Núm. 12, Las fuentes, diciembre de 2024
Artículos de investigación
El Archivo de la Biblioteca de la E.T.S.A. (UPM): Notas sobre la historia de su compromiso con la docencia y el patrimonio
The Archive of the Library of the School of Architecture, Universidad Politécnica de Madrid: Notes on the History of Its Commitment to Education and Heritage
Resumen
Este artículo presenta momentos significativos de la historia del Archivo de Arquitectura de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y de su compromiso con la docencia y el patrimonio arquitectónico: su inicio como museo de carácter docente que, muy temprano, tuvo la voluntad de trascender el ámbito universitario, el paso de “museo” a “archivo” al poner en valor la serie y el contexto documental o la incorporación de las tecnologías de la información. Actualmente los fondos están disponibles en abierto en la plataforma Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la UPM (AHDB) con más de 16.000 objetos digitales que los usuarios pueden descargar sin estar registrados ni pertenecer a la universidad. El compromiso es el mismo pero, gracias a las nuevas herramientas, la visibilidad es mayor.
Palabras clave: archivos de arquitectura; enseñanza; difusión; patrimonio; tecnologías de la información
Origen del museo de la Escuela de Arquitectura de Madrid
La producción y el acopio de dibujos, maquetas, instrumentos técnicos, etc., han sido una constante en la docencia de la Arquitectura;1 este acervo servía a los estudiantes para conocer los estilos arquitectónicos, cultivar la expresión gráfica o para las prácticas de laboratorio (Fig. 1).

Así se constata en los inventarios de material pedagógico de 17582 y 18043 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) así como en el “Capítulo IV, Medios materiales de enseñanza” del Real Decreto de 25 de septiembre de 1844,4 que reorganizaba las enseñanzas impartidas en la Academia y establecía la separación entre los estudios de Bellas Artes y de Arquitectura.5
Quizá el primero en manifestar la posibilidad de crear un museo con esos objetos, concretamente con los vaciados (para los alumnos que no podían desplazarse a Roma), fue el estudioso de la Antigüedad, fray José Francisco Ortiz en 1790, en su Noticia y Plan de un Viage Arquitectónico-Antiquario.6 También se proyectaba un museo en la Real Orden de 8 de octubre de 1850 del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas,7 esta vez con el material obtenido en los viajes artísticos que organizaba la Escuela para que los estudiantes adquirieran:
Prácticamente el buen gusto y el tacto crítico que no les proporcionaría el estudio de los simples diseños, y la teoría del Arte limitada sólo a los libros.8
La citada Real Orden, propiciada por el éxito de las expediciones a Toledo dirigidas por Antonio Zabaleta9 entre 1849 y 1850, exponía:
(…) En ellas, no solo han adquirido los alumnos los conocimientos (…), sino que transcribiendo al papel y al yeso aquellas obras maestras en dibujos y vaciados, han dado principio a la formación de un Museo de arquitectura (…). Pero no basta que ese Museo se forme y fomente, (…). Menester es que los artistas, sea cualquiera su residencia, puedan consultarlas, y que en el extranjero sea conocida la España, tal cual fue y es, (…) La escuela de arquitectura debe tener este trabajo a su cuidado y dirección por su instituto, y porque tampoco sería justo arrebatarle esa gloria.
En el punto 3.º de la disposición se estipulaba que los vaciados y dibujos realizados serían propiedad de la Escuela y en el 4.º que el gobierno procuraría enriquecer con adquisiciones españolas y extranjeras dicho museo. Es decir, la iniciativa, además de beneficiar a la docencia, buscaba fomentar la documentación, valoración y difusión del patrimonio arquitectónico nacional.10
En 1853, Francisco Jareño11 organizó el cuarto viaje a Salamanca. Al equipo se sumó el fotógrafo británico Charles Clifford,12 incorporando lo que era entonces una técnica novedosa. Esta expedición contó con gran repercusión en la prensa, que reprodujo las crónicas del alumno José Picón13 y las reseñas de la exposición realizada con los trabajos del viaje y los dibujos de los pensionados en Roma.14
Sin embargo, la ayuda de la administración no debió ser la prometida. Hay noticias de que Aníbal Álvarez15 reclamó al Ministerio de Fomento la compra de maquetas y modelos16 y, en 1865, Narciso Pascual y Colomer17 escribió la siguiente circular:
(…) Celosos profesores y agradecidos discípulos han traído al gabinete de la Escuela diferentes objetos que unidos a los trabajos de las expediciones anuales, constituyen un conjunto bastante para empezar a formar un pequeño Museo. Es, pues, llegado el tiempo de organizar dichos objetos, y de ir aumentando y completando con otros la colección arqueológica. Y para que esta pueda llegar a ser algún día tan útil y provechosa como conviene a los adelantamientos científicos y a la gloria del país, me tomo la libertad de rogar a V. que se sirva recoger y remitirme cuantos objetos pueda, (…), siempre que se conozca su mérito artístico o su irrecusable procedencia histórica.18
En 1903, con motivo del VI Congreso Internacional de Arquitectos que se celebraría en España al año siguiente, la Escuela demandaba ayuda para completar su colección de vaciados y para ello se dirigió a todos los arquitectos españoles “en lo cual no puede menos de salir ganando el arte y los Arquitectos, tanto por la utilidad de la colección formada, como por el efecto moral que a nuestros visitantes extranjeros ha de producir”.19
La Escuela Superior de Arquitectura, sede del Museo Nacional de Arquitectura
La Escuela de Arquitectura se localizaba en el antiguo colegio de los jesuitas en la calle de los Estudios junto con la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras y con otras enseñanzas de la Universidad Central. Esta construcción había quedado obsoleta rápidamente y Modesto López Otero,20 director de la Escuela y también Arquitecto-director de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria, trasladó la necesidad de contar con unas instalaciones adecuadas a los programas de estudio. El anhelo fue atendido y, en el plan definitivo del nuevo campus de Madrid, Arquitectura formaba parte del grupo de centros de construcción urgente.21
El edificio, firmado por Pascual Bravo22 e iniciado en octubre de 1933,23 se inauguró con los exámenes de junio de 1936, aunque al parecer la biblioteca ya se había trasladado en 1935. En esta sede, se destinaron espacios interiores y exteriores a museos de finalidad pedagógica, retomando y actualizando la idea del Museo de Arquitectura y considerando referencias como la colección de l’École des Beaux-Arts de París, el Museo de sir John Soane, etc.
Pero el levantamiento del 18 de julio de 1936 dio inicio a la guerra civil española. Los sublevados llegaron en noviembre de ese año a Madrid y ocuparon parte de la Ciudad Universitaria, incluida la Escuela de Arquitectura; las fuerzas republicanas contuvieron el avance de las del general Franco que, sin embargo, no se retiraron, manteniendo la línea de frente apenas alterada hasta el final de la contienda. La Escuela contaba con una posición central dentro del área tomada con el sótano y el jardín posterior resguardados, por lo que se ubicó en ella el puesto de mando del sector, un equipo quirúrgico de urgencia, el depósito de municiones, etc.24
Como consecuencia de la guerra, el edificio quedó semidestruido y desapareció gran parte de su contenido. Los pocos documentos que sobrevivieron lo hicieron porque no llegaron a trasladarse al nuevo edificio o porque pudieron ser evacuados con la biblioteca que, de todas formas, perdió muchos de sus ejemplares.25 Se perdieron los dibujos de los pensionados de Roma, los proyectos para solemnizar fiestas reales de Ventura Rodríguez, abundantes vaciados, el material topográfico, etc.
La construcción se consolidó, reparó y reabrió sus puertas en 1943. López Otero retomó el proyecto del museo, considerándolo imprescindible dentro de las actividades a desarrollar en la nueva etapa; las colecciones se formarían con depósitos de entidades públicas y aportaciones privadas, y su objetivo sería la divulgación de la Arquitectura entre la juventud universitaria y el público en general para aumentar el interés por la disciplina. Se ubicaría en:
(…) Locales especiales de la planta basamental del nuevo edificio, en los grandes vestíbulos y galerías de sus diferentes plantas, así como en el gran patio exterior y jardines circundantes.26 (Fig. 2)

El museo contaría con modelos de construcción, muestras de materiales, máquinas, herramientas, mobiliario, fragmentos de edificios, reproducciones de elementos de diferentes estilos, maquetas, dibujos, proyectos arquitectónicos, fotografías, etc.;27 también se formaría una “Colección gráfica de monumentos”:
(…) Es la Escuela lugar apropiado para establecer un taller-estudio donde realizar la colección gráfica de nuestros monumentos. No se trata de instalar un archivo fotográfico más, (…) sino de conseguir la posesión de los planos de los monumentos o conjuntos urbanos, comenzando por aquellos en peligro de desaparición.
(…) Lo que ahora se propone puede llevarse a cabo con la colaboración del Seminario de conservación y restauración de monumentos, es decir, con la cooperación de sus alumnos.28
López Otero juzgaba fundamental la colaboración entre Escuela y profesión y entre Escuela y sociedad. Además, planeaba involucrar a los estudiantes en labores que añadieran formación moral y ética profesional a la enseñanza técnica.
El proyecto fue apoyado por el Ministerio de Educación Nacional, que creó el Museo Nacional de Arquitectura por Decreto de 11 de noviembre de 1943,29 vinculado con la protección del patrimonio arquitectónico y la función educadora:
(…) Reuniendo y ordenando cuantos planos, dibujos, estampas y proyectos, fragmentos de edificios y reproducciones se hallan diseminados por la nación. La custodia de tales documentos de la historia del arte español, debidamente clasificados, servirá, además, de eficaz instrumento para la enseñanza de la Arquitectura y para la divulgación del conocimiento de nuestros estilos, contribuyendo de este modo a la cultura general del país y en especial de la juventud universitaria.
Del mismo modo se hacen precisas la reunión y exposición permanente de los métodos de construcción arquitectónica, en su evolución y en su estado actual, tanto en lo que se refiere a materiales como a procedimientos y aplicaciones, con fines pedagógicos y culturales.
La sede se localizaría en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y los materiales a exponer, originales o reproducciones, procederían del Tesoro Artístico Nacional, de entidades públicas y privadas, y las adquiriría el Estado o serían entregadas en depósito. El órgano de gobierno estaría constituido por un patronato cuyo secretario sería el director de la Escuela, y por una comisión ejecutiva a las órdenes del patronato; ésta se compondría, entre otros, del director del Museo, que sería el de la Escuela. De nuevo, la vinculación entre ambos era clara.
Con este apoyo al proyecto, López Otero comenzó una campaña para recolectar material a la que respondieron la Dirección General de Arquitectura, el Museo del Prado, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Romántico, etc. Trazó, además, el plan de trabajo, el cálculo del personal necesario, la distribución de los materiales en las salas y el programa de difusión que incluía conferencias, exposiciones, publicaciones y la creación de un grupo de corresponsales, los Amigos del Museo de Arquitectura, que notificarían sobre la existencia de material digno de la colección en cualquier punto del país. El Museo debía ser “un organismo en constante actividad”.30 Sin embargo, en la conferencia del acto de entrega de títulos a los arquitectos y aparejadores de la promoción de 1954,31 López Otero constató su “lánguida actividad” por la escasez de recursos económicos y de aportaciones a pesar de que, a su juicio, podría llegar a ser “un instrumento cultural de primer orden en el ámbito de la Ciudad Universitaria”.
Finalmente, el Museo acabó desapareciendo. Años después, Fernando Chueca, que había sido nombrado conservador del mismo en 1949, indicaba32 que la Escuela y la Universidad tampoco se habían involucrado en el proyecto, quizá por estar ligado a la historia y al patrimonio, cuestiones poco valoradas entonces. A pesar de esto, Chueca donaría a finales del siglo XX su fondo profesional al Archivo de Arquitectura (Fig. 3).

Sea como fuere, ya en 1947 López Otero había escrito:
(…) Pero, por muy buena que sea la voluntad de ese Patronato, (…) no será el éxito completo, ni eficaz la tarea, si no cuenta con la colaboración de los arquitectos y con la de todos aquellos que se interesan por los asuntos de nuestra arquitectura.33
Del Museo al Archivo de Arquitectura
Tras el fracaso del Museo Nacional de Arquitectura, comenzó en la Escuela un periodo de desapego de lo que era, por otra parte, documentación de la historia de la institución. Ello a pesar de que, en esos tiempos, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, en lo que se llamó la Declaración de Palma (6 de mayo de 1972) recomendaba la creación de archivos históricos en los colegios de arquitectos con políticas coordinadas de investigación y defensa del patrimonio arquitectónico,34 en parte como respuesta a los desmanes urbanísticos que se estaban produciendo en las ciudades españolas.
Antonio Fernández Alba, nombrado al comenzar el curso 1971-1972 profesor asesor de la biblioteca, compartía ese criterio:
Nunca pude entender a lo largo de los años de mi dilatada vida como profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid, aquel desahucio y falta de atención por conservar los “fragmentos de la memoria”, precisamente en una comunidad universitaria que atisba e indaga su quehacer de oficio en la triada conceptual de la materia, la mirada y la memoria.35
Fernández Alba defendía la conveniencia de conservar ese material en la biblioteca universitaria como complemento a los conocimientos que, sobre la profesión, adquirían las nuevas generaciones en las clases. Lo cierto es que, en esa época, era una de las pocas figuras en la Escuela (también Pedro Navascués, catedrático de Historia del Arte en 1978, quince años más joven) que apostaba por el archivo.
Aun así, durante este periodo llegaron importantes donaciones y se realizaron compras, muchas de ellas recomendadas por Fernández Alba o Navascués. La documentación se recibía en la biblioteca o en las cátedras, que la utilizaban para sus lecciones; asimismo, este material siguió difundiéndose en trabajos de investigación, publicaciones y exposiciones. Años más tarde, Fernández Alba donaría parte de su fondo personal36 al archivo (Fig. 4) y Navascués una colección de dibujos de Arturo Mélida.37

Es entonces cuando se empezó a utilizar el término archivo en vez del anterior museo. Bibliotecas, museos y archivos manejan información que acumulan, organizan, conservan y difunden, pero los dos primeros suelen trabajar con unidades individuales (libros, objetos) mientras que los archivos custodian “conjuntos de documentos (…) producidos orgánicamente y/o acumulados y utilizados por una persona física, familia o entidad en el transcurso de sus actividades y funciones”.38 Así, la riqueza de una biblioteca o de un museo reside en el número y calidad de sus ejemplares, pero en un archivo es más importante la continuidad de sus series documentales, ya que el valor de sus documentos depende en gran medida del contexto. De este modo, contar con un proyecto de arquitectura completo permite descubrir el proceso creativo seguido por el autor; en ello radica el interés de conservar el conjunto de esos documentos y no solo los planos finales o los dibujos bellos, quizá más interesantes para un museo. Este valor es subrayado por Fernández Alba:
(…) [El archivo] es una “terra incógnita”, un lugar donde depositar esas múltiples radiografías del trabajo que encierra el discurso arquitectónico, los datos de su cronología alterada, las vicisitudes del proyecto que buscan impacientes ideas y conceptos que sucedieron, imágenes y formas oteando las nuevas técnicas y construcciones en la temporalidad de la fragmentada polifonía que edifica la arquitectura.39
Que añadía que los archivos son:
Arsenales donde reposan los sedimentos de la historia y se preservan las memorias.40
La incorporación de las nuevas tecnologías de la información
El proyecto AAGRAFA (Adquisición y Almacenamiento de Material GRÁFico de Arquitectura), nació en 1996 cuando los profesores Ricardo Aroca,41 Javier Cárdenas y Jaime Cervera firmaron una petición para que la Escuela participara en un plan de inversiones para infraestructura científica cofinanciado por la Comunidad Europea con fondos FEDER I+D.
El plan fue aprobado ese año y se designó a Juan Antonio González Cárceles, profesor del Departamento de Estructuras de la Edificación, responsable del mismo. Los objetivos eran la restitución fotogramétrica y la digitalización de documentación útil para la comunidad universitaria: material restringido al préstamo por su valor (fondo antiguo de la biblioteca y fondos de archivo), diapositivas y proyectos de docentes, proyectos fin de carrera, etc.; también se contemplaba la grabación de conferencias, visitas a edificios, procesos constructivos y clases en directo. Todas estas imágenes serían accesibles e integrarían un banco en la red cuyo fin último era preservar la memoria del centro.
El proyecto fue adscrito a la biblioteca por el entonces director, Juan Miguel Hernández León,42 centralizando en este servicio los recursos e instalaciones para el conocimiento al igual que se realizaba en otras universidades.
La biblioteca incorporó su experiencia en la gestión de la información y, tras varios tanteos, el material se agregó a la plataforma de acceso libre de la UPM Colección Digital Politécnica (CDP). La CDP albergaba y presentaba en formato digital fondos bibliográficos y objetos valiosos para la docencia y la investigación pertenecientes al patrimonio de la universidad; estaba soportada por DigiTool, herramienta de la empresa Ex Libris, incorporaba distintos esquemas de metadatos y aplicaba los estándares OAI-PMH.43
El proyecto AAGRAFA sentó las bases de los primeros protocolos de escaneo y de aplicación de la legislación de propiedad intelectual y evidenció que la digitalización, además de un medio necesario para la difusión, era una forma de preservar originales valiosos y frágiles (Fig. 5).

Una iniciativa de este proyecto fue reconocida en 2001 con el Premio de Calidad a la Difusión de Urbanismo, Arquitectura y Obra Pública en la XVI convocatoria del Ayuntamiento de Madrid; se trataba del ciclo de veinte conferencias El autor enseña su obra, realizado en el año 2000 mediante convenio con el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Plataforma Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la UPM
En 2008, el Servicio de Biblioteca Universitaria de la UPM dotó una beca para procesar archivísticamente el fondo del paisajista Leandro Silva.44 Este proyecto contó con la colaboración del Servicio Histórico de la Fundación Arquitectura COAM, que aportó su metodología y experiencia en el tratamiento de esta documentación. Seguidamente, se procesaría el fondo Luis Moya Blanco45 y, después, se acometerían otros proyectos de gestión archivística y distintas actividades relacionadas con ellos, como exposiciones y colaboraciones en proyectos de investigación.
Las bibliotecas han desarrollado métodos para normalizar la descripción de los fondos de archivo en sus catálogos, pero, en 2019, tras más de diez años de trabajo y miles de documentos procesados, se hizo patente la necesidad de implementar un software específico diseñado bajo los estándares internacionales de descripción archivística y que, además, permitiera la difusión de los fondos en la web.
Se estudiaron experiencias de otras universidades y, finalmente, se seleccionó el software ICA-AtoM46 al que se migraron los datos que, desde 2008, se habían recogido en otras aplicaciones y las colecciones digitales integradas en DigiTool. Nació así la plataforma Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la UPM (AHDB)47 cuyo objetivo es difundir los fondos de archivo y los objetos históricos recopilados a lo largo de su trayectoria por la Universidad Politécnica de Madrid, a través de sus escuelas y facultades para apoyo a la docencia y la investigación, pero también para que este material sea accesible a la sociedad en general. El 4 de octubre de 2021, Día Mundial de la Arquitectura, la plataforma se publicó por primera vez en abierto (Fig. 6).

Esta aplicación está en línea con el actual modelo de descripción archivística48:
El nuevo modelo conceptual se aparta de una descripción plana y rígida, como era la practicada para elaborar instrumentos de descripción, y la llena de relieve al potenciar con las relaciones, la descripción de los contextos documentales.
Por otra parte, busca la captura y comprensión adecuada y satisfactoria de cualquier usuario que no tiene por qué tener conocimientos de archivística, pudiendo acceder por multitud de vías a la información que le interese.49
Si bien el contexto ya se consideraba en la descripción porque ésta debía estar ligada a la procedencia, integridad y orden original del fondo de origen, el desarrollo de las tecnologías de la información permitió incorporar nuevos modelos capaces de ampliar la perspectiva. En estos sistemas de descripción archivística, las relaciones entre las entidades50 (documento, agente, función, norma, acontecimiento y lugar) son esenciales para dotar y preservar el significado, el valor testimonial, el contexto y la accesibilidad de los documentos. La comunicación es más eficaz y asequible, pero el gran avance es la interoperabilidad de los datos. La información que manejan estos sistemas está estructurada y vinculada para que sea legible por máquinas y, por tanto, para favorecer su uso universal en un entorno Linked Open Data o de datos enlazados.
En el AHDB, la salida OAI-PMH de la plataforma permitió que los registros fueran recuperables desde el momento que estuvieron en abierto en Ingenio, herramienta de consulta de las colecciones de las bibliotecas de la UPM, y en la red (World Wide Web) y que, a partir de diciembre de 2022, pudieran ser recolectados por Hispana, portal de acceso al patrimonio digital español.
Todo esto ha provocado un aumento notable de la visibilidad del archivo: en el año 2021, se produjeron 6.043 visitas a la plataforma y 1.886 descargas de objetos digitales, en 2022, 46.503 y 3.895, y en 2023, 82.048 y 6.872 respectivamente (Fig. 7).

Corolario
Actualmente, con más de 210.000 documentos procesados y más de 16.000 objetos digitales en el AHDB, el proyecto del Archivo de Arquitectura de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, UPM, está plenamente consolidado gracias al apoyo de la Dirección de la Escuela,51 del Servicio de Biblioteca Universitaria y de la Fundación General de la UPM (Fig. 8). Asimismo, como hizo, incluso en los momentos más difíciles de su historia, sigue manteniendo el compromiso con la docencia y con la valoración y difusión del patrimonio; ello se refleja en las consultas que se reciben, relacionadas con trabajos académicos, publicaciones y exposiciones, así como con la rehabilitación, restauración y catalogación de edificios. Y este compromiso incluye también al propio patrimonio documental, Patrimonio Histórico por ley.52

El archivo tiene la responsabilidad de satisfacer eficientemente las demandas de información y, mediante las nuevas tecnologías, facilitar y democratizar el acceso a la misma. El reto futuro es el establecimiento de políticas de cooperación con entidades afines (archivos, bibliotecas, museos, etc.) para optimizar el esfuerzo y seguir incrementando la difusión del patrimonio, lo que redundará en su conocimiento, paso imprescindible para su defensa y protección.
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- Sánchez de Lerín, Teresa. “Modesto López Otero: vida y obra”. Tesis doctoral. Universidad Politécnica de Madrid, 2000. https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.10205.
Notas
- 1↩
Evolución de la Escuela de Arquitectura de Madrid: Escuela Especial de Arquitectura 1844-1857; Escuela Superior de Arquitectura 1857-1957; Escuela Técnica Superior de Arquitectura 1957-1971; Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, desde 1971.
- 2↩
RABASF, Archivo, signatura 2-57-1.
- 3↩
RABASF, Archivo, signatura 3-617.
- 4↩
Gazeta de Madrid 3667, sábado 28 de septiembre de 1844. Disponible en https://www.boe.es/gazeta/dias/1844/09/28/pdfs/GMD-1844-3667.pdf (última consulta: octubre de 2024).
- 5↩
Creación de la Escuela Especial de Arquitectura, fuera de la Academia, pero sin estar desvinculada de ella totalmente, lo que sucedió en 1857, cuando pasó a ser Escuela Superior de Arquitectura y depender de la Universidad Central.
- 6↩
Alicia María Canto, “El viaje arquitectónico-anticuario de Fray José Ortiz y Sanz: Una carta arqueológica de España a fines del siglo XVIII”, SPAL, Revista de Prehistoria y Arqueología 10 (2001): 29-55.
- 7↩
“Instrucción pública—Negociado 4.º”, Real Orden de 8 de octubre de 1850 del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas. Disponible en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1850/5934/A00002-00002.pdf (última consulta: octubre de 2024).
- 8↩
José Caveda, Memorias para la historia de la Real Academia de San Fernando y de las Bellas Artes en España desde el advenimiento al trono de Felipe V hasta nuestros días (Madrid: Imprenta de Manuel Tello, 1867), 292.
- 9↩
Director de la Escuela 1854-1855.
- 10↩
La Real Orden proyectaba también la publicación de lo que más tarde sería la colección Monumentos Arquitectónicos de España.
- 11↩
Director de la Escuela 1874-1875.
- 12↩
Fondos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Disponible en https://www.realacademiabellasartessanfernando.com/assets/docs/fotografia/salamanca_avila.pdf (última consulta: octubre de 2024).
- 13↩
“Variedades”, El Heraldo (Madrid 1842), 21 de julio de 1853. Disponible en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=10ad2fce-515c-415e-a944-931ac6a6009c&page=3 (última consulta: octubre de 2024).
- 14↩
La Época (Madrid 1849), 1 de agosto de 1853. Disponible en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=8cf71eb2-fa39-453a-8c0e-bc0f071e8c58&page=4 (última consulta: octubre de 2024).
- 15↩
Director de la Escuela 1857-1864.
- 16↩
Javier Ortega, “La Alhambra y la Escuela de Arquitectura”, en Palacio árabe de la Alhambra (Madrid: Instituto Juan de Herrera, 2007), 21-22.
- 17↩
Director de la Escuela 1852-1854 y 1864-1868.
- 18↩
AGA Educación 32/16295 citado en María del Carmen Alonso y Almudena Negrete, Historia de la colección de vaciados y maquetas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (Madrid: 2013), 18-19.
- 19↩
“Informaciones y noticias”, Arquitectura y Construcción 129 (abril de 1903): 125. Disponible en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=505a7a62-923d-48b1-987f-f649c6260945&page=29 (última consulta: octubre de 2024).
- 20↩
Director de la Escuela 1923-1941 y 1951-1955.
- 21↩
“La Ciudad Universitaria de Madrid”, Revista Nacional de Arquitectura 6 (febrero de 1941): 3.
- 22↩
Director de la Escuela de Arquitectura, 1956-1963.
- 23↩
“Escuela Superior de Arquitectura”, Revista Nacional de Arquitectura 6 (febrero de 1941): 8.
- 24↩
Fernando Calvo, La guerra civil en la Ciudad Universitaria (Madrid: Ediciones La Librería, 2012), 216-220.
- 25↩
El 60 % según Fernando Ariño, bibliotecario de la Escuela, memoria del 31 de octubre de 1941.
- 26↩
Modesto López Otero, “La nueva Escuela de Arquitectura en la Ciudad Universitaria”, Revista Nacional de Arquitectura 20 (agosto de 1943): 299.
- 27↩
Teresa Sánchez de Lerín, Notas sobre el Museo de Arquitectura, en “Modesto López Otero: vida y obra” (tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2000). https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.10205.
- 28↩
Modesto López Otero, “La nueva Escuela de Arquitectura en la Ciudad Universitaria”, 300.
- 29↩
Boletín Oficial del Estado 328, 11303. Disponible en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1943/328/A11303-11304.pdf (última consulta: octubre de 2024).
- 30↩
Modesto López Otero, “El Museo Nacional de Arquitectura”, Revista Nacional de Arquitectura 66 (junio de 1947): 230.
- 31↩
Archivo de la Biblioteca de la ETSA, UPM, signatura ETSAM_037. Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php/escuela-superior-de-arquitectura-de-madrid-entrega-de-t-tulos-a-los-arquitectos-y-ap-rejadores-de-la-promoci-n-de-1954 (última consulta: octubre de 2024).
- 32↩
Teresa Sánchez de Lerín, Conversación con D. Fernando Chueca Goitia, en Teresa Sánchez de Lerín, “Modesto López Otero: vida y obra” (tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2000). https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.10205.
- 33↩
Modesto López Otero, “El Museo Nacional de Arquitectura”, 229.
- 34↩
El Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid fue creado en 1975.
- 35↩
Antonio Fernández Alba, “Inventario emocional de la memoria”, en El legado del arquitecto: los archivos de arquitectura de la ETSAM (Madrid: Mairea, 2012), 7.
- 36↩
Fondo Fernández Alba. Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php/fondo-fernandez-alba (última consulta: octubre de 2024). Cuentan también con documentación de Fernández Alba la Biblioteca Nacional de España, el Centro Pompidou, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Servicio Histórico de la Fundación Arquitectura COAM y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá.
- 37↩
Colección Arturo Mélida (Pedro Navascués). Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php/colecci-n-arturo-m-lida-pedro-navascu-s (última consulta: octubre de 2024).
- 38↩
Definición de “Fondo”, ISAD(G), Norma Internacional General de Descripción Archivística, 1999.
- 39↩
Fernández Alba, “Inventario emocional de la memoria”, 7.
- 40↩
Ibídem, 9.
- 41↩
Director de la Escuela 1991-1998.
- 42↩
Director de la Escuela 1999-2008.
- 43↩
Open Archives Initiative Protocol for Metadata Harvesting desarrolla y promueve estándares de interoperabilidad para facilitar la difusión de información en la red.
- 44↩
Fondo Silva. Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php/fondo-silva (última consulta: octubre de 2024).
- 45↩
Fondo Luis Moya Blanco. Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php/fondo-luis-moya-blanco (última consulta: octubre de 2024).
- 46↩
La herramienta digital AtoM, acrónimo de Access to Memory, es un proyecto de software libre del ICA, International Council on Archives.
- 47↩
Disponible en https://ahdb.upm.es/index.php (última consulta: octubre de 2024).
- 48↩
NEDA-MC redactada por Comisión de Normas Españolas de Descripción Archivística (CNEDA) y Records in Context: Conceptual Model (RiC-CM), del V Grupo de Expertos en Descripción Archivística del Consejo Internacional de Archivos.
- 49↩
Antonia Heredia, “La CNEDA: un nuevo modelo conceptual de descripción archivística”, Arch-e: Revista Andaluza de Archivos 3 (junio de 2010): 164.
- 50↩
Según NEDA-MC (edición 2017), 9. “Las entidades constituyen clases de objetos de la realidad archivística percibidas como categorías claramente diferenciadas que pueden estar reflejadas en los sistemas de descripción archivística de distintas maneras”.
- 51↩
Manuel Blanco, director de la Escuela desde 2017, fue director del I Congreso Internacional de Archivos de Arquitectura en 2004.
- 52↩
Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.
Cómo citar
Suárez Menéndez, Margarita. “El Archivo de la Biblioteca de la E.T.S.A. (UPM): Notas sobre la historia de su compromiso con la docencia y el patrimonio”. VAD. Veredes, arquitectura y divulgación, n.º 12 (2024): 56-68.
© 2024 Margarita Suárez Menéndez. CC BY-NC-SA 4.0.