Leo con atención a entrada de José Ramón Correa – Arquitectamos locos? y me dispongo a intentar elaborar una respuesta a una tesis que creo que tiene puntos acertados y otros no tanto. Será complejo y será denso. Es una reflexión llena de idas y vueltas…espero que me acompañéis.
Para empezar, apunta a la etimología de arte como prima hermana de artificial. Pero la etimología es ciencia endeble (significantes y significados evolucionan no siempre de forma paralela) y anticipando que es un juego que me encanta, en este caso querría hacer una aclaración. En mi modo de ver, cualquier artilugio (vuelta la burra al trigo) realizado por el hombre, en tanto que seres naturales como somos, no puede nunca ser considerado como algo no natural. Me explico: ¿Acaso la madriguera de un conejo es artificio? ¿El nido de una cigüeña en lo alto de un campanario? ¿Por qué hemos de considerar nuestros productos como artificiales, en contraposición a los productos de cualquier otro ser vivo?. Es un tema interesante.
Establecida esta premisa, para mí fundamental, creo que el arte es, sin ninguna duda, aquello que nos convierte en humanos. Así de grandilocuente. Y así de sencillo, porque en mi opinión el arte es una capacidad intelectual. Pero vayamos por partes.
Básicamente, lo que José Ramón quiere criticar es la pretenciosa y pretendida voluntad de ser artista, lo que parece molestarle especialmente en el caso de la arquitectura. Digamos que estamos estamos de acuerdo en lo esencial.
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Daniel Moyano
+ artículo publicado en Comentarios y Conversaciones de Arquitectura y Diseño

