Solemos «hacer memoria» para tratar de recordar eventos pasados. Al intentarlo, nos vemos obligados a «refrescar la memoria», a recuperar aquello que tenemos «grabado en la memoria»; y eso «si la memoria no nos falla», y con más posibilidades de éxito si acaso «lo aprendimos de memoria». En la esencia del ser humano está la conciencia de ser y de haber sido, y, por tanto, de recordar sus experiencias vitales y de darles un sentido para orientarnos en el futuro. Más allá de ser una facultad psicológica del recuerdo, la memoria es, verdaderamente, el fundamento de la «razón histórica», esa a la que tanta atención prestó Ortega y Gasset, y por la que distinguimos al memorioso ser humano del (casi) amnésico orangután. De ahí que podamos tener un «historial» (médico, académico, policial, digital, etc.), y que seamos capaces de elaborar relatos biográficos o históricos, según el objetivo se centre más en un individuo o en un colectivo.