Cajas de luz | Íñigo García Odiaga

Gipsoteca Canoviana en Possagno, Carlo Scarpa, 1955-57
Gipsoteca Canoviana en Possagno, Carlo Scarpa, 1955-57

Louis Kahn llegó a asegurar que un espacio donde no entrase la luz natural, no podría se considerado un espacio arquitectónico. La afirmación aunque tal vez algo exagerada, es sin duda sugerente.

De hecho la arquitectura en una de sus múltiples definiciones podría determinarse como el arte de controlar la luz, y controlarla además en función del clima y del uso de la caja.

En las latitudes más calurosas y luminosas la sombra ha sido siempre lo más deseado, y las celosías, tamices, toldos y pequeñas aperturas los mecanismos que la arquitectura ha utilizado para alejar el calor y definir la penumbra. Por el contrario en los países escandinavos, el claro en el bosque es el mito de la luz, de la claridad y los grandes ventanales orientados al mediodía las herramientas del arquitecto para buscar ese sueño.

Pero también el uso y la función determinan el tipo de iluminación de un espacio. Carlo Scarpa lo sabía bien. No es lo mismo iluminar el espacio que iluminar las paredes. En un museo de reproducciones de obras clásicas en yeso, una Gipsoteca, el problema suele ser la falta de densidad del material de las piezas. La luz no incide igual, no vibra y reverbera igual sobre el yeso que sobre el mármol pentélico.

Si en el mármol los brillos y las sombras construyen el peso de la materia, en el yeso la luz parece volver las piezas débiles, quebradizas y porosas, casi huecas.

La Gipsoteca Canoviana en Possagno construida entre 1955 y 1957, tiene una planta en la que se agrupan varias cajas ciegas, sin ventanas. Scarpa eliminó las esquinas superiores de las salas de exposiciones, en el encuentro de las paredes con el techo, construyendo unos pequeños prismas vidriados a modo de cajas de luz.

Gipsoteca Canoviana en Possagno, Carlo Scarpa, 1955-57
Gipsoteca Canoviana en Possagno, Carlo Scarpa, 1955-57

Este simple gesto baña de luz las paredes de la sala, dejando el centro en una sostenida penumbra. Mediante este artificio, los moldes de yeso cobran vida al contrastar su densidad oscura contra un fondo luminoso que parece desmaterializarse. Las banales piezas de yeso se vuelven sublimes bajo la luz. Si esto no es arquitectura, es difícil saber que podría serlo.

Íñigo García Odiaga. arquitecto
San Sebastián. Febrero 2017

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