¿Condiciones laborales? | divagacionesyarquitectura

En la época en la que yo estudiaba (que no es hace mucho, en realidad), no existía la Ley del Practicante. Además, la universidad exigía una cierta cantidad de horas de práctica pre-profesionales como requisito indispensable para poderse graduar. Esto no tiene nada de malo; es más, considero que es indispensable, dado que hay muchas cosas que uno aprende verdaderamente cuando las tiene que hacer.

El problema es que, sumadas las dos cosas, se dio pie a una dinámica laboral un poco complicada: los alumnos tenían la necesidad de trabajar mas las empresas no estaban obligadas a pagar a sus practicantes.

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Es así que un buen día, al inicio de las vacaciones, un estudiante podría recibir una llamada.

“Hola, Fulano, hablas con el Arquitecto Tal.”

Glup, pensaba el Fulano. Arquitecto Tal había sido el profesor de su último taller. Tal vez llamaba para decirle que en realidad se había equivocado y nunca había pasado el taller, o para humillar aún más su trabajo, o para…

“Mira, te llamaba para ofrecerte practicar en mi oficina durante tus vacaciones. Te hemos escogido porque nos gusta tu trabajo.”

Así planteado, lo único que uno podría pensar es ¿Escogido? ¿a mí? ¡Qué honor!.

“Sabemos que necesitas horas de prácticas pre-profesionales para graduarte,” continuaba el Arquitecto, “así es que te ofrecemos el puesto y a cambio te damos las horas. Lamentablemente por el momento no te podemos pagar.”

Como quien dice “tómalo o déjalo”. Era un discurso cuidadosamente armado: el susto, darte la impresión de ser una especie de elegido, y luego poner en claro que saben que necesitas esto.

“Sí, por supuesto, Arquitecto,” responde el estudiante, “¿cuándo empiezo?”

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Cristina Dreifuss Serrano

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