Deseo Vertical | Íñigo García Odiaga

A menudo observamos edificios que muestran un gran deseo por conquistar la verticalidad. Es inmediato pensar en la idea proporción, un concepto que desliga la altura real de un objeto o de un edificio de sus deseos de verticalidad. Una planta reducida, frente a una fuerte componente en el eje Z garantiza la formalización de una torre aunque su altura no sea muy elevada.

Paisaje de retranqueos en Manhattan | wikipedia.org

Pero también podría pensarse en otro mecanismo para conquistar la vertical, el de acumular o si se prefiere el de apilar. Colocar un objeto sobre otro y otro más encima, en un ejercicio constante de crecer hacia arriba. Es una ley que no tiene relación con lo horizontal, crecer en altura es su único objetivo. Es una ley simple pero poderosa, gobernada secretamente por la necesidad de conseguir el equilibrio. Al montar una pieza sobre la anterior hay que equilibrar el conjunto, y para ello hay que mantener el eje de gravedad del conjunto dentro de la base inferior, para no acabar con todas las piezas en el suelo.

Mantener esta premisa es la garantía de conquistar el cielo, y las arquitecturas que de ella surgen, amontonan piezas que se apoyan unas en otras para lograr la vertical.

Arquitecturas de la antigüedad como las pirámides escalonadas de Zoser o los zigurats Mayas, son ejemplos radicales de ésta estructura formal. Estructura que también empleó Brueghel para dar forma a su representación de la torre de Babel que alcanzaba las nubes, ya que como demuestra Brancusi en su columna infinita para alcanzar el cielo únicamente hay que ir apilando otra pieza sobre la anterior.

Igualmente los rascacielos de los años treinta que aspiraban a conquistar las alturas en Nueva York o Chicago utilizaron ésta simple norma formal para generar cientos de edificios como los construidos por Raymond Hood, Ralph Thomas Walker o Ely Jacques Kahn. El edificio del 120 de Wall Street o el del 1400 de Broadway, ambos obras de Kahn, son un buen reflejo de este manejo de la altura que como bien explica Rem Koolhaas en Delirious New York, obedece además a un problema urbano.

El 1400 de Broadway | wikipedia.org

Cuando en 1915 se finalizó la construcción del Equitable Building en Manhattan, se constató que su sombra privaba de luz natural a cuatro manzanas de la cuadricula de la isla, y la ciudad respondió a este problema con la aprobación de la ordenanza 1916 Zoning Resolution. Una normativa que regulaba la altura obligando a constantes retranqueos, que originan ese lenguaje de plantas amontonadas o apiladas y que muchos han calificado como Wedding Cake Style, (estilo de tarta nupcial); y es que al fin y al cabo la lógica del mecanismo formal de apilar dicta normas similares para una tarta o para un rascacielos. La aplicación de una normativa que no obliga a unas dimensiones, sino que implica leyes formales, junto con la obligatoriedad impuesta por los promotores de agotar el aprovechamiento de los solares, generaron un amplio abanico de soluciones, que construyen el paisaje urbano de Manhattan. Un paisaje de edificios diversos, de alturas cambiantes y perfiles aterrazados que pese a la diversidad, presentan una genética formal similar debido a la ordenanza municipal, lo que otorga al conjunto una cierta unidad.

Resulta llamativo comprobar como arquitectos contemporáneos como SANAA han asumido esta ley creativa para desarrollar edificios en Manhattan. La volumetría del Nuevo Museo de Arte Contemporáneo, inaugurado en 2007, obedece a la estructura formal de un apilamiento. El edificio se asemeja a una pila de cajas, de contenedores de arte, que a diferencia de los rascacielos clásicos centrados, investigan los límites del equilibrio, sobrevolandose y desalineandose unas respecto a otras, rompiendo así la continuidad del eje central, tensionando el conjunto. Podría interpretarse que a pesar de no tener que cumplir la ordenanza 1916 Zoning Resolution, SANAA pretendía reinterpretar la clave formal que caracteriza los grandes edificios de la ciudad de los rascacielos. No es un edificio excesivamente alto, y lo es menos aún en una ciudad como Nueva York, pero por contra las leyes que definen su forma lo convierten en una torre. En una torre de cajas apiladas que vibran por su deseo de conquistar la vertical.

Íñigo García Odiaga . arquitecto
San Sebastián. marzo 2013

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