El tiempo da la razón a Le Corbusier | elpais

Los suecos todavía no se han olvidado de Le Corbusier. En 1933, el arquitecto tuvo la ocurrencia de tirar abajo el centro de Estocolmo para crear una urbe moderna, con torres y rascacielos que permitieran responder al boom demográfico gracias a la verticalidad, así como grandes avenidas cerradas a la circulación para favorecer la calidad de vida. Pero ganó la piedra decimonónica y el proyecto no fue seleccionado. “Sabía que nunca le darían el encargo. Fue una provocación teórica, pero también una estrategia para venderse a sí mismo”, explica Jean-Louis Cohen, profesor de la New York University, uno de los mayores expertos en el arquitecto y comisario de Moment. El laboratorio secreto de Le Corbusier,la nueva exposición inaugurada en el Moderna Museet de Estocolmo, con el objetivo de inspeccionar el proceso creativo del arquitecto francosuizo.

Un retrato del arquitecto tomado en Estocolmo en 1962 | Fotografía: ahrenberg collection | elpais.com

Es la primera de las numerosas muestras que, a lo largo de este año, reexaminarán el legado de Le Corbusier, avanzándose a la próxima efeméride de envergadura, la conmemoración dentro de dos años del 50º aniversario de su muerte. El MoMA de Nueva York se anticipará al calendario con su primera muestra sobre el arquitecto, prevista para mayo y destinada a convertirse en su blockbuster estival, que se apoyará en numerosos documentos de su archivo personal, de las acuarelas pintadas durante sus viajes de juventud a los esbozos del paisaje indio que inspiraron la construcción de su ciudad utópica en Chandigarh, la capital del Punjab.

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Álex Vicente

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    “Nos seguimos interesando por Le Corbusier al margen de los aniversarios
    porque es una figura seductora en la historia de la arquitectura, por
    su capacidad de invención y su reivindicación de libertad”, afirma el
    comisario. “Pero también porque el corbusianismo ha sido un lenguaje mal
    imitado, con el que seguimos conviviendo”. Así es en todo el mundo.
    También en Estocolmo. Su proyecto fue rechazado por escandaloso, pero
    acabaría dando lugar a otro mucho peor en los cincuenta. De entre todas
    sus ideas, solo se privilegió la del desarrollo vertical, lo que exigió
    demoler gran parte del centro histórico de Klara, recordado hoy con
    nostalgia por los autóctonos. En cambio, la circulación congestionada
    sigue ahí.

    Álex Vicente