Núm. 12, Las fuentes, diciembre de 2024

Artículos de investigación

El poblado del Esla (Zamora): Arquitecturas para la industria energética a partir de sus fuentes documentales

The Esla Planned Town (Zamora): Architectures for the Energy Industry Based on Its Documentary Sources

Resumen

El desarrollo de la industria española a comienzos del siglo XX tuvo en las infraestructuras hidroeléctricas uno de sus máximos exponentes. Pronto aparecieron poblados levantados ex novo para dar cobijo al personal que atendía a estos equipamientos, todos ellos planificados y ajenos a la espontaneidad, radicados principalmente en el medio rural y, ordinariamente, con altos estándares de diseño y calidad. Buena parte de ellos, hoy abandonados, representaron quizá la mayor innovación arquitectónica en el medio rural, bien adscritos al lenguaje vernáculo, bien a propuestas entroncadas en la modernidad. Esta certeza nos parece motivo suficiente para abordar su examen. Nos proponemos el estudio del poblado del Esla, levantado junto al Salto de Ricobayo (Zamora), con la particularidad de que se trata de la primera vez que se accede tanto a fuentes y archivos de Iberdrola en la provincia de Zamora como del obispado de la diócesis zamorense para este menester. Analizamos el conjunto edificado y su planeamiento urbano, sus arquitecturas más significativas e icónicas y paralelamente promovemos su puesta en valor a partir del descubrimiento de sus valores más relevantes.

Palabras clave: arquitectura industrial; hidroeléctricas; poblados planificados; Saltos del Duero-Iberduero; poblado del Esla; embalse de Ricobayo; Zamora

La industria energética y las arquitecturas a su servicio

Las sociedades occidentales hubieron de esperar a la Revolución Industrial para que la industria hidroeléctrica explosionara hacia la producción eléctrica en sustitución del carbón. Comúnmente se refiere la central hidroeléctrica de Northumberland (Reino Unido), creada en 1880, como pionera, siguiéndose un enfervorizado desarrollo en EE. UU. y Canadá a finales de esa década. En España, el progreso de la producción hidroeléctrica fue en aumento hasta la aparición de la corriente alterna a comienzos del siglo XX, que supuso el desarrollo de la industria hidroeléctrica a gran escala. En la provincia de Zamora, la primera realización fue la presa de San Román de los Infantes promovida por El Porvenir de Zamora.1 Ubicada en la curva del Duero aguas abajo de la capital, el proyecto fue rubricado el 3 de diciembre de 1897 por el ingeniero Federico Cantero Villamil.2 Tras esta experiencia pionera, en 1903 un grupo de emprendedores vascos liderados por el ingeniero José Orbegozo y Gorostegui vio posibilidades en el curso alto del río Esla, constituyendo el 3 de julio de 1918 la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos Saltos del Duero. Fue determinante el acuerdo con el gobierno luso de 16 de agosto de 1927 para su explotación.3 Prosiguieron los saltos de Villalcampo y Castro en el Duero en los años 50, el aprovechamiento de la cuenca alta del Tera por la empresa Hidroeléctrica Moncabril a finales de esa década, y los más recientes de Cernadilla, Valparaíso y Agavanzal en el Tera promovidos por Iberduero, entretejiéndose así el patrimonio industrial asociado a la explotación hidroeléctrica en la provincia.4

La construcción de presas hidroeléctricas requería también la creación de arquitecturas a su servicio, tanto de carácter rigurosamente industrial como con finalidad residencial para operarios e ingenieros.5 Inicialmente las empresas levantaron campamentos de rápida construcción y en ocasiones reutilizables para obras venideras, garantizándose dotaciones residenciales básicas, además de oficinas, economato, escuela, comedores, salón de espectáculos y capilla. Su carácter de provisionalidad fue una constante repetida en los poblados del país, que en los casos más extremos contaron únicamente con barracones para el alojamiento, capilla y cantina. Una vez finalizadas las obras de las centrales, estos equipamientos fueron desmantelados y, en algunos casos, reemplazados por otros edificios con vocación de perpetuidad (Fig. 1).6

Caja de madera de roble con cerradura de latón sobre una mesa; en la tapa, una placa metálica con el nombre de la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos, Bilbao, y la inscripción «Proyecto de aprovechamiento de aguas del río Esla (Zamora)», año 1927, José Orbegozo y Gorostegui.
Figura 1. Proyecto del embalse de Ricobayo. Río Esla (Zamora), 1927. © RAG-L, 2024.

En el panorama internacional, los primeros poblados de industrias hidroeléctricas habían sido los construidos en 1930 en Boulder City (EE. UU.), así como los planificados en tres enclaves de Francia, concretamente tres poblados junto a la presa de Bort, otros tres en Chastang y hasta nueve en el canal del Ródano en Donzère-Mondragon. Estos modelos se replicaron en el resto del mundo con sus propias variantes, acrecentándose la construcción de poblados planificados, todos levantados de nueva planta acomodándose al patrón común, y que dieron servicio residencial, administrativo y de ocio. En nuestro país las viviendas adoptaron generalmente altos estándares de confort en los diversos lenguajes arquitectónicos que se sucedieron, mientras que las dotaciones comunitarias ostentaron mayor singularidad formal y simbólica. Los poblados planificados, creados a partir de la nada, dieron lugar a nuevos núcleos de población, la mayoría de los cuales permanecieron desvinculados de los municipios de la administración local, y sometidos a un régimen absolutamente privado, de cuya gestión y mantenimiento se encargaban las empresas.

En cualquier caso, más allá de las estrictas dotaciones arquitectónicas, con los poblados planificados las firmas hidroeléctricas cumplieron una función que trascendió la mera relación laboral con sus empleados. La política social de algunas empresas derivó hacia una práctica proteccionista con sus trabajadores que les proporcionaba vivienda gratuita, pero también un conjunto de servicios y de tal calidad que estaban fuera del alcance de la mayoría de las compañías. Efectivamente, los moradores contaron con médico de empresa, escuela, autobús para el traslado de alumnos al instituto de la capital y grupo-empresa cultural y deportivo, así como cajas de previsión laboral y becas de estudios para sus hijos. Ciertamente sus estándares de calidad y protección suponían un plus que completaba con creces el salario, así como energía eléctrica y agua totalmente gratuitas. Quizá también fuera ésta una forma de paliar el desarraigo o la eliminación de las raíces a los empleados otrora vecinos de las localidades anegadas. Y, de rondón, las empresas crearon un patrimonio arquitectónico contemporáneo de notable calidad, sobresaliente en algunos casos, quizá hoy aún escasamente ponderado (Fig. 2).

Página de la revista Don Voltio con el titular «Iberduero, empresa modelo de previsión social» sobre banda verde, texto a tres columnas y una fotografía de José Orbegozo Gangoiti acudiendo a recoger el diploma.
Figura 2. Revista Don Voltio, n.º 1 (1959): s/p. © Archivo personal RAG-L.

Los orígenes del salto de Ricobayo

Las obras de construcción del Salto de Ricobayo en el río Esla comenzaron el 15 de mayo de 1929 promovidas por la sociedad hidroeléctrica Saltos del Duero. El proyecto había sido rubricado en 1928 y los trabajos se prolongaron hasta 1933, dando lugar a uno de los aprovechamientos energéticos cuyos parámetros desbordaron todas las medidas de la época.7 Comprendía un embalse de 92 m capaz de retener 1.200 millones de m3 y una central eléctrica de 148.000 kW con un aliviadero excavado en el terreno y sin hormigonar. Varias circunstancias condicionaron decisivamente la obra, entre ellas la celebración de algunas huelgas en 1930,8 el traslado de la iglesia de San Pedro de la Nave (siglo VII) bajo la dirección del arquitecto conservador del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes —Alejandro Ferrant Vázquez— entre 1930 y 1932, y principalmente el deterioro sufrido por el aliviadero de la presa en marzo de 1934 debido a una avenida de agua que provocó la excavación de una cazuela que liberó más de un millón de metros cúbicos de roca.9 Aunque en febrero de 1935 la dotación comenzó a funcionar, las obras continuaron hasta 1944.10 La central hidroeléctrica, por su parte, fue proyectada por el arquitecto Manuel Martínez Chumillas y los ingenieros Luis de Miguel Alonso y José Orbegozo y Gorostegui (Fig. 3).11

Fotografía aérea en blanco y negro de la presa de Ricobayo: el embalse arriba, el muro de la presa y la central, y abajo el cañón del río excavado en la roca.
Figura 3. Salto de Ricobayo. Imperio, 29 de octubre de 1961, 18.

Arquitecturas efímeras y permanentes en el campamento del Esla

Durante el proceso de construcción de la presa y en las proximidades del Esla, en la margen izquierda la empresa levantó un campamento para el alojamiento del personal de obra. Por su novedosa concepción y cierto grado de confort destacó entre otras infraestructuras similares en el panorama general.12 Planificado sobre roca granítica, el campamento dio cabida a dos tipos de construcciones: unas con vocación de permanencia y otras de carácter efímero, estas últimas, concebidas desmontables y reutilizables. Exactamente integraban 10 pabellones con viviendas para casados; 4 pabellones grupales con ocho departamentos; pabellón de solteros (con dormitorio y comedor comunes); un barracón con escuelas y gimnasio, duchas y barbería; así como iglesia, mercadillo, lavaderos y salón de espectáculos. Los pabellones residenciales constituían un grupo de barracones alineados y orientados al sur para aprovechar las benignidades de la insolación, y contaron con agua corriente y aseos. A su lado se construyó el pequeño hotel-dirección, el edificio de administración, la hospedería para el alojamiento del personal cualificado de la obra, el economato y el primitivo cuartel,13 todos ellos de naturaleza permanente (Fig. 4).

Plano del campamento: diez pabellones de casas familiares en hileras, cuatro pabellones para hospedaje por grupos, pabellón de solteros, capilla, lavaderos, escuelas y gimnasio, salón de espectáculos, economato, mercadillo, carbonería, cuartel de la Guardia Civil, hospedería, dirección, administración y nave de probetas, con las redes de agua, saneamiento, línea de alta e incendios.
Figura 4. Plano del campamento. Orbegozo, “Saltos”, 439.

Por su carácter icónico sobresale el primero, una casa carente del casi siempre preceptivo jardín, con un torreón preponderante y un cuerpo inferior realizado en sillares de piedra que destaca sobre el resto del inmueble, cuyos muros fueron enfoscados a excepción de parte del cuerpo superior del torreón. Una sobria escalinata de ingreso daba paso al porche tripartito. Los pronunciados aleros y el protagonismo de la torre evocan elementos formales de la arquitectura regionalista e incluso vernácula del norte de la península. Sobre el semisótano, en la planta baja se dispuso el comedor y la sala de estar dotada de chimenea, mientras que en las plantas superiores se distribuyeron diez habitaciones para uso del personal técnico de más rango de la empresa y para el acomodo a las visitas más relevantes. Por esta razón sus acabados evidenciaban notable distinción y los más altos estándares de calidad, a la altura del puesto de mando que esta mansión llegó a constituir para la empresa en sus obras en Zamora (Fig. 5).

Fotografía en blanco y negro del hotel-dirección: casa de dos plantas con torreón de tres alturas, aleros pronunciados, zócalo de sillería, porche de tres arcos y escalinata de acceso.
Figura 5. Hotel-dirección, años 20. © RAG-L, 2024.

Próxima a esta singular arquitectura se levantaron los barracones. A pesar de su carácter temporal, cuyo desmantelamiento fue previsto a la finalización de los trabajos, la construcción de su basamento fue sólida debido a la acentuada pendiente del lugar, si bien para los cerramientos fue utilizada madera. Generalmente los artífices de estas construcciones eran los propios ingenieros de la empresa o incluso los peritos encargados de diseñar los casetones de las subestaciones eléctricas.

Entre las construcciones efímeras destacó la capilla por su relevancia representativa. Continuando el modelo empleado en los barracones, se elevó sobre una plataforma de piedra que nivelaba el terreno.14 El recinto tenía planta rectangular, fue ordenado de forma direccional e incorporó un segundo espacio dividido en tres salas. El imafronte contó con una puerta de arco de medio punto sobre la que se alza una sencilla espadaña de tímidas evocaciones barrocas. Este oratorio fue puesto bajo el patronazgo de San José en honor al fundador de la empresa, José Orbegozo y Gorostegui, debiendo finalizar su construcción a lo largo de 1930 (Fig. 6).15

Fotografía antigua de la capilla del campamento: pequeño edificio con espadaña y cruz entre barracones de madera, sobre un terreno en pendiente con algunas personas.
Figura 6. Capilla del campamento, 1930. AHPZa. © Fondos Fotográficos (Postales). 3/1.

Finalizado el proceso de construcción de la presa y del resto de instalaciones, Saltos del Duero determinó demoler los barracones y construir en su lugar un poblado destinado a los trabajadores y sus familias. Integrando los edificios nobles preexistentes, la empresa levantó también, bajo sendos proyectos de 1954 y 1956, una nueva escuela, un edificio de oficinas, carpintería, consultorio médico, el denominado casino y una nueva iglesia, así como viviendas de dos plantas que respondían más a chalés de carácter vacacional que a viviendas cotidianas de operarios. No obstante, el templo estudiado siguió prestando servicio hasta que fue sustituido por la nueva iglesia, bendecida el 2 de septiembre de 1956 (Fig. 7).16

Edificio blanco de dos plantas con zócalo de piedra y una galería de arcos con balcón, entre árboles; detrás asoma una torre de piedra con remate de teja, junto a un camino asfaltado.
Figura 7. Instalaciones de la primera fase del poblado, años 20. © RAG-L, 2024.

El poblado del Esla

La construcción del poblado del Esla fue ejecutada en dos momentos consecutivos. Inicialmente fue diseñado el grueso del poblado, trabajo confiado por Iberduero al arquitecto bilbaíno Francisco Hurtado de Saracho y Epalza, cuyo proyecto arquitectónico fue rubricado en julio de 1954. Esta obra integró las dotaciones que vinieron a añadirse a los tres edificios promovidos inicialmente por la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos Saltos del Duero, y que consistieron en 24 casas para los trabajadores, el nuevo cuartel de la Guardia Civil, la iglesia, un garaje cubierto para tres turismos, el bloque de viviendas que conforma la plaza, la vivienda ubicada a sus espaldas y el edificio de oficinas.17 Éstos se unieron al laboratorio de hidráulica —funcionando desde 1944—18 y a los preexistentes hotel-dirección, hospedería, administración y vivienda del jefe de la explotación. Las casas de los trabajadores contaban con dos viviendas simétricas organizadas en dos plantas, y estaban concebidas como chalés dispersos rodeados de espacios verdes, mientras que los bloques de viviendas concentraban a varios vecinos en torno al núcleo del poblado. Gozaron de buenas calidades gracias a los materiales empleados, si bien los primeros lograron mayores estándares de confort en virtud de su propio concepto arquitectónico. Las casas destacan por su notable porte, y formalmente por sus referencias a la arquitectura rural foránea, incorporando grandes aleros, piedra en los zócalos y los porches, contraventanas de madera, jardineras y balcones de corte pintoresquista e incluso canes historicistas en la fachada principal (Fig. 8).

Viviendas del poblado: chalés de dos plantas con fachadas amarillas, cubiertas de teja y balcones, escalonados en una ladera con jardines, bajo un cielo nuboso.
Figura 8. Viviendas del poblado del Esla, 1956. © RAG-L, 2024.

Apenas dos años después se diseñó un proyecto adicional, encargado al mismo arquitecto, que rubricó su propuesta en noviembre de 1956. Fue concebido como la segunda fase del anterior, y destinado estrictamente al personal de explotación del salto. Los edificios e infraestructuras que lo integraron fueron la escuela, el hospitalillo y la vivienda del médico, seis gallineros, un depósito elevado de agua y la estación depuradora de aguas, así como la instalación eléctrica y la carretera de acceso al poblado. En cuanto a las obras de arquitectura, la escuela se concretó en un edificio de una sola planta y líneas rectas, con aulas únicas independientes para niños y niñas, así como aseos también independientes y sendos porches para recreo. El presupuesto de este proyecto adicional alcanzó 5.451.599,38 pesetas.19 Con la suma de ambos proyectos el poblado alcanzó un total de 66 viviendas, e incorporó casino e incluso algunas tiendas comerciales (Fig. 9).

Plano de emplazamiento del poblado del Esla, firmado por F. Hurtado de Saracho: carretera de acceso sinuosa, casas dispersas numeradas, iglesia, cuartel de la Guardia Civil, hotel, hospedería, oficinas, bloque de plaza, escuela, laboratorio de hidráulica, depósito elevado y gallineros.
Figura 9. Plano del poblado. AHISR. © Fondo Iberduero. 2401/4.

El hospitalillo se concretó en un edificio de dos plantas, distribuyéndose en la inferior las salas de consulta, despacho, cuarto de curas, sala de rayos X, aseo y habitaciones para enfermos y accidentados. La planta superior acogió la vivienda para el médico.20 Este edificio, al contrario que la escuela, definida a base de modernas líneas netas y esenciales, fue diseñado repitiendo el modelo de las casas de empleados del proyecto de 1954. Evoca una arquitectura pintoresquista y vernácula aunque foránea, con grandes cubiertas, pronunciados balcones a la usanza de la arquitectura popular y un sólido volumen elevado sobre zócalo pétreo (Fig. 10).

Plano de alzados del hospitalillo y vivienda del médico, escala 1:50: fachada zaguera, fachada lateral y fachada principal de un edificio de dos plantas con cubierta a dos aguas, balcones con barandilla de madera y zócalo de piedra.
Figura 10. Hospitalillo. AHISR. © Fondo Iberduero. 2401/4.

Seguramente entre las arquitecturas más reseñables del conjunto sobresalga la iglesia. Tal como recogía la prensa de la época:

El poblado para el personal de la central [de Ricobayo] se empezó a construir en el año 1950 y se concluyó en 1958, habiéndose levantado más de 80 viviendas de modernísimo aspecto, iglesia, escuela, casino, garajes y abastecimiento de aguas.21

El proyecto del templo fue redactado por el personal técnico de la hidroeléctrica, en cuyos planos consta únicamente una referencia a Osorio (sic), y que lleva por fecha 19 de noviembre de 1954.22 Sin embargo, a partir de los datos con que contamos sobre la proyectación de la primera fase del poblado, fijamos la fecha de redacción y su autoría en Francisco Hurtado de Saracho, en julio de 1954.23

Arquitectura icónica por excelencia: la iglesia

El templo fue levantado sobre un terraplén construido para nivelar el terreno, circunstancia aprovechada a posteriori —por no aparecer en los planos (consta en la caja que sustituyeron a una versión precedente)— para alojar bajo el atrio un transformador eléctrico. Fue orientado con la cabecera al sur, desligándose de las disposiciones preconciliares pero ajustándose a la trama del conjunto y orientación del resto de las nuevas construcciones erigidas en el poblado.24 Tiene planta rectangular y testero plano, cubierta a dos aguas y torre exenta. Una suerte de atrio perimetral circunda los costados oeste y norte y parcialmente el este, si bien se torna en porche gracias a una cubierta que se extiende a los dos últimos.

La planta dibuja un rectángulo que supera por poco la proporción áurea. Sin embargo, si sumamos a las medidas del templo los tramos norte y oeste del atrio perimetral, esta relación refleja exactamente esta proporción. Esta característica se convierte en un elemento distintivo y poco habitual en la renovación arquitectónica religiosa, signo de la finura compositiva del proyectista. Al interior el espacio litúrgico constituye una sola nave, aunque lo representado en la planta simula tres debido a dos tránsitos laterales que parecen querer superar la ordenación tradicional aunque sin evidenciarlo totalmente. No obstante, la nave adopta el tradicional ordenamiento direccional, si bien está secuenciada en tres tramos mediante dos planos que la cortan transversalmente. La volumetría resultante queda configurada por el bajo coro a los pies, nave de tres tramos y presbiterio. Este último cuenta con dimensiones casi exactamente iguales a las del bajo coro, reforzando la explícita doble simetría que caracteriza a la planta. El presbiterio está cobijado por una bóveda rebajada con lucernario y tiene planta rectangular. A ambos lados del presbiterio, en los muros frontales de la nave fueron proyectados dos altares colaterales conforme a la tradición preconciliar. El baptisterio se encuentra a los pies, independizado de la nave y con acceso desde el bajo coro. La tribuna, por su parte, fue definida al modo tradicional elevada a los pies.

El arquitecto otorgó máxima importancia al porche como ámbito de tránsito entre la realidad profana y el espacio sagrado. Su definición adoptó el modelo de estructura de cubierta apoyada en los muros y sobre postes pétreos, con un sesgo claramente rural. Además de proporcionar cobijo, vinculó la iglesia con la torre, reduciendo la percepción de exención de la última. De planta cuadrada, fue construida con sillares de piedra granítica irregular vista, mientras que la iglesia solamente empleaba esta solución para remarcar los vanos. Su potencia no sólo fue otorgada por sus materiales sino también por su diseño deliberadamente medievalizante. El resto de fachadas del templo muestran tres vanos de arcos rebajados parcialmente recercados con piedra granítica, amén del ojo de buey del muro este. El testero sur convirtió el vano central en una hornacina que contiene una tosca estatua de San José, titular del templo (Fig. 11).

Plano de Iberduero de la fachada lateral izquierda de la iglesia, escala 1:100: nave con cubierta de teja y tres ventanas, porche lateral y torre de sillería con veleta, sobre el terraplén.
Figura 11. Fachada lateral izquierda. AOZa. Curia. 1955. D. 2. Plano.

La opción por el uso de materiales nobles frente a los más cotidianos empleados en las viviendas residenciales y colectivas afianza la iconicidad del templo, y que refuerza también el aire rural y medieval conferido por el proyectista. En efecto, esta decisión determinó el estilo de la iglesia, cuya definición se aproximó al modelo tradicional, encontrando evocaciones al paradigma rural castellano e incluso cántabro. No obstante, el templo parece manifestar cierto deliberado alejamiento de un afán estrictamente tradicional, superando la planta de cruz latina e introduciendo algunas derivas que la renovación de la arquitectura religiosa contemporánea. Así, la combinación de materiales, la limpieza de su diseño y el despojamiento del espacio pusieron el contrapunto de cierta modernidad al acento rústico del exterior. Quizá el arquitecto consideró esta solución como la mejor adecuación de su propuesta al medio rural en que se emplazaba, si bien la modernidad de su interior denotó un lenguaje formal más contemporáneo. Esta solución avanzó otras propuestas de mayor modernidad lingüística en el poblado, tales como la escuela o las cocheras próximas al hotel-dirección. Seguramente la voluntad de modernidad lingüística en el poblado fue incuestionable, si bien parece que su implantación fuera deliberadamente progresiva. Más aún, otras realizaciones de carácter sacro promovidas por la compañía para contextos similares transitaron por derivas paralelas, caso de la iglesia del poblado de Saucelle (Fig. 12).

Iglesia del poblado del Esla: nave encalada con cubierta de teja, porche de tejado rojo y torre de piedra con veleta, rodeada de jardín y vallada con madera.
Figura 12. Exterior de la iglesia del poblado del Esla, 1954. © RAG-L, 2024.

Aportaciones plásticas y valores urbanísticos

Los aspectos plásticos del templo son sin duda los de mayor relevancia en el conjunto del poblado. En efecto, el resto de edificios, con cierta excepción del hotel-dirección, son deudores de modelos herederos del lenguaje vernáculo de carácter vasco o al menos norteño. Sin embargo, las innovaciones plásticas quedaron prácticamente concentradas en la iglesia. En efecto, ningún otro edificio del poblado contiene manifestaciones escultóricas, pictóricas o del arte de la vidriera salvo la iglesia. Efectivamente, las vidrieras que cubren los vanos fueron ejecutadas en 1956 por la firma bilbaína Vidrieras de Arte bajo diseño del artista Alfonso Ramil Garín, autor de los cartones. Fueron realizadas mediante la técnica de vidrio coloreado y emplomado, y reproducen el programa iconográfico de San José, así como el bautismo de Cristo y la Santísima Trinidad. En este caso los sesgos de modernidad parecen menores, si bien el artista empleó el recurso al cubismo, no obstante sin abandonar el paradigma tradicional. El templo cuenta también con tres imágenes de madera policromada que representan a San José, el Corazón de Jesús y la Virgen María insertas ya en cierto cubismo moderado. No obstante, el simbolismo del templo reside principalmente en los aspectos estilísticos de carácter arquitectónico y no en los decorativos (Figs. 13 y 14).

Interior de la iglesia: nave blanca con techo de madera que desemboca en un presbiterio bajo un gran arco rebajado; altar y retablo de piedra con una imagen de San José, dos imágenes laterales y bancos de madera.
Figura 13. Interior de la iglesia, 1954. © RAG-L, 2024.
Torre de la iglesia de sillería granítica con ventana enrejada, cubierta de teja y veleta con cruz, vista desde abajo entre árboles y junto al muro de piedra del templo.
Figura 14. Torre de la iglesia, 1954. © RAG-L, 2024.

Por su parte, los valores urbanísticos del poblado están supeditados a la orografía del terreno, característica esencial de este tipo de poblamientos. Sin embargo, existe una peculiaridad en el caso del poblado del Esla. En efecto, el emplazamiento de la iglesia en el conjunto es diferente de otras soluciones, pues su ubicación no se encuentra en la plaza del núcleo poblacional, por ser la configuración del poblado plenamente dispersa. Mientras que los templos de otros poblados constituyen uno de los elementos principales de sus plazas, en el caso del Esla la apuesta de los técnicos fue la dispersión. Así, su ubicación en una de las parcelas y su definición prácticamente sin singularizar entre casas no queda compensada por el amplio jardín que se extiende ante la entrada. Por otro lado, no existe una única plaza sobresaliente por sus valores referenciales, sino que más bien se halla diversificada en dos espacios extensos y con cierta vocación de asumir tal función a ambos lados del edificio de vivienda colectiva designado como “Bloque de plaza”. El poblado del Esla no cuenta con plaza mayor al modo tradicional, y seguramente a ello contribuye la dispersión de los edificios, deliberadamente no concentrados en torno a un espacio de máxima iconicidad. En este sentido, efectivamente el potencial urbano de la iglesia concentra aún cierta relevancia, si bien no alcanza la de otros templos en virtud de su situación en un contexto de jardines y fincas limitadas con vallas de fábrica.

Conclusión

Las características constructivas, formales, urbanísticas y dotacionales de los edificios constitutivos del poblado del Esla, así como del propio conjunto, ejemplifican los resultados más sobresalientes alcanzados por las arquitecturas vinculadas a la industria hidroeléctrica en la España del pasado siglo. Abordados por vez primera en virtud de la primera consulta a las fuentes archivísticas de la empresa y el obispado, cuenta el poblado, además, con la particularidad de haber sido levantado en dos fases, siendo la inicial una de las primeras obradas en nuestro país.

Los altos niveles de confort de sus arquitecturas y sus opciones lingüísticas lograron sobreponerse con éxito a las carencias económicas y las dificultades de toda índole que sufrieron, dando lugar a resultados realmente extraordinarios, a pesar del aún escaso reconocimiento de sus valores arquitectónicos, icónicos, poblacionales e incluso ambientales.

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  • Temes, Vicente. “La arquitectura en los aprovechamientos hidroeléctricos”. Revista Nacional de Arquitectura, n.º 147 (1954): 1-46.

Notas

  1. 1

    Federico Suárez Caballero, Federico Cantero Villamil: crónica de una voluntad: el hombre, el inventor (Madrid: Art & Press, 2006).

    ↩
  2. 2

    Archivo Histórico Iberdrola Salto de Ricobayo (AHISR), Fondo El Porvenir de Zamora, 164, 1897, plano.

    ↩
  3. 3

    Eugenio García Zarza, El aprovechamiento hidroeléctrico salmantino-zamorano (Salamanca: Universidad, 1973), 20-45.

    ↩
  4. 4

    Rafael Ángel García-Lozano, “La arquitectura industrial en Zamora”, Llámpara. Patrimonio Industrial, n.º 3 (2010): 63-69 y Rafael Ángel García-Lozano y José Manuel Rodríguez Vidal, “El patrimonio ferroviario en Zamora”, en Una mirada a nuestro Patrimonio Industrial, ed. AA. VV. (Madrid: COIIM y Fundación Juanelo Turriano, 2010), 119-33.

    ↩
  5. 5

    Vicente Temes, “La arquitectura en los aprovechamientos hidroeléctricos”, Revista Nacional de Arquitectura, n.º 147 (1954): 21.

    ↩
  6. 6

    Fernando Pérez Rodríguez-Urrutia, “El poblado de Valdecañas: Modelo de integración en un paisaje fluvial o hidrocolonización”, en Paisajes modelados por el agua: entre el arte y la ingeniería, coord. María del Mar Lozano Bartolozzi, Vicente Méndez Hernán y Eduardo Asenjo Rubio (Cáceres: Editora Regional de Extremadura, 2012), 167-186 y María Jesús Teixidó Domínguez, “El poblado del embalse de Alcántara: Un ejemplo de urbanismo en el período de la Autarquía”, en Lozano, Paisajes, 235-245.

    ↩
  7. 7

    AA. VV., “Saltos del Duero. Aprovechamiento de aguas del río Esla”, Revista de Obras Públicas, n.º 2541 (1930): 25-27.

    ↩
  8. 8

    Segismundo García Hernández, “Huelga en los Saltos del Duero. ¿Un conflicto político?”, en Primer Congreso de Historia de Zamora, IV. Moderna y Contemporánea, ed. AA. VV. (Zamora: IEZFO, 1993), 559-565.

    ↩
  9. 9

    Pablo Díaz Morlán, “La escuela del Duero”, en Luces del Duero 1900-1970. Aprovechamientos hidroeléctricos de la cuenca hidrográfica del río Duero, ed. AA. VV. (Madrid: Fundación Iberdrola, 2009), 10-11.

    ↩
  10. 10

    Ricardo Rubio, “El túnel aliviadero del Salto del Esla”, Revista de Obras Públicas, n.º 2705 (1940): 157-161 y Pedro Martínez Artola, “El túnel aliviadero del Salto del Esla”, Revista de Obras Públicas, n.º 2718 (1941): 401-406.

    ↩
  11. 11

    Temes, “La arquitectura”, 21.

    ↩
  12. 12

    Álvaro Chapa Ímaz, La construcción de los Saltos del Duero, 1903-1970. Historia de una epopeya colectiva (Pamplona: Eunsa, 1999), 84-85.

    ↩
  13. 13

    José Orbegozo, “Saltos del Duero. Los grandes medios auxiliares de construcción del aprovechamiento de aguas del río Esla”, Revista de Obras Públicas, n.º 2558 (1930): 439.

    ↩
  14. 14

    AHPZa (Archivo Histórico Provincial de Zamora). Fondos Fotográficos (Postales). 3/1.

    ↩
  15. 15

    Manuel Echanove, “Saltos del Duero. Aprovechamiento de aguas del río Esla”, Revista de Obras Públicas, n.º 2540 (1930): 5.

    ↩
  16. 16

    AOZa (Archivo Obispado de Zamora). Curia. 1956. A. 13.

    ↩
  17. 17

    AHISR (Archivo Histórico Iberdrola Salto de Ricobayo). Fondo Iberduero. 2401/4. Proyecto adicional de poblado protegido para el personal de explotación del Salto. Grupo del Esla (Zamora). Plano de emplazamiento.

    ↩
  18. 18

    Carles Sudrià, “Iberduero, 1944-1973: la consolidación de un gran proyecto empresarial”, en Un siglo de luz. Historia empresarial de Iberdrola, ed. Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón (Madrid: Iberdrola, 2006), 387.

    ↩
  19. 19

    AHISR (Archivo Histórico Iberdrola Salto de Ricobayo). Fondo Iberduero. 2401/4. Presupuesto, s/p.

    ↩
  20. 20

    Ídem. Memoria, 1.

    ↩
  21. 21

    El Correo de Zamora, 7 de noviembre de 1959, 6.

    ↩
  22. 22

    AOZa. Curia. 1952. D. 2. Planos. Algunas obras del arquitecto se encuentran en el Centro Vasco de Arquitectura, si bien los proyectos realizados para Iberduero fueron devueltos a la compañía. AHISR nos confirmó que no se encuentran en depósito.

    ↩
  23. 23

    AHISR. Fondo Iberduero. 2401/4. Memoria, 1 y Plano de emplazamiento. Los planos de la primera fase fueron dibujados por Osorio y Villán. Planos 45.618, 45.541-8, 41.619-23, 41.658 y 41.677-79.

    ↩
  24. 24

    AOZa. Curia. 1955. D. 2. Para su erección como oratorio público la compañía envió al obispo una solicitud acompañada de siete planos, aunque sin memoria ni presupuesto.

    ↩

Cómo citar

García-Lozano, Rafael Ángel. “El poblado del Esla (Zamora): Arquitecturas para la industria energética a partir de sus fuentes documentales”. VAD. Veredes, arquitectura y divulgación, n.º 12 (2024): 100-112.

© 2024 Rafael Ángel García-Lozano. CC BY-NC-SA 4.0.