IniciofaroBarón Dandy | Sra. FarnsworthBarón Dandy | Sra. FarnsworthBarón Dandy | Sra....

Barón Dandy | Sra. FarnsworthBarón Dandy | Sra. FarnsworthBarón Dandy | Sra. Farnsworth

Según el diccionario, la palabra “detalle” sirve para hacer referencia a cada uno de aquellos hechos o acontecimientos, en apariencia secundarios, pero que con su presencia contribuyen a definir y perfilar los múltiples matices de la realidad que nos rodea.

Recuerdo por ejemplo que cuando era pequeña, mi abuelo Pepe tenía la curiosa costumbre de pasarse todas las mañanas horas y horas delante del espejo abrillantándose la calva a base de unas cantidades realmente escandalosas de una colonia, con la que yo ahora además -y ya de adulta- he desarrollado un curioso vínculo sentimental que me permite, cada vez que la huelo, retroceder casi 20 años en el tiempo.

Y es que la vida está así -por definición- llena de “detalles”, de aspectos aparentemente accesorios y triviales que forman parte de nuestra rutina diaria pero que a veces -con el paso del tiempo y el ejercicio de la memoria- se vuelven depositarios de ciertos lazos afectivos, desarrollan la curiosa capacidad de elevar lo cotidiano a la categoría de excepcional y se convierten entonces en indispensables.

En la Arquitectura, el “detalle” es el “medio” que nos permite dotar al proyecto de múltiples matices, objetivos y significados, y como en la vida, es en lo imprescindible de este “medio”, donde reside la clave que convierte lo habitual de un proyecto en algo extraordinario.

Cuando el objetivo es por tanto el construir, el detalle resulta así indispensable en la relación entre la idea de forma, materialidad y ejecución del proceso constructivo. Puede ser entonces estandarizado o singular, sutil o evidente, aparentemente accesorio en el planteamiento general del proyecto, pero siempre elocuente y decisivo a la hora de perfilar la imagen final del mismo.

Cuando el objetivo es el uso, los detalles resultan imprescindibles para poder utilizar los espacios con el propósito para el que han sido diseñados. Los detalles son entonces los objetos -mobiliario, decoración, iluminación- que el “usuario” introduce en el proyecto de arquitectura y que convertidos en símbolos de quien los posee o los disfruta, transforman así el espacio arquitectónico en espacio habitado.

Sin embargo, a veces ocurre que, ante necesidades concretas, el uso necesita ser construido y es entonces cuando el detalle se posiciona a medio camino entre el objeto y la arquitectura, convirtiéndose así en un recurso que -hábilmente utilizado- permite dotar al proyecto arquitectónico de una dimensión humana que lo transforma nuevamente, en algo excepcional.

Alvar Aalto | Fundación Alvar Aalto | alvaraalto.fi

Este planteamiento resulta especialmente evidente -por ejemplo- en la obra del arquitecto finlandés Alvar Aalto, donde el detalle se entiende como la “respuesta concreta” a lo “concreto del encargo” y es en la singularidad de todo este proceso, donde reside precisamente la fuerza que transforma el resultado final en algo único, excepcional y al servicio (siempre) de las necesidades del usuario.

Es el propio Aalto quien reconoce, en su escrito “La Trucha y el Torrente de la Montaña”, que es en la resolución (detalle) de una aparente paradoja (lo concreto como pregunta y respuesta) donde reside la clave de su método proyectual.

Un procedimiento que se pone de manifiesto -por ejemplo- en el diseño de las habitaciones del Hospital de Tuberculosos de Paimio, donde Aalto utiliza las particulares condiciones físicas y psicológicas de los pacientes (lo concreto) como punto de partida del proyecto (problema) y como tema central en torno al cual se define todo el diseño interior (solución).

Y así en Paimio, pintar de verde los techos de las habitaciones para que el paciente -tumbado- pueda “disfrutar” de un color relajante, utilizar luminarias de pared para que no se produzcan deslumbramientos o diseñar específicamente el lavamanos para que el agua al caer lo haga de la manera más silenciosa posible (no interrumpiendo así el descanso del enfermo), son “detalles imprescindibles” que surgen precisamente a partir de las exigencias concretas del proyecto (enfermo-reposo), pero que además poseen la capacidad de humanizar y singularizar de tal forma el edificio que este adquiere casi, una identidad propia.

Aalto construyó este hospital hace casi 100 años, y murió hace aproximadamente 40. Desde entonces la arquitectura ha evolucionado por muchos y diferentes caminos, pero últimamente parece acercarse peligrosamente a aquello de que lo Aalto precisamente renegó: una arquitectura que se compra por catálogo, donde lo importante es el precio y el tiempo de ejecución, una arquitectura estandarizada, que evita el detalle (en relación a lo concreto) y que ignora lo particular de las necesidades reales de quien la habita, que queda convertido así, en un mero consumidor.

En definitiva, una arquitectura que -volviendo al símil de lo cotidiano- bien podría parecer una especie de “ducha rápida” de usos y modos de agregación, que puede que limpie, pero nunca reconforta, porque -en el fondo- el ejercicio de la arquitectura es casi como las personas, que para “oler bien” y “sentirse a gusto”, necesitan tomarse las cosas con calma.

Sra. Farnsworth
Vigo. abril 2013

According to the dictionary, the word “detail” it serves to refer to each of those facts or events, by all appearances secondary, but that with his presence help to define and outline the multiple shades of the reality that surrounds us.

I remember for example that when it was small, my grandfather Pepe had the curious habit of hours and hours passing every morning in front of the mirror the patch being polished based on a few really scandalous quantities of a colony, with which I now in addition – and already of adult – I have developed a curious sentimental link that allows me, whenever I smell her, to move back almost 20 years in the time.

And it is that the life is like that – for definition – full of  “details”, of seemingly incidental and trivial aspects that form a part of our daily routine but that sometimes – with the passage of time and the exercise of the memory – there turn depositories of certain affective bows, they develop the curious aptitude to raise the daily thing to the category of exceptionally and turn then in essentials.

In the Architecture, the “detail” is the “way” that allows us to provide to the project of multiple shades, aims and meanings, and as in the life, is in the indispensable of this “way”, where there resides the key that turns the habitual of a project into something extraordinary..

When the aim is therefore to construct, the detail turns out to be like that indispensably in the relation between the idea of form, materiality and execution of the constructive process. It can be at the time standardized or singular, subtle or evident, seemingly incidental in the general exposition of the project, but always eloquently and decisively at the moment of outlining the final image of the same one.

When the aim is the use, the details turn out to be indispensable to be able to use the spaces with the intention for the one that they have been designed. The details are at the time the objects – furniture, decoration, lighting – that the «user» introduces in the project of architecture and that of whom it possesses them or he them enjoys, transform this way the architectural space into inhabited space.

Nevertheless, sometimes it happens that, before concrete needs, the use needs to be constructed and to be at the time when the detail is positioned to half a way between the object and the architecture, turning this way into a resource that – skilfully used – allows to provide to the architectural project of a human dimension that transforms it again, in something exceptional.

Alvar Aalto | Alvar Aalto Fundation | alvaraalto.fi

This exposition turns out to be specially evident – for example – in the work of the Finnish architect Alvar Aalto, where the detail is understood as the “oncrete response” to “concrete of the order” and it is in the singularity of all this process, where there resides precisely the force that transforms the final result into only something, exceptional and to the service (always) of the needs of the user.

It is the own Aalto who admits, in his writing “The Trout and the Torrent of the Mountain”, that it is in the resolution (detail) of an apparent paradox (the concrete thing like question and response) where there resides the key of his method proyectual.

A procedure that is revealed – by example – in the design of the rooms of the Hospital of Tubercular of Paimio, where Aalto uses the particular physical and psychological conditions of the patients (the concrete thing) as point of item of the project (problem) and as central topic concerning which there is defined the whole interior design (solution).

And this way in Paimio, to paint of green the ceilings of the rooms in order that the patient – knocked down – could “enjoy” a relaxing color, use lights of wall in order that dazzles do not take place or to design specifically the wash basin in order that the water on having fallen down does it in an as silent as possible way (not interrupting this way the rest of the patient), they are “indispensable details” that arise precisely from the concrete requirements of the project (patient – rest), but that in addition possess the aptitude to humanize and distinguish of such a form the building that this one acquires almost, an own identity.

Aalto constructed this hospital almost 100 years ago, and died it does approximately 40. Since then the architecture has evolved for great and different ways, but lately it seems to approach dangerously that one which Aalto precisely renounced: an architecture that is bought by catalogue, where the important thing is the price and the time of execution, a standardized architecture, which avoids the detail (in relation to the concrete thing) and that ignores the particular of the royal needs of the one who lives, that remains turned this way, in a mere consumer.

Definitively, an architecture that – turning to the similar one of the daily thing – good might look like a species of “rapid shower” of uses and manners of aggregation, which can that it cleans, but it never encourages, because – in the bottom – the exercise of the architecture is almost like the persons, who “smelling well” and “feeling to taste”, need to think the things calmly.

Sra. Farnsworth

Vigo. april 2013

Según el diccionario, la palabra “detalle” sirve para hacer referencia a cada uno de aquellos hechos o acontecimientos, en apariencia secundarios, pero que con su presencia contribuyen a definir y perfilar los múltiples matices de la realidad que nos rodea.

Recordo por exemplo que cando era pequena, o meu avó Pepe tiña o curioso costume de pasarse todas as mañás horas e horas diante do espello abrillantándose a calva a base dunhas cantidades realmente escandalosas dunha colonia, coa que eu agora ademais -e xa de adulta- desenvolvín un curioso vínculo sentimental que me permite, cada vez que a cheiro, retroceder case 20 anos no tempo.

E é que a vida está así -por definición- chea de “detalles”, de aspectos aparentemente accesorios e triviais que forman parte da nosa rutina diaria pero que ás veces -co paso do tempo e o exercicio da memoria- vólvense depositarios de certos lazos afectivos, desenvolven a curiosa capacidade de elevar o cotián á categoría de excepcional e convértense entón en indispensables.

Na Arquitectura, o “detalle” é o “medio” que nos permite dotar ao proxecto de múltiples matices, obxectivos e significados, e como na vida, é no imprescindible deste “medio”, onde reside a clave que converte o habitual dun proxecto en algo extraordinario.

Segundo o dicionario, a palabra “detalle” sirve para facer referencia a cada un daqueles feitos ou acontecementos, en aparencia secundarios, pero que coa súa presenza contribúen a definir e perfilar os múltiples matices da realidade que nos rodea.

Recuerdo por ejemplo que cuando era pequeña, mi abuelo Pepe tenía la curiosa costumbre de pasarse todas las mañanas horas y horas delante del espejo abrillantándose la calva a base de unas cantidades realmente escandalosas de una colonia, con la que yo ahora además -y ya de adulta- he desarrollado un curioso vínculo sentimental que me permite, cada vez que la huelo, retroceder casi 20 años en el tiempo.

E é que a vida está así -por definición- chea de “detalles”, de aspectos aparentemente accesorios e triviais que forman parte de nosa rutina diaria pero que as veces -co paso do tempo e o exercicio da memoria- se vólvese depositarios de certos lazos afectivos, desarrolan a curiosa capacidade de elevar o cotidiá a  categoría de excepcional e convértese entón en indispensables.

Na Arquitectura, o “detalle” é o “medio” que nos permite dotar o proxecto de múltiples matices, obxetivos e significados, e como na vida, é no imprescindible deste “medio”, donde reside a clave que converte o habitual dun proxecto en algo extraordinario.

Cando o obxectivo é xa que logo o construír, o detalle resulta así indispensable na relación entre a idea de forma, materialidad e ejecución do proceso constructivo. Pode ser entón estandarizado ou singular, sutil ou evidente, aparentemente accesorio na formulación xeral do proxecto, pero sempre elocuente e decisivo á hora de perfilar a imaxe final do mesmo.

Cando o obxectivo é o uso, os detalles resultan imprescindibles para poder utilizar os espazos co propósito para o que foron deseñados. Os detalles son entón os obxectos -mobiliario, decoración, iluminación- que o “usuario” introduce no proxecto de arquitectura e que convertidos en símbolos de quen os posúe ou os goza, transforman así o espazo arquitectónico en espazo habitado.

Con todo, ás veces ocorre que, ante necesidades concretas, o uso necesita ser construído e é entón cando o detalle sitúase a medio camiño entre o obxecto e a arquitectura, converténdose así nun recurso que -hábilmente utilizado- permite dotar ao proxecto arquitectónico dunha dimensión humana que o transforma nuevamente, en algo excepcional.

Alvar Aalto | Fundación Alvar Aalto | alvaraalto.fi

Esta formulación resulta especialmente evidente -por exemplo- na obra do arquitecto finlandés Alvar Aalto, onde o detalle enténdese como a “resposta concreta” ao “concreto do encargo” e é na singularidade de todo este proceso, onde reside precisamente a forza que transforma o resultado final en algo único, excepcional e ao servizo (sempre) das necesidades do usuario.

É o propio Aalto quen recoñece, no seu escrito “A Troita e o Torrente da Montaña”, que é na resolución (detalle) dunha aparente paradoja (o concreto como pregunta e resposta) onde reside a clave do seu método proyectual.

Un procedemento que se pon de manifesto -por exemplo- no deseño das habitacións do Hospital de Tuberculosos de Paimio, onde Aalto utiliza as particulares condicións físicas e psicolóxicas dos pacientes (o concreto) como punto de partida do proxecto (problema) e como tema central en torno ao cal defínese todo o deseño interior (solución).

E así en Paimio, pintar de verde os teitos das habitacións para que o paciente -tumbado- poida “gozar” dunha cor relaxante, empregar luminarias de parede para que non se produzan deslumbramentos ou deseñar específicamente o lavamáns para que a auga ao caer fágao do xeito máis silencioso posible (non interrompendo así o descanso do enfermo), son “detalles imprescindibles” que xorden precisamente a partir das esixencias concretas do proxecto (doente-repouso), pero que ademais posúen a capacidade de humanizar e singularizar de tal forma o edificio que este adquire case, unha identidade propia.

Aalto construíu este hospital fai case 100 anos, e morreu fai aproximadamente 40. Desde entón a arquitectura ha evolucionado por moitos e diferentes camiños, pero últimamente parece achegarse peligrosamente a aquilo de que o Aalto precisamente renegou: unha arquitectura que se compra por catálogo, onde o importante é o prezo e o tempo de ejecución, unha arquitectura estandarizada, que evita o detalle (en relación ao concreto) e que ignora o particular das necesidades reais de quen a habita, que queda convertido así, nun mero consumidor.

En definitiva, unha arquitectura que -volvendo ao símil do cotián- ben podería parecer unha especie de “ducha rápida” de usos e modos de agregación, que poida que limpe, pero nunca reconforta, porque -no fondo- o exercicio da arquitectura é case como as persoas, que para “cheirar ben” e “sentirse a gusto”, necesitan tomarse as cousas con calma.

Sra. Farnsworth

Vigo. abril 2013

Sra. Farnsworth
Sra. Farnsworthhttps://www.farnsworth.es/
Cuando en 1945, la doctora Edith Farnsworth encargó al arquitecto Mies Van der Rohe - uno de los más famosos y mejor considerados dentro del panorama de la arquitectura internacional del momento - construir un refugio de fin de semana en un parcelita de su propiedad en las inmediaciones del río Fox, cerca de Chicago, no sabía que aquello sería el comienzo de una historia que sería tan larga como controvertida. El era toda una celebridad y ella estaba fascinada por su talento y personalidad, así que se tiró de cabeza a la piscina de la confianza ciega y se dejó llevar. Así es, amigos, y cuando se dio cuenta, lo que ella tenía no era un hogar, sino una corriente de pensamiento. Una hipérbole de modernidad.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

1 COMENTARIO

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
1 Comment
Los más recientes
Los más viejos Los más votados
Arquitectamos locos?
Arquitectamos locos?
13 years ago

Muy bueno.
La famosa frase de Mies «Dios está en los detalles» equivale al refrán castellano «El Diablo se esconde en los detalles». Y es que en los detalles, según se resuelvan de una forma o de otra, podemos dar con Dios o con el Diablo.

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS