Cierra los ojos y busca en la espesura de su interior la palabra exacta. No hay pirotecnia en Rafael Moneo. Solo sobriedad. Sentido de la medida. Ese espíritu disciplinado explica también el sello del autor de L’IIlla (el rascacielos tumbado en la Diagonal) y del Auditori, de la ampliación del Museo del Prado y de la exquisita restauración del novísimo Hotel Mercer de Barcelona. En Extremadura, es el padre del Museo de Arte Romano de Mérida, que fue elegido el mejor edificio de su década, y de la casa de cultura de Don Benito.

Rafael Moneo, en el Hotel Mercer de Barcelona, que ha restaurado con delicadeza | Fotografía: Ferrán Nadeu | elperiodicoextremadura.com
-La crisis ha acabado con el “ponga un Foster” o “un Nouvel” o “un Chipperfield en su municipio”.
-La arquitectura recuperará una racionalidad que siempre estuvo próxima a la profesión. En una situación como la actual, la administración juiciosa de los recursos estará en el fundamento de las construcciones. Los edificios que vienen verán desaparecer los excesos a los que hemos asistido en los últimos 20 años.
-Excesivas fueron las facturas presentadas por algunas vedetes de la arquitectura.
-No hay que culpar a los arquitectos de los excesos. Contribuyen a materializar los deseos colectivos que están tanto en los proyectos exagerados de los políticos como en la satisfacción de la vanidad de los poderosos.
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Nuria Navarro
