Se cuenta, puede que más cerca del mito que de la realidad, que cuando Mies van der Rohe entrevistaba a un candidato para formar parte de la plantilla del estudio le sometía a una extraña prueba. Le acompañaba hasta una de las mesas de dibujo, le hacía entrega de todo tipo de instrumental, reglas, compases, escuadras, cartabones, lápices, gomas de borrar etc., y le pedía que ordenase aquellos elementos en el acotado campo de juego del tablero de dibujo. Nada más, y nada menos que ordenarlos.