mayor comentario, pues la palabras “complejidad” y “complejo” están mitificadas por los arquitectos, quizá desde que aquellos famosos cuadernos argentinos de Summa-Nueva Visión dedicaron uno a la complejidad y, desde luego, desde el libro de Venturi. Es decir, desde que la simplicidad racionalista dejó de ser un mito para ser sustituida por su contrario.

Sin embargo, y se crea lo que se crea, complicado y complejo son sinónimos. A parir del siglo XVI, algunos escritores culteranos duplicaron las palabras, generalmente basadas en los participios, inventando así “complejo”, directamente sacado del latín, para duplicar con un cultismo el castellano “complicado”, evolucionado desde la lengua latina. Hay muchos otros, como abstraído y abstracto, estrecho y estricto, etc.

Lo cierto es que complicado y complejo tienen su primera acepción como sinónima, aunque tengan también otras que les son específicas. El diccionario de la academia lo aclara así, y da como sinónimos también a las palabras “complicación” y “complejidad”, a las que define como “Dificultad o enredo procedentes de la concurrencia y encuentro de cosas diversas”.

Complicado se define como “de difícil comprensión” o “compuesto de gran número de piezas”. Complejo como “que se compone de elementos diversos”, “complicado” y “conjunto o unión de dos o más cosas”. Como bien se ve, muy parecidos, prácticamente iguales. Las diferencias son de matiz, que casi nunca se atiende; y son también, como siempre, una cuestión de estilo. La verdadera diferencia es que lo complicado es más dificultoso o intrincado y lo complejo es solamente compuesto.

Complejo tiene otras acepciones, y de ahí su uso diferenciado y no supersticioso. Tiene una acepción arquitectónica: complejo es un conjunto de edificios, por las buenas; y, más específicamente, industriales o fabriles y deportivos, o de lo que sea. Complejo es también un término psicológico o psicoanalítico, como es bien conocido.

Lo cierto es que complejo y complicado es lo mismo. Y me atrevería a decir que complicado resulta incluso casi siempre más adecuado para la arquitectura, que tiende a ser, en efecto, “de difícil comprensión” y “compuesta por gran número de piezas”. Y, también, que –como sabemos los proyectistas- es complicada en el sentido de difícil, no fácil de resolver, pues atiende a demasiados requisitos que no casan fácilmente entre sí. Sea como fuere, voy prefiriendo hablar más bien de complicado que de complejo al referirme a la arquitectura.

(Por cierto, decir “requerimientos” en vez de requisitos, que es la única palabra correcta, es otro error típico de los arquitectos. Es un anglicismo, que no se ha admitido en castellano, y que procede, creo yo, de la desafortunada traducción del libro “Complejidad y privacidad”, de Alexander y Chermaief. Al menos, en él está abundantemente. También ha de advertirse que “privacidad” es otro anglicismo, aunque éste se ha acabado admitiendo por el uso. Más correcto es decir “vida privada”. Ya lo decía Sáenz de Oíza al hablar del título de ese libro.)

Pero donde los arquitectos rizan el rizo es al emplear la palabra “tipología”. Dicen, sin pudor, cosas tales como: “éstas son las tipologías de las viviendas”, al enseñar, simplemente, las diversas plantas de las unidades de vivienda de un edificio. Cometen dos errores. El primero es que la terminación “logía” se refiere sin excepción a un estudio o tratado, o, acaso, y como mucho, a una clasificación. No se trata, pues, de tipologías, sino de una colección de unidades diversas. No hay estudio, ni tratado, ni siquiera clasificación.

El segundo error es que tampoco de trata de tipos, en cuanto esta palabra se refiere solo a algo genérico o esquemático, a un conjunto de características, más bien abstractas, de la que participan varios modelos o unidades distintas. Puede considerarse, para aclararnos, que tipo es, más o menos, sinónimo de clase, y que, así, nunca se refiere a individuos. Si se dice: estos son los tipos de las viviendas, para no ser un error se trataría de que nos estamos refiriendo a unas unidades que, aunque concretas, representan a otras que son distintas, pero que tienen las mismas características de disposición general. Si nos referimos sólo a unidades diversas hemos de decir: éstas son las diferentes viviendas del edificio.

Cuando, en cambio, un promotor enseña la vivienda “tipo” no se equivoca siempre, pues aunque muestra un modelo concreto muchas veces pretende con él representar a más viviendas que no son exactamente iguales. O, si no lo hace así, se equivoca igualmente.

Olvidemos, pues, las tipologías y los tipos, a no ser que, verdaderamente, nos estemos refiriendo a ellos. Oír estos errores en el mundo universitario resulta verdaderamente algo insólito.

Antón Capitel · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · mayo 2009

The Fountainhead, by King Vidor (EE.UU, 1949)

Is functionality the same thing that comfort? Not gentleman, they can be perfectly opposite. In the stage through that we live one takes the comfort, and not so much the functionality, and this way this one sacrifices itself often to other one, with proved global villains.

An expressive example is like, in many buildings, one of the doors of a cortavientos, concebida to be always closed, is blocked on the part of the users in order that it remains opened and, this way, to happen with comfort; it is to say, without having to open her, still in spite of the fact that these doors are constructed in order that they are of easy opening and are closed alone. With it, the effect of wind-shields disappears and, this way, the functionality of the well-considered mechanism falls apart. But there does not matter, since the comfort triumphs in this epoch, succesor of the modern one, who was functional.

It can the example turns in our own School, where the immediate foyer to the principal door, before the big one, does the times of wind-shields of this one, with several doors of sway that work perfectly. Those of both ends are normally blocked in order that they remain opened. I close them when I happen, but to the moment, or the following day – when I turn them to seeing – they are equal. Actually, they have been already so forced that they remain opened.

The sublimation of the comfort and of the lack of functionality they are the electrical doors that are opened before the presence of someone, and that are a great architectural and climatic perversion. It wind-shields are because they remove the effect, unless they replace it with a curtain of air conditioning. That is to say, they spend energy, based on despising the mechanics within reach of every human being. In addition they work fatally, because if you are a little nearby they are opened without coming to story. When one waits in an airport, it can amuse walking and seeing as the stupid door it is opened again and again for your step, not very nearby. These doors have to of be prohibiting for being so idiotic as antiecological.

But let’s go to the mode. Today it is fashionable to dress bad, in altars of the comfort, and to presume of modern and of not conventional, though one is more conservative and authoritarian than the Aguirre, since one takes very much the disguise.

Since I am dressed – in winter – more or less in master of the 40s or 50s, and since almost nobody goes to this way, I have wondered porqué do it, and have analyzed my way of dressing, since it has not been very conscious, but a fruit of the use. First there is the American, elegant and comfortable article, which removes itself and hangs with facility, and that it buttons and unbuttons with buttons, this is that it allows, to control the shades of what you wrap up yourself with many facility. It has, at least, two big exterior pockets and other two interiors, in which it fits the content of a lady’s purse of average size. Certain it is that great they take American, but great others do not take her. What do they do with the things? Do they take all in the trousers? Well it is true also that enough carry rucksack, appliance that has emigrated from the sport to the civil life; but, nuisance goes!

Then there is the tie or the handkerchief, which, alternative, I take in winter, to protect the throat and to give suitable auction to the shirt that, without one of them, does not have it. If not, you would have to take priest’s shirt, since they make some oriental, or be stripped the shirt off, thing that only stays well during the benign climate. Some of them take the top button of the shirt buttoned, which does not remove the cold, but trasmite a slightly antiquated and rural dignity. I take the tie when it is convenient for me, but because it is a light scarf, and since it is functional though slightly inconvinient, I replace it when there is convenient for me for the handkerchief, a masculine article that almost has got lost, and that it is possible to take and guard from him, or stop hanging, with extreme facility. I observe that many take under the American a jersey of more or less high neck, instead of tie or handkerchief, but he supposes it that in the interiors you have to take the jacket from you or to spend heat, at least I, that I am not sensitive to cold. The tie or the handkerchief allow that the scarf should not exist, or that this one uses only in extreme cases. If they do not remove, the scarf has to be used always if it is cold, though it does not do very much, and of there these ostentatious scarves, knotted externally of the coat, thing that has turned into a stylistic, substitute question of the scarf hung or put inside the coat.

Then the coat is. I have 4 or 5 different pieces from coat, but, when it does real cold – and as, for functionality and for comfort I do not take jersey – have decided to take one of blue cloth, which has the most conventional image, but because it is the one that more shelters the being of wool, and because it has buttons, instead of zipper, very functional but very inconvinient appliances with which always I support ignited you fight. The functionality falls apart if the inconvenience is extreme.

Finally the hat, flex is and of wings, which tantísimo one was using before, since we see in the movies and preserve in the recollection, and which now scarcely are used. I am charmed with it, and I use it constant in winter and when it rains. For that we are bald it is indispensable in winter, and in the rain it is the better thing. Much better than an umbrella and better than any other cap, since the wing completes it protects you with extraordinary efficiency.

This way, so, I go in winter disguised as gentleman as the 40s or 50s, since I have discovered (account gave me great) that is the most functional and comfortable enough thing. That is to say, I seem to be disguised because almost nobody goes this way, but, actually, I it am not. Those who are disguised are the others. They are disguised of proletarians and of manual workers, of young women, of trippers in the field, of Sundays travelers, of sportsmen, of military men and policemen in suit of task, … They Follow an excessive comfort, slightly functionally, I plead that they use to look for an image that seems to them to be modern and slightly conventional, and that proclaims nevertheless his certain perplexity. They do not go so ridiculous as the executive poor that have to go in the torrid summer with jacket and tie, but they are dangerously near them, since they are equally slaves of his own image. This is, they obey equally, without too many advantages, a question of style. (In addition, they lose the good treatment that civil servants and other prominent figures are in the habit of giving the one who is dressed in «gentleman», just in case.)

There turns out to be, in end, very curious the mode of this epoch, in which almost the whole world is dressed badly precisely by stylistic prejudices and without another thing obtains with it that a generally slightly awkward, deceitful and ineffective image. Though there are many exceptions, certainly, and from different points of view.

Will it be the spirit of the epoch? This rare thing, undoubtedly it must exist, …

But we go now to another question, this time of written language. Following, naturally, the English writing – though this should be own of any language – great people avoid the sign of admiration puts initially, even that of interrogation, as if this out of a great comfort. That performs opposite to the functional thing it turns out evident. The Castilian is the only language of the world that puts two signs of admiration and of interrogation, initially and ultimately, and this warns of the sense of the phrase from the beginning, annotating it in addition suitably, and avoiding the puns and the delays of information that take place in other languages. To remove that of the beginning, since it is now fashionable, gives comfort and removes functionality. It yes, it does modern. But it is not elegant certainly. There is no thing any more bowl that to imitate english men and Yankees.

Cuadernos Summa-Nueva Visión

Let’s continue, now with the mistakes of bundle in the language. «Concretizar», one hears saying sometimes. Almost the whole world knows that this verb does not exist and that the only one that costs is something more short, to make concrete. To believe that it is thinner, or more expressive, to lengthen the words, it is a superstition, and almost always it finishes in a mistake.

Between the architects it is heard sometimes «complejizar», that also it is erroneous, besides very ugly, and that has to be replaced for «complicating», if it is wanted, or for «doing more complex», if one pledges in using the latter form. In Castilian, if they want to lengthen the things to be more rhetorical, generally the phrase has to increase, not the word.

But this deserves major comment, so the palabras «complexity» and «complex» are mitificadas for the architects, probably since those famous Argentine notebooks of Summa-Nueva Visión dedicated one to the complexity and, certainly, from Venturi’s book. That is to say, since the racionalist simplicity stopped being a myth to be replaced with his opposite.

Nevertheless, and there is created what is created, complicated and complex sound synonymous. To giving birth of the 16th century, some writers culteranos duplicated the words, generally based on the participles, inventing this way «complex» directly extracted of the Latin, to duplicate with a cultismo the «complicated» Spanish evolved from the Latin language. There are different many, since absent-mindedly and abstract, narrowly and strictly, etc.

The certain thing is that complicated and complex they have his first meaning as synonymous, though they have also others that they are specific. The dictionary of the academy clarifies it this way, and gives like synonymous also to the words «complication» and «complexity», which there defines as «Difficulty or snarl proceeding from the concurrence and meeting of diverse things «.

Complicated it is defined like «of difficult comprehension» or «compound of great number of pieces». Complex like «that consists of diverse elements», «complicated» and «set or union of two or more things «. Good is seen, very similar, practically equal. The differences are of shade, which almost is never attended; and they are also, like always, a question of style. The real difference is that the complicated thing is more difficult or dense and the complex thing is only compound.

Complex has other meanings, and of there his differentiated and not superstitious use. It has an architectural meaning: complex is a set of buildings, for the good ones; and, more specifically, industrial or industrial and sports, or of what is. Complex is also a psychological or psychoanalytic term, since it is well-known.

The certain thing is that complex and complicated it is the same thing. And I would dare to say that complicated he turns out to be even almost always more adapted for the architecture, which tends to be, in effect, » of difficult comprehension » and » composed by great number of pieces «. And, also, that – since we know the designers – is complicated in the sense of difficultly, not easily to resolve, since he attends to too many requirements that they do not marry easily between yes. Be since it will be, I go prefiriendo to speak rather of complicated that of complex on having referred to the architecture.

(Certainly, to say «requirements» instead of requirements, which it is the only correct word, is another standard error of the architects. It is an anglicism, which has not been admitted into Castilian, and that proceeds, I believe, of the unfortunate translation of the book » Complexity and privacy «, of Alexander and Chermaief. At least, in him it is abundant. Also one has to warn that «privacy» is another anglicism, though this one has been ended admitting for the use. More correct it is to say » private life «. Already Sáenz de Oíza was saying it on having spoken about the title of this book.)

But where the architects curl the curl it is on having used the word «typology». They say, without modesty, such things as: «these are the tipologías of the housings», on having taught, simply, the diverse plants of the units of housing of a building. They commit two mistakes. The first one is that the completion «logia» refers without exception to a study or agreement, or, perhaps, and as much, to a classification. It is not a question, so, of tipologías, but of a collection of diverse units. There is neither study, nor agreement, nor even classification.

The second mistake is that of it does not treat of types either, in all that this word it refers only to something generic or schematic, to a set of characteristics, rather abstract, of that they inform several models or different units. It can think, to catch on, that type is, more or less, synonymous of class, and that, this way, it never refers to individuals. If it is said: these are the types of the housings, not to be a mistake one would treat of that we us are refiriendo to a few units that, though you make concrete, represent others that are different, but that they have the same characteristics of general disposition. If we refer only to diverse units we have to say: these are the different housings of the building.

When, on the other hand, a promoter teaches the housing «type» he is not wrong always, so though he proves to be a concrete model often he claims with him to represent to more housings that are not exactly equal. Or, if it does not make it like that, he is wrong equally.

Let’s forget, so, the tipologías and the types, unless, really, we us are refiriendo to them. To hear these mistakes in the university world turns out to be really slightly unusual.

Antón Capitel · Doctor architect · professor in ETSAM

Madrid · may 2009

El manancial, de King Vidor (EE.UU, 1949)

¿Funcionalidade é o mesmo que comodidade? Non señor, poden perfectamente ser opostos. Na etapa que vivimos lévase a comodidade, e non tanto a funcionalidade, e así sacrifícase con frecuencia esta á outra, con malos resultados globais.

Un exemplo expresivo é como, en moitos edificios, unha das portas dun cortaventos, concibida para estar sempre pechada, se bloquea por parte dos usuarios para que permaneza aberta e, así, pasar con comodidade; é dicir, sen ter que abrila, aínda a pesar de que estas portas se constrúen para que sexan de doada apertura e se pechen soas. Con iso, o efecto de cortaventos desaparece e, así, a funcionalidade do pensado mecanismo desfaise. Pero non importa, pois a comodidade triunfa nesta época, sucesora da moderna, que era funcional.

Pode verse o exemplo na nosa propia Escola, onde o vestíbulo inmediato á porta principal, antes do grande, hai as veces de cortaventos deste, con varias portas de vaivén que funcionan perfectamente. As dos dous extremos están normalmente bloqueadas para que permanezan abertas. Eu péchoas cando paso, pero ao anaco, ou ao día seguinte -cando eu as volvo ver- están igual. En realidade, foron xa tan forzadas que quedan abertas.

A sublimación da comodidade e da falta de funcionalidade son as portas eléctricas que se abren ante a presenza de alguén, e que son unha gran perversión arquitectónica e climática. Sono porque quitan o efecto cortaventos, a non ser que o substitúan por unha cortina de aire acondicionado. É dicir, gastan enerxía, a base de desprezar a mecánica ao alcance de todo humano. Ademais funcionan fatal, porque se estás algo preto se abren sen vir a conto. Cando un espera nun aeroporto, pode entreterse paseando e vendo como a estúpida porta ábrese unha e outra vez ao teu paso, non moi próximo. Estas portas deberían de prohibirse por ser tan idiotas como antiecolóxicas.

Pero vaiamos á moda. Hoxe está de moda vestir mal, en prol da comodidade, e para presumir de moderno e de non convencional, aínda que un sexa máis conservador e autoritario que a Aguirre, pois se leva moito o disfrace.

Como eu vou vestido -en inverno- máis ou menos de señor dos anos 40 ou 50, e como case ninguén vai a así, pregunteime porqué fágoo, e analicei a miña forma de vestir, pois non foi moi consciente, senón froito do uso. En primeiro lugar está a americana, peza elegante e cómoda, que se quita e colga con facilidade, e que se abrocha e desabrocha con botóns, isto é que permite, controlar os matices do que te abrigas con moita facilidade. Ten, polo menos, dous petos grandes exteriores e outros dous interiores, nos que cabe o contido dun bolso de señora de tamaño medio. Certo é que moitos levan americana, pero outros moitos non a levan. ¿Que fan coas cousas? ¿Lévanas todas no pantalón? Ben é certo tamén que bastantes portan mochila, artefacto que emigrou do deporte á vida cidadá; pero, ¡vaia latazo!

Logo está a gravata ou o pano, que, alternativamente, levo en inverno, para protexer a garganta e dar axeitado remate á camisa que, sen un deles, non o ten. Se non, terías que levar camisa de cura, como fan algúns orientais, ou ir descamisado, cousa que só queda ben durante o clima benigno. Algúns levan o botón superior da camisa abrochado, o que non quita o frío, pero trasmite unha dignidade algo anticuada e rural. A gravata lévoa cando me convén, pero porque é unha bufanda lixeira, e como é funcional aínda que algo incómoda, substitúoa cando me convén polo pano, unha peza masculina que case se perdeu, e que se pode quitar e gardar, ou deixar colgando, con facilidade extrema. Observo que moitos levan baixo a americana un xersei de colo máis ou menos alto, en vez de gravata ou pano, pero iso supón que nos interiores has de quitar a chaqueta ou pasar calor, polo menos eu, que non son friorento. A gravata ou o pano permiten que non exista a bufanda, ou que esta se use só en casos extremos. Se non se levan, a bufanda ha de usarse sempre se vai frío, aínda que non faga moito, e de aí esas ostentosas bufandas, anoadas por fóra do abrigo, cousa que se converteu nunha cuestión estilística, substitutiva da bufanda colgada ou metida dentro do abrigo.

Logo está o abrigo. Teño 4 ou 5 pezas de abrigo distintas, pero, cando fai verdadeiro frío -e como, por funcionalidade e por comodidade non levo xersei- decidín levar un de pano azul, o que ten a imaxe máis convencional, pero porque é o que máis abriga o ser de la, e porque ten botóns, en vez de cremalleira, artefactos moi funcionais pero moi incómodos cos que sempre manteño acendidas pelexas. A funcionalidade desfaise se a incomodidade é extrema.

Por último está o sombreiro, flexible e de ás, que tanto se utilizaba antes, como vemos nas películas e conservamos no recordo, e que agora apenas se usa. A min encántame, e úsoo constantemente en inverno e cando chove. Para os que somos calvos é imprescindible en inverno, e na chuvia é o mellor. Moito mellor que un paraugas e mellor que calquera outro gorro, pois a á completa che protexe con extraordinaria eficacia.

Así, pois, vou en inverno disfrazado de señor dos anos 40 ou 50, pois descubrín (sen darme moita conta) que é o máis funcional e bastante cómodo. É dicir, parezo disfrazado porque case ninguén vai así, pero, en realidade, non o estou. Os que van disfrazados son os demais. Van disfrazados de proletarios e de traballadores manuais, de mozos, de excursionistas no campo, de viaxeiros de domingo, de deportistas, de militares e policías en traxe de faena,… Siguen unha excesiva comodidade, pouco funcional, pretexto que usan para buscar unha imaxe que lles parece moderna e pouco convencional, e que proclama non obstante a súa certa perplexidade. Non van tan ridículos como os pobres executivos que han de ir no tórrido verán con chaqueta e gravata, pero están perigosamente preto deles, pois son igualmente escravos da súa propia imaxe. Isto é, obedecen igualmente, sen demasiadas vantaxes, a unha cuestión de estilo. (Ademais, pérdense o bo trato que funcionarios e outros personaxes adoitan dar a quen vai vestido de «señor», por se acaso.)

Resulta, en fin, moi curiosa a moda desta época, na que case todo o mundo vai mal vestido precisamente por prexuízos estilísticos e sen conseguir con iso outra cousa que unha imaxe xeralmente algo torpe, enganosa e ineficaz. Aínda que hai moitas excepcións, dende logo, e dende distintos puntos de vista.

¿Será o espírito da época? Esta cousa rara, sen dúbida debe existir,…

Pero imos agora a outra cuestión, esta vez de linguaxe escrita. Seguindo, naturalmente, a escritura inglesa -aínda que isto sexa propio de calquera lingua- moita xente evita poñer o signo de admiración ao principio, mesmo o de consulta, coma se isto fose dunha gran comodidade. Que é contrario ao funcional resulta evidente. O castelán é o único idioma do mundo que pon dous signos de admiración e de consulta, ao principio e ao final, e isto avisa do sentido da frase dende o principio, acoutándoa ademais convenientemente, e evitando os equívocos e os atrasos de información que se producen nas demais linguas. Quitar o do principio, como está agora de moda, non dá comodidade e quita funcionalidade. Iso si, fai moderno. Pero non é elegante dende logo. Non hai cousa máis hortera que imitar a ingleses e a ianquis.

Cadernos Summa-Nueva Visión

Sigamos, agora cos erros de vulto na linguaxe. «Concretizar», óese dicir ás veces. Case todo o mundo sabe que este verbo non existe e que o único que vale é algo máis curto, concretar. Crer que é máis fino, ou máis expresivo, alongar as palabras, é unha superstición, e case sempre remata nun erro.

Entre os arquitectos óese ás veces «complejizar», que tamén é errónea, ademais de moi fea, e que ha de substituírse por «complicar», se se quere, ou por facer máis complexo», se se empeña un en empregar esta última forma. En castelán, se se queren alongar as cousas para ser máis retórico, xeralmente hase de aumentar a frase, non a palabra.

Pero isto merece maior comentario, pois a palabras «complexidade» e «complexo» están mitificadas polos arquitectos, quizais dende que aqueles famosos cadernos arxentinos de Summa-Nueva Visión dedicaron un á complexidade e, dende logo, dende o libro de Venturi. É dicir, dende que a simplicidade racionalista deixou de ser un mito para ser substituída polo seu contrario.

Non obstante, e créase o que se crea, complicado e complexo son sinónimos. A parir do século XVI, algúns escritores culteranos duplicaron as palabras, xeralmente baseadas nos participios, inventando así «complexo», directamente sacado do latín, para duplicar cun cultismo o castelán «complicado», evolucionado dende a lingua latina. Hai moitos outros, como abstraído e abstracto, estreito e estrito, etc.

O certo é que complicado e complexo teñen a súa primeira acepción como sinónima, aínda que teñan tamén outras que lles son específicas. O dicionario da academia aclárao así, e dá como sinónimos tamén ás palabras «complicación» e «complexidade», as que define como «Dificultade ou enredo procedentes da concorrencia e encontro de cousas diversas».

Complicado defínese como «de difícil comprensión» ou «composto de gran número de pezas». Complexo como «que se compón de elementos diversos», «complicado» e «conxunto ou unión de dous ou máis cousas». Como ben se ve, moi parecidos, practicamente iguais. As diferenzas son de matiz, que case nunca se atende; e son tamén, como sempre, unha cuestión de estilo. A verdadeira diferenza é que o complicado é máis dificultoso ou intricado e o complexo é soamente composto.

Complexo ten outras acepcións, e de aí o seu uso diferenciado e non supersticioso. Ten unha acepción arquitectónica: complexo é un conxunto de edificios, polas boas; e, máis especificamente, industriais ou fabrís e deportivos, ou do que sexa. Complexo é tamén un termo psicolóxico ou psicoanalítico, como é ben coñecido.

O certo é que complexo e complicado é o mesmo. E atreveríame a dicir que complicado resulta mesmo case sempre máis axeitado para a arquitectura, que tende a ser, en efecto, «de difícil comprensión» e «composta por gran número de pezas». E, tamén que -como sabemos os proxectistas- é complicada no sentido de difícil, non doado de resolver, pois atende a demasiados requisitos que non casan doadamente entre si. Sexa como for, vou preferindo falar máis ben de complicado que de complexo ao referirme á arquitectura.

(Por certo, dicir «requirimentos» en vez de requisitos, que é a única palabra correcta, é outro erro típico dos arquitectos. É un anglicismo, que non se admitiu en castelán, e que procede, creo eu, da desafortunada tradución do libro «Complexidade e privacidade», de Alexander e Chermaief. Polo menos, nel está abundantemente. Tamén ha de advertirse que «privacidade» é outro anglicismo, aínda que este se acabou admitindo polo uso. Máis correcto é dicir «vida privada». Xa o dicía Sáenz de Oíza ao falar do título dese libro.)

Pero onde os arquitectos rizan o rizo é ao empregar a palabra «tipoloxía». Din, sen pudor, cousas tales como: «estas son as tipoloxías das vivendas», ao ensinar, simplemente, as diversas plantas das unidades de vivenda dun edificio. Cometen dous erros. O primeiro é que a terminación «logía» se refire sen excepción a un estudo ou tratado, ou, acaso, e como moito, a unha clasificación. Non se trata, pois, de tipoloxías, senón dunha colección de unidades diversas. Non hai estudo, nin tratado, nin sequera clasificación.

O segundo erro é que tampouco de trata de tipos, en canto esta palabra se refire só a algo xenérico ou esquemático, a un conxunto de características, máis ben abstractas, da que participan varios modelos ou unidades distintas. Pode considerarse, para aclararnos, que tipo é, máis ou menos, sinónimo de clase, e que, así, nunca se refire a individuos. Se se di: estes son os tipos das vivendas, para non ser un erro trataríase de que nos estamos a referir a unhas unidades que, aínda que concretas, representan outras que son distintas, pero que teñen as mesmas características de disposición xeral. Se nos referimos só a unidades diversas habemos de dicir: estas son as diferentes vivendas do edificio.

Cando, en cambio, un promotor ensina a vivenda «tipo» non se equivoca sempre, pois aínda que mostra un modelo concreto moitas veces pretende con el representar a máis vivendas que non son exactamente iguais. O, se non o fai así, equivócase igualmente.

Esquezamos, pois, as tipoloxías e os tipos, a non ser que, verdadeiramente, nos esteamos a referir a eles. Oír estes erros no mundo universitario resulta verdadeiramente algo insólito.

Antón Capitel · Doutor arquitecto · catedrático en ETSAM

Madrid · maio 2009

Antón Capitel
Antón Capitelhttp://acapitel.blogspot.com.es/
Es arquitecto y catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, fue director de la revista Arquitectura (COAM) de 1981 a 1986 y de 2001 a 2009. Historiador, ensayista y crítico, ha publicado numerosos artículos en revistas españolas y extranjeras sobre arquitectura española e internacional. Entre sus libros destacan diferentes monografías sobre arquitectos.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

3 COMENTARIOS

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
3 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados
Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
11 years ago

Vestir bien
Andrés Martínez
Si vestir bien es tan importante, ¿cómo es que los arquitectos lo hacen
tan mal? O, más que mal, de forma tan previsible: lo cual —bien
pensado— tiene aún menos perdón, pues la elegancia lleva asociada, por
sí misma, algo de imprevisibilidad y sorpresa. Hace poco, cuando quedé
con un colega en Madrid a una reunión de trabajo en una cafetería, y
como no nos habíamos visto en persona, él dijo, en tono guasón, que nos
reconoceríamos porque “ambos iríamos vestidos de arquitectos”.
[…]
http://goo.gl/n59inf

Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
12 years ago

Sobre el abrigo · Miguel Ángel Díaz Camacho

En la actualidad los arquitectos abordamos
con asombrosa solvencia construcciones
poco frecuentes dentro de nuestra formación académica y disciplinar. En
concreto, emergen entre otras, interesantes propuestas en el campo de la indumentaria,
el diseño de moda, las técnicas de patronaje
e incluso la producción de estas otras envolventes para el cuerpo humano (1). La
filiación disciplinar parece evidente y de hecho, si se recurre al lenguaje, la
terminología asociada a la construcción de espacios y a la vestimenta presenta
en algunas lenguas el mismo origen común: “la palabra Wanda (muro) posee la misma raíz y el mismo significado básico que
Gewand (vestido), aludiendo directamente al antiguo origen y al tipo de
cerramiento espacial visible” (2). Interesa aquí sin embargo, no tanto el
abordaje del diseño del traje desde las herramientas propias de la arquitectura,
sino la consideración de ésta como parte de un conjunto de filtros y urdimbres
sucesivas entre el cuerpo y el afuera, una serie de permeabilidades sucesivas
íntimamente ligadas a nuestra identidad.

http://goo.gl/EMj5Zl

arquitectura_entrelineas

«Resulta, en fin, muy curiosa la moda de esta época, en la que casi todo
el mundo va mal vestido precisamente por prejuicios estilísticos y sin
conseguir con ello otra cosa que una imagen generalmente algo torpe,
engañosa e ineficaz» —> Esa afirmación me temo que ignora la sutil lógica simbólica que dinamiza las evoluciones en la moda (se trate de vestimenta, arquitectura,mobiliario o cualquier otra manofactura). La postura del autor es la propia de la modernidad franciscana que nunca hizo grandes esfuerzos por entender por qué el ciudadano se comporta como se comporta, y deduce perezosamente que la razón es simplemente su mediocridad cultural. No puedo estar de acuerdo. Le recomiendo los ensayos de Georg Simmel sobre la moda, y muy especialmente el paper en el que Cornelia Zumbusch trenza pensamientos de Simmel, Abi Warburg y Walter Benjamin para desmontar ese concepto moral que punifica las «tendencias» como meros fuegos de artificio opuestos a la virtud de «lo funcional».

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS