En la arquitectura contemporánea, la memoria se ha desplazado desde su condición de herramienta operativa hacia un recurso retórico, atrapado entre la nostalgia formal y la abstracción descontextualizada. Este texto propone recuperar su potencia disciplinar entendiendo que recordar no implica reproducir, sino reprogramar. A partir de la intervención en el Centro Psicogeriátrico San Francisco Javier de Pamplona —heredero del modelo pabellonal decimonónico proyectado por Máximo Goizueta—, la memoria se aborda como una estructura latente capaz de organizar el proyecto en términos espaciales, materiales y terapéuticos. Frente a la banalización contemporánea del pasado, la propuesta ensaya una estrategia protésica: una arquitectura que no imita ni sustituye, sino que prolonga y reactiva lo existente. La tipología no se conserva como forma, sino como principio operativo; la materia no se reproduce, sino que se transforma en continuidad; la geometría no se repite, sino que se inscribe como huella. En este proceso, la memoria deja de ser archivo para convertirse en sistema. Lejos de fijar una imagen del pasado, la intervención se abre al tiempo como agente constructivo. La arquitectura se concibe así como un proceso inacabado, donde el presente no clausura la historia, sino que la continúa. Recordar, en este sentido, es proyectar hacia delante.