Carta de un arquitecto a Luis de Guindos | Stepienybarno

Hoy volvemos con un nuevo post de nuestra serie “cartas de un arquitecto a …”. ¡Esperamos que sea de vuestro interés!

Luis de Guindos | stepienybarno.es

Aunque, a veces lo parezca, los arquitectos no nos hemos caído de un guindo. Vaya… que no le ha hecho gracia el comienzo de mi carta; pues a mí tampoco me está haciendo ninguna gracia la nueva Ley de Servicios Profesionales que, desde su MIniSTERIO de Economía, quiere sacar adelante. El motivo de esta carta no es otro que mostrar mi absoluto rechazo a ello e intentar explicar por qué creo que es un sin sentido hacerlo.

Usted dice que nos tenemos que modernizar y aumentar la competencia entre profesionales para que el mercado sea más competitivo. Vayamos por partes. ¿modernizar? Es decir ¿ser más europeos? Pues le comunico, señor MINIstro, que los alemanes, sí esos que se supone que son tan avanzados y con quien el jefe de su partido hace tan buenas migas, no tienen ninguna Ley de Servicios Profesionales como la que quiere usted meternos con calzador; ni la tienen ni la tendrán. Es más, al contrario que en España, donde en nombre de un neoliberalismo absurdo se eliminaron hace años las tarifas de honorarios de los arquitectos, el país teutón las conservó y bien conservadas. De esta forma, se garantiza que un arquitecto cobrará lo necesario para poder realizar su trabajo con dignidad y responsabilidad.

Lo contrario, a ello, se llama darse navajazos por un chándal. Ahora mismo, por desgracia y, en parte, por culpa de quienes nos gobiernan, sufrimos una de las crisis más violentas de la historia y nuestro gremio, los arquitectos, somos especialmente perjudicados por ello. Ahora mismo, hay unas bajadas de honorarios bestiales para realizar cualquier trabajo de arquitectura; así que, aumentar todavía más la competencia no llevará a ningún sitio más allá de la ruina de miles de profesionales. Porque quienes se llevarán el trabajo serán grandes ingenierías que son las más rápidas y baratas del mundo. Eso sí, sobre la calidad de lo que vayan a hacer mejor no me pronuncio.

Así, los arquitectos españoles que, no por casualidad, han sido reconocidos por medio mundo como altamente cualificados, no podrán optar ni a las migajas del pastel. De esta forma, en vez de encontrar la manera de que  estos arquitectos, con una formación técnica mucho más potente que en la mayoría Europa, pudieran optar a la doble titulación de arquitectos e ingenieros, va a suceder, justo lo contrario. Por desgracia, los ingenieros, sin ningún tipo de formación específica en arquitectura, podrán, si un milagro no lo impide, hacer de arquitectos. ¡!De traca!!

De todas formas, no tiene usted más que darse una vuelta por cualquier extrarradio de nuestras ciudades y ver cómo son nuestros polígonos industriales. Edificaciones una al lado de otra, sin ningún orden ni concierto. Como para hablarle a usted de que la arquitectura llena de alma los edificios y ayuda a que las personas sean más felices. Sin duda, es mucho mejor que “cualquier técnico competente en edificación” pueda hacer la arquitectura de nuestras ciudades y convierta a éstas en los estafermos industriales de los que le venía hablando.

¡Ah! antes de que se me pase. También, ya puestos, quiero entonar un mea culpa de nuestro sector. No, no le voy a pedir perdón por los desastres urbanísticos que se han cometido macizando nuestro país. Eso, es cierto, lo firmaron arquitectos; pero, eran cuatro y solo hacían de mano ejecutora de una sucia alianza entre el sector inmobiliario y los políticos que alentaron y permitieron tal desaguisado.

El mea culpa que quiero entonar es porque los arquitectos, durante todos estos años, no nos hemos preocupado de contar qué es lo que hacíamos o para qué servíamos.

Por esta razón, la sociedad no tiene ni idea de lo que es un arquitecto o cuáles son las ventajas de que un buen arquitecto realice un proyecto de arquitectura. Así, usted como parte de esta sociedad, corrobora esta idea y nos pega una patada en el culo, para vender una moto que no es, pero que seguramente le dará más votos. Porque en política el voto importa, otra cosa es cómo se consigue, ¿no?

Sin embargo, la mayoría de nosotros somos arquitectos porque nacimos con la arquitectura en la sangre; en nuestro ADN ya venía impreso nuestro amor por la arquitectura. Porque, aunque le parezca mentira, a la arquitectura se le puede amar y ésta se ha de realizar con amor; es más, si no se hace así, serán unos cuantos tipos haciendo como que hacen arquitectura y mirando el reloj para no dibujar ni una raya de más de la cuenta. La eficiencia es la eficiencia y el tiempo, en este caso más que nunca, es oro.

Además, ahora tengo otro problema, y no es que con cincuenta años casi no tenga trabajo y no sepa muy bien qué va a ser de mi. Mi problema es que uno de mis dos hijos, después del verano, va a entrar a la universidad; y ¿sabe lo que quiere estudiar? Efectivamente: ARQUITECTURA. Ya ve que ni aun viéndome en la cuerda más floja que jamás hubiera podido imaginar, he podido camuflar mi pasión por lo que hago.

Aun con todo, un adolescente como él quiere entregar su vida a la profesión más bella del mundo. Pero a usted ¡qué le importa! Como ve, un casi niño es capaz de entender, mucho mejor que usted, que los arquitectos y la arquitectura serán siempre necesarios y que con “políticas” como las suyas, no solo perdemos los arquitectos, que puede dar más o menos igual; quien pierde de verdad, y pierde mucho, es la sociedad a que se supone que usted debiera servir. Ya sabe que servidor y servil no son lo mismo, ¿no?

Ojalá mis palabras no caigan en el saco roto y otras más de 50.000 voces podamos unirnos para GRITAR fuerte y claro: #NOalaLSP

Stepienybarno_Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, junio 2013

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  • Alberto Alonso Oro

    El drama social de los arquitectos
    Andrés Martíez
    1. Recuento.
    ¿Por qué nadie habla del drama, social y personal, que supone la situación
    de los arquitectos en España? Si omitimos el tono pasteloso y paternalista de algunos artículos de prensa —que sí lo hacen—, la profesión se halla ocupada en otras cosas, sumida como está en un profundo proceso de regeneración: se suceden los ejercicios (sanos) de autocrítica; se multiplican las plataformas (espontáneas e independientes) de defensa de nuestros intereses; se calienta, por semanas, el debate (a veces intensísimo) en la red; un lugar —la red— que, ante la inacción de universidades y colegios profesionales, se ha convertido a la vez en un consuelo colectivo, un refugio, y (más importante aún) el único espacio donde se ejerce una crítica independiente.
    [...]
    http://goo.gl/5eQOdx