Tradición contemporánea | Íñigo García Odiaga

Museo y Centro de Investigación GC Prostho, 2012 | Kengo Kuma and Associates | Fotografía: Daici Ano

Dos cosas destacan profundamente al acercarse a la obra del arquitectos japonés Kengo Kuma. Por un lado la gran cantidad de proyectos que ha construido en los últimos 10 años, todos ellos de un altísimo nivel, por otro lado el uso tan radical de los materiales, o si se prefiere de la materia, como un elemento de continuidad entre el pasado, el presente y el futuro de la arquitectura.

No es una casualidad que a Kengo Kuma, muchos textos e investigadores le hayan colocado el sobrenombre del arquitecto de la materia. Muchos de los trabajos del estudio de Kuma hacen un esfuerzo por llevar el material a un escalón en el que adquiera todo el protagonismo, tanto formal como expresivo, pero siempre luchando por sumarse al contexto en el que se asienta el edificio.

Museo y Centro de Investigación GC Prostho, 2012 | Kengo Kuma and Associates | Fotografía: Daici Ano

Es una constante en su trabajo el uso de los materiales típicos de una determinada región o de las técnicas constructivas tradicionales de un pueblo para la construcción de un edificio contemporáneo en esa región.

Un buen ejemplo de esa obsesión por la materia del lugar es el Museo en Yusuhara. El proyecto puede resumirse  como la construcción de un edificio puente, que unirá dos edificios públicos antiguos que durante mucho tiempo estuvieron separados por una carretera.

De esta manera, los museos existentes se comunicarán y se fusionarán en un único gran edificio que multiplicará sus funciones y su oferta cultural.

Yusuhara, Museo y Puente de Madera, 2011 | Kengo Kuma and Associates | Fotografía: Takumi Ota Photography

Dado que esta conexión en puente era necesaria, Kuma optó por dotarla de contenido, de este modo el puente no funciona sólamente como un pasaje entre las dos instalaciones existentes, sino que también alberga alojamientos y un taller, en definitiva un lugar de residencia temporal para artistas. En lugar de un derroche estructural de acero y vidrio, se propuso una estructura que con pequeños avances en voladizo fuese ganando poco a poco la distancia que separa los dos antiguos edificios. El sistema estructural, que se compone de cientos de pequeñas piezas, hace una clara alusión a las estructuras de voladizos desarrolladas a menudo en la arquitectura tradicional de China y Japón.

De alguna manera esta estructura reivindica un diseño sostenible, en un lugar de montaña en el que los transportes son muy caros, resuelve la cuestión de cómo se puede lograr un gran puente a través de la suma y encaje de pequeñas unidades de madera, evitando el uso y traslado de grandes elementos de construcción.

Este proyecto del puente recuerda en gran medida al Museo y Centro de Investigación GC Prostho construido por la oficina de Kuma 5 años antes. Todo el proyecto se origina en el sistema Cidori, un juego de construcción tradicional japonés. El Cidori es un conjunto de palos de madera articulados que tiene una forma única, que les permite unirse y formar agrupaciones espaciales únicamente girándolos, sin necesidad de usar clavos o elementos metálicos. El tradicional juguete ha llegado a las nuevas generaciones gracias al trabajo de cientos de artesanos que en la actualidad lo siguen fabricando. Mediante una colaboración con el ingeniero estructural del proyecto, Jun Sato, que llevó a cabo pruebas de compresión y flexión para comprobar la capacidad del sistema, se comprobó que el mismo dispositivo del juguete infantil podía ser adaptado a los grandes edificios contemporáneos. Multiplicando el tamaño de las piezas del juego se construyó la totalidad del edificio, creando una arquitectura cuyo universo surge mediante la combinación de unidades pequeñas y su repetición. Este proyecto defiende además una postura ideológica, aquella en la que el ingenio tradicional puede competir en la era de la tecnología en igualdad de condiciones y demuestra con la construcción del edificio que tecnología y tradición no están enfrentadas a las necesidades de la modernidad.

Yusuhara Marche, 2012, Kengo Kuma & Associates | Fotografía: Takumi Ota Photography

El Yusuhara Marche es uno de los últimos proyectos de Kuma. El edificio alberga un mercado de productos locales, y un pequeño hotel de 15 habitaciones, que quedan comunicados a través de un atrio. La calle principal del municipio en la que se sitúa el edificio, es un destino turístico muy importante en la región, y precisamente a este hecho se debe la existencia de gran cantidad de “Chad Do” tradicionales, unos locales con cubierta de paja que ofrecen servicios a los viajeros, tales como alojamiento, comida o eventos culturales y en los que se sirve té de forma gratuita. Como un intento de respetar la historia del lugar, los arquitectos usaron la paja tradicional como material; ya que su uso está muy arraigado en las cubiertas de los edificios existentes en la calle y su uso podía ser un buen medio para conectar el pasado con el presente. La cubierta de paja tradicional se reinventa en el edificio para proponer una fachada que mejora las condiciones del muro cortina de vidrio, tamizando la luz y que junto al cedro local en los testeros produce una imagen que habla de modernidad mientras dialoga con el contexto.

Interrogado en ocasiones por la autoimposición del uso estricto de un determinado tipo de madera para una obra concreta, Kuma explica que los carpinteros japoneses siempre han usado en sus obras la madera local, la que crece en ese mismo clima. Desde su visión es lo más razonable y lo más lógico, la humedad y la temperatura alteran la madera, que también se estropea en el transporte. Desde esta óptica, la madera de un lugar dura más en ese lugar y además es más económica. Podría por lo tanto tildarse esta metodología de sostenible, equilibrada y lógica. Estas obras de Kengo Kuma, más allá de sus efectos volumétricos o de sus riesgos formales, nos sirven para reflexionar sobre una tendencia que parece haberse implantado en la sociedad de consumo actual y que parece priorizar lo lejano y sofisticado frente a lo local y lo sencillo, defendiendo en ocasiones lo absurdo frente a lo ajustado y lo razonable.

Yusuhara Marche, 2012, Kengo Kuma & Associates | Fotografía: Takumi Ota Photography

íñigo garcía odiaga . arquitecto
san sebastián. enero 2014

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  • Alberto Alonso Oro

    Los argumentos del proyecto de arquitectura | Santiago de Molina

    En el camino de aprender arquitectura, y una vez interiorizado que es un
    arte necesitado de razones que la sustenten, uno siente la tentación de
    lograr un ejercicio digno por medio de un fatal encadenamiento de
    argumentos. Como si una correa bastase para arrastrar todo proyecto a un
    buen resultado. (Cuando en realidad no hay nada que encadenar, sino que
    se trata de un proceso de otro orden, más bien relacionado con el
    incubar, el condensar o el decantar).

    Si esto es cierto para la Arquitectura no lo es menos para el resto de
    creaciones artísticas: la física, la medicina y el ajedrez. Quizás por
    eso es difícil encontrar mejor modo de explicar ese particular modo de
    proceder en la formación de la arquitectura que por medio de la
    descripción que de su trabajo hacía un científico, premio Nóbel de
    fisiología y medicina, llamado François Jacob. En un escrito biográfico,
    decía:

    “Al revés de lo que yo había creído durante mucho tiempo, el proceso
    de la ciencia experimental no consiste en explicar lo desconocido por lo
    conocido, como ocurre en determinadas demostraciones matemáticas. Por
    el contrario, de lo que se trata es de rendir cuentas de lo que se
    observa a través de las propiedades de lo que se imagina. (…).

    La ciencia en estado de gestación presenta dos aspectos: lo que se
    podría llamar ciencia diurna y la ciencia nocturna. La ciencia diurna
    pone en juego unos razonamientos articulados como engranajes, unos
    resultados que presentan la fuerza de la certidumbre, todo está probado,
    todo está clasificado. La ciencia nocturna, en cambio, vaga a ciegas.
    Duda, tropieza, retrocede, suda, se despierta sobresaltada… Es una
    especie de taller de lo posible.

    Nada hay que permita afirmar que la hipótesis que acaba de surgir,
    superará su forma primitiva del esbozo burdo para irse afinando,
    perfeccionando. Si resistirá la prueba lógica. Si podrá acceder a la
    diurna”.

    En la hermosa explicación de Jacob, que sitúa en la intuición la raíz
    del hacer científico, encontramos un hermanamiento pleno con lo que
    sucede en arquitectura. Los procesos de pensamiento, no son puros, ni
    están encadenados con la perfección de un silencioso mecanismo, salvo en
    la obra terminada, diurna.

    Existe un soberano esfuerzo por llegar a hacer de la obra un sistema
    completo y coherente, por lograr esa consecución de razones irrebatible y
    sólida, pero nadie es capaz de encontrar atajos en su proceso ni evitar
    una etapa de esbozos y tanteos, esa especie de compartido, hermano y
    monumental, “taller de lo posible”.

    Resulta hermoso, finalmente, ver como a pesar de llegar a formularse
    como una obra construida conserva algún rescoldo de esa nocturnidad. Tal
    vez esa tenue luz tiene que ver con lo que significa el arte para el
    ser humano.
    http://goo.gl/dKXDpF