Llevaba un tiempo observando con cierta atención todos los rincones de los lugares que recorría en su quehacer diario. La posición del lavabo, el reflejo de la bombilla halógena en el espejo que le obligaba a girar un poco la cabeza hacia su izquierda y que se había convertido en una costumbre cada vez que se miraba en cualquier espejo. El giro de mano y antebrazo que hacía para apagar y encender la luz de la cocina sin cerrar la puerta. La extraña sensación de tiempo perdido mientras esperaba a que llegase el ascensor ante la puerta de su casa, y de la de sus vecinos. La triste escalera que nunca había usado y que le generaba una angustia incomprensible. Pensó que si hubiera ventanas quizá la usaría más a menudo.
Fue entonces, en ese preciso instante cuando cayó en la cuenta de que el espacio en el que se encontraba, había estado antes en la cabeza de otra persona. Una terrible duda se aferró a su pecho, ahogándole. ¿Eran sus actos consecuencia de los pensamientos de otra persona?.
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Daniel Moyano
+ artículo publicado en Comentarios y Conversaciones de Arquitectura y Diseño

