Una máquina de consumir ciudad | laciudadviva

Puesto que ya no habitamos la casa y tan solo nos alojamos en ella, la ciudad es la receptora de nuestro habitar. Podemos hablar de Edmonton West Mall (WEM) como un laboratorio para la elaboración de una ciudad pre-producida.  Este gran laboratorio se comienza a construir en tres fases. La primera en 1981 y la última en el año 1985. La familia promotora son los  Ghermezian quienes contratan al arquitecto Maurice Sunderland su construcción. Pero el arquitecto cuenta poco,  pues la nueva ciudad esta pre-producida desde “otras” máquinas tecno-estéticas que la definen. El WEM lleva treinta años desarrollando su propio urbanismo. Un cocktail urbano compuesto por  más de 360 habitaciones hoteleras,  800 tiendas, 11 grandes almacenes, 110 restaurantes, 20 cines, capillas aconfesionales, 13 clubs nocturnos, una playa, piscinas, atracciones, pistas de hielo. Esta aparente diversidad forma una ciudad-territorio de lo cotidiano que opera de manera simultánea. Un dispositivo que junto a las diversas prácticas como un cuidadoso estudio de los públicos objetivos, de sus intereses y expectativas, que se plasman en contenidos diseñados para que actuar de emisores lo suficientemente atractivos para captar a los colectivos a los que van dirigidos. WEM ejerce una educación no-formal que se introduce bajo la piel y nos lleva al reino de la elección libre establecida.

Water space del West Edmonton Mall, Alberta. Canada | laciudadviva.org

Los centros comerciales no siempre fueron así. Pero  desde siempre han interferido en las prácticas cotidianas desde la seducción y la objetivación del deseo.

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Mauro Gil-Fournier

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