Los verdaderos docentes experimentan en algún momento de sus vidas inesperados descubrimientos, experiencias y puntos de quiebre que quedan marcados como tajos en la piel. Su labor formativa se inspira en la práctica de los maestros precedentes, pero también tiene mucho de intuición, de compromiso y de diálogo. Quienes además se dedican a la arquitectura, se mueven entre la aproximación y la precisión, la inmediatez y la perfección, el vértigo y el anhelo de excelencia.
Así nos lo cuenta Eduardo Delgado Orusco, profesor de la Universidad de Zaragoza, en esta publicación que viene prologada por la creadora, investigadora y catedrática Elisa Valero Ramos.