[:es]
De lo complejo. Ambigüedad, Diferencia, Tiempo
Hablar de lo complejo es inabarcable. Vendría a ser como rastrear el mítico mapa cartográfico a escala 1:1 al que Borges hacía referencia en el cuento Del Rigor de la Ciencia.1 La tarea, requeriría una descripción tan precisa, que el objeto descrito y la descripción misma coincidirían. Sin embargo sí que se puede intentar al menos, hablar de pautas de comportamiento de la complejidad, descifrar aspectos comunes a una forma de operar que podemos rastrear hoy día en casi todos los avatares de la vida. Y por supuesto también en la arquitectura.
Ese es el espíritu del texto que sigue, determinar los aspectos que surgen o mutan de naturaleza en la sociedad y conducen a la práctica arquitectónica hacia lógicas nuevas.
La ambigüedad
Mientras la primera modernidad iba en busca de una realidad uniforme, monolítica y lineal, la modernidad compleja2 se abre a una lectura fragmentada, abierta y no lineal de la realidad.
Se asume como propio de la realidad el hecho de que pueda tener diferentes interpretaciones y que estas convivan a la vez, incluso proviniendo del mismo sujeto que las emite.
No es que todo sea mentira, sino más bien que todo es multi-verdadero y por lo tanto más cercano a lo ambiguo que a lo concreto. También es indicativo que hoy día, la construcción de un espacio narrativo en la arquitectura, sea tan importante como la construcción del espacio físico propiamente arquitectónico. Y no es menos llamativo que la aparición del narrador, en teoría el propio arquitecto, asociado a la propia construcción del espacio narrativo, recoloca una voz individualizada en el centro del debate.
Esta transformación de las interpretaciones sobre lo real parece lógica si entendemos que mientras en la primera modernidad toda idea estaba al servicio de la sociedad en abstracto y se moldeaba cada concepto para que entrara en un gran relato unidireccional, en la modernidad compleja, cada idea tiene derecho a su existencia de forma genuina ya que constituye un eslabón en la construcción de la individualidad del sujeto, de su identidad, de su unicidad.
La realidad ya no se construye como un gran relato común, sino como la adición de miles de relatos, que de manera, a veces contradictoria, explican o tratan de explicar cada uno de ellos, el todo.
La verdad ligada al juicio moral de la modernidad, se transforma en algo instrumental a disposición del sujeto. La verdad ya no es un fin, es un medio. Se usa la verdad, se modela, se deforma, siempre y cuando sirva para la construcción del relato individual en relación directa con el todo. Esto es lo que legitima las ideas, su aportación en la construcción del relato individual sobre el todo.
Esta instrumentalización de la verdad conlleva la pérdida de autonomía de la institución arte3 en términos de Peter Bürger. Ésta es, en todo caso, la transformación más importante que ocurre en el seno de la primera modernidad en su tránsito hacia la modernidad compleja.
El arte, y a la zaga, la arquitectura, se pone al servicio de los individuos o grupo de individuos, se convierte en un medio que sirve a la construcción de la identidad individual o micro colectiva y por defecto sirve también a la construcción de una multi-identidad común, basada en la globalización de comportamientos (que no de relatos o identidades).
El arte se hace utilitario,4 se pone al servicio de, y por tanto su crítica y su ámbito de reflexión se vuelve social. El arte, al mutar en lo que podría llamarse sociología proyectiva, se transforma en reflexión política, abandonando la estética.5 De manera muy resumida, puede decirse que muere la estética a manos de los media, el soporte por excelencia de la reflexión social.
La diferencia
Contrariamente a la modernidad, el proyecto que surge a partir de los años 60 enfatiza la noción de diferencia, una vez desatado el individuo del corsé ideológico monolítico. La valorización del discurso del otro6 resitúa el compromiso ideológico en el fragmento, surgiendo una corriente de pensamiento que legitima las minorías políticas, las minorías raciales, las minorías sexuales, las minorías lingüísticas y las minorías sociales. Se asume que la parte no puede someterse al todo, y lo que antes era objeto de marginación, en tanto que discurso desviado sobre la ideología oficial, ahora es materia prima para la construcción de la identidad.
La diferencia no es en todo caso una fuerza que centrífuga la sociedad, ni la disemina, todo lo contrario, la diferencia requiere de una re-interpretación de la jerarquía porque la diferencia en si misma sigue constituyendo una parte fundamental de sistema, o como dice Frederic Jameson, un sistema que constitutivamente produce diferencias, sigue siendo un sistema.7
Podría decirse que la aparición de la diferencia como valor, como distinción, hace la sociedad más justa. Cada “ente diferente” dentro de la sociedad tiene el derecho a atesorar un capital cultural propio y a cultivar las expresiones estéticas que crea conveniente. Cada discurso se adapta a la minoría a la que sirve y construye las señas de identidad que diferencian y distinguen una minoría de otra. En arquitectura la recuperación que hace Venturi del kitsch norteamericano de clase media no es inocente. Venturi construye un discurso a la medida de un sector de la población que nunca se hubiera identificado con una expresión cultural tan elitista como la arquitectura, de no haber sido que en un momento dado, alguien supo poner en valor el shopping center, la hamburguesería y la redundancia entre el signo y su significado.
Esta convivencia entre diferencias legitimadas y expresiones culturales propias atomiza “el gusto”. Ya no hay un lugar compartido por todos donde fácilmente se accede al valor de cierta expresión cultural. Este lugar como imaginario colectivo, revienta en mil pedazos, tantos como grupos minoritarios con voz propia, y empieza a diseminar una cantidad ingente de símbolos e imágenes culturales cada vez más expresivas y espectaculares, si bien, destinadas a un consumo cada vez más rápido y por tanto provistas de un contenido cada vez más débil y digerible en poco tiempo.
El medio televisivo primero y las redes de comunicación instantánea después, el ordenador personal y el móvil como soporte e internet como vehículo de distribución instantáneo, van a favorecer la convivencia entre infinitas expresiones culturales de la diferencia en todos los campos del conocimiento, pero sobre todo en aquellos que permiten un consumo fácil y rápido. Las primeras distinciones entre la cultura de la élite y la cultura popular van a quedar literalmente barridas del mapa para convertirse en un engrudo donde cada uno puede encontrar su nicho cultural.
Navegar por tal cantidad de reclamos no es fácil. Aquí la complejidad vendrá definida por la capacidad de estructurar un criterio de geometría variable entre infinitas opciones a escoger, y desarrollar un relato coherente que tanto puede ir de un discurso muy sencillo y plano destinado a un consumo más masivo, hasta la sofisticación más perversa de una expresión cultural destinada a escasísimos individuos lo suficientemente cultivados y entrenados para ser capaces de degustar una exquisitez.
Antes, el camino para la excelencia estaba perfectamente delimitado y pre-programado, era simple y si bien no estaba exento de esfuerzo, se tenía siempre la seguridad que era el correcto.
La modernidad compleja contrariamente es un ejercicio constante de orientación entre infinitos caminos culturales, es más, la posible contradicción está totalmente asumida de manera que se puede construir un relato desde diferentes adscripciones minoritarias de tal forma que la recombinación de expresiones culturales de orígenes diversos, puede acabar creando una expresión genuinamente nueva.
Una imagen más propia de un “trencadis” cultural, que de una tradición academicista, una realidad más cercana al mestizaje, la mezcla y el copy and paste, que de la pureza, la integridad y lo predeterminado.
El tiempo
El vector tiempo es el dinamizador de una realidad anquilosada y culturalmente hermética heredada de la modernidad. Lo que ha venido a llamarse la postmodernidad, en sus primeros años de estupefacción, hace un salto cualitativo al hacer compatible el pasado y todas las expresiones culturales propias de la tradición, con el presente. Esta recombinación, esta convivencia ente pasado y presente, no deja de ser un burdo intento de “dar de comer” a las clases populares. Por un lado se asume la legitimidad de las clases medias para la construcción de un relato propio, como hemos visto antes. Por otro lado se asume también que el nivel cultural de estas clases medias no es lo suficientemente sofisticado como para digerir un relato demasiado complejo, intrincado y conceptualmente avanzado, por lo que el futuro queda descartado como espacio temporal desde el que modelar el discurso.
El pasado abocado sobre el presente deberá ser el tiempo sobre el que añadir algún valor al relato. De hecho las élites siempre remiten al pasado por que en realidad el pasado les pertenece. Ellas han construido el mundo tal como lo conocemos. La primera estrategia postmoderna es pues revalorizar el pasado sencillamente apropiándoselo. Bajo la excusa de que se pone en valor una memoria colectiva, de repente pasado y presente constituyen los límites del espacio temporal sobre el que construir las imágenes culturales de las clases medias. De esta manera se consigue materializar la narrativa de los recuerdos. La memoria colectiva da estabilidad a los individuos, los arraiga.
Esta concepción del pasado, aun pareciendo nostálgica o melancólica, no lo es del todo. Los activistas del pasado, reclaman que el eclecticismo del movimiento postmoderno es de una racionalidad que lo distingue y lo aleja del tradicionalismo, el pasado, cuya presencia reclamamos, no es una edad de oro a ser recuperada. No es la Grecia como infancia del mundo, de la cual hablaba Marx, atribuyéndole universalidad, permanencia y ejemplaridad en ciertos aspectos de la tradición europea. La presencia del pasado que puede contribuir a hacernos hijos de nuestro tiempo es, en nuestro campo, el pasado del mundo. Es el sistema global de experiencias conectadas y conectables por la sociedad.8
En todo caso el pasado queda así legitimado para ser libre y eclécticamente dispuesto para su consumo en el presente. La arquitectura llamada postmoderna, en realidad legitima el pasado solamente como producto de consumo en el presente, de manera que paradójicamente, cuanto más pasado, más presente.
De la mano del desarrollo tecnológico, especialmente de la socialización del ordenador de sobremesa primero y de las tecnologías de la información y del conocimiento después, la sociedad va a sufrir unas convulsiones que van a poner a los individuos en el disparadero de un tiempo futuro.
Lejos de toda emancipación, la tecnología poco a poco irá “esclavizando” a los individuos en una concepción de futuro destinada a ser consumida. Se produce una transición interesante entre un primer momento de la modernidad compleja donde se busca legitimar el pasado mediante el movimiento postmoderno, y una socialización tecnológica a principios de los años 90 que legitimará el futuro bajo el eslogan
“el futuro ya está aquí”
de tantos anuncios publicitarios que venden tecnología.
Un auténtico imaginario colectivo se va a construir a gran velocidad, de hecho la idea de velocidad en si misma vendrá a ser una de las protagonistas del espacio común social. Tecnológicamente sometidos, toda nuestra vida gira alrededor del último “update”, de la velocidad de conexión, de tener cobertura, de adquirir la última novedad en hardware y ser los primeros en hacer lo que antes era imposible, como llamar por teléfono sin cables, navegar por internet desde el móvil, hacer una partida on-line, etc.
La literatura sobre los cambios que la sociedad ha experimentado en estos últimos 30 años debido al salto tecnológico, es infinita.9 Sin embargo resumiendo mucho las consecuencias que ha tenido en la sociedad ese
“vivir anclados en el futuro”,
cabe decir que precisamente ese tiempo futuro está totalmente legitimado entre los individuos, es decir, la idea de futuro es objeto de interés, cuando no de adoración.
Por tanto el colapso del futuro sobre un presente hipertrofiado no vendrá de la mano de una expectativa intelectualizada, ni de una propuesta estética prefigurada, vendrá de la accesibilidad tecnológica, constituida por auténticos revulsivos sociales en forma de aparato capaz de satisfacer todas las opciones de relación social, ya sean estas de base profesional, afectiva o familiar. Esta socialización de la tecnología va a transformar no solamente los modelos de proyección hacia lo que antes solíamos llamar futuro, sino que simplemente transforma el futuro en una inmediatez. Y en esa misma estrategia, el futuro precipitado sobre un presente literalmente anabolizado, tendrá la forma de Smartphone de redes sociales y de novedad tecnológica continuada.
En la modernidad compleja el vector tiempo se define por un presente “hinchado”, hinchado de pasado e hinchado de futuro. La complejidad de nuestra época reside entre otras cosas en que el presente debe incorporar el pasado tal como veíamos en el movimiento postmoderno y debe ser capaz de incorporar el futuro, de la mano de la hipermodernidad.10
Paradójicamente ambas consideraciones sobre el pasado y el futuro hacen del presente una especie de tiempo reforzado. El alud de acontecimientos al que estamos sometidos diariamente, algunos provenientes del pasado y otros provenientes del futuro, acaban convirtiendo nuestra vida en una especie de presente continuo enormemente denso. No hay tiempo para pensar en el mañana porque ya estamos instalados en él, no hay tiempo que perder con el pasado porque éste, ya vive con nosotros.
En el tiempo condensado de la contemporaneidad no existe otra opción que el de intentar gestionar la complejidad, o dicho de otro modo la complejidad surge cuando “todo”, cualquier cosa, potencialmente puede ocurrir al mismo tiempo.
Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, julio 2012
Notas:
1 BORGES, Jorge Luís, El Hacedor, Debolsillo, Barcelona 2012. El texto de Borges es tan delicioso que no puedo dejar de escribirlo aquí:
«En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas».
2 Ver el post anterior De lo complejo. Consideraciones previas.
3 Es especialmente interesante BÜRGER, Peter, Teoría de la Vanguardia, Península, Madrid, 1987. En él, Peter Bürger establece una distinción entre modernidad y vanguardia. Mientras la vanguardia se caracteriza cuando la crítica no se extiende a otras corrientes estéticas pero se supera la institución arte, es decir la vanguardia no impugna una expresión artística precedente pero ataca el status del arte en la sociedad burguesa, la modernidad provoca una crítica estética y consolida la autonomía de la institución arte. Mientras la vanguardia pretende cambiar la posición del arte dentro de las relaciones de producción, la modernidad pretende tan sólo cambiar sus formas. En este sentido quizás sería más adecuado hablar de “vanguardia compleja”, que de modernidad compleja.
4 En este sentido a la modernidad compleja se le puede atribuir como apuntábamos un comportamiento de vanguardia, según Peter Bürger:
“los movimientos europeos de vanguardia se pueden definir como un ataque al status del arte en la sociedad burguesa. No impugnan una expresión artística precedente –un estilo-, sino la institución arte en su separación de la praxis vital de los hombres. Cuando los vanguardistas plantean la exigencia de que el arte vuelva a ser práctico, no quieren decir que el contenido de las obras sea socialmente significativo. La exigencia no se refiere al contenido de las obras; va dirigida contra el funcionamiento del arte en la sociedad, que decide tanto sobre el efecto de la obra como sobre su particular contenido”.
Op. Cit. BÜRGER p. 103.
5 Si el arte pierde su autonomía, es decir el hecho de que “el arte no sirva para nada”, y por tanto no pueda hacerse el arte por el arte, su ámbito de reflexión, de conceptualización, desaparece bajo el yugo de aquel ámbito al que sirve. La estética es indisociable a la autonomía del arte y de la institución arte.
6 Así es como sintéticamente valora Craig Owens el ascenso de los relatos de las minorías, especialmente las reivindicaciones feministas en su contribución. OWENS, Craig, “The discourse of the others: feminists and postmodernism”, The Anti-Aesthetic: essays on postmodern culture, Bay Press, Seattle, 1983, p. 62.
7 JAMESON, Frederic, “Marxism and Postmodernism”, New Left Review, núm. 176, julio-agosto 1989, p. 34.
8 PORTOGHESI, Paolo, After modern architecture, Rizzoli, Nueva York, 1982, p. 26.
9 No quiero dejar de mencionar aquí tres libros de referencia sobre el tema, el primero curiosamente es una novela que se convirtió en obra de culto para entender la cultura tecnológica que se avecinaba, DERY Mark, Escape Velocity: Cyberculture at the End of the Century, Grove Press, Nueva York, 1997, el segundo es del sociólogo Manuel Castells, voz indiscutible sobre los cambios que la era de la información están provocando en la economía, la sociedad y la cultura en CASTELLS, Manuel, La Era de la Información Vol.3, Fin de Milenio, Alianza Editorial, Barcelona, 1997 y el tercero es el compendio de editoriales de la revista en.red.ando publicados entre 1996 y 1997 por el periodista científico Luís Ángel Fernández Hermana, en FERNÁNDEZ HERMANA, Luís Ángel, En.red.ando, Ediciones B, Barcelona, 1998.
10 El término es del sociólogo francés Gilles Lypovetsky. Su pensamiento, especialmente agudo para tratar el paso de la modernidad a la postmodernidad, y de la postmodernidad a la hipermodernidad pueden encontrarse en LIPOVETSKY, Gilles, La Era del Vacío, Anagrama, Barcelona, 2003 y LIPOVETSKY, Gilles, Los Tiempos Hipermodernos, Anagrama, Barcelona, 2006.
[:en]
Of the complex thing. Ambiguity, Difference, Time.
Speaking about the complex thing is inabarcable. It would come to be like to trace the mythical cartographic map to scale 1:1 to that Borges was referring in the story Of The Rigor of the Science.1 The task, would need such a precise description, that the described object and the description itself would coincide. Nevertheless yes that can be tried at least, to speak about guidelines of behavior of the complexity, to decipher common aspects to a way of producing that we can rake today in almost all the vicissitudes of the life. And certainly also in the architecture.
This it is the spirit of the text that continues, to determine the aspects that arise or mutate of nature in the company and drive to the architectural practice towards new logics.
The Ambiguity.
While the first modernity was going in search of a uniform, monolithic and linear reality, the complex modernity2 is opened for a fragmented, opened and not linear reading of the reality.
It is assumed like own of the reality the fact that it could have different interpretations and that these coexist simultaneously, even coming from the same subject that issues them.
It is not that everything is a lie, but rather that everything is multi-real and therefore nearest to the ambiguous thing that to the concrete thing. Also it is indicative that today, the construction of a narrative space in the architecture, is so important as the construction of the physical properly architectural space. And it is not less showy than the appearance of the narrator, theoretically the own architect associated with the own construction of the narrative space, re-places a voice individualized in the center of the debate.
This transformation of the interpretations on the royal thing seems to be logical if we understand that while in the first modernity any idea was to the service of the company in abstract and every concept was molded in order that it was entering a great unidirectional statement, the complex modernity, every idea has right to his existence of genuine form since it constitutes a link in the construction of the individuality of the subject, of his identity, of his uniqueness.
The reality already is not constructed as a great common statement, but as the addition of thousands of statements, which of way, sometimes contradictory, explain or try to explain each of them, everything.
The truth tied to the moral judgment of the modernity, transforms in something instrumental at the disposal of the subject. The truth already is not an end, is a way. The truth is used, models itself, is deformed, as long as serve for the construction of the individual statement in direct relation with everything. This is what legitimizes the ideas, his contribution in the construction of the individual statement on everything.
This instrumentalización of the truth carries the loss of autonomy of the institution art3 in Peter Bürger’s terms. This one is, in any case, the most important transformation that happens in the bosom of the first modernity in his traffic towards the complex modernity.
The art, and to the rear, the architecture, it puts on the service of the individuals or group of individuals, turns into a way that serves to the collective construction of the individual identity or mike and for fault it serves also to the construction of a common multi-identity, based on the globalization of behaviors (that not of statements or identities).
The art becomes utilitarian,4 puts to the service of, and therefore his critique and his area of reflection becomes social. The art, on having mutated in what might be called a sociology proyectiva, transforms in political reflection, leaving the aesthetics.5 In a very summarized way, it can be said that the aesthetics die to hands of the media, the excellent support of the social reflection.
The difference.
Contrary to the modernity, the project that arises from the 60s emphasizes the difference notion, once untied the individual of the ideological monolithic corset. The valuation of the speech of other one6 re-places the ideological commitment in the fragment, arising a current of thought that legitimizes the political minorities, the racial minorities, the sexual minorities, the linguistic minorities and the social minorities. There is assumed that the part cannot surrender to everything, and what before was an object of marginalization, while speech turned aside on the official ideology, now is a raw material for the construction of the identity.
The difference is not in any case a force that centrifugal the company, it does not even spread, everything opposite, the difference needs of a reintepretation of the hierarchy because the difference in if same it continues constituting a fundamental part of system, or as says Frederic Jameson, a system that constitutivamente produces differences, continues being a system.7
It might be said that the appearance of the difference as value, as distinction, does the most just company. Every “different entity” inside the company has the right to hoard the cultural own capital and to cultivate the aesthetic expressions that he believes suitably. Every speech adapts to the minority to the one that serves and constructs the signs of identity that differentiate and distinguish a minority from other one. In architecture the recovery that does Venturi of the North American kitsch of middle class is not innocent. Venturi constructs a speech to the measure of a sector of the population who had never identified with a cultural expression so elitist as the architecture, of not having been that at any one time, anybody could put in value the shopping center, the hamburger shop and the redundancy between the sign and his meaning.
This conviviality between legitimized differences and cultural own expressions atomizes “the taste”. Already there is no a place shared by all where easily one accedes to the value of certain cultural expression. This place as imaginary group, it bursts in thousand pieces, so many people as minority groups with own voice, and starts spreading an enormous quantity of symbols and cultural images increasingly expressive and spectacular, though, destined to a consumption increasingly rapid and therefore provided with a content increasingly weak and digestible in a little time.
The first television way and the networks of instantaneous communication later, the personal computer and the mobile like support and Internet as instantaneous vehicle of distribution, are going to favor the conviviality between infinite cultural expressions of the difference in all the fields of the knowledge, but especially in those that allow an easy and rapid consumption. The first distinctions between the culture of the elite and the popular culture are going to remain literally swept of the map to turn into a paste where each one can find his cultural niche.
Sailing along such a quantity of claims is easy. Here the complexity will come defined by the aptitude to structure a criterion of variable geometry between infinite options to choosing, and to develop a coherent statement that so much can go of a very simple speech and plane destined for a more massive consumption, up to the most perverse sophistication of a cultural expression destined for the scantiest individuals it sufficiently cultivated and trained to be capable of tasting an exquisiteness.
Before, the way for the excellence was perfectly delimited and preprogrammed, was simple and though it was not exempt from effort, there was had always the safety that was the correct one.
The complex modernity by contrast is a constant exercise of orientation between infinite cultural ways, is more, the possible contradiction is totally assumed so that it is possible to construct a statement from different minority adscriptions in such a way that the recombination of cultural expressions of diverse origins, it can end up by creating a genuinely new expression.
A more own image of a cultural “trencadis”, which of a tradition academicista, a nearest reality to the miscegenation, the mixture and the copy and paste, that of the purity, the integrity and the predetermined thing.
The time.
The vector time is the revitalizing one of a paralyzed and culturally hermetic reality inherited from the modernity. What has come to be been called the postmodernity, in his first years of stupefaction, does a qualitative jump on having made compatible the past and all the cultural own expressions of the tradition, with the present. This recombination, this conviviality past and present entity, does not stop being a coarse attempt of “feeding” to the popular classes. On the one hand the legitimacy of the middle classes is assumed for the construction of an own statement, since we have seen before. On the other hand there is assumed also that the cultural standard of these middle classes is not the sufficiently sophisticated thing as to digest a too complex, dense and conceptual advanced statement, for what the future remains rejected as temporary space from which to shape the speech.
The past led on the present will have to be the time on which to add some value to the statement. In fact the elites always send to the past for which actually the past they belongs. They have constructed the world as we know it. The first postmodern strategy is so to revalue the past simply appropriating it. Under the excuse of which it puts in value on a collective memory, suddenly spent and present they constitute the limits of the temporary space on which to construct the cultural images of the middle classes. Hereby one manages to materialize the narrative of the recollections. The collective memory gives stability to the individuals, establishes them.
This conception of the past, even seeming to be nostalgic or melancholy, it it is not completely. The activists of the past, claim that the eclecticism of the postmodern movement is of a rationality that distinguishes it and removes it from the traditionalism, the past, which presence we protest, is not a golden age to being recovered. It is not the Greece as infancy of the world, about which he was speaking Marx, attributing universality, permanency and exemplary nature to him in certain aspects of the European tradition. The presence of the past that can help to make us children of our time is, in our field, the past of the world. It is the global system of connected and connectable experiences for the society.8
In any case the past remains like that legitimized to be free and eclécticamente arranged for his consumption in the present. The so called postmodern architecture, actually it legitimizes the past only as product of consumption in the present, so that paradoxically, more past, more present.
Of the hand of the technological development, specially of the socialization of the computer of tablecloth first and of the technologies of the information and of the knowledge later, the company is going to suffer a few convulsions that are going to put the individuals in the trigger of a future time.
Far from all emancipation, the technology little by little will be “enslaving” the individuals in a conception of future destined to be emaciated. An interesting transition takes place between the first moment of the complex modernity where one seeks to legitimize the past by means of the postmodern movement, and a technological socialization at the beginning of the 90s that will legitimize the future under the slogan
“the future already is here”
of so many advertising announcements that sell technology.
An authentic imaginary group is going to construct him to great speed, in fact the speed idea in if same she will come to be one of the protagonists of the common social space. Technologically submitted, all our life turns about the last “update”, of the speed of connection, of having coverage, of acquiring the last innovation in hardware and being the first ones in doing what before was impossible, as calling for telephone without cables, sailing along Internet from the mobile, doing an on-line item, etc.
The literature on the changes that the company has experienced in the latter 30 years due to the technological jump, is infinite.9 Nevertheless summarizing very much the consequences through that it has had in the company this
“living anchored in the future”,
it is necessary to say that precisely this future time is totally legitimized between the individuals, that is to say, the idea of future is an object of interest, when not of adoration.
Therefore the collapse of the future on a hypertrophied present will not come from the hand of an expectation intelectualizada, not from an aesthetic prefigured offer, will come from the technological accessibility constituted by authentic social revulsives in the shape of device capable of satisfying all the options of social relation, already be these of professional, affective or familiar base. This socialization of the technology is going to transform not only the projection models towards what before we were in the habit of calling future, but simply it transforms the future into an immediacy. And in the same strategy, the future rushed at a present literally anabolizado, will have Smartphone’s form of social networks and of technological continued innovation.
In the complex modernity the vector time is defined by a “swollen” present swelled of past and swelled of future. The complexity of our epoch resides among other things in that the present must incorporate the past as we saw in the postmodern movement and it must be capable of incorporating the future, of the hand of the hypermodernity.10
Paradoxically both considerations on the past and the future do of the present a species of reinforced time. The avalanche of events to which we are submitted every day, some from the past and others from the future, they end up by turning our life into a species of constant enormously dense present. It is not time to think in the tomorrow because already we are installed in him, is not time that to lose with the past because this one, already it lives with us.
In the condensed time of the contemporaneousness another option does not exist that of trying to manage the complexity, or said differently the complexity arises when “everything”, any thing, potentially can happen at the same time.
Miquel Lacasta. PhD architect
Barcelona, july 2012
Notes:
1 BORGES, Jorge Luís, El Hacedor, Debolsillo, Barcelona 2012. The text of Borges is so delicious that I cannot stop writing it here:
«In that Empire, the Art of the Cartography achieved such a Perfection that the Map of an alone Province was occupying the whole City, and the Map of the Empire, the whole Province. With the time, these Enormous Maps did not satisfy and the Cartographers’ Colleges raised a Map of the Empire, which had the Size of the Empire and was coinciding punctually with him. Less addicted to the Study of the Cartography, the Following Generations understood that this extensive Map was Useless and not without Ungodliness they delivered it to the Inclemencies of the Sol and the Winters. In the Deserts of the West there last torn into pieces Ruins of the Map, lived by Animals and by Beggars; in the whole Country there is no another relic of the Geographical Disciplines».
2 Seing the previous post Of the complex thing. Previous considerations.
3 It is specially interesting BÜRGER, Peter, Theory of the Forefront, Peninsula, Madrid, 1987. In him, Peter Bürger establishes a distinction between modernity and forefront. While the forefront is characterized when the critique does not spread to other aesthetic currents but the institution excels itself art, that is to say the forefront does not contest an artistic previous expression but it attacks the status of the art in the bourgeois company, the modernity provokes an aesthetic critique and the autonomy of the institution consolidates art. While the forefront tries to change the position of the art inside the relations of production, the modernity tries to change only his forms. In this respect probably it would be more suitable to speak about “complex forefront”, that of complex modernity.
4 In this respect to the complex modernity it is possible to attribute to him since we were aiming at a behavior of forefront, according to Peter Bürger:
“the European movements of forefront can be defined as an assault to the status of the art in the bourgeois company. They do not contest an artistic previous expression – a style-, but the institution art in his separation of the vital practice of the men. When the avant-gardists raise the exigency of which the art returns to be practical, they do not want to say that the content of the works should be socially significant. The exigency does not refer to the content of the works; it is directed against the functioning of the art in the company, which decides both on the effect of the work and on his contained individual”.
Op. Cit. BÜRGER p. 103.
5 If the art loses his autonomy, that is to say the fact that “the art does not serve for anything”, and therefore there could not be done the art for art’s sake, his area of reflection, of conceptualization, it eliminates under the yoke of that area the one that serves. The aesthetics are undissociable to the autonomy of the art and of the institution art.
6 This way it is since synthetically Craig Owens values the ascent of the statements of the minorities, specially the recoveries feminists in his contribution. OWENS, Craig, “The discourse of the others: feminists and postmodernism”, The Anti-Aesthetic: essays on postmodern culture, Bay Press, Seattle, 1983, p. 62.
7 JAMESON, Frederic, “Marxism and Postmodernism”, New Left Review, núm. 176, julio-agosto 1989, p. 34.
8 PORTOGHESI, Paolo, After modern architecture, Rizzoli, Nueva York, 1982, p. 26.
9 I do not want to stop mentioning here three books of reference on the topic, the first one curiously it is a novel that turned into work of worship to understand the technological culture that one was approaching, DERY Mark, Escape Velocity: Cyberculture at the End of the Century, Grove Press, Nueva York, 1997, the second one belongs to the sociologist Manuel Castells, indisputable voice on the changes that the age of the information they are provoking in the economy, the company and the culture in CASTELLS, Manuel, La Era de la Información Vol.3, Fin de Milenio, Alianza Editorial, Barcelona, 1997 and the third party is the compendium of publishing houses of the magazine en.red.ando published between 1996 and 1997 for the scientific journalist Luís Ángel Fernández Hermana, en FERNÁNDEZ HERMANA, Luís Ángel, En.red.ando, Ediciones B, Barcelona, 1998.
10 The term belongs to the French sociologist Gilles Lypovetsky. His thought, specially sharp to treat the step of the modernity to the postmodernity, and from the postmodernity to the hypermodernity they can be in LIPOVETSKY, Gilles, La Era del Vacío, Anagrama, Barcelona, 2003 y LIPOVETSKY, Gilles, Los Tiempos Hipermodernos, Anagrama, Barcelona, 2006.
[:gl]
Do complexo. Ambigüedade, Diferenza, Tempo.
Falar do complexo é inabarcable. Viría ser como rastrexar o mítico mapa cartográfico a escala 1:1 ao que Borges facía referencia no conto Do Rigor da Ciencia.1 A tarefa, requiriría unha descrición tan precisa, que o obxecto descrito e a descrición mesma coincidirían. Con todo si que se pode intentar polo menos, falar de pautas de comportamento da complexidade, descifrar aspectos comúns a unha forma de operar que podemos rastrexar hoxe día en case todos os avatares da vida. E por suposto tamén na arquitectura.
Ese é o espírito do texto que segue, determinar os aspectos que xorden ou mutan de natureza na sociedade e conducen á práctica arquitectónica cara a lóxicas novas.
A ambigüedade.
Mentres a primeira modernidade ía en busca dunha realidade uniforme, monolítica e lineal, a modernidade complexa2 ábrese a unha lectura fragmentada, aberta e non lineal da realidade.
Asúmese como propio da realidade o feito de que poida ter diferentes interpretacións e que estas convivan á vez, incluso provindo do mesmo suxeito que as emite.
Non é que todo sexa mentira, senón máis ben que todo é multi-verdadeiro e por tanto máis próximo ao ambiguo que ao concreto. Tamén é indicativo que hoxe día, a construción dun espazo narrativo na arquitectura, sexa tan importante como a construción do espazo físico propiamente arquitectónico. E non é menos rechamante que a aparición do narrador, en teoría o propio arquitecto, asociado á propia construción do espazo narrativo, recoloca unha voz individualizada no centro do debate.
Esta transformación das interpretacións sobre o real parece lóxica se entendemos que mentres na primeira modernidade toda idea estaba ao servizo da sociedade en abstracto e moldeábase cada concepto para que entrase nun gran relato unidireccional, na modernidade complexa, cada idea ten dereito á súa existencia de forma xenuína xa que constitúe un elo na construción da individualidade do suxeito, da súa identidade, da súa unicidade.
A realidade xa non se constrúe como un gran relato común, senón como a adición de miles de relatos, que de maneira, ás veces contraditoria, explican ou tratan de explicar cada un deles, o todo.
A verdade ligada ao xuízo moral da modernidade, transfórmase en algo instrumental a disposición do suxeito. A verdade xa non é un fin, é un medio. Úsase a verdade, se modela, se deforma, a condición de que sirva para a construción do relato individual en relación directa co todo. Isto é o que lexitima as ideas, a súa achega na construción do relato individual sobre o todo.
Esta instrumentalización da verdade leva a perda de autonomía da institución arte3 en termos de Peter Bürger. Esta é, en todo caso, a transformación máis importante que ocorre no seo da primeira modernidade no seu tránsito cara á modernidade complexa.
A arte, e á zaga, a arquitectura, ponse ao servizo dos individuos ou grupo de individuos, convértese nun medio que serve á construción da identidade individual ou micro colectiva e por defecto serve tamén á construción dunha multi-identidade común, baseada na globalización de comportamentos (que non de relatos ou identidades).
A arte faise utilitario,4 ponse ao servizo de, e por tanto a súa crítica e o seu ámbito de reflexión vólvese social. A arte, ao mutar no que podería chamarse sociología proyectiva, transfórmase en reflexión política, abandonando a estética.5 De maneira moi resumida, pode dicirse que morre a estética a mans dos media, o soporte por excelencia da reflexión social.
A diferenza.
Contrariamente á modernidade, o proxecto que xorde a partir dos anos 60 salienta a noción de diferenza, unha vez desatado o individuo do corpiño ideolóxico monolítico. A valorización do discurso do outro6 resitúa o compromiso ideolóxico no fragmento, xurdindo unha corrente de pensamento que lexitima as minorías políticas, as minorías raciais, as minorías sexuais, as minorías lingüísticas e as minorías sociais. Asúmese que a parte non pode someterse ao todo, e o que antes era obxecto de marxinación, en tanto que discurso desviado sobre a ideoloxía oficial, agora é materia prima para a construción da identidade.
A diferenza non é en todo caso unha forza que centrífuga a sociedade, nin a disemina, todo o contrario, a diferenza require dunha re-interpretación da xerarquía porque a diferenza en se mesma segue constituíndo unha parte fundamental de sistema, ou como di Frederic Jameson, un sistema que constitutivamente produce diferenzas, segue sendo un sistema.7
Podería dicirse que a aparición da diferenza como valor, como distinción, fai a sociedade máis xusta. Cada “ente diferente” dentro da sociedade ten o dereito para atesourar un capital cultural propio e a cultivar as expresións estéticas que crea conveniente. Cada discurso adáptase á minoría á que serve e constrúe os acenos de identidade que diferencian e distinguen unha minoría doutra. En arquitectura a recuperación que fai Venturi do kitsch norteamericano de clase media non é inocente. Venturi constrúe un discurso á medida dun sector da poboación que nunca se identificou cunha expresión cultural tan elitista como a arquitectura, de non ser que nun momento dado, alguén soubo poñer en valor o shopping center, a hamburguesería e a redundancia entre o signo e o seu significado.
Esta convivencia entre diferenzas lexitimadas e expresións culturais propias atomiza “o gusto”. Xa non hai un lugar compartido por todos onde facilmente accédese ao valor de certa expresión cultural. Este lugar como imaxinario colectivo, rebenta en mil pedazos, tantos como grupos minoritarios con voz propia, e empeza a diseminar unha cantidade inxente de símbolos e imaxes culturais cada vez máis expresivas e espectaculares, aínda que, destinadas a un consumo cada vez máis rápido e por tanto provistas dun contido cada vez máis débil e digerible en pouco tempo.
O medio televisivo primeiro e as redes de comunicación instantánea despois, o computador persoal e o móbil como soporte e internet como vehículo de distribución instantáneo, van favorecer a convivencia entre infinitas expresións culturais da diferenza en todos os campos do coñecemento, pero sobre todo naqueles que permiten un consumo fácil e rápido. As primeiras distincións entre a cultura da elite e a cultura popular van quedar literalmente varridas do mapa para converterse nun engrudo onde cada un pode atopar o seu nicho cultural.
Navegar por tal cantidade de reclamos non é fácil. Aquí a complexidade virá definida pola capacidade de estruturar un criterio de xeometría variable entre infinitas opcións a escoller, e desenvolver un relato coherente que tanto pode ir dun discurso moi sinxelo e plano destinado a un consumo máis masivo, ata a sofisticación máis perversa dunha expresión cultural destinada a escasísimos individuos o suficientemente cultivados e adestrados para ser capaces de degustar unha exquisitez.
Antes, o camiño para a excelencia estaba perfectamente delimitado e pre-programado, era simple e aínda que non estaba exento de esforzo, tíñase sempre a seguridade que era o correcto.
A modernidade complexa contrariamente é un exercicio constante de orientación entre infinitos camiños culturais, é máis, a posible contradición está totalmente asumida de maneira que se pode construír un relato desde diferentes adscricións minoritarias de tal forma que a recombinación de expresións culturais de orixes diversas, pode acabar creando unha expresión xenuinamente nova.
Unha imaxe máis propia dun “trencadis” cultural, que dunha tradición academicista, unha realidade máis próxima á mestizaxe, a mestura e o copy and paste, que da pureza, a integridade e o predeterminado.
O tempo.
O vector tempo é o dinamizador dunha realidade anquilosada e culturalmente hermética herdada da modernidade. O que veu a chamarse a postmodernidad, nos seus primeiros anos de estupefacción, fai un salto cualitativo ao facer compatible o pasado e todas as expresións culturais propias da tradición, co presente. Esta recombinación, esta convivencia ente pasado e presente, non deixa de ser un basto intento de “dar para comer” ás clases populares. Por unha banda asúmese a lexitimidade das clases medias para a construción dun relato propio, como vimos antes. Doutra banda asúmese tamén que o nivel cultural destas clases medias non é o suficientemente sofisticado como para dixerir un relato demasiado complexo, intrincado e conceptualmente avanzado, polo que o futuro queda descartado como espazo temporal desde o que modelar o discurso.
O pasado abocado sobre o presente deberá ser o tempo sobre o que engadir algún valor ao relato. De feito as elites sempre remiten ao pasado por que en realidade o pasado perténcelles. Elas construíron o mundo tal como coñecémolo. A primeira estratexia postmoderna é pois revalorizar o pasado sinxelamente apropiándollo. Baixo a escusa de que se pon en valor unha memoria colectiva, de súpeto pasado e presente constitúen os límites do espazo temporal sobre o que construír as imaxes culturais das clases medias. Desta maneira conséguese materializar a narrativa dos recordos. A memoria colectiva dá estabilidade aos individuos, arráigaos.
Esta concepción do pasado, aínda parecendo nostálxica ou melancólica, non o é do todo. Os activistas do pasado, reclaman que o eclecticismo do movemento postmoderno é dunha racionalidade que o distingue e afástao do tradicionalismo, o pasado, cuxa presenza reclamamos, non é unha idade de ouro a ser recuperada. Non é a Grecia como infancia do mundo, da cal falaba Marx, atribuíndolle universalidade, permanencia e ejemplaridad en certos aspectos da tradición europea. A presenza do pasado que pode contribuír a facernos fillos do noso tempo é, no noso campo, o pasado do mundo. É o sistema global de experiencias conectadas e conectables pola sociedade.8
En todo caso o pasado queda así lexitimado para ser libre e eclécticamente disposto para o seu consumo no presente. A arquitectura chamada postmoderna, en realidade lexitima o pasado soamente como produto de consumo no presente, de maneira que paradoxalmente, canto máis pasado, máis presente.
Da man do desenvolvemento tecnolóxico, especialmente da socialización do computador de sobremesa primeiro e das tecnoloxías da información e do coñecemento despois, a sociedade vai sufrir unhas convulsións que van poñer aos individuos no disparadero dun tempo futuro.
Lonxe de toda emancipación, a tecnoloxía aos poucos irá “esclavizando” aos individuos nunha concepción de futuro destinada a ser consumida. Prodúcese unha transición interesante entre un primeiro momento da modernidade complexa onde se busca lexitimar o pasado mediante o movemento postmoderno, e unha socialización tecnolóxica a principios dos anos 90 que lexitimará o futuro baixo o slogan
“o futuro xa está aquí”
de tantos anuncios publicitarios que venden tecnoloxía.
Un auténtico imaxinario colectivo vai construír a gran velocidade, de feito a idea de velocidade en se mesma virá ser unha das protagonistas do espazo común social. Tecnoloxicamente sometidos, toda a nosa vida vira ao redor do último “update”, da velocidade de conexión, de ter cobertura, de adquirir a última novidade en hardware e ser os primeiros en facer o que antes era imposible, como chamar por teléfono sen cables, navegar por internet desde o móbil, facer unha partida on-line, etc.
A literatura sobre os cambios que a sociedade experimentou nestes últimos 30 anos debido ao salto tecnolóxico, é infinita.9 Con todo resumindo moito as consecuencias que tivo na sociedade ese
“vivir ancorados no futuro”,
cabe dicir que precisamente ese tempo futuro está totalmente lexitimado entre os individuos, é dicir, a idea de futuro é obxecto de interese, cando non de adoración.
Por tanto o colapso do futuro sobre un presente hipertrofiado non virá da man dunha expectativa intelectualizada, nin dunha proposta estética prefigurada, virá da accesibilidade tecnolóxica, constituída por auténticos revulsivos sociais en forma de aparello capaz de satisfacer todas as opcións de relación social, xa sexan estas de base profesional, afectiva ou familiar. Esta socialización da tecnoloxía vai transformar non soamente os modelos de proxección cara ao que antes adoitabamos chamar futuro, senón que simplemente transforma o futuro nunha inmediatez. E nesa mesma estratexia, o futuro precipitado sobre un presente literalmente anabolizado, terá a forma de Smartphone de redes sociais e de novidade tecnolóxica continuada.
Na modernidade complexa o vector tempo defínese por un presente “inchado”, inchado de pasado e inchado de futuro. A complexidade da nosa época reside entre outras cousas en que o presente debe incorporar o pasado tal como viamos no movemento postmoderno e debe ser capaz de incorporar o futuro, da man da hipermodernidade.10
Paradoxalmente ambas as consideracións sobre o pasado e o futuro fan do presente unha especie de tempo reforzado. O alude de acontecementos ao que estamos sometidos diariamente, algúns provenientes do pasado e outros provenientes do futuro, acaban convertendo a nosa vida nunha especie de presente continuo enormemente denso. Non hai tempo para pensar no mañá porque xa estamos instalados nel, non hai tempo que perder co pasado porque este, xa vive connosco.
No tempo condensado da contemporaneidad non existe outra opción que o de tentar xestionar a complexidade, ou devandito doutro xeito a complexidade xorde cando “todo”, calquera cousa, potencialmente pode ocorrer ao mesmo tempo.
Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, xullo 2012
Notas:
1 BORGES, Jorge Luís, El Hacedor, Debolsillo, Barcelona 2012. O texto de Borges é tan delicioso que non podo deixar de escribilo aquí:
«Naquel Imperio, a arte da Cartografía logrou tal Perfección que o Mapa dunha soa Provincia ocupaba toda unha Cidade, e o Mapa do Imperio, toda unha Provincia. Co tempo, estes Mapas Desmesurados non satisfixeron e os Colexios de Cartógrafos levantaron un Mapa do Imperio, que tiña o Tamaño do Imperio e coincidía puntualmente con el. Menos Adictas ao Estudo da Cartografía, as Xeracións Seguintes entenderon que ese dilatado Mapa era Inútil e non sen Impiedad entregárono ás Inclemencias do Sol e os Invernos. Nos Desertos do Oeste perduran esnaquizadas Ruínas do Mapa, habitadas por Animais e por Esmoleiros; en todo o País non hai outra reliquia das Disciplinas Xeográficas».
2 Ver o post anterior De lo complejo. Consideraciones previas.
3 É especialmente interesante BÜRGER, Peter, Teoría de la Vangarda, Península, Madrid, 1987. Nel, Peter Bürger establece unha distinción entre modernidade e vangarda. Mentres a vangarda caracterízase cando a crítica non se estende a outras correntes estéticas pero supérase a institución arte, é dicir a vangarda non impugna unha expresión artística precedente pero ataca o status da arte na sociedade burguesa, a modernidade provoca unha crítica estética e consolida a autonomía da institución arte. Mentres a vangarda pretende cambiar a posición da arte dentro das relacións de produción, a modernidade pretende tan só cambiar as súas formas. Neste sentido quizais sería máis adecuado falar de “vangarda complexa”, que de modernidade complexa.
4 Neste sentido á modernidade complexa pódeselle atribuír como apuntabamos un comportamento de vangarda, segundo Peter Bürger:
“os movementos europeos de vangarda pódense definir como un ataque ao status da arte na sociedade burguesa. Non impugnan unha expresión artística precedente ?un estilo-, senón a institución arte na súa separación da praxe vital dos homes. Cando os vangardistas expoñen a esixencia de que a arte volva ser práctico, non queren dicir que o contido das obras sexa socialmente significativo. A esixencia non se refire ao contido das obras; vai dirixida contra o funcionamento da arte na sociedade, que decide tanto sobre o efecto da obra como sobre o seu particular contido”.
Op. Cit. BÜRGER p. 103.
5 Se a arte perde a súa autonomía, é dicir o feito de que “a arte non sirva para nada”, e por tanto non poida facerse a arte pola arte, o seu ámbito de reflexión, de conceptualización, desaparece baixo o xugo daquel ámbito ao que serve. A estética é indisociable á autonomía da arte e da institución arte.
6 Así é como sintéticamente valora Craig Owens o ascenso dos relatos das minorías, especialmente as reivindicacións feministas na súa contribución. OWENS, Craig, “The discourse of the others: feminists and postmodernism”, The Anti-Aesthetic: essays on postmodern culture, Bay Press, Seattle, 1983, p. 62.
7 JAMESON, Frederic, “Marxism and Postmodernism”, New Left Review, núm. 176, xullo-agosto 1989, p. 34.
8 PORTOGHESI, Paolo, After modern architecture, Rizzoli, Nueva York, 1982, p. 26.
9 Non quero deixar de mencionar aquí tres libros de referencia sobre o tema, o primeiro curiosamente é unha novela que se converteu en obra de culto para entender a cultura tecnolóxica que se aveciñaba, DERY Mark, Escape Velocity: Cyberculture at the End of the Century, Grove Press, Nova York, 1997, o segundo é do sociólogo Manuel Castells, voz indiscutible sobre os cambios que a era da información están a provocar na economía, a sociedade e a cultura en CASTELLS, Manuel, La Era de la Información Vol.3, Fin de Milenio, Alianza Editorial, Barcelona, 1997 e o terceiro é o compendio de editoriais da revista en.rede.ando publicados entre 1996 e 1997 polo xornalista científico Luís Ángel Fernández Hermana, en FERNÁNDEZ HERMANA, Luís Ángel, En.red.ando, Ediciones B, Barcelona, 1998.
10 O termo é do sociólogo francés Gilles Lypovetsky. O seu pensamento, especialmente agudo para tratar o paso da modernidade á postmodernidad, e da postmodernidad á hipermodernidad poden atoparse en LIPOVETSKY, Gilles, La Era del Vacío, Anagrama, Barcelona, 2003 y LIPOVETSKY, Gilles, Los Tiempos Hipermodernos, Anagrama, Barcelona, 2006.
[:]




