Oscar Niemeyer | entrelociertoyloverdadero

Al poco tiempo de entrar a estudiar arquitectura a fines de 1955, tuve en mis manos un libro sobre la obra de Oscar Niemeyer, firmado por Stamo Papadaki, alguien de quien poco he podido averiguar aparte de que era historiador y critico cuyo legado reposa en la Biblioteca de la Universidad de Princeton en USA. Lo puso en mis manos mi hermano Jesús que ya por ese entonces se acercaba al final de la carrera, y pude ver entonces las imágenes de la obra de este arquitecto que empezaba a sonar en el mundo con mucha fuerza.

Edificio Copan (1951-57), Oscar Niemeyer | oscartenreiro.com

Estaba allí por supuesto la ya famosísima iglesia de Pampulha con los murales de azulejos de Cándido Portinari. Y su influencia entre nosotros se hacía notar a pocos metros del lugar donde nos sentábamos en las mañanas entre clases en el viejo edificio de la Facultad, hoy Ingenieria: en el comedor universitario que Villanueva había construido en 1951. Ese comedor, de techos abovedados a los cuales se llegaba por un pasillo techado sinuoso que arrancaba en un pequeño pabellón que era la librería universitaria y estaba revestido de azulejos, era un claro reflejo del impacto que había causado en nuestro arquitecto el conjunto de Pampulha construído en 1941 en Belo Horizonte por Niemeyer, bajo la iniciativa de Juscelino Kubitschek, para entonces Gobernador del Estado de Minas Gerais, Brasil. Nuestro comedor habría de ser demolido en los años setenta pese a la campaña en contra liderada por Paulina, la hija de Villanueva, quien se enfrentó sin éxito a esos arranques arrogantes de la democracia de entonces, perfectos antecedentes de la dictadura que hoy tenemos. Y al comedor que mucho nos gustaba lo sucedió un lamentable edificio encargado a un amigo del partido en el Poder entonces. Tal como hoy se hace. ¿Hay muchos motivos para extrañarse?

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Óscar Tenreiro

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