Ovoides chinescos | arquiscopio

Los edificios se han convertido en potentísimas armas de propaganda. En algunos casos, su mera construcción supone un acontecimiento de gran alcance mediático, atrayendo la atención de numerosísimas personas a través de los medios de comunicación. Imágenes espectaculares difunden formas sorprendentes que se supone van a albergar actividades que generalmente se desconocen y que poco importan también.

Sede del Gran Teatro Nacional de China. Paul Andreu, 2007 | Fotografía: Randomwire, en Flickr | arquiscopio.com

En este proceso, especialmente, determinados tipos de edificios, como son los culturales y deportivos contribuyen enormemente a la visibilidad mundial de las regiones y las ciudades. Generan, por así decirlo, una mejora impactante del atractivo de las naciones y como consecuencia parece que se favorece indirectamente el desarrollo económico. De alguna manera, las sedes de las instituciones públicas y de las grandes empresas transnacionales también tratan de participar en este juego de posiciones internacional.

En la generación de marcas globales, no solo la arquitectura sino también el arte, representan un caudal inagotable de recursos. El caso del arte reciente de China ofrece un ejemplo paradigmático a este respecto. Allí, un personaje como Ai Weiwei que supuestamente lucha por la libertad de expresión en ese inmenso país es un representante de esa ceremonia de la confusión a la que se han apuntado numerosos artistas y arquitectos.

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Federico García Barba

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