Enseñanza de la arquitectura (R. Salmona) | divagacionesyarquitectura

“Yo creo que la cultura en Colombia, en las ciudades colombianas, como en todo el suelo latinoamericano, no juega absolutamente ningún papel. Hay gente que tiene un cierto grado de cultura, pero no hay ni una cultura urbana, ni una cultura en los campos; lo que se está formando en este momento es una serie de “conglomerados” completamente anárquicos, producto de una serie de necesidades, de una mayor búsqueda de libertad por la cual se busca la ciudad como una gran “ilusión”. Pero la ciudad latinoamericana no está respondiendo, ni en su historicidad, ni en su especificidad, ni en su espacio físico, que podría ser un espacio muy coherente para radicalizar todos los problemas culturales, sociales y humanos de la gente, no está respondiendo a las necesidades que la gente busca en ella. Es decir. hay una ilusión de la ciudad -y no en el sentido en que la podría tener la gente en los paises más desarrollados-, la ciudad para ellos es algo muy concreto, tiene un atributo muy preciso, muy real, inclusive un atributo creativo. En Colombia, especialmente, que es un país en el que se están desarrollando ciudades en una forma gigantesca, se están desarrollando ciudades viejas y a la vez ciudades nuevas, lo están haciendo en una forma en que se ignora a qué corresponde el hecho de vivir en la misma ciudad, el hecho urbano. Lo desconocen porque no hay una cultura ni un lenguaje urbano adecuado, que corresponda, precisamente, a las necesidades y al lenguaje que habla la gente. Es decir, que la gente, en este momento, está en un proceso de aculturación, pero al mismo tiempo que está urbanizando todo, este país se está ruralizando en el peor sentido de la palabra. Quiero decir, algunas tradiciones que existían en el campo se están perdiendo ante la atracción que ejerce la ciudad para ellos, aunque la ciudad no esté respondiendo -y por consiguiente la arquitectura ni el urbanismo- a esas necesidades fundamentales de los grupos sociales que llegan a ella.

Rogelio Salmona – Residencia ‘El Polo’ | divagarquitectura.blogspot.com.es

La crítica a la enseñanza da la arquitectura y el urbanismo que yo podría hacer sería total. Me parece que las escuelas son completamente absurdas. Primero, están ligadas al concepto de que la arquitectura es “obra de arte”. Yo estoy de acuerdo en que es obra de arte, pero es mucho más que eso. Segundo, la arquitectura se enseña en función de ese concepto que se tiene precisamente de la ciudad del siglo XIX, rota por un fenómeno de mecanización, es decir, la arquitectura se está enseñando para resolver estrictamente problemas de orden funcional, y la ciudad, naturalmente, es mucho más que eso. La enseñanza puramente académica, llamémosla “moderna”, porque se supone que sea moderna, y creo que es tan antigua como la de la Escuela de Bellas Artes de París, puesto que son los mismo criterios, la misma actitud de- ver problemas puramente plásticos, independientemente de todos los problemas humanos que tanto deben preocupar a la arquitectura y al urbanismo. El urbanismo, además de eso, tiene una enseñanza aún más minimizada que la de la arquitectura porque hay menos urbanistas que arquitectos, y eso se entiende porque, precisamente, como es el caso del arquitecto peruano, se supone que las ciudades pueden ser cosas espontáneas. Yo estoy de acuerdo en que debe haber una espontaneidad de la ciudad, pero esa espontaneidad se está produciendo sencillamente porque no hay una visión global, más o menos justa, de las necesidades de esa ciudad en desarrollo, producto del impacto de una migración. No hay medios, ni intelectuales ni técnicos, para poderlo resolver, para adecuar la ciudad a las necesidades de ese impacto. Entonces, las ciudades, sencillamente, se van formando de una manera espontánea, lo que acarrea una serie de problemas increlbles, como los tiene Lima. Y naturalmente, hoy se trata de hacer un poco de romanticismo y de decir: “las ciudades que nacen espontáneamente…” Eso, en el fondo, no son sino “tugurios oficializados” en los cuales, después, hay que poner luz, agua, alcantarillas, problemas de tipo técnico, como acueductos. Se cree que resolver el problema urbano es resolver una serie de problemas técnicos; entonces, simplemente, se admite que la ciudad que crece espontáneamente es la forma nueva que debe tener la ciudad en América Latina o en el Tercer Mundo. Cosa que es ya un error. Porque se ha demostrado que, finalmente los tugurios, aunque tengan un aspecto más humano -porque precisamente hay más “solidaridad” en ellos ya que las necesidades condicionan a la gente- que los barrios perfectamente planificados, están mal planificados, por que no es una planificación sino un simple parcelamiento lo que se está haciendo. Se está pensando en las urbanizaciones en función de la rentabilidad que puedan producir. Por eso mismo adquieren un aspecto un poco más humano, un poco más vivo, un poco más urbano que esas urbanizaciones que se hacen sencillamente para obtener más rentabilidad o para especular. Es la única diferencia positiva que le veo yo al hecho de la mala urbanización.”

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Bayón, Damian; Gasparini, Paolo (1977) Panorámica de la arquitectura Latinoamericana. Barcelona: Editorial Blume / Unesco.

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