Conversación con Duccio Malagamba | Ana Amado

Duccio Malagamba (La Spezia, Italia, 1960). Fotógrafo de arquitectura. A lo largo de más de 20 años de experiencia profesional ha participado a varias exposiciones, conferencias y jurados, recibiendo cinco “Lux” –Premios Nacionales de Fotografía– otorgados por la Asociación de Fotógrafos Profesionales de España. Colabora habitualmente con prestigiosos arquitectos como Alvaro Siza, Herzog & de Meuron, Rafael Moneo, EMBT, y Coop Himmelb(l)au entre otros y sus fotografías son regularmente publicadas en revistas y editoriales especializadas de todo el mundo. Después de licenciarse en arquitectura cum laude en la Universidad de Génova, se mudó a Barcelona para comenzar su carrera como arquitecto. Al poco tiempo se incorporó al estudio MBM (Martorell-Bohigas-Mackay) Arquitectos, donde, entre otras responsabilidades, lideró el equipo ganador del concurso internacional, “Un Progetto per Siena”. En 1989 obtuvo una beca del “CNR” (Consejo Nacional de Investigaciones Italianas) para un estudio sobre la arquitectura española contemporánea. Dicha investigación le llevó a retomar su interés juvenil por la fotografía. La calidad de las imágenes realizadas obtuvo un reconocimiento general y en 1991 decidió dedicarse plenamente a la fotografía de arquitectura. Junto con su trabajo como fotógrafo, Duccio Malagamba es autor de varios artículos sobre fotografía y arquitectura y desde 1995 hasta 2008 fue, primero Director Técnico y luego, responsable de la sección Gran Formato de la revista española ‘Diseño Interior’.

Dalian Congress Centre | Fotografía: D.Malagamba

Ezra Stoller decía que sólo existe una clase de fotografía de arquitectura, la que transmite la idea del arquitecto. ¿Cómo influye el hecho de ser un arquitecto que fotografía arquitectura a la hora de captar la idea que tuvo otro arquitecto a la hora de concebir su obra?

Es complicado. Considero a Ezra Stoller un referente, uno de los “padres fundadores” de la fotografía de arquitectura, pero esta no me parece una frase muy afortunada. Las ideas que el arquitecto tiene al hacer el proyecto no necesariamente se trasladan a la obra de manera literal. Además es muy difícil analizar un proyecto de forma objetiva… tú tienes tu propio punto de vista y resulta muy difícil meterte en la piel del arquitecto.

De hecho, es algo que yo nunca intento hacer. Lo que yo intento es relatar a otros arquitectos o amantes de la arquitectura la idea que yo me he hecho de la obra, destacando los que para mi son sus mejores aciertos. A veces incluso forzando un poco la interpretación para intentar poner en evidencia estos aspectos más interesantes que en ocasiones son presentes solo en potencia.

Me ha pasado que una situación especial, un momento determinado de luz haga que te imagines más cosas de lo que realmente hay en ese espacio. No intento inventar pero sí potenciar facetas que quizás el arquitecto tuvo en cuenta sólo de forma intuitiva o tangencial e intento desvelarlos. En esto quizás tenga más facilidad que otros por mi formación como arquitecto. A veces se nota cuando un fotógrafo que quiere fotografiar arquitectura no tiene un background especifico porque se fija en cosas que no tienen interés desde un punto de vista arquitectónico. Lo cual no significa que forzosamente un fotógrafo tenga que ser arquitecto para fotografiar arquitectura, pero sí es necesaria una preparación, una base.

¿La fotografía de arquitectura preferida por los arquitectos sobre su obra suele ser bastante idílica y serena, es este el tipo de imagen solicitada por sus clientes o en alguna ocasión el arquitecto le ha pedido un enfoque distinto en un reportaje?

Todo el mundo se siente halagado cuando ve reflejada su obra de la mejor manera, es como cuando miramos un retrato nuestro, todos queremos vernos con el mejor semblante. Los arquitectos quieren sus proyectos como si fueran hijos suyos, así que, desde luego, lo pidan o no lo pidan, agradecen una mirada complaciente. Ahora, como en todo, hay un margen: hay a quien le importa tanto esta visión tan idealizada de su obra que sólo quiere fotos empalagosas hechas al anochecer, y hay otros arquitectos que aceptan una mirada más cruda siempre que no desmerezca el proyecto.

No me han pedido nunca otro tipo de enfoque, y, en todo caso, dudo de que se trataría de fotografía de arquitectura en sentido estricto.

¿Los arquitectos suelen ser capaces de apreciar una buena fotografía de su edificio o se dejan deslumbrar por las más efectistas, más “publicitarias”?

Yo creo que sí, lo que pasa es que a veces las dos cosas acaban solapándose: muchas veces una buena fotografía también es algo espectacular. Volviendo al paralelismo con el retrato: en un momento dado gustan y tienen interés los rostros descarnados de Thomas Ruff, pero ese tipo de retrato desde luego no es lo más demandado… En muchos casos se busca además un aporte personal del fotógrafo, una tendencia que ha ido in crescendo. Es el valor añadido de la fotografía, como diría Lluis Casals. Se quiere en la imagen algo más que solamente el edificio en sí.

¿Cree que el fotógrafo de arquitectura ha de tener un posicionamiento crítico ante la exuberante proliferación de un tipo de fotografía de arquitectura condescendiente, fotogénica, casi publicitaria, pero que se queda en lo puramente estético, sin adentrarse en el alma del edificio, y que ha contribuido a hacer de la arquitectura cada vez más un producto de consumo?

Desde luego es una pregunta peliaguda: yo creo que aquí la medida está en cada uno, es un equilibrio personal…

Para retratar bien un edificio creo que hay que dedicar mucho tiempo a estudiarlo, pasar tiempo en él, valorar como reacciona a las distintas luces y situaciones…y eso es lo contrario a lo superficial. Sin embargo, en muchos casos, al final de este proceso se logran imágenes que transmiten una visión tan idealizada, mejorada de la obra, que se podría definir condescendiente, fotogénica, casi publicitaria…

¿Cómo es su metodología de trabajo, su aproximación al edificio que ha de fotografiar? ¿Qué importancia le da a la primera impresión, al momento de “llegada”?

Desde luego la primera vista tiene su importancia. De nuevo me puede funcionar el paralelismo con una persona: la impresión inicial que se tiene de alguien es importante. Es posible que cierto aspecto se te quede grabado en la memoria y que luego quieras transmitirlo. Con los edificios, suele ocurrir lo mismo…

A veces llegas al lugar por carretera, después de una curva, y de pronto ves el edificio, y aunque luego trabajes todo el tiempo cerca de él, quizás quieras recuperar esa visión lejana y vuelvas a ese punto. Pero con el tiempo, lo mismo que cuando vas conociendo a una persona, hay muchas impresiones que se van sedimentando y van borrando lo que fue la primera.

En cuanto a la duración de los reportajes, debido a la situación económica tan mala en la que nos encontramos, las cosas han empeorado. Hace años, yo en ningún caso podía hacer un reportaje en menos de 3 días, y la mayoría eran de 5 o 6 días. Ahora, entre la mayor rapidez de lo digital y las limitaciones económicas, se ha reducido el tiempo, pero se pueden contar con los dedos de una mano las veces en las que he hecho un reportaje en sólo un día. Casi nunca tardo menos de 2 días, y la mayoría son de 3 o más. Necesitas al menos ese tiempo para empaparte del edificio.

¿Cuáles han sido los aspectos, ya sean técnicos, aproximaciones, ideas, aprendizajes, en los que ha cambiado más como fotógrafo a lo largo de estos años?

Evidentemente el paso al digital ha sido traumático, tanto en positivo como en negativo. Cambia la forma de hacer ciertas cosas: la inmediatez, puedes hacer fotos con mayor ligereza al no tener que pagar por cada disparo, probar varios encuadres y luego escoger en el estudio. Es más ágil, llevas menos equipo, has de preocuparte menos de los cambios de temperatura y conservación, de los pasos por los aeropuertos. Sobre todo desde el 11-S: hasta que pasé al digital, era una pesadilla pasar los controles de seguridad, en cada viaje estabas obligado a pasar varias veces por los escáneres, sin saber si esto afectaría a las películas… Antes hacía mucha carretera, para evitar esto. Los tiempos de llegada al lugar eran más largos.

Me siento mucho más cómodo ahora, también por aspectos técnicos: por ejemplo, antes la fotografía de interiores podía complicarse mucho por las diferencias de temperatura de color de las luces… tenías que corregir con filtros coloreados para contrarrestar dominantes… En ocasiones filtrabas de dos formas distintas porque no estabas seguro de cuál quedaría mejor, si filtrar por la luz natural o la artificial. Era muy engorroso, y además contabas con una inferior latitud de exposición de la película respecto al digital.

Todo esto influye…ahora haces fotos que antes ni te planteabas. Por ejemplo, poder hacer pseudo-HDR te abre todo un nuevo campo. Por hablar de un caso: la zona de acceso del Teatro Romano de Cartagena de Moneo, formada por unos túneles y pasadizos con unas paredes que tienen interés pero cuentan con violentas entradas de luz. Ahora puedes hacer una fotografía que deje entender la textura de las paredes y al mismo tiempo registrar un personaje al fondo, lo cual también supone un cambio estilístico.

¿Ha tenido que fotografiar “mala” arquitectura?

Qué es mala arquitectura?. No se trata de algo objetivo.

-Digamos que hablamos de arquitectura que “no quepa la menor duda” de que es realmente mala.

No, no recuerdo haber tenido que fotografiar algo realmente horrible. Y me resultaría realmente complicado tener que fotografiar algo que me pareciese espeluznante a la hora de hacer ese ejercicio del que hablábamos antes de intentar sacar lo mejor de la obra. He sido muy afortunado y hasta el momento he podido siempre decir que no cuando no me interesaba el encargo.

Beijing Stadium | Fotografía: D.Malagamba

Acerca de la presencia en las fotografías de la figura humana: su inclusión en sus trabajos es accidental o la busca intencionadamente como un elemento importante en la composición y la escala del edificio. ¿Qué opina del trabajo de otros fotógrafos que hacen de la figura humana un elemento protagonista en sus composiciones?

Desde luego, me parece muy importante. El digital favorece mucho su inclusión en la fotografía. Si estás usando una cámara de placas, ni siquiera estás viendo lo que encuadras exactamente en el momento preciso de la foto…si quieres incluir una persona pasando, y tenerla en un determinado punto de la imagen, cuando disparas no sabes exactamente si has acertado… y tienes un solo disparo. Si trabajas en digital, disparas una ráfaga y es más fácil acertar y no sólo eso, sino que puedes ver inmediatamente si lo has conseguido. Antes, esperaba mucho tiempo a que alguien hiciera algo que yo quería incorporar a la imagen, y no sólo esperaba una vez sino que lo hacía dos veces por estar seguro de haberlo conseguido! Esto llevaba mucho tiempo, y aún así a veces revelabas las dos placas y estaban mal las dos, porque las personas habían hecho un gesto, un movimiento que tú no percibiste, …y habías esperando horas.

Siempre he incorporado a las personas en mis fotografías, antes con más sufrimiento, más dificultades y a veces con peores resultados, pero siempre he tenido mucho interés por mezclar la vida con la arquitectura.

Ahora hay algunos compañeros –yendo a la segunda parte de la pregunta– que son capaces, gracias a los avances digitales, de colocar a la persona como protagonista sin al mismo tiempo disminuir la importancia del espacio arquitectónico. Yo no sé hacer esto: siempre primo el espacio y luego espero que pase algo que enriquezca esta visión, y no al revés. Iwan Baan, por hacer un ejemplo reconocido internacionalmente, en cambio, individúa los personajes y es capaz, al mismo tiempo, de componer detrás de estas personas un fondo arquitectónico. Estas fotos son inimaginables para alguien con un trípode que espera a que pase algo. Tomamos como ejemplo la conocida foto de los dos albañiles chinos enfrente del edificio de Koolhas de la televisión estatal. En este caso, tú no puedes meterte en esta escena con un trípode, decidir el punto de vista y luego esperar a que pasen los obreros, sino que primero buscas los obreros y luego te colocas en un punto en el que también se vea la televisión china…

¿Cómo se las arregla para mantener la mirada curiosa, después de haber fotografiado tanta arquitectura?

Me sorprende la pregunta. No me resulta nada complicado, la arquitectura es, junto con la fotografía, la pasión de mi vida, y cuando uno está apasionado, no se aburre. Me pueden cansar los viajes, los años acaban pesando en algunos aspectos, en cambio el gusto, la alegría, el interés por ver una arquitectura nueva, no disminuye.

He leído que hace tiempo que no disfruta del viaje que implica desplazarse para realizar un reportaje, pero, ¿recordaría ahora alguno especialmente memorable por la experiencia y por la obra arquitectónica objeto del encargo?

Sí, con el paso de los años se hace más pesado, como comentaba.

Un viaje memorable ha sido por ejemplo el viaje a Brasil. Desde siempre tenia ganas de ir a Brasil, también tenía mucho interés por ver Río, que era un enigma desde mis años de estudiante de arquitectura pues me había quedado fascinado con unos dibujos que hizo Le Corbusier de esta ciudad. Con cuatro trazos había puesto el acento sobre los morros, la montañas que salpican la ciudad y yo tenía ganas de ver cómo era la realidad. También quería conocer Brasilia, y ver la obra de Siza en Porto Alegre, como gran admirador de Siza que soy. Por lo tanto se juntaron varios factores que hicieron memorable este viaje.

¿A la hora de la edición, cuenta con ayudantes para la selección y postproducción?

La selección la hago yo, íntegra. Hago unos esquemas o escribo unas notas sobre lo que hay que tomar de cada disparo para componer el resultado final.

En cuanto al retoque en sí, siempre he contado con excelentes colaboradores.

En cuanto a la parte de relaciones públicas, gestiones, administración, viajes, publicaciones, apariciones públicas…se encarga usted mismo o cuenta con un equipo. ¿Qué porcentaje de tiempo dedica a esto en su actividad laboral diaria?

Ahora mismo atravesamos por una situación dramática y mi estudio se ha visto reducido. Pero en los últimos 20 años siempre ha habido una persona que me ayudaba en estos aspectos del trabajo, viajes, permisos, presentación a las revistas de trabajos hechos,…pero también es verdad que yo siempre me he involucrado en todas estas tareas.

Ahora tengo que dedicarle más tiempo en primera persona. Pero, por ejemplo, las revistas, también han cambiado, tienen problemas económicos, algunas no pagan, han reducido mucho su plantilla, lo cual ha cambiado la relación con la redacción. Antes había un interlocutor constante en cada revista, con el que mantenías contacto… Ahora hay tres personas para todo, y están tan agobiadas con exceso de tareas que solo se comunican contigo en el momento que necesitan algo que ya saben que tienes. Diversamente tus mensajes se quedan sin respuesta. Antes esta relación era más personal y fluida.

¿Cuáles son sus fotógrafos de referencia y cuáles compañeros de profesión destacaría de la actualidad?

En este momento sin duda, Iwan Baan. Su aparición en escena ha sido impresionante, desde muchos puntos de vista; primero porque ha sido capaz de aportar una visión de la realidad muy centrada en lo humano, muy novedosa. Pero también por el éxito estratosférico que ha tenido en muy poco tiempo convirtiéndose en el fotógrafo de arquitectura, deseado por todos, mimado por todos, alabado por todos y esto ha eclipsado cualquier otro modo de hacer fotografía. Esto me ha llamado la atención y, en cierto modo, me ha traumatizado…es como si, de pronto, todos los que hemos estado trabajando, haciendo cosas con esfuerzo, compromiso y una cierta calidad, ya no valiéramos nada…Esto me provoca sentimientos encontrados, como es humano entender, por un lado mucho respeto y admiración por su trabajo y por otro lado, cierto fastidio frente al hecho de que si no eres Iwan Baan parece que no eres nadie.

Hay otros compañeros que destacaría, como por ejemplo Christian Richters, que siempre ha sido una referencia para mí desde el punto de vista técnico. Cuando tuve la ocasión de trabajar en una revista de arquitectura, como director técnico, recibía fotos de otros fotógrafos y cada vez que recibía una de Richters no podía disimular mi admiración e incredulidad frente al nivel de calidad….yo miraba las fotos con cuentahílos, en las esquinas,…y tenían una calidad que ni yo ni otros fotógrafos alcanzábamos, usando los mismos materiales. Desde un punto de vista estético, sin embargo me parece demasiado frío, aséptico.

Otro es Fernando Guerra, arquitecto y fotógrafo de arquitectura, que ha sabido entrar en este panorama de forma muy llamativa, muy exitosa, y en poco tiempo ha conseguido un fama consolidada. Algunos de sus trabajos me parecen muy interesantes y otros muy previsibles, reiterativos y demasiado manieristas. Pero en cualquier caso estoy mencionando fotógrafos de gran calidad.

Podría citar otros: Timothy Hursley, Dennis Gilbert, Gabriele Basilico…

¿Cómo ve el panorama actual para los arquitectos y los fotógrafos de arquitectura y cuáles creen que pueden ser las vías de salida y/o reciclaje para sobrevivir en estos tiempos de crisis?

Es obvio que en este momento concreto las perspectivas son malas, pero yo haría una gran distinción entre cuáles son las perspectivas para los arquitectos y para los fotógrafos de arquitectura. Las de los arquitectos, si nos fijamos en el medio plazo, me parece que no son muy diferentes de las que ha habido históricamente. Si te concentras en este momento puntual evidentemente la situación es muy mala, pero seguramente pasará la crisis y volveremos a necesitar arquitectos y arquitectura, repuntarán. Estos periodos cíclicos tienen variaciones, y es posible que de cara al futuro el protagonismo de los arquitectos-estrellas y de la arquitectura-espectáculo pierda fuelle y lo gane la arquitectura sostenible y ecológica, pero seguiremos necesitando vivir en edificios, seguiremos necesitando teatros…

El problema mayor lo veo para los fotógrafos de arquitectura. El avance de los medios técnicos ha democratizado enormemente la realización de la fotografía de arquitectura. Todo ahora es más fácil: los propios arquitectos, los estudiantes y los aficionados, tienen acceso a los mismos instrumentos, necesitan un grado de conocimientos técnicos reducido y pueden hacer tranquilamente competencia al fotógrafo profesional.

Si añadimos la progresiva desaparición de las revistas de arquitectura y el auge de internet, con la consecuente proliferación extrema de los contenidos, que hacen que haya visibilidad para todos, vemos que el futuro del fotógrafo especializado es bastante negro. Y fenómenos como Iwan Baan, que es tan ágil y tan rápido… si ves la cantidad de edificios que ha sido capaz de documentar en doce meses te das cuenta de que ha fotografiado el 30 % de los edificios con mayor interés mediático que se han terminado de construir este año… De hecho, bastaría con cuatro Iwan Baan para cubrir las necesidades de todas las revistas que sobreviven, con lo cual veo bastante complicado el futuro para todos los demás.

Hoy día parece fundamental que tu fotografía sea inmediatamente reconocible, una cosa que no necesariamente veo como algo positivo. Haciendo un paralelismo: Herzog & de Meuron, me parecen arquitectos extraordinarios, pero al ver un edificio de ellos, no puedes intuir como será el siguiente. Allí está su capacidad de innovación, de búsqueda, de sorpresa….son el caso quizás más reciente y llamativo de arquitectos que son capaces de reinventarse en cada proyecto que hacen. En cambio Richard Meier, es un arquitecto del que si ves un edificio ya te puedes imaginar como han sido sus otros trabajos. Durante la carrera fue uno de mis arquitectos preferidos, pero dejó de serlo cuando empezó a resultarme tan previsible.

¿Qué le recomendaría a alguien que empieza en esto?

Que tenga una forma de trabajar profundizada, que se pueda considerar reconocible, pero en el mismo sentido de lo que comentábamos antes de Herzog & de Meuron, que demuestran tener un rigor, una voluntad de investigación que permanece idéntica en todos los edificios, y esto es lo que marca, pero acaba ahí. En el caso de un fotógrafo va un poco en la misma dirección, ha de buscar un método, riguroso y personal, más que un resultado inmediatamente reconocible.

Para alguien que empieza: sinceramente creo que es un momento extremadamente complicado para esta profesión. Pero si realmente siente pasión, y esto es el punto clave, uno hace lo que siente la necesidad de hacer. Si te interesa la foto de arquitectura, por muy complicado que sea, conseguirás llevar a cabo una existencia con ello, pero has de tener muy claro que es tu pasión y que no serías feliz haciendo otra cosa. Si no es así, yo me lo plantearía. No solo por la mala situación actual sino también por lo que ha sido tradicionalmente la forma de vivir de un fotógrafo de arquitectura, una persona que, por una parte, no es completamente dueña de su vida, depende del tiempo, de los acontecimientos, de una cantidad de factores ingobernables propios de la situación… sin ir más lejos, un camión estacionado delante de la fachada principal del edificio puede suponer con dar al traste con una programación de semanas…

Además trabajas donde está situada la obra, siempre tienes que desplazarte, a veces lejos e incluso muy lejos, con lo cual si tienes un contratiempo, estás lejos de tu casa y de tu gente, sólo, gastando dinero y sin poder hacer tu trabajo. Esto con el paso de los años se hace más duro y frustrante, y es algo que una persona que tiene esta experiencia debe responsablemente planteár a alguien que quiera empezar.

Ana Belén Amado Pazos. arquitecta y fotógrafa
Madrid, noviembre 2013

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