Gallinas en Seseña (II) | arquitectamoslocos?

“No lo dije en la primera parte, pero creo que es obvio que este relato se lo dedico a Juan Carlos Castillo Ochandiano (por supuesto) y (también por supuesto) a Juan Daniel Fullaondo, in memoriam.”

Ya conté que pasé esa noche inquieto. Por la mañana fue una gran alegría recibir en mi pueblo a tanta gente querida: Juan Daniel Fullaondo y su mujer, Paloma; Maite MuñozJuan Carlos Castillo y su mujer, Blanca; Darío Gazapo y Conchita Lapayese (no sé si ya estaban casados o aún eran novios); Diego Fullaondo (hijo de Juan Daniel y Paloma), que por entonces estudiaba arquitectura, y unos compañeros suyos de clase a quienes yo no conocía. No recuerdo cuántos eran; digamos cuatro o cinco.

O sea, que, con los mencionados más mi mujer y yo, los miembros del nuevo grupo vanguardista sin nombre éramos catorce o quince.

Cuando entramos en la nave vimos el ruedo vacío. Las gallinas estaban por ahí, campando a su gusto. Se habían escapado todas del minirredil que con tanto entusiasmo (él) y tanto escepticismo (yo) habíamos construido Juan Carlos (él) y yo (yo). Esa vaga sensación de “ya te lo decía” no me tranquilizó en absoluto.

En primer plano, a la derecha, yo con una cámara de fotos. ¿Dónde están las fotos que hice? En el centro de la imagen, el pasmoso hombre rana de secano. Al fondo, a la izquierda, el inútil ruedo de papel. Fila de ventanas abiertas por las que las gallinas (aves de vuelo muy corto, ciertamente) no habían escapado | Fotografía cortesía de Juan Carlos Castillo | arquitectamoslocos.blogspot.com.es

Bueno. Al menos no se habían escapado de la nave.

[...]

José Ramón Hernández Correa

+ artículo publicado en arquitectamos locos?

Archivado en: capturas, ensayo

Tags: , , , , , , , , , , , ,