Buscemi y los cuáqueros | urblog
23 enero 2012
Atlantic City se extiende sobre la barrera de la isla Absecon, hogar de los Lenni-Lenape, que ya entonces apreciaban la generosidad del mar y la exquisita atmósfera que ofrecen las tangentes de la corriente del Golfo. Tanto que a mediados del siglo XIX vinieron otros que dispusieron de la tribu, constituyendo el lugar como destino turístico gracias a la construcción de la línea ferroviaria Camden-Atlantic. Hartos de trasegar arena, hoteleros y clientes convinieron en trazar un paseo entarimado que protegiera y saneara el paso desde la playa, dada la inmediatez de los edificios al litoral. Modulado en paneles desmontables de 10×12 pies, se ejecutó con tablas de Tuya del Canadá, dada su resistencia y fácil obtención en los cercanos bosques del sur de New Jersey. Esta primera milla se inauguró en 1870, siendo ampliada hasta alcanzar su imagen definitiva tras los temporales de fin de siglo, momento en que se consolida con una latitud de 24 pies y unas 4 millas de largo. Ya entonces la Tuya del Canadá se había agotado, quedando sustituida por Tuya gigante del noroeste, que para la entrada de los locos años ’20 lucía dibujo a espiga, bajo la custodia de los elementos de fundición.
Reinaba “Nucky” Thompson, la gente era el mar y el mar era el paseo (en inglés Boardwalk, ya con nombre propio), y en 1929 el New York Times lo saludaba como “una iridescente burbuja en la superficie de nuestra fabulosa prosperidad”. Justo antes de aquel octubre. En un punto se encuentran Boardwalk y Park Place. Aquí serían, sin ese Atlántico, el Paseo del Prado y la Castellana. Es decir, el “Monopoly”.
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Poto
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