Supongo que habréis escuchado en multitud de ocasiones la pregunta: ¿Qué es la arquitectura? Yo todavía no lo sé, ni creo que lo sabré jamás, de hecho pienso que antes de entrar a la universidad sabía con más certeza de que se trataba. Sin embargo, creo que he conseguido descartar aquello que no es, lo que no pertenece ni dignifica a esta señora de mil caras, que viste innumerables vestidos, y lleva tocados traviesos, alguno de los cuales podrían rozar el esperpento en Ascot. Hablo de ella, de la que sale continuamente en nuestros pensamientos y por mucho que alguna vez intentemos huir de ella, lo único que sucede es que se perpetúa en nuestra mente con más fuerza, de esa que es elegante e imaginativa en ocasiones, pero que en cuestión de segundos se prostituye al mejor postor, al que más juegue con ella, sin saber que luego la cambiará a otros clientes, ocultándola bajo un burka fashion de última generación llamado “especulación“ Sí, no me he equivocado, hablo de Arquitectura.
No es arquitectura si no convive con su entorno, porque la arquitectura no es más que la respuesta a las variables del lugar, lo demás pues está de más…¿Hasta qué punto quieres hacer engordar la arquitectura? No sé, ahí ya decide el arquitecto y su egolatría… Porque no es arquitectura si dialoga en todas sus fachadas por igual, no es lógico ni debería ser lícito, porque la arquitectura es dinámica, varía en función de su entorno, y por lo tanto se transforma.
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Fabrice Osuna Cangas

