“La universidad debe ser para la elite” | laciudadviva

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Umberto Eco regalaba ese titular poco antes de ser investido Doctor Honoris Causa por una de ellas (1). Evidentemente dicha frase ocupó inmediatamente las cabeceras de varias docenas de periódicos en unos cuantos países. Su éxito y su rápida difusión se debe a que choca de frente contra lo políticamente correcto. Y tal vez incluso contra alguna otra cosa que la sociedad moderna ha aceptado como una de sus conquistas más evidentes: la democratización de la enseñanza universitaria.

Las palabras de Umberto Eco se han extendido sobre ese viejo invento del aprendizaje humano como una pesada sombra de sospecha. Una vez que ya han sido acusados casi todos los estamentos de ser responsables de la “sobreabundancia de gente dispuesta a trabajar”, la última en sufrir los sofocos de esas hogueras ha sido la universidad.

No obstante Eco, seguramente uno de los personajes más conscientes de lo que es la esencia universitaria, ponía el dedo en la llaga sobre lo que según él ha sido el verdadero papel de la universidad en la historia. Desde muy antiguo la misión de estos centros estuvo ligada al sistema de formación gremial, donde un maestro y un alumno establecían relaciones de aprendizaje y docencia con el fin de poder desempeñar luego una labor en la sociedad. A  nadie se le escapa que la coincidencia en el origen de la universidad con la propia formación del arquitecto y tantos otros gremios. Sin embargo para Eco hoy, la fuente de los conflictos es otra: “el excesivo número de alumnos y la sustitución del papel del docente por internet son los principales problemas de las universidades”(2).

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Santiago de Molina

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